Leyendo a Santa Teresa

 

 

 

 

Apuntes sobre lo que se trata en el grupo,

para quienes están o no están en él.

Con motivo de la celebración del Centenario de Santa Teresa y al finalizar el mismo hemos puesto en marcha el taller de lectura continua del Libro de la Vida.

Por medio del acercamiento a esta biografía teresiana esperamos descubrir, con la guía de la Santa, al Dios de las misericordias que ella anuncia y canta.

Al mismo tiempo que ella nos descubrirá los caminos a andar en esa búsqueda. En tiempos difíciles, sociales y eclesiales.

 

Capítulos. 1 al 10.

Continuando la introducción que hicimos el último día, y para ahondar más en lo que vamos a leer, comenzaremos por situarnos ante los motivos que le llevaron a Teresa a escribir su autobiografía. Esta, no está escrita al final de su vida,  aunque está deseando retirarse ya a su convento y abandonar tanto “andar de un lado a otro”. Pensaba que su “vida pública” había terminado. Tiene 47 años (escribe, por primera vez su vida en 1562), y le queda mucho y quizá lo más importante por realizar. Su biografía es una “confesión de su debilidad y de la grandeza de Dios; de su miseria y de la misericordia de Dios”. (Es una autobiografía al estilo de la de San Agustín: Las confesiones)

La pregunta que podemos hacernos, para ahondar más en el sentido de esta obra, es esta: ¿por qué Teresa escribe, cuáles fueron sus motivaciones? Teresa escribe por tres razones: La primera, para dar gloria a Dios y dar a conocer “sus misericordias”; después por obedecer a Dios y a quienes lo representan, que le mandan taxativamente que escriba –ellos le prohíben hablar de sus “grandes pecados y ruin vida”; por último para hacer bien a otras almas y evitarles los sufrimientos de la soledad espiritual que ella ha sufrido. A estas motivaciones  se corresponde los destinatarios del mismo: los confesores, que serán el medio privilegiado por el cual su obra llegará a aquellas personas que ella tiene tan presentes –con ellas conversa en sus escritos-. Y, principalmente a Dios, a quien Teresa se dirige continuamente evocando el pasado, unido al diálogo orante del presente. (Todo esto queda ampliamente expresado en el Prólogo).

El destinatario concreto del manuscrito fue el P. García de Toledo, dominico, que había conocido a Teresa de Jesús en Ávila. Más tarde, cuando en 1562 estaba Teresa en Toledo, en casa de Dña. Luisa de la Cerda, se encontró de nuevo con él, al escucharla, impresionado, le dio la orden de ponerse a escribir. Él por tanto es el destinatario y a quien se dirige –en conversación dentro del texto- buscando al mismo tiempo contrastar su experiencia con el teólogo.

Así el primer manuscrito del Libro de la Vida lo escribe Teresa en 1562, durante los seis meses que pasa en Toledo, (en casa de Dña. Luisa de la Cerda que ha quedado viuda); en el mes de junio, antes de volver a Ávila se lo envió al P. García de Toledo. (Lo envía unido a una carta, fechada en junio de 1562* donde dice: “En todo haga vuestra merced como le pareciere y ve está obligado a quien así le fía su alma”).  Ese primer manuscrito que estuvo en manos del Inquisidor- se ha perdido. (Ella comenta con mucha gracia a su hermano Lorenzo de Cepeda: que el inquisidor mayor mismo los lee, que es cosa buena. Pero ella misma sabe que hay otras copias) El que conservamos es otro, una copia posterior donde ella añadió, en concreto, la fundación del convento de San José de Ávila. La nueva redacción fue hecha en este convento de San José y terminada probablemente en 1565. La envió al maestro Juan de Ávila que estaba en Sevilla y es el manuscrito que se guarda en el Escorial.

*El Padre Báñez anota: Esta fecha se entiende de la primera vez que escribió la madre Teresa de Jesús sin distinción de capítulos. Después hizo este traslado y añadió muchas cosas que acontecieron después de esta fecha, como es la fundación del monasterio de San José de Ávila…)

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PRIMERA PARTE:

Prólogo al CAPÍTULO  1.  (Leeremos hasta el capítulo  3 inclusive)

Cubre los primeros 39 años de Teresa, donde la autora quiere poner de manifiesto el contraste entre los dos protagonistas de la historia: Dios, fiel a sí mismo, a quien “no le quedó nada por hacer…” (1, 8). Y Teresa que “resiste”, es “pertinaz e ingrata” (8, 1); empeñada en “concertar estos dos contrarios -tan enemigos uno de otro- como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales. (7,17). Pero con todo, Teresa, cuando mira a esta etapa, se encuentra entre las manos una vida llena de sentido.

CAPÍTULO 3 al  6

  1. De las buenas y malas compañías

Señala entre estas buenas compañías que ahora le van a ayudar, la monja encargada de las internas del Monasterio de Gracia: comenzando a gustar de la buena y santa conversación; su tío -D. Pedro de Cepeda-, que le introdujo en la lectura de buenos libros de romance.

 

  1. La buenas lecturas

La lectura era su pasión: Así de los Libros de Caballerías, en su infancia-adolescencia, a las buenas lecturas: Leía en las Epístolas de San Jerónimo,  (3, 7) que leyó durante su enfermedad. Esta última lectura le ayuda a orientar su vida a “ser monja”: me determiné a decirlo a mi padre… (3,7). “El Tercer Abecedario que trata de enseñar oración de recogimiento… teniendo aquel libro por maestro. (4, 7)

Lo más gastaba en leer buenos libros que era toda mi recreación (4,7)

 

  1. Primeros pasos en la vida religiosa

Importa tener en cuenta este comentario del P. Tomás Álvarez (introducción c. 4): Teresa revive lo que va narrando. Un halo alterno de dolor y de gozo envuelve el relato; lo ha pensado muchas veces, espantada de la gran bondad de Dios” (4, 10)

Sentido de su vocación:

-Por ser “camino seguro”

-“El remedio de mi alma”

-La honra

-Un temor servil

 

  1. Tiempo de fuertes enfermedades

La mudanza de la vida y de los manjares me hizo daño a la salud, que, aunque el contento era mucho, no bastó (4,5)

Los extremos de su carácter  la llevan a desear y pedir la enfermedad que será compañera inseparable de su vida. No sabe lo que pide. Porque también me oyó en esto su Majestad, que antes de dos años estaba tal, que aunque no el mal de aquella suerte (como el de la monja que había conocido), creo no fue menos penoso y trabajoso el que tres años tuve. (5,2).

Su salud se está resquebrajando desde hace varios meses. Teresa lo sabe, pero no declara las verdaderas causas. Y lo disimula con unas razones que nos resultan inexactas: La mudanza de la vida… que aunque el contento era mucho, no bastó. ¿Qué es lo que no basta, a pesar del contento? ¿Se ha excedido quizá en penitencias… en ayunos prolongados? ¿Quizá su determinación de entregarse a Dios apoyada en solas sus fuerzas ha destrozado su psicología? ¿Quizá el “temor servil” aprendido en San Agustín, o el dolor por sus pecados? Sean cuales sean las causas, el sentimiento de culpabilidad y el deseo de perfeccionismo, van siempre unidos…

Es muy difícil descubrir la verdadera causa de las enfermedades de Teresa, porque son muy complejas. Sobre ellas se han escrito ríos de tinta. Lo cierto es que aparecen siempre después de sus crisis espirituales porque ella lo somatiza todo.

No ha entendido todavía que el crecimiento en la vida del espíritu no es fruto de nuestros esfuerzos, sino pura donación de Dios. Más tarde, en cambio, llegará a escribir: todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza en nosotros, no la ponemos en Dios”  (8, 13)

Se deduce que tanto en el Monasterio de Gracia, como en el noviciado, habla de un mal de corazón: comenzaron a crecer los desmayos y dióme un mal de corazón tan grandísimo que ponía espanto a quien lo veía” (4, 4). Hay una íntima relación entre el corazón “físico” de Teresa y el corazón “psicológico”. Hay en ella una predisposición importante a la somatización. Y los esfuerzos titánicos de su voluntad de acero por transformar la vida, quiebran para siempre su salud. (Teresa de Jesús. Con los pies descalzos. Montserrat Izquierdo. San Pablo 2006)

(Sobre este tema volveremos en otro momento)

 

  1. A vueltas con la oración

En la lectura del Tercer Abecedario, Teresa encontrará luz en lo que después será su camino. Es un libro que parece escrito para ella. Osuna -místico franciscano- trata de enseñar un ejercicio que él basa en la amistad con Dios y en el deseo de poner en Él la atención y el contento. Su núcleo fundamental es afectivo.

Ya en la primera página, expone el autor: “Tres razones que parecen necesarias a toda persona que quiere llegar a Dios… La primera es que la amistad y comunicación de Dios es posible en esta vida; no así pequeña, sino más estrecha y segura que jamás fue entre hermanos ni entre madre e hijo”.  El autor ha tocado la fibra más sensible de la joven, la afectividad. Su relación de amistad con Dios encuentra aquí su confirmación. Lee y subraya con verdadera fruición lo que es la amistad de Dios para el orante: “Las personas que trabajan en llegar a la oración y devoción… desfallecerán sin duda…, si no saliese Dios, nuestro Señor, a recibirlos, abiertos los brazos de su amistad, con mayor alegría y consuelo que la madre recibe a su hijo chiquito que se viene huyendo a ella de las cosas que le afligen…”

Con esta lectura se le abre a Teresa, una mujer caracterizada por su afectividad e inteligencia, la posibilidad de iniciar con ese Dios, inmóvil e insondable, un largo discurso silencioso, con un Dios hecho Hombre, en Jesucristo,… una forma de plegaria, destinada a recibir y esperar.

CAPÍTULO 5, 6, 7…

 

  1. La convivencia religiosa en Ávila

En Ávila, lo mismo que en toda Castilla, han convivido, con relativa armonía tres religiones: cristianos, musulmanes y judíos. Ahora, en el siglo de Teresa han surgido tensiones entre los tres grupos (con los musulmanes -moriscos- debido a la caída de Granada, a las revueltas de Sevilla y a la guerra de las Alpujarras). Pero mucho más fuerte es la tensión judeocristiana a causa de la expulsión de los judíos a finales del siglo XV. En Ávila, numerosas familias de mercaderes judíos abandonaron sus casas de la Caldeandrín, donde después puso su tienda el padre de Teresa.  Una vez expulsados los judíos se centró la persecución en los judeo conversos y en su descendencia. Teresa proviene de este último grupo. De ahí el culto a la honra que derivará en la mentalidad y en las leyes de la pureza de sangre. Por eso la tendencia del padre por hacerse con el título de hidalguía que al fin consigue junto con sus hermanos, residentes también en Ávila.

 

  1. La Encarnación

Teresa describe la situación del Monasterio en el Libro de la Vida con estas palabras: Por no estar fundado el monasterio en mucha perfección (5, 1) Desde esta percepción entenderemos la Reforma y la Fundación de San José.

El monasterio de la Encarnación, fue fundado en 1478 en el interior de la ciudad amurallada -en la antigua sinagoga judía-. Se inicia como un beaterio. A principios del siglo XVI se traslada fuera de la ciudad, donde hoy se encuentra, y donde residió la Santa. Este monasterio llegó a albergar hasta 200 monjas o más (cuando Ávila tenía una población de alrededor de 10.000 habitantes), al que acudían mujeres de muy distinta clase social, dando lugar a una gran diferencia de clases sociales; solteras o viudas, jóvenes, incluso niñas (muchas viudas a causa de las muertes de los varones en las Américas), algunas iban con sus criadas.

Teresa llega a la Encarnación, a los veinte años, con una alta dote, según ha quedado corroborado en documentos: En ella otorga «para su alimento y sustentación 25 fanegas de pan de renta, mitad trigo e cebada… en el lugar e término de Gotarrendura… Y en defecto de no le dar el dicho pan, que les dé en lugar dello 200 ducados de oro… e más les ha de dar una cama para la dicha doña Teresa, que tenga una colcha, e unos paramentos de raz, e una sobrecama, e una frazada e seis sábanas de lienzo e seis almohadas e dos colchones e una alhombra, e dos cogines, e una cama de cordeles. E vestir a la dicha doña Teresa de los vestidos e hábitos necesarios para su entrada y profesión: en que le ha de dar para todos hábitos, uno de belarte y otro de veintidoseno, e dos sayas, una de grana y otra de estameña, e un zamarro, e sus tocados e camisas e calzado y libros, como se da a las otras religiosas…» (BMC II, p. 94)., Todo ello  le concede a Teresa el título de Doña, por ser hija de nobles padres. Por esta cuestión de la dote, en el monasterio hay religiosas de velo negro y religiosas de velo blanco, sólo las primeras tienen derecho al voto. El monasterio vive de las dotes y de las conversaciones en el locutorio, con personas importantes que dejaban sus dineros: pues comenzando yo a tratar estas conversaciones, no me pareciendo -como veía que se usaba- que había de venir a mi alma el daño y distraimientopareciéndome que cosa tan general como es este visitar en muchos monasterios. (7, 6) Hay también celdas personales y otras comunes. Teresa cuenta con una celda espaciosa, según ella misma cuenta.

Pero Teresa también afirma que: tenía grandísimo contento en la casa que estaba, porque era muy a mi gusto y la celda en que estaba, hecha muy a mi propósito (Vida 32, 10.12)

En este monasterio, Teresa de Ahumada vivirá 27 años, aquí fue priora de 1571  a 1574, aquí recibe las visitas de Francisco de Borja, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara y aquí se prepara la Reforma del Carmelo, para volver a la Regla primitiva.

En la profesión las monjas no prometen clausura. De hecho salían frecuentemente del monasterio.

 

 

  1. Becedas

“Aquí te martirizó, la célebre curandera, que logró tratarte mucho, pero no ponerte buena”

Teresa enferma. Los médicos no saben qué hacer y su padre decide llevarla a Becedas, con una curandera afamada. Mientras espera que llegue el verano, comienza a confesarse con el sacerdote del lugar, quien al ver el gusto con el que Teresa habla de Dios, le confiesa su pecado: era cosa tan pública que tenía perdida la honra y fama y nadie le osaba hablar contra esto. (5, 4 ) Ella se determina a que deje “la afición” a esa mujer; lo trata con amor, hablándole de Dios. Teresa le arrancó el idolillo de cobre que llevaba al cuello, que la mujer le había hecho llevar en muestra de su amor y le ayudó a cambiar de vida. Todos estos sucesos y padecimientos los relata con plasticidad y soltura. Entonces Becedas era un pueblo de arrieros y de gente emprendedora. El río Becedillas era fundamental en la industria de molinos y batanes.
Los tratamientos de la curandera la enferman todavía más. Sus síntomas: mal del corazón, debilidad extrema, calentura continua, dolores intensos en todo el cuerpo, tristeza profunda, y recibió como terapia una purga recalcitrante para los atascos del aparato digestivo. Aun así agradece a Dios:  tengo por gran merced del Señor la paciencia que Su Majestad me dio, que se veía claro venir de Él (5,5). Teresa hace vida lo que ha leído y orado; hace suya la oración de Job: Pues si recibimos los bienes de mano del Señor, ¿por qué no sufriremos los males? (5, 8)
Su padre decide regresarla a Ávila, donde queda en estado de coma por tres días. Cuando ya está cavada su tumba y ya tiene cera en los párpados, recobra la consciencia. Su padre está arrepentido porque no la ha dejado recibir el sacramento de la Unción. Teresa agradece la nueva oportunidad de vida… me parece estoy con tan gran espanto aquí y viendo como parece me resucitó el Señor, que casi estoy temblando ante mí. (5, 11)

 

-Lenguaje

Paroxismo: Empeoramiento o crisis de una enfermedad (6,9)

 

CAPÍTULO 8.

La oración el gran tema teresiano

Últimos años de crisis y lucha en la vida de Teresa (1553-1554. Teresa tiene 39 años)

-Hace 19 años que ha entrado en el convento. Años de búsqueda incesante: una guerra tan penosa (8, 2)

guerra tan penosa… (2) batalla y contienda de tratar con Dios y con el mundo (3). Mudose la causa de la guerra… estar en servicio de Dios y con conocimiento de la vanidad que es el mundo. (3)

-La razón de un relato tan pormenorizado es: que se vea la misericordia de Dios y mi ingratitud (4)

-En este capítulo Teresa comienza a tratar el tema central de su obra: la oración como medio de vida espiritual para ella y para el lector. Nos ofrece una primera descripción de la oración…

LA ORACIÓN MENTAL es, tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama…pasando por esta pena de estar mucho con quien es tan diferente de vos (5).

En los números del 5 al 9, nos presenta la tesis y el mensaje. El mensaje: El valor de la oración para la vida: quien no la ha comenzado, que pruebe; quien ya la ha comenzado que no la deje. En medio de la narración (nº 6) la narradora se pone directamente al habla con Dios, para decirle a Él lo mismo que está contando al lector. “Y la tesis que plantea Teresa es como describe la oración: es tratar de amistad con Dios.

Son dos las ideas maestras que Teresa va a inculcar al lector. Una y otra arraigadas en lo más hondo de su experiencia. La una pertenece al orden de las realidades eficaces en la vida: la oración marca el rumbo y plasma la vida del orante. Y la otra se refiere al orden de las esencias: oración, ¿qué es?

Teresa sorprende al lector con una versión de la oración algo inesperada en la pluma de una mujer que no es: ni teóloga, ni filósofa, ni biblista… Para ella la oración es cosa de amigos. Pero de amigos desiguales: Dios y el orante. Con la particularidad de que, en el fondo de las cosas, la iniciativa en esa reciprocidad corre siempre a cargo del Amigo ‘mayor’. Porque este tipo de amistad es de origen transcendente. Del lado humano requiere, en cambio, una singular correspondencia que comprometa no sólo el momento orante sino simplemente la vida del amigo ‘menor’. No se es amigo a ratos. La amistad verdadera tiene la misma dimensión que la vida. Esta descripción que nos ofrece Teresa es una auténtica joya literaria y teológica: Que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.  Y de ahí la pregunta al lector: ¿te tratas con Dios? Y la consigna: no dejes de tratar con Dios. Si no has comenzado, empieza. Y si ya has iniciado, no lo dejes. (P. Tomás Álvarez. Comentario al Libro de la Vida)

La amistad que propone ella es un hecho relacional interpersonal que compromete la vida de los dos amigos. Ese tratar de amistad… arranca de la convicción de que “sabemos nos ama” el Amigo con quien tratamos.

“Lo que ella cree definitivo es que en la vida del hombre surja y persista la relación con lo transcendente. Es eso lo que cambia la dimensión de la vida. Teresa concebirá al ser humano como una creatura abierta a la divinidad. La oración surge exactamente en función de esa apertura a la transcendencia” (Tomas Álvarez)

 

CAPÍTULO 9. Teresa cambia de vida

A los 39 años, Teresa cambia de vida. Es un cambio radical, total (no sólo ético o psicológico), afecta a la persona de Teresa en sus estratos más profundos. Le fija el rumbo de vida. Pone fin a la lucha agónica de los capítulos anteriores y marca una nueva y larga jornada que durará hasta el final de su vida. Es el comienzo de la vida mística.

Teresa descubre que le faltaba, a la lucha mantenida, una cosa decisiva: Pasar del esfuerzo personal, a poner toda la confianza en Dios. Así lo indica al final del capítulo 8: Suplicaba al Señor me ayudase; mas debía faltar -a lo que ahora me parece- de no poner en todo la confianza en su Majestad y perderla de todo punto de mí… mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza en nosotros, no la ponemos en Dios.

Y lo repite de nuevo al comenzar el capítulo 9: ya andaba mi alma cansada y, aunque quería… (1) mas esta postrera vez… me parece me aprovecho más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda mi confianza en Dios. (3)

De ahí el título del capítulo 9… comenzó el Señor a despertar mi alma

Señala dos episodios significativos:

* El encuentro con la imagen de Cristo: Acaecióme que, entrando un día… (1) y de ahí su orientación cristológica de la oración (4-6). Encuentro con el Cristo muy llagado… interiorización de la mirada: toda me turbó de verle tal… y a partir de ahí describe su experiencia orante: como sabía estaba el Señor dentro de mí, poníame a sus pies… (2) procuraba representar a Cristo dentro de mí…  Estábame allí lo más que me dejaban mis pensamientos…  y comencé a tener oración sin saber qué era (4). Acontecimiento fundante de su experiencia mística cristocéntrica. Ocurrido en la primavera de 1554, tenía Teresa casi 40 años.

*La lectura de las Confesiones de San Agustín: En este tiempo me dieron las Confesiones de San Agustín (7 y 8) Teresa empatiza irresistiblemente con Agustín, con su angustia y su conversión. Como comencé a leer las Confesiones, paréceme me veía yo allí… Cuando llegué a su conversión y leí cómo oyó aquella voz en el huerto, no me parece sino el Señor me la dio a mí, según sintió mi corazón. (Conversión, palabra clave. Cf. 9, 2: conversión de la gloriosa Magdalena)

Y de ahí, la transformación de vida, el comienzo de una vida nueva (9): Teresa se percibe cambiada: Paréceme que ganó grandes fuerzas mi alma… fueron creciendo las mercedes espirituales de la manera que diré.

A partir del próximo capítulo comenzará la historia de su vida nueva, marcada por la experiencia mística. Teresa ha pasado de la lucha a la paz. De la oscuridad a la luz. Paz y luz no forjadas por ella sino recibidas de lo alto.

 

NOTA (Tomás Álvarez) Las “Confesiones” de san Agustín. – Teresa las lee en romance: la primera versión española del libro se debía a Sebastián Toscano, publicada en Salamanca a principios de 1554. – Ese mismo año las lee la Santa. El pasaje de “aquella voz en el huerto” se halla en el libro VIII, c. 12. La voz aludida decía: “Toma y lee, toma y lee”, y el texto inmediatamente leído por Agustín era el pasaje de Pablo (Rm 13, 13): “No en comilonas y embriagueces, no en lechos ni en liviandades, no en contiendas ni emulaciones, sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne con demasiados deseos”. Ambos textos, el de Agustín y el de Pablo, impactaron en ese momento a Teresa: el de Agustín, por su sintonía con el estado de ánimo de ella; el de Pablo, por su contenido cristológico (“revestíos de Jesucristo”), que refrendaba y ahondaba la precedente experiencia de Teresa ante el “Cristo muy llagado”

 

CAPÍTULO 10. Experiencia de Dios.

En el título ya nos presenta el contenido: Comienza a declarar las mercedes que el Señor le hacía en la oración. Y pide secreto sobre la autora de estas experiencias: pues le mandan diga tan particularmente las mercedes que la hace el Señor. (Título del capítulo)

¿Cuáles son estas mercedes?

-Inicia el capítulo sin preámbulos: Tenía yo algunas veces… comienzo de lo que ahora diré: acaecíame, en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo… venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios… que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en Él. (1) Sin más introducción entra a relatar el “sentimiento nuevo de la presencia de Dios en ella” estaba Él dentro de mí… una presencia que la traspasa por dentro y la envuelve por fuera: yo toda engolfada en Él. Y le sobreviene “a deshora”, sin que ella la cultive.

Y veremos que toma parte en la experiencia el sujeto total: voluntad, memoria, entendimiento y sensibilidad.

Estructura del capítulo: Se pueden señalar tres pasos.

Presentación del tema místico, en clave autobiográfica: creo lo llaman mística teología -se trata del saber por experiencia-. (nn. 1 y 2)

Lo describe muy brevemente, afecta a toda su persona: su mente no ve nada nuevo (no es “visión”), su entendimiento no discurre (“no obra”), pero “entiende” de otra manera y queda como espantado de lo mucho que entiende (1) En el plano afectivo, le brotan especiales sentimientos de ternura, lágrimas de consuelo… regalase allí, huélgase allí. (2)

Intenta explicarle al lector para que acepte esas nuevas “mercedes de Dios”. Ofrece criterios y consejos (nn. 3 a 6) -Importante para la reflexión personal-

Teresa insiste ahora en que se acojan con humildad y se reconozcan las gracias que se reciben: agradecer y estimar como regalo de Dios.

¿Por qué ahora Teresa introduce estos consejos y criterios? En primer lugar, por su misma necesidad de tomar conciencia, para asumir, discernir, agradecer y entregar a los otros el fruto de su experiencia: Pues, ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? (6) Y para poner atención en la falsa humildad: unas humildades que hay… que les parece humildad no entender que el Señor les va dando dones (4) He aquí una joya que, acordándonos que es dada y ya la poseemos, forzado convida a amar, que es todo el bien de la oración fundada sobre humildad (5) Ella confiesa su propia experiencia ya puede ser que yo, como soy tan ruin, juzgo por mí… (6) Con todo ello intenta poner al lector en estado de alerta.

 

Es un diálogo confidencial, el relato será secreto (nn. 7 y 8)

En la segunda parte del n. 7 Teresa pide absoluto secreto para lo que de aquí en adelante dijere. Como ya había expresado en el título del capítulo. De mi ruin vida y pecados, queda del dominio público: Desde ahora doy licencia para publicarlo. Lo de ahora en adelante llevará el sello del anonimato: no quiero digan quién es, por quién pasó, ni quién lo escribió. Y por pensar vuestra merced hará esto… escribo con libertad (8) Los motivos de esa voluntad de anonimato son dos: que no sólo le mandan, sino que le importunan: tanto me han importunado… que escriba esto, que quizá parezca un autoelogio parece sentir Teresa.

El segundo motivo, desconcertante, es la condición femenina: basta ser mujer para caérseme las alas, cuanto más mujer y ruin (8) Por eso, dar a conocer el nombre de la autora sería desautorizar lo bueno que pueda tener el escrito, piensa ella.

 

Epílogo: se propone continuar la narración… no lo hará hasta el capítulo 23.

Anuncia en el n. 9 que continuará la narración: algunos impedimentos diré, que a mi entender lo son para ir adelante en este camino, y otras cosas… de lo que el Señor me ha enseñado por experiencia.  Pero en realidad, a partir del capítulo 11 y hasta el 23, corta la narración, y comienza una parte más doctrinal, lo que se conocerá con el nombre de “Tratadillo de oración”. En estas páginas se revelará como la gran maestra de oración.

 

 

 

NOTA DEL P. TOMAS ÁLVAREZ

Vida, ¿libro secreto? – No es eso lo que indican las prohibiciones taxativas del n. 7 del presente capítulo. Lo que exige la autora es el anonimato. Y eso, únicamente para las páginas que siguen, las que cuentan sus experiencias místicas. De suerte que sus confesores -a quienes hace responsables de ese grado de confidencialidad- pueden “mostrarlo” a otros, pero no desvelarles la autoría del libro. De hecho, ella misma aludirá enseguida a una posible lectura de la obra por las jóvenes monjas de San José (Camino, prólogo). Y el libro pasará rápidamente de mano en mano, no sin connivencia de la autora. Así, desde el primer lector insigne que fue el maestro Ávila, hasta la caprichosa Princesa de Éboli que lo delata a la Inquisición. Muy pronto el libro se difundió en copias apresuradas. Las recordará fray Luis al editarlo. Baste recordar las más notables: Una copia de Báñez para el profesor salmantino P. Medina. Medina, a su vez, para la Duquesa de Alba; don Álvaro de Mendoza para sí y para su hermana doña María; Julián de Ávila para su uso personal; el Duque de Alba dispone de un apógrafo en la cárcel de Uceda… De suerte que cuando la Inquisición lo secuestra, logra apoderarse del autógrafo, pero no de todas las copias.  En la decisión teresiana de mantener el anonimato -tanto de la autora como de los destinatarios- no hay indicio alguno de que lo motive el miedo a la Inquisición, como a veces se ha supuesto.

Dos veces suplica “por amor de Dios” que ni en vida ni después de muerta se publique su nombre al frente del libro. (De seguro que fray Luis, al publicarlo en 1588, hubo de enfrentarse con esa imposible voluntad de la autora).

 

CAPÍTULO  11

Con el capítulo 11 comienza la segunda parte del Libro que llegará hasta el capítulo 22 inclusive: Tratado de oración: Comienza a declarar por una comparación que pone… es muy provechoso. (Título). Al primer grado de oración le dedicará tres capítulos.

Es importante, en la lectura del capítulo 11 destacar dos cosas: la palabra clave, determinación, expresada de distintas formas gramaticales y la comparación -modos de regar el huerto- que nos ofrece para “hacerse mejor entender pues este lenguaje de espíritu es tan malo de declarar. En este capítulo 11 comenzará a declarar el primer modo (11,5)

  • Palabra clave: Determinación/Determinarse. (disponerse)

11,1: ser siervos del amor Teresa lo identifica con ese determinarnos a seguir por este camino de oración. Que es una gran dignidad.

11,2: se nos daría muy en breve… si en breve del todo nos dispusiésemos.

11.4: aunque la iniciativa siempre es de Él, pues harto gran misericordia hace a quien da gracia y ánimo para determinarse.

11.9: se determinan a servir a Dios de veras.

11,10: se determine… no dejar a Cristo caer con la cruz.

11,12: está determinada a ayudárosla a llevar (la cruz) … quien viere en sí esta determinación no hay que temer

11,13: el alma que en este camino de oración mental comienza a caminar con determinación…  tiene andado gran parte del camino.

11,15: les importa mucho comenzar con esta libertad y determinación.

            Esta determinación es la que quiere (que desean siempre pensar en él y amarle).

  • Se ayudará de una comparación:

El huerto. Un símbolo o comparación. Por ser este lenguaje de espíritu, malo de declarar (11,6) Con el que comienza a declarar cuatro grados de oración o modos de regar el huerto (11,7) en este número describe ampliamente la imagen: pues veamos ahora de la manera que se puede regar… paréceme… de cuatro maneras:

sacar el agua de un pozo… el trabajo es nuestro.

con noria y arcaduces… que con menos trabajo se saca más agua.

-con agua de un rio o arroyo… con menos trabajo queda más harta la tierra y no se ha de hacer tan a menudo

-con llover mucho, lo riega el Señor sin ningún trabajo nuestro.

Con este símbolo se podrá declarar algo de cuatro grados de oración.

3)   El primer modo de regar el huerto:

La iniciativa siempre es de Dios: en estos principios está todo el mayor trabajo… dando el Señor el caudal (11,5)

los que comienzan a tener oración podemos decir son los que sacan el agua del pozo (11,9)

-Además da algunos consejos:

* recoger los sentidos (11,9)

* obrar con el entendimiento (11,10)

* no espantarse de la cruz (11,17)

 

 

Comentarios del P. Tomás Álvarez

En este capítulo primero hace un breve preámbulo, en que trata de trasvasar al principiante sus propias convicciones. Le dice que inicia una tarea seria. No una práctica más. La oración es algo que empeña la vida del orante. Con exigencias y consecuencias especiales. De ahí las primeras consignas, pocas, pero fuertes: La consigna fundamental es la ‘determinada determinación’ a la que quiere llevar al orante.

El trazado del capítulo se articula en tres momentos:

– Consignas preambulares al principiante: nn. 1-5.

– La “comparación del huerto y el agua”: el huerto es el alma o el orante mismo; el agua es la oración; la gracia, la vida: nn. 6-8.

– Primer grado de oración: meditación, sequedades, lucha…; y primera serie de consignas prácticas: nn. 9-17.

 

Lo primero, determinarse:

“Determinarse” es la consigna clave. Punto de partida para el principiante. Neta toma de posiciones por parte de la voluntad. No valen los propósitos endebles, ni la cuerda floja.

Por otra parte, Teresa está convencida de que el camino de la oración está erizado de dificultades que socavan la perseverancia: “En estos principios está el mayor trabajo, porque son ellos los que trabajan”. Los refuerzos y “mercedes” de Él vendrán después, a zaga de la perseverancia.

Además, la opción radical por la oración confiere robustez y temple a la voluntad. Desde el comienzo, el orante se hace persona de firme contextura. La oración tiene que ser una forja de la personalidad.  (Aquí podemos hacer una parada y mirar a nuestra vida personal)

 

La comparación del huerto

El tema del “huerto y el agua” comienza como una modesta comparación.

Los elementos que se irán incorporando al símbolo con valor doctrinal son: el huerto (el alma), el agua (la vida), el riego (la oración), el hortelano (el responsable de las tres cosas anteriores), las flores (el aroma y la belleza del huerto) y los frutos (las virtudes personales y radiales o sociales); finalmente, el Señor del huerto, que es a la vez Señor del agua y del riego y de las flores y los frutos. Y, en definitiva, el huerto no es para sí misma; es para Dios. Y de Dios viene el agua del riego a todos los niveles. Al hortelano le toca cuidar el agua (la vida) del huerto. Arrancar las “malas hierbas” y distribuir los frutos. Para la vida del huerto, el factor decisivo es el riego. El agua de riego es la oración. Y la oración es, a su vez, el mejor exponente de la relación con Dios. Hasta el extremo de que “sin agua…, perderse ha” el huerto.

 

Primera manera de regar el huerto: De los que sacan agua del pozo… que es muy a su trabajo.

Su oración consistirá en el “trabajo” de pensar y amar. “En soledad y apartamiento”. Recogiendo los sentidos, para “tratar a solas con Dios”. En suave intento de interiorizarlos. Pensar la propia vida, y mucho más la vida de Cristo. Aceptar las inevitables sequedades, “distraimientos y desabores”. Y cuando fallan los pensamientos, interesa que “engorde la voluntad”. Y ésta se nutre y se crece en la confrontación con la cruz de Cristo, y en la disposición a llevarla sin condiciones. Interesa mucho esta orientación cristológica de la propia interioridad, así como la sumisión a la voluntad de Dios. De suerte que los momentos de oración reviertan en la vida.

 

CAPÍTULO  12

En el capítulo 12 del Libro de la Vida, Teresa continúa desarrollando el primer grado de oración. Hace hincapié en dos grandes temas candentes en la época:  el “esfuerzo personal” para alcanzar ciertos estados de oración; y la “humanidad de Cristo”, buscada como compañía.

En la lectura de este capítulo nos introduce en el sentido de la meditación (oración mental -sacar agua del pozo con nuestras fuerzas) y hasta dónde podemos hacer: en pensar y escudriñar lo que el Señor pasó por nosotros, muévenos a compasión… Y de pensar la gloria que esperamos… muévenos a gozo… devoción adquirida con el entendimiento. (1) Y aconseja “no pasar de aquí”, pues perdido el entendimiento, quédase el alma desierta y con mucha sequedad. (4)

Palabra clave: La experiencia personal (referida al lector y a ella misma)

Entenderme ha quien tuviere alguna experiencia (12, 5)

Hartos años estuve yo que leía muchas cosas y no entendía nada de ellas (12, 6)

Dármelo Dios en un punto a entender (12, 6)

Porque lo he probado, y siempre me estuviera así si el Señor por su bondad no me enseñara otro atajo (13, 5)

He pasado por esto y por eso lo sé (13, 7)

Y créanme esto, porque lo tengo por experiencia (13, 7)

Acaecióme a mí -y por eso lo entiendo- (13, 8)

-¡Si hubiese de decir los yerros que he visto suceder fiando en la buena intención! (13, 10)

Texto de referencia: Arte de servir a Dios, (12, 2), del franciscano Alonso de Madrid. Sevilla 1521

 

Comentarios del P. Tomás Álvarez

  1. Ante todo, enamorarse mucho de Cristo

Puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad… (12, 2)

No se trata de una frase bonita, propia de una enamorada. Tampoco se lo propone al principiante como el resultado de una técnica ascética, sino como un camino de oración, camino andadero con infinitas modulaciones.

Ante todo, centrar en Él y en su Humanidad los momentos de meditación: Pensar y escudriñar lo que Él pasó por nosotros. No con talante pensativo, “intelectualoide”, sino para “moverse a compasión (ante lo que pasó por nosotros). Es sabrosa esta pena y las lágrimas que proceden de aquí. De suerte que el pensar en Él llegue a la zona del corazón. Lo mismo que el pensar la gloria que esperamos y el amor que el Señor nos tuvo… muévenos a gozo.

Compasión y gozo, amor y lágrimas no deben quedar confinados en el reducto afectivo, sino desbordarse en el plano decisivo: el principiante “puede en este estado determinarse a hacer mucho por Dios y despertar el amor… para ayudar a crecer las virtudes, en la vida práctica.

Y finalmente, le propone lo que durante tantos años había sido el refugio de su oración de principiante: Puede representarse delante de Cristo / y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad / y traerle siempre consigo / y hablar con Él / y pedirle por sus necesidades / y quejársele de sus trabajos / y alegrarse con Él en sus contentos / y no olvidarle por ellos, / sin procurar oraciones compuestas, / sino palabras conforme a sus deseos y necesidad. (12, 2)

El pasaje teresiano, va fraccionarlo para evidenciar su riqueza pedagógica, reflejo de la oración vivida por la Santa en sus años de lucha.

Es la lección que con tanta fuerza reiterará a la altura del capítulo 22 de Vida, y, de nuevo, años más tarde en el capítulo 7 de las Moradas sextas: imposible entrenarse a fondo en la oración, imposible progresar en ella, sin revitalizar la relación con Cristo.

  1. La tentación de la escalada mística

Al lector de hoy quizás le resulte extraño el fraseo aquí usado por la Santa –levantar el espíritu, no suban sin que Dios los suba, suspender nosotros el entendimiento…- así como su insistencia en el tema de esa tentación de escalar por propia cuenta el segundo o el tercer grado de oración, es decir, elevarse desde la oración ascética a la mística.

Entre sus coetáneos se había encontrado ella con una corriente o un círculo de espirituales que enseñaban y practicaban dos cosas: emplear una técnica mental para encumbrarse a la experiencia mística; y, en un determinado punto de ese proceso, dejar de lado todo lo corpóreo, incluso la Humanidad de Cristo, y bogar mar adentro en el puro espíritu de la divinidad.

No se trata precisamente de fenómenos místicos sino de entrar en el espacio de la contemplación infusa o de la experiencia mística, que según ella es “sobrenatural”, puro don de Dios, no producto del tesón humano, ni adquirible por nuestras fuerzas, ni producible a base de prácticas ascéticas.

En el símil del huerto, el caldero y la soga por más que bajen y suban del pozo, no se convierten en noria y arcaduces. El principiante, como todos los orantes, se prepara y se dispone para recibir el don de Dios, pero sin emplazar al Señor del huerto y del agua.

De ahí las reiteradas consignas de la Santa: No se suban sin que Dios los suba. Quien quisiere levantar el espíritu a sentir gustos que no se los dan, es perder lo uno y lo otro a mi parecer…, porque es sobrenatural (12, 4). “Es lenguaje de espíritu”, advierte la Santa, es decir, lenguaje usado entre “espirituales”. Tampoco tienen nada de crípticos los otros términos: “Perder lo uno”, es frustrar la oración del primer grado. “Perder lo otro” equivale a no conseguir la intentada elevación mística.

Para el lector de hoy, esta lección de la Santa es una toma de posiciones frente a posibles técnicas psicologistas que pretendan la escalada de los estados místicos.

  1. Experiencia y sabiduría

Hacia el final del capítulo (n. 6), hay una digresión confidencial.

Es una breve pausa autobiográfica, engastada como una joya en pleno contexto doctrinal. La ha motivado el reclamo a la experiencia del lector, experiencia que le hará comprensible la lección central del capítulo. Y desde la experiencia ajena, Teresa pasa a la suya propia, que es la fuente de su saber. Si escribe ahora, es gracias a la luz irradiada por esa su experiencia sapiencial.

Su actual expansión confidencial nos pone al corriente de una serie de datos biográficos interesantes:

– Que durante “hartos años” leía ella “muchas cosas y no entendía nada de ellas”.

– Que pasó mucho tiempo recibiendo gracias místicas que le resultaban inefables: “Palabra no sabía decir para darlo a entender”.

– Que ahora “hace poco” el Señor le ha dado la doble gracia de autocomprensión y de elocución: “Dámelo Dios en un punto a entender con toda claridad, y para saberlo decir”.

– De suerte que su saber no lo debe a los libros ni a los letrados; se lo debe al maestro interior: “Cuando Su Majestad quiere, en un punto lo enseña todo, de manera que yo me espanto”. “Su Majestad fue siempre mi maestro, sea por todo bendito” (cf C. 39, 8).

Esa serie de confidencias es para el lector toda una pista de lectura. El saber teresiano vertido en el presente libro tiene su hontanar en la experiencia vivida por la autora y, más allá de ésta, en el Maestro interior. Teresa misma concede especial importancia a esa triple dotación: experimentar, entender, escribir. Corresponden a las “tres mercedes” de que hablará más adelante, que son la clave o el engranaje de su magisterio espiritual.

 

 

CAPÍTULO  13

 

En el capítulo 13 continúa con algunos avisos, es muy provechoso (título).

1)  Recordamos de la lectura del jueves anterior:

-Andar con alegría y libertad (1) Grande ánimo y liberalidad dice Ignacio al comienzo de los EE. Todo con discreción (1).

Tener gran confianza… no apocar los deseos (2) Dios es amigo de animas animosas (2) y siempre con humildad (3)

-No querer concertar cuerpo y alma (5ss)

-Tentación de desear que todos sean muy espirituales (8 y 9)

-Tentación de pena de los pecados y faltas que ven en los demás. (10)

Se representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento se estén hablando y regalando conél, sin cansarse en componer razones…

2) Continuamos leyendo capítulo 13, a partir del nº 12:

Palabras clave:

MEDITACIÓN: adentrarse en el evangelio (Pasión y vida de Cristo), ponémonos a pensar… ayuda el entendimiento, anda el entendimiento buscando las causas… (11-13) Si pudiere, ocuparle -el entendimiento- en que mire que le mira, y le acompañe y hable… (22)  Hace muchos provechos esta manera de oración (22)

MAESTRO: Para esto es muy importante el maestro, si es experimentado (14); avisado y que tenga experiencia. Si con esto tiene letras, es grandísimo negocio. Mas si no se pueden hallar estas tres cosas juntas, las dos primeras importan más (16 y 17 importa leer con atención estos números. Entra en un problema de la época. Ver nota 17)

CONOCIMIENTO PROPIO: es el pan con que todos los manjares se han de comer… en este camino de oración (15).

 

Importancia de la ayuda de un gran maestro (P. Tomás Álvarez)

En la línea de consejos que la Santa dicta al principiante, éste del “espiritual maestro” ocupa el último puesto, pero no en calidad ni en importancia.

Ella es contraria al aislamiento en el camino espiritual. “Gran mal es un alma sola entre tantos peligros”, había escrito en el capítulo 7. “Es tan importantísimo esto para almas que (aún) no están fortalecidas en la virtud…, que no sé cómo lo encarecer”.

Pero como ella ha sufrido tanto durante tantos años con maestros mediocres (“estaba todo el daño en los confesores”, “yo no hallé maestro que me entendiese, aunque le busqué, en veinte años…”, “gran daño hicieron a mi alma confesores medioletrados”), es normal que ahora se plantee el problema de la elección, en disyuntiva: )Buen maestro será el letrado-teólogo, o será la persona de experiencia orante, el “espiritual”? “Porque -dice ella- hay opiniones de que no son (aptos los) letrados para gente de oración”.

Ella piensa lo contrario de esas “opiniones”. “Siempre fui amiga de letras… Buen letrado nunca me engañó”. Ella entiende que la función del letrado es discernir y asegurar la verdad del buen camino, “porque espíritu que no vaya comenzado en verdad, yo más le querría sin oración (!); es gran cosa letras… Llegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos. De devociones a bobas nos libre Dios”. Es decir, que al principiante le interesa ante todo quien lo ponga en contacto seguro con la Palabra de Dios, fuente de la verdad y faro del buen camino.

Pero si ese letrado (teólogo o biblista) no es espiritual, es decir, si no es persona de oración, ella prefiere para el principiante al maestro de experiencia, experto en oración porque la hace: buen entendimiento, que tenga experiencia, que tenga letras. Si falta una, preferible las dos primeras.

Maestro modélico, para ella, Juan de la Cruz: que es todo un “Seneca”, “”; y “que es harto santo” dirá después.

 

CAPÍTULO 14

Comienza a declarar el segundo grado de oración (comienzo de la oración mística).

Digamos ahora el segundo grado modo de sacar el agua que el Señor del huerto ordenó para que con artificio de con un torno y arcaduces sacase el hortelano más agua y a menos trabajo (1) Oración de quietud.

Modo: Es recogerse las potencias dentro de sí para gozar de aquel contento con más gusto. -voluntad, memoria, imaginación, entendimiento- (2-3)

Experiencia: Comienza su Majestad a comunicarse a esta alma y quiere que sienta ella cómo se comunica… y que entienda esta alma que está su Majestad tan cerca de ella que ya no ha menester enviarle mensajeros, sino hablar ella misma con él. -cercanía y comunicación-(5) Y que entendamos que nos entiende (6)

Efectos: Comienzan estos árboles a empreñarse para florecer y dar después fruto, y las flores y claveles lo mismo para dar olor (9)

Teresa ora ante el lector: ¡Oh Señor mío y bien mío! (10-11) y se sitúa ante quien le ha pedido lo escriba (12)

Dificultad para escribir: He de andar con la comunidad… y como estoy en casa que ahora se comienza (8)

 

Comentarios del P. Tomás Álvarez

El tema místico: Al entrar en el tema místico, el libro cambia de fondo y de forma. En la expresión literaria y en el contenido pedagógico o mistagógico. La autora ya no escribe tanto para informar y explicar, cuanto para revivir la propia experiencia de oración mística y, desde ella, empatizar con el lector, atrayéndolo a la órbita del misterio de Dios. Escribe para “engolosinar las almas”, dirá más adelante (18, 8). Le interesa “estar en ello” cuando escribe, es decir, estar ella misma en tensión mística. Tensión que irá “in crescendo”, de grado en grado de oración. Con momentos especialmente intensos en el grado tercero (capítulo 16), y que culminarán en el grado cuarto (c. 20) y en el sucesivo relato autobiográfico (capítulos finales: 37-40).

Alternarán, en el escrito, las referencias ocasionales de la Santa a su propia experiencia; y los soliloquios u oraciones: momentos de palabra dirigida a Dios, en presencia del lector.

De pasada nos hace saber “dónde y cómo” está ella escribiendo: Ávila, Carmelo de San José.

El símbolo: A través del símbolo, insiste en la alternativa de este segundo grado de oración,  “más agua y menos trabajo”. En esta nueva forma de oración destacan tres aspectos simbólicos: ante todo, la iniciativa es del Señor, que es el autor del “artificio del torno y los arcaduces”; el mayor flujo del agua, que es la fluidez e intensidad de la oración; y el descanso del hortelano, que es el orante.

Evidencia la importancia de la iniciativa de Dios, y que esta primera forma mística no es definitiva, sino intermitente: es normal que sobrevengan momentos de sequía y entonces surge la pena por ver que se acabó y que no lo puede tornar a cobrar, ni sabe cómo (5). Absoluta gratuidad de la oración mística.

La gracia: La Santa emplea para describirlo el vocablo “auxilio particular”. Responde bien al concepto que ella tiene de la oración como trato de amistad entre los dos amigos. Llega un momento en que el primero de los dos, el Amigo divino, desde lo hondo de su misterio, se hace presente y toma la iniciativa en el trato de amor recíproco. Es el comienzo de la oración mística. “Está más cerca el agua” -ese es el dato teológico- , y añade “Quiere Dios… que entienda esta alma que está su Majestad tan cerca de ella, que ya no es menester enviarle mensajeros…” (5) Importancia del verbo querer, referido a Dios, a su iniciativa. Referencia al texto (Prv 8,31).

Efectos en el sujeto, aspecto psicológico de la experiencia: Las potencias: voluntad, entendimiento, imaginación, memoria… A la Santa le interesa el aspecto de la vida, el aspecto psicológico de lo que vive, lo que llamará el estado místico. Lo describirá tal como ella lo ha vivido. Teresa está convencida de que no basta vivir la experiencia, es preciso entenderla y discernirla. Así destaca en primer lugar la situación de quietud interior: en paz y descanso “en lo muy íntimo del alma”. Esto contrasta con la dispersión de la oración de primer grado. La quietud se produce en la voluntad y en el amor. (2) Especie de fascinación amorosa. Las otras actividades del alma siguen presa del desvarío: No se pierden ni se duermen -memoria, maginación- (2)  Andan como unas palomas (3) El entendimiento  obra aquí muy paso a paso y saca muy  mucha más agua (4) Todo este movimiento pone en evidencia la falta de unidad interior del orante.

 

CAPÍTULO 15.

Continúa profundizando en la oración de segundo grado. Ofrece al orante orientación sobre cómo actuar tanto en la oración como en la vida. Le previene del riesgo de volver atrás y el empeño por caminar hacia delante.

Vuelve a su propia experiencia para darse a entender. Es un capítulo rico en avisos y consejos.

Secuencia del capítulo:

-Ns 1 a 3:Consignas sobre la oración de quietud y recogimiento

-Ns 4 a 9: Consejos prácticos

-Ns 9 a 15: Cómo discernir la oración mística de posibles engaños

-Nº 14: Recopilación de consejos prácticos

 

Palabras clave:

QUIETUD: Este vocablo refleja muy bien la situación psicológica del orante “paz, sosiego, descanso” fruto de que la voluntad permanece unida con Dios (1)

RECOGIMIENTO: Apunta a la interioridad y al amor encendido en ella (4)

Ambos términos son propios de la tradición espiritual española.

Comentario al capítulo (Tomás Álvarez)

Está escribiendo la Santa hacia el 1565. Su experiencia de la oración de quietud es de aproximadamente el año 1554, a raíz de su conversión. Avisa de los peligros  de volver atrás, “hablo yo por mí” escribe, y sabe que son muchos los que corren ese riesgo. Así les puede pasar a los destinatarios de su libro y a los futuros lectores que somos nosotros mismos.

Es importante aludir al recurso literario y pedagógico de las imágenes. Ha dejado atrás el símbolo del huerto al que volverá al final del capítulo (15). Introduce nuevas imágenes para iluminar diversos aspectos de la incipiente experiencia mística: las abejas y la miel, la voluntad recogida como sabia abeja… (6) el niño que crece hasta ser hombre y “no torna a decrecer” (12)  el caballero que sin sueldo sirve a su rey (11).

Y la imagen preferida en este capítulo: la centellica de fuego que hace referencia a la naciente oración mística: Una centellica de verdadero amor de Dios (4) Esta oración que tiene algo de elección especial por parte de Dios. Es el comienzo de un gran fuego de amor. Y, a la vez, una dignidad grande. Al orante le queda la responsabilidad de que esa centella, por pequeña que sea, no se apague en sus manos, ni haya cosas que “la maten por su culpa”. Un aimagen muy querida y repetuda en sus escritos.

 

Sobre la descripción de la oración de quietud: Ya he dicho que en este primer recogimiento y quietud no faltan las potencias del alma, mas está tan satisfecha con Dios, que mientras aquello dura, aunque las dos potencias se desbaraten, como la voluntad está unida con Dios, no se pierde la quietud y el sosiego, antes ella poco a poco torna a recoger el entendimiento y memoria. Porque aunque ella aún no está de todo punto engolfada, está tan bien ocupada sin saber cómo, que por mucha diligencia que ellas pongan, no la pueden quitar su contento y gozo, antes muy sin trabajo se va ayudando para que esta centellica de amor de Dios no se apague. (n. 1).

Por primera vez, la voluntad “está unida con Dios, aunque no del todo engolfada”. No lo están las otras zonas y actividades del alma (entendimiento, memoria, imaginación…) Pero el amor puede con ellas, y “poco a poco” las subyuga o las atrae al foco del amor. Esta zona del alma -la zona del amor- es la brasada por la centellica, y la que hace que “esta no se apague”.

 

Serie de avisos:

-En primer lugar la Santa sorprende al lector recomendándole la autoestima. Una autoestima especial. Se la inculca reiteradamente: “Ruego yo, por amor del Señor, a las almas a quienes Su Majestad ha hecho tan gran merced que lleguen a este estado, que se conozcan y tengan en mucho con una humilde y santa presunción”. “Conozca (reconozca) la dignidad grande en que está”. “En estos tiempos en que son menester amigos fuertes de Dios, ténganse por tales” (5). Y si una o más veces cayeren “por su flaqueza y maldad y ruin y miserable natural”, en ningún modo abandonen la oración. “Siempre tengan delante el bien que perdieron”.

-La humildad: Importantísima en el trato con Dios, y en el trato consigo mismo. “Créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo”. Teresa se dirige a los cuatro o cinco lectores letrados, que están en espera de su libro. Se lo vuelve a repetir al final del capítulo en términos espléndidos: “Cuando es espíritu de Dios, no es menester andar rastreando cosas para sacar humildad y confusión, porque el mismo Señor la da de manera bien diferente de la que nosotros podemos ganar con nuestras consideracioncillas, que no son nada en comparación de una verdadera humildad con luz que enseña aquí el Señor, con una confusión que hace deshacer…”

Cultivar el amor: “Despierte en sí la voluntad algunas razones…, para avivar este amor”. “Haga algunos actos amorosos de qué hará por quien tanto debe”. En tema de amor “más hacen aquí unas pajitas puestas con humildad y más le ayudan a encender, que mucha leña junta de razones muy doctas”. Al orante le sugiere, incluso, concretas fórmulas de amor, que en el fondo evocan la oración de la Santísima Virgen: “Con humildad diga: ¿Señor, qué puedo yo aquí? ¿Qué tiene que ver la sierva con el Señor, y la tierra con el cielo?”.

 

Criterios de discernimiento para pensar que va caminando en positivo:

* Un gran deseo de ir adelante

* A todo se ofrece

*Una seguridad, con humildad y temor, de que ha de salvarse

*Ve que le comienza un gran amor de Dios, muy sin interés suyo

*Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien

*Es un principio de todos los bienes, un estar ya las flores en término que no les falta casi nada para brotar”.

 

Son ésos, de momento, los criterios de autenticidad de la naciente oración mística.

 

 

CAPÍTULO 16

Descripción de este tercer grado

Escribe Teresa reviviendo toda la fuerza de la experiencia, en estos dos capítulos que dedica a este tercer grado de oración -oración mística-. Cap. 16: lo describe; cap. 17 explica sus efectos.

El capítulo 16 tiene gran fuerza biográfica al mismo tiempo que se pone de manifiesto su deseo de llegar al lector y hacerle sentir la experiencia (mistagogia). Mientras está viviendo ese momento de exhaltación mística, es capaz de expresarse con gran pedagogía, con uina descripción clara y lineal:

Secuencia del capítulo:

-Imagen: La tercera agua… que es agua corriente de un río o de fuente que se riega muy a menos trabajo, aunque alguno da el encaminar el agua… es un sueño de potencias (1)… ) Intenta describir el comienzo de una actividad psicológica diversa de la habitual: es un morir casi del todo (1) Es un glorioso desatino (1)

-Experiencia: Evoca los cinco años en que ella vivió muchas veces y que ni yo la entendía ni la supiera decir (2) -Capacidad de entender y decir: me dio el Señor hoy… esta oración… y enseño la manera de decirlo (2)Gustado he en extremo haberlo ahora entendido.(2) Bien entendía que era Dios, mas no podía entender cómo obraba (2) Parece que aconteció entre los años 1558-60, cuando compuso algunos de sus primeros poemas: Yo se de una persona… (4)

-Revive la experiencia al escribir sobre ella: cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial… Parece que sueño lo que veo (4-6) Hace el autorretrato de sí misma.

-Termina esta confesión en un soliloquio que dirige a Dios: ¡quered ahora, Rey mío… que o estén todos los que tratare locos de este amor (4) En referencia a sus amigos lectores. Y que a partir del nº 6 refiere a su lector más inmediato, el P. García de Toledo: ¡Oh hijo mío!… sea sólo para vos (6) Y en el nº 7 se dirige a los cinco que al presente nos amamos en Cristo (7)

-Confiesa al final su atrevimiento (8)

*En resumen el capítulo se centra en tres puntos:

-Descripción del nuevo grado de oración: desde la alegoría del huerto; desde su experiencia de hace años; en la doble comònente teologal y psicológica (1-3)

-La autora revive esa experiencia de oración que le mueve al soliloquio con Dios (4-5)

-Diálogo con el lector para comunicarle su emoción orante, sus decisiones, sus convicciones (6-8)

-Ruego final a su principal lector: Rómpalo vuestra merced (8)

 

Aspecto telogal. LA GRACIA, ¿CÓMO ACTÚA?

Es importante caer en la cuenta cómo Teresa quiere hacer entender esa efusión de gracia: quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera que casi Él es el hortelano y el que lo hace todo (1)

Describe cómo esa efusión de gracia impregna de manera especial la voluntad y el amor para unirlos a Dios, y se desborda sobre las actividades del alma (potencias: entendimiento, memoria, imaginación), aunque sin llegar a subyugarlas totalmente: están casi del todo unidas, mas no tan engolfadas que no obren (2) Crea una tensión en la persona que se debate enre dos extremos de gozo y sufrimiento: gloria y gozo grandísimos… sabrosa pena… (4) Lo que expresa en su poema: Vivo, sin vivir en mí…

 

 

CAPÍTULO 17

Efectos que produce. Atención a la imaginación y memoria

Sigue presente la experiencia de Teresa con una digresión que hace sobre los tres momentos de la gracia mística y que describe bellamente en el nº 5: Porque una merced es dar el Señor la merced… Primero, percibir en sí el misterio de la acción de Dios: en segundo lugar, apercibirse de ello y de su procedencia divina, entenderlo; y, por fin, superar la barrera de la inefabilidad para poder decirlo y comunicarlo: sentir-entender-comunicar. Este es el magisterio místico que la Santa ejerce desde el Libro de la Vida.

Secuencia del capítulo

-Vuelve sobre la acción de Dios en este modo de oración: Haga su Majestad como de cosa propia; ya no es suya el alma de sí misma; dada está del todo al Señor… (1-2)

-Manifestaciones de esta oración y sus efectos: virtudes, amor, paz y gloria del alma hasta rebosar en el cuerpo: Comienza a obrar grandes cosas con el olor que dan de sí las flores, que quiere el Señor se abran… aquel gozo y deleite participa de él el cuerpo, y esto muy conocidamente (3-8)

-Trata del problema de la imaginación: la memoria queda libre, y junto con la imaginación debe ser… y cómo procura desasosegarlo todo (5-7)

-Concluye el capítulo volviendo al modo epistolar: trátelo vuestra merced con persona espiritual que haya llegado a quí y tenga letras… (8)

 

Un apunte del P. Tomás Álvarez sobre los tres grados de acceso a la unión mística

-La primera y más intensa forma de unión es la descrita al comenzar el capítulo. Dios actúa como señor y hortelano del alma: Se ha de ofrecer a todo lo que en ella quiere hacer la verdadera sabiduría… dejarse del todo en los brazos de Dios: Siquiere llevarla al cielo, vaya. Si al infierno, no tiene pena (2)

-El segundo “aún no es entera unión”. La infusión de amor y de luz fascinan la voluntad y el entendimiento. Pero no la franja de la memoria y la imaginación…y es para ver la querra que plantean (5)

-La tercera forma de unión es de sola la voluntad. Sola ella y su dinámica de amor y gozo quedan bajo el foco de la acción sobrenatural de Dios: En mucha quietud está sola la voluntad, y están por otra parte el entendimiento y memoria tan libres, que pueden tratar de negocios y entender en obras de caridad (4) Marta y María andan juntas. Es la forma de contemplación amorosa, apta para los quehaceres de servicio cotidiano.

Las tres serían una suave escala de acceso a la unión plena.

 

Es la persona del místico la que ha sido trasladada a otro plano de existencia, “sobrenatural” -dice ella-. Y eso, sin excluir el propio cuerpo, que “muy conocidamente” es alcanzado por esa gracia innovadora, recuperando así la fundamental unidad de la persona en cuerpo y alma. (7)

 

La imaginación, la loca de la casa

Le preocupa a la Santa este tema porque pone en evidencia la falta de unidad interior en nuestra psicología y en la suya: Cuándo, mi Dios, ha de estar ya toda junta mi alma en vuestra alabanza, y no hecha pedazos…(5)

Confiesa que ha luchado por poner orden… pero su imaginación no se rinde…represéntase aquí nuestra miseria (6)

Cuál termina siendo el remedio: que no se haga caso de ella más que de un loco, sino dejarla con su tema… En fin aquí por esclava queda (7)

 

 

Lectura de los capítulos 18 y 19: Es para animar mucho a los que tratan oración… Lease con advertencia. Dedica a este grado de oración los capítulos 18 a 21.

CAPÍTULO 18

Descripción de este tercer grado y alegoría del huerto.

Está escribiendo Teresa esta experiencia en el momento en que la vive. Los cuatro capítulos (18 a 21) son fundamentalmente de caracer doctrinal. A partir del capítulo 23 lo volverá a narrar de forma autobiográfica, y en el Libro de Moradas lo tratará de nuevo, en Moradas sextas y también en la Quinta Relación. (Las Relaciones son un conjunto de escritos que publicó ya Fray Luis de León a continuación del Libro de la Vida: unos papeles -dice- escritos por las manos de la santa madre Teresa de Jesús. Van de 1560 a 1581 -tiene Teresa entre 45 y 66 años-. Escribe por la necesidad que siente de discernimiento de las gracias místicas que “padece”. Se conocen también con el nombre de Cuentas de Conciencia. (Se guardan 66 C.C.)

Comentario P. Tomás Álvarez

Distintos aspectos de estos capítulos:

  • Aspecto literario.- Es importante tener en cuenta el elogio que ella misma hace de estos capítulos:

Comienza a declarar de excelente manera… es de mucha admiración… tiene buena doctrina. Hasta tal punto que el ¿P. Bañez? lo tachó en el primer manuscrito por parecerle excesivo autoelogio. En realidad lo que la Santa pondera es su contenido doctrinal y su fuerza mistagógica.

Utiliza gran profusión de imágenes: el agua y el fuego, el vuelo de la avecica, la nube, la mariposilla, las joyas preciosas, la claridad del sol… Imágenes con una gran fuerza de mensaje.

  • Trasfondo autobiográfico.- El punto de partida ha sido una experiencia, según ella narra: Cuando

comencé esta postrera agua a escribir, me parecía imposible saber tratar cosa más que hablar en griego, que así es ello dificultoso. Con esto, lo dejé y fui a comulgar. ¡Bendito sea el Señor, que así favorece a los ignorantes!… Aclaró Dios mi entendimiento, unas veces con palabras, y otras poniéndome delante cómo lo había de decir... (18, 8). Terminando esta narración parece que “prevé” o anticipa su muerte: como si esas páginas pudieran ser las últimas que brotasen de su pluma: Yo bien pienso (que) alguna vez ha de ser el Señor servido, si va (esto) adelante como ahora, que se acabe con acabar la vida… (20, 13). Evidentemente se engañaba. Pero el presagio forma parte del cuadro escénico. Entre esos dos extremos vive ella la dramática tensión del “ahora”: lo que escribe: es ahora, después que tengo el oficio de priora; ahora, muy a la postre, después de todas las visiones y revelaciones que escribiré; es después de todo lo que va escrito en este libro, y en lo que ahora me tiene el Señor” (20, 5. 9. 12. 15…). Es decir, que estas páginas contienen las últimas vivencias narradas en el libro, el “aquí y ahora” que refleja en directo la intensa experiencia del momento.

  • Aspecto doctrinal.- Teresa quiere dar a entender en qué consiste este cuarto grado u oración

Mística: el agua del cielo empapando el huerto (9). Pone todo su empeño en describir el significado de la unión, desde la total unión de voluntades, hasta la de todo el ser. Emplea con frecuencia la imagen del fuego y la llama. Sobre todo le interesa poner de manifiesto la reestructuración de la persona en la unión mística: la “gran dignidad” en que Dios pone al hombre. Es manifiesto el empeño que pone de la evidencia, usando a veces la expresión “lo ve por vista de ojos”; es decir, es evidenciable, es un hecho empírico, autobiográfico: no diré cosa que no la haya experimentado mucho (8)

 

En el arco tenso de los cuatro capítulos adquiere relieve especial el capítulo 20, quizás el más intenso del libro. Y, dentro de él, los paréntesis de monólogo en que Teresa se dirige a Dios utilizando su típico registro de “exclamaciones” o de clamor sin reparos. Está tentada de “dar voces”, unas veces hacia Él, otras hacia los posibles lectores, desde el grupo más modesto de “los cinco” hasta los reyes que no la escuchan. Tensión realista, que ella volverá a registrar expresamente en el libro de las Moradas, cuando vuelva a referir la presente etapa de su vida mística (M 6, 6, 3).

 

Secuencia del capítulo:

-nn. 1 y 2 Describe la oración de unión: acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza… Ocúpanse los sentidos en este gozo… y puédese dar a entender muy menos. Pero sí pretendo declarar qué siente el alma cuando está en esta divina unión. Como escribirá Jua de la Cruz en su poema: un entender no entendiendo / toda ciencia trascendiendo.

-nn. 3 y 4 Nos ofrece dos momentos intensos de oración: ¡Oh, Señor mío, qué buenos sois!… (3). Señor, mirad lo que haceis… (4) Una vez más se “disculpa” por recibir  estas gracias: En fin, mujer, y no buena sino ruin… (4). Aunque ella comparte, con San Pedro de Alcántara, que hay más mujeres que hombres a quien el Señor hace estas mercedes (V. 40, 8)

  1. 5 a 14 Narra dos formas diversas de la oración de unión por sus efectos: Acaece venir este levantamiento de espíritu o juntamiento con el amor celestial… (7) Expresa la diferencia, con la simbología del fuego: un fuego pequeño también es fuego como uno grande, y ya se ve la diferencia que hay de lo uno a lo otro… (7) Señala sus efectos, especialmente en los nn. De 10 a 14. Y lo que el alma aquí siente. (14)
  2. 15 Su percepción de la presencia de Dios. Certeza de su presencia por parecerme, casi claro, había entendido estar allí su misma presencia. Del mismo modo se expresa en 5M 1, 10 (una certidumbre que queda en el alma que sólo Dios la puede poner). Igual se expresará García Morente en su experiencia la noche de Paris, en el siglo XX. (Narración al P. X, jesuita)

 

Vocabulario místico

Mística teología:  La autora ya ha empleado (y rehusado) esa expresión anteriormente: “Creo lo llaman mística teología” (10, 1; y 11, 5); aunque “yo los vocablos no sabré nombrarlos”. En el texto teresiano no corresponde al tratado teológico que hoy lleva ese nombre, sino que mantiene la acepción original de “experiencia mística”. Con acepción parecida lo emplea san Juan de la Cruz, equivalente a “sabiduría mística”, “contemplación infusa”.

Unión del alma con Dios: “El cómo es ésta que llaman unión…” (n. 2 ss). Ella misma intentará definirlo: “Lo que es unión ya se está entendido que es de dos cosas divisas hacerse una” (n. 3). Aquí, en el caso de Dios y el alma del místico, la explica luego como una “comunicación” especialísima de la divinidad al alma (n. 3), “por grandísimo favor del Señor” (n. 14). De suerte que “la unión” sea a la vez “experiencia de esa unión”. Este estado de unión (título del capítulo): es la prolongada forma de relación habitual del místico con la divinidad, más allá de los actos puntuales de oración dentro de ese estado.

Éxtasis, arrobamientos… momentos intensivos dentro del estado de unión. Lo describirá más adelante (20, 21 y 23). Entiendo claro que el Señor es el que obra (21, 13) Llegando aquí un alma, le va comunicando muy grandes secretos. Aquí son las verdaderas revelaciones en este éxtasis… para que tenga en menos las cosas de esta vida y conozca más claro las grandezas del premio que el Señor tiene aparejado a los que le sirven (21, 14)

Suspensión de todas las potencias (12): dejan de actuar por exceso de información, dando paso a otro modo de función. Faltan todas las potencias y se suspenden de manera que en ninguna manera se entienden que abran (14) Es una pasividad absoluta que “ni fue parte para traerla” (esta gracia), ni para tenerla (detenerla)” (19,2)

Muerta del todo a las cosas del mundo (n. 1): “muerta”, en acepción figurada, equivalente a totalmente desasida, liberada, no sometida a la presión de lo terreno.

-Engolosinar: “Es mi intención engolosinar las almas de un bien tan alto” (n. 8). Única vez que aparece ese vocablo en los escritos teresianos. Lo emplea en su acepción normal. Pero trasladada del plano sensorial al espiritual. Indica plásticamente la intención mistagógica y empatizante de la escritora: ella escribe por obedecer al confesor, pero lo hace para engolosinar al lector.

 

Capítulo 20

Diferencia entre unión y arrobamiento. Efectos que deja. Descripción del éxtasis y sus efectos. Quizás el más intenso del libro .

Capítulo de mucha admiración, dirá ella misma. Capítulo autobiográfico. Describe lo que en ese momento está viviendo. Fuerte experiencia de soledad y anhelo de Dios: ¿Dónde está tu Dios? (n 11) Escribe en un continuo esfuerzo por expresarse ante sí misma y ante el lector lo que en ese momento está viviendo, siendo priora en San José de Ávila. (nn 4 a 29, casi la totalidad del capítulo) Sólo unas líneas dedica a ese intento de distinguir entre unión y arrobamiento (nn 1 a 3).

Tomado del comentario del P. Tomás Álvarez

Tres temas importantes de este capítulo:

-Qué son los arrobamientos y sus efectos

-En qué consiste la pena de la ausencia de Dios

-Cuál es la nueva tabla de valores en la vida de Teresa y del místico.

  1. El arrobamiento: primero lo describe genéricamente (nn 1-3) Después lo analiza tal como acontece en su propia experiencia (nn 4. 6; 18-21). En el arrobamiento lo que prima, en absoluto, es la acción desbordante de Dios, y como tal percibida por el místico. ¿Y en su experiencia? La acción divina le sobreviene como una fuerza arrolladora que elimina toda resistencia posible que me llevaba el alma y aún caso ordinario la cabeza tras ella, sin poderla tener, y algunas veces el cuerpo, hasta levantarle. (n 4) Primera alusión a un posible fenómeno de levitación corporal, por efecto de la gracia recibida en el espíritu. Que produce en ella un parón de las funciones vitales, tanto las corporales (n 18) como las psíquicas (n 21). Aunque ambos efectos son secundarios respecto de lo esencial.

Añadirá luego que el momento del arrobamiento es breve, pero que sus efectos en la persona son intensos: “Deja un desasimiento extraño, que yo no podré decir cómo es… Hácese una extrañeza nueva para con las cosas de la tierra, que es muy penosa la vida” (8).

En cuanto a la levitación: Digo que muchas veces me parecía me dejaba el cuerpo tan ligero, que toda la pesadumbre de él me quitaba, y algunas era tanto, que casi no entendía poner los pies en el suelo. (18) Esto acontece sin secuelas psicológicas, sino al contrario, según ella misma narra: Muchas veces queda sano (el cuerpo)… –que estaba bien enfermo y lleno de grandes dolores- y con más habilidad. (21)

Y ¿cuáles son los efectos teologales de esa acción desbordante de Dios? Como una especie de ingreso en la órbita de Dios: muéstrase el gran poder del Señor, y cómo no somos parte, cuando su Majestad quiere, de detener tan poco el cuerpo como el alma. Ni somos señores de ello; sino que, mal que nos pese, vemos que hay superior y que estas mercedes son dadas de Él y que nosotros no podemos en nada nada, e imprímese mucha humildad… Muéstrase una Majestad de quien puede hacer aquello, que espeluza los cabellos, y queda un gran temor de ofender a tan gran Dios; éste, envuelto en grandísimo amor (7). Deja un desasimiento extraño, que yo no podré decir cómo es… y hácese una extrañeza nueva para con las cosas de la tierra, que es muy penosa la vida (8)

  1. 2. La pena de la ausencia de Dios: ahora, ya que no cesa algunas veces, las más y lo más ordinario es esta pena que ahora dire (9) Esa pena que luego intentará describir parece la versión teresiana de “la noche sanjuanista”. Con resonancias comunes en el ¿Adonde te escondiste, Amado…?, con la misma evocación bíblica del “pájaro solitario” y con la misma referencia al crisol purificador del alma.

-Tal como lo percibe la santa esa pena viene de una noticia de Dios tan admirable, muy sobre todo lo que podemos desear… otras veces parece el alma necesitadísima, diciendo y preguntando a sí misma: ¿Dónde está tu Dios? (11). Y como ya ha dicho anteriormente: a Dios se le percibe como un bien que en sí tiene todos los bienes, del que a su vez se siente ausente… Y con parecerme que está entonces lejísimo Dios (9)

-Esa pena de ausencia afecta a toda la situación existencial de la Santa, incluidas sus relaciones con lo criado. Ahí su evocación al pájaro solitario (passer solitarius). Asi parece que está el alma no en sí, sino en el tejado o techo de sí misma y de todo lo criado; porque aun encima de lo muy superior del alma me parece está (10)

-Hasta el extremo de presagiar la inminencia de la propia muerte, pero con clarísima percepción del paso por el actual crisol: que en esta pena se purificaba el alma, y se labra o purifica como el oro en el crisol 16)

  1. Nueva tabla de valores. Señala los efectos que hace: una nueva personalidad. Los arrobamientos son siempre breves, asegura. Lo que permanece es el estado de unión y la pena de ausencia. Todo ello ayuda a remodelar la vida y persona del místico. La nueva personalidad de Teresa se rehace desde lo más hondo de su ser: en sus relaciones con la divinidad -dimensión teologal-; en su estructura anímica y corporal -dimensión antropológico-espiritual-; incluso en su enclave social y cósmico -dimensión relacional-. Pero lo que prevalece es la nueva dimensión teologal.

-Nueva situación teologal: Ya no quiere querer, ni tener libre albedrío no querría, y así lo suplica al Señor. Dale las llaves de su voluntad. (22) (La unión de voluntad que toda su vida ha deseado).

-Nueva estructura anímica y corporal: Aquí le nacieron alas para bien volar. Ya se le ha caído el pelo malo. Aquí se levanta ya del todo la bandera de Cristo… le suben a la torre más alta a levantar la bandera de Dios. Mira a los de abajo como quien está en salvo… (22) Teresa tiene clara conciencia de su situación de privilegio y de un singular encumbramiento a esa torre simbólica donde se siente abanderada.

-Cambia su relación con todo lo creado, personas y cosas: Le ha quedado un desasimiento grande de todo… Eso entiendo yo y he visto por experiencia quedar aquí el alma señora de todo y con libertad (23) Entiéndese claro es vuelo el que da el espíritu para levantarse de todo lo criado… vuelo sin ruido (24)

Y todo ello no queda solo para sí. Como muestra en el número 25: Querría dar voces para dar a  entender qué engañados están, y aún así lo hace algunas veces…

Aparece otra manera de mirar la honra, los dineros, los deleites… (nn 26, 27 y 28) Si de veras la coge este Sol, toda se ve muy turbia (28)

Queda con fortaleza para emprender obras, repartir la fruta y servir a los hemanos. Aunque no es ella quien lo hace, sino Dios: Reparte el Señor del huerto la fruta y no ella, y así no se le pega nada a las manos (29)

NOTA.- Referencia de la narración de la conversión de García Morente y su experiencia mística: Buscar en Google: Manuel García Morente – 75 aniversario del “Hecho extraordinario”.

 

 

Capítulo 21

El orante ha llegado a entender la verdad de las cosas: ¡Bienaventurada alma que la trae el Señor a entender verdades!

 

Tomado del comentario del P. Tomás Álvarez

En este capítulo aparecen claramente tres planos:

  1. La acción de Dios sobre el místico (sobre Teresa)
  2. El autorretrato de ella a esa altura de la vida
  3. Rasgos de la fisonomía del místico del cuarto grado de oración

 

1.- La acción de Dios sobre el místico: Aparece claramente el primado de Dios, el Amigo divino. Teresa se siente a sí misma como posesión de Dios: Es alma suya. Él la tiene ya a su cargo. Y así le luce. Porque parece asistentemente la está siempre guardando para que no le ofenda y favoreciendo y despertando para que le sirva (10). Teresa se ofrece abiertamente a ese Dios como lo expresa en uno de sus soliloquios: aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad, todo os le he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a vuestra voluntad (5) Resonancias ignacianas del tomad, Señor y recibid… “todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad”… Y lo encontraremos también en sus poesías: Vuestro soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?. Reconoce Teresa que Dios actúa porque quiere: El por qué lo hace su Majestad es porque quiere, y a quien quiere hácelo, y aunque no haya en ella disposición, la dispone para recibir (9) La acción de Dios es determinante.

2.- El autorretrato de Teresa: En este capítulo final del “tratado de oración”, Teresa proyecta un retrato de sí misma: su vivencia teologal, su nueva clarividencia mental, su fuerza moral, sus deseos, su extraño anhelo de libertad, su nuevo enclave social… Lo más característico es que ha llegado a entender verdades (1). Tiene el pensamiento tan habituado a entender lo que es verdadera verdad, que todo lo demás le parece juego de niños (9). Es ese el motivo por el que quisiera dar voces, no sólo a los reyes, sino a la iglesia. Y a pesar de su fragilidad y poca salud, se siente dotada de extraña fortaleza: Cesaron mis males y me dio el Señor fortaleza para salir de ellos… (10) Vive dos sentimientos contrapuestos: la resistencia a enmarañarse en la “farsa de la vida”, y necesidad impelente a meterse a tope en ella. Todo le cansa. (6) Tiene una fuerte experiencia de su condición terrestre y peregrina, a la vez que se siente impulsada a dar voces.

En este contexto de extremos, lo más sintomático es su osadía al hablar con Dios, como se expresa en sus soliloquios

3.-Rasgos de la fisonomía del místico del cuarto grado de oración: El místico se siente como un vocero de Dios, carácter de profeta. En su apreciación, dos arquetipos del místico serían Pablo y la Magdalena. Apasionados de Cristo y acuciados por el “fuego del amor a Dios”: Considero algunas veces ¿qué sería el sentimiento de los santos? ¿Qué debía de  pasar San Pablo y la Magdalena y otros semejantes en quien tan crecido estaba este fuego de amor de Dios. (7)

Más o menos por estas fechas propondrá a los dos como modelos de amor. Se lo dirige en este caso a las lectoras del Camino de perfección: Mirad un San Pablo, una Magdalena, en tres días el uno comenzó a entenderse que estaba enfermo de amor. Este fue san Pablo. La Magdalena fue desde el primer día. ¡Y cuán bien entendido! (C 40, 3)

El estado místico tiene también algo de anticipo escatológico. Así se expresa al final del capítulo: Pues tan cumplidamente paga su Majestad, que aun en esta vida se ve claro el premio y la ganancia que tienen los que le sirven, ¿qué será en la otra? (12)

 

 

Capítulo 22

Capítulo dedicado al tema que más le ha preocupado y al mismo tiempo más ha centrado su vida la Humanidad de Cristo: medio para la más alta contemplación. Es muy provechoso este capítulo (Título del capítulo)

Desarrollo del capítulo

En el trazado del capítulo se entrecruzarán tres líneas: el diálogo con el lector, el propio recuerdo autobiográfico y las razones en que Teresa funda su tesis cristológica. A saber:

– Núms. 1 4: Falsa doctrina cristológica de ciertos libros; y error de ella misma.

– Núm. 5: Tesis contraria: importancia insuplantable de la Humanidad de Jesús.

– Núms. 6-8: Primera serie de razones para probarlo: humildad…

– Núms. 9-12: Segunda serie de razones: no somos ángeles…

– Núms. 13-18: Insistencia, en diálogo con el lector, García de Toledo.

Es la primera vez que Teresa se enfrenta con un problema teológico-cristológico de transcendencia para la vida espiritual. Tema nuclear para Teresa como vamos a ver. Y esto lo corrobora que doce años más tarde volverá sobre ello en las sextas moradas del Castillo interior (Libro de las Moradas), en el capítulo siete.

Intenta aclarar al lector las dificultades que le puede traer no tener claro este aspecto -se refiere a la mediación de la Humanidad de Cristo en todos los estadios de la vida cristiana- y lo hace, una vez más, desde su propia experiencia: Cómo ha llevado la mía (mi alma) quiero yo ahora decir – en lo demás no me entremeto- y en el peligro en que me vi por querer conformarme con lo que leíadiré lo que me acaeció (2)

Se siente llamada a decir y escribir esto que claramente ha visto: y que lo dijese a muchas personas que lo he dicho y para que lo pusiese ahora aquí. (4)

Jesús, su vida, su pasión, muerte y resurrección, es la puerta: He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos.(6)

Es el camino propio de nuestro propio ser humano: Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano (9)

Señala dos peligros: la falta de humildad que hace mucho daño (9), y el creernos ángeles es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía… El nos dará mejor la mano que nuestra diligencia (10)

 

Tomado del comentario del P. Tomás Álvarez

En el epígrafe del capítulo se anuncian, al menos aparentemente, dos temas: que los contemplativos no deben “levantar el espíritu a cosas altas”; y que la Humanidad de Cristo es “el medio para la más subida contemplación”.

El problema, algo complejo, es un error que aparecía en alguna literatura y maestros espirituales de la época. Consistía, según ella, en asegurar que, al llegar el orante a una cierta altura de vida espiritual, tiene que optar por espiritualizarse del todo para entrar en la órbita de lo divino: dejar de lado la atención a lo corpóreo; dejar de lado, por tanto, la Humanidad de Jesús como motivo de oración; ir levantando el espíritu por encima de todo lo criado; cuadrar la mente “considerándose en cuadrada manera” y engolfándose en el océano inmenso de la divinidad. (Cf. 1)

 

Bien o mal resumida por la Santa esa doctrina, lo que a ella le interesa en el momento presente es el tema central: la Humanidad de Cristo, su coyuntura histórico-evangélica, su Pasión, su Cuerpo, ¿entran o no en la oración del místico? El “voy de vuelo” del orante místico, ¿tiene que dejar aparcado al Jesús del Evangelio, de la Eucaristía, al Resucitado glorioso?

Al menos uno de los libros aludidos por ella, con toda probabilidad el de un escritor contemporáneo, Bernabé de Palma, titulado: Libro llamado “Via Spiritus”, o de la perfección espiritual del ánima (Salamanca 1541). Con reiteradas ediciones en ese mismo siglo. Palma enseñaba efectivamente “cómo cuadrar el entendimiento”, en qué consiste “lo puro espiritual”, “cómo considerar a Dios en cuadrada manera”, hasta “comprender la anchura y largura, altura y hondura de Dios”, pues como ya había enseñado san Bernardo “largura es eternidad, anchura es caridad, altura es potencia, hondura es sabiduría”. Pero más básicamente se apoyaba en un texto de san Pablo (Ef 3, 18): “Que seáis capaces de comprender con todos los santos la anchura, longitud, altura y profundidad, es decir, conocer la caridad de Cristo, que está por encima del conocimiento, a fin de que seáis colmados, hasta poseer toda la plenitud de Dios”.

(Digamos de paso que cuando Teresa escribe el presente capítulo, ya no tiene a mano el libro de Palma. Cinco o seis años antes, se lo había secuestrado la Inquisición, tras incluirlo en el Índice de libros prohibidos, de Valdés: 1559).

Los seguidores de esa teoría alegaban, según Teresa, otro texto evangélico pre-pentecostal: “Traen lo que dijo el Señor a los apóstoles cuando la venida del Espíritu Santo -digo cuando subió a los cielos- para este propósito…(1) [“Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no os vendrá el Paráclito”: Jn 16, 7].

En esa doctrina espiritualista de cuadrar la mente, ella distingue las dos cosas: lo de “ir levantando el espíritu” para provocar suavemente el ingreso en lo sobrenatural místico, cosa en que ella jamás incurrió porque “veía era atrevimiento”; y lo de orillar, juntamente con lo corpóreo, a la Humanidad de Cristo, error en que ella incurrió por breve tiempo después de iniciar la oración de quietud, o en las primeras fases de su oración mística. Error que ahora lamenta con toda el alma: ¿Es posible, Señor mío, que cupo en mi pensamiento ni una hora que Vos me habíais de impedir para mayor bien? ¿De dónde me vinieron a mí todos los bienes sino de Vos? ( 4).

Frente a esta doctrina Teresa propone esta tesis: apartarse del todo de Cristo y que entre en cuenta este divino Cuerpo con nuestras miserias, ni con todo lo criado, no lo puedo sufrir (1)

El motivo más fuerte de esta afirmación es su propia experiencia en los dos aspectos.

De forma negativa: ha experiementado que cuando se dejó seducir por esos libros e intentó prescindir de la Humanidad de Jesús, andaba “como el aire”, “sin arrimo” ni apoyo, estancada en la vida espiritual. Me parece iba sin camino (5 y 6)

De forma positiva: mucho más explícita, con tan buen amigo al lado, todo se le volvió luminoso. Lo testifica ampliamente.

Junto a este motivo añade dos razones de carácter cristológico-espiritual:

La falta de humildad: Todo intento de escalar la esfera de lo divino descartando, por menos espiritual, la mediación de Cristo será soberbia solapada. Vano esfuerzo prometéico.

Ignorar la propia condición humana: nosotros no somos ángeles, sino que tenemos cuerpo. Nuestra condición humana nos hace insustituible la mediación de Cristo-hombre porque le miramos hombre y vémosle con flaquezas y trabajos. (10)

La humanidad de Jesús, el Jesús del evangelio, el que recorrió los caminos, el Jesús amigo, el Jesús que experimentó la muerte, el Cristo resucitado y hecho Eucaristía: que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros .

Jesús es para Teresa el Amor, y el Amigo.

 

 

 

Jueves 20 de octubre 2016

LECTURA DEL LIBRO DE LA VIDA DE SANTA TERESA. CONTINUACIÓN

Terminábamos la lectura del capítulo 22 de Vida, en el mes de junio, con esta afirmación de la Santa que nos viene bien recordar, al retomar la lectura: apartarse del todo de Cristo y que entre en cuenta este divino Cuerpo con nuestras miserias, ni con todo lo criado, no lo puedo sufrir (22,1)

¿Cómo ignorar la propia condición humana?: nosotros no somos ángeles, sino que tenemos cuerpo. Nuestra condición humana nos hace insustituible la mediación de Cristo-hombre porque le miramos hombre y vémosle con flaquezas y trabajos. (22, 10)

La humanidad de Jesús, el Jesús del evangelio, el que recorrió los caminos, el Jesús amigo, el Jesús que experimentó la muerte, el Cristo resucitado y hecho Eucaristía: que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros.

Jesús es para Teresa el Amor, y el Amigo.

 

Desde ahí continuamos la lectura en el Capítulo 23.

De esta tercera parte del Libro ella misma escribirá: Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva. La de hasta aquí era la mía; la que he vivido desde que comencé a declarar estas cosas de oración, es que vivía Dios en mí, a lo que me parecía (1)

Esa presencia de Dios en ella se le va a manifestar, sobre todo, por mediación de Jesucristo, su humanidad (17).

 

Los capítulos 23-32 constituyen la sección tercera del libro. Reanuda el relato de su vida, que interrumpió en el capítulo 10, -tratado de oración-, para contar, ahora, su vida mística. Fundamentalmente nos va a introducir en la oración de unión, desde la experiencia. Nos descubre una experiencia dramática: el forcejeo entre su vivencia y la oposición tenaz de sus consejeros, que culmina en el capítulo 29. Ellos le quieren hacer ver que claramente es demonio.

Teresa ha pasado de las experiencias breves de la presencia de Dios al estado místico: Comenzó su majestad a darme muy ordinario oración de quietud, y muchas veces de unión, que duraba mucho rato (2) Para Teresa es esta una novedad sorprendente que a veces, incluso, le provoca temor a confundirse y engañar: como en estos tiempos habían acaecido grandes ilusiones en mujeres y engaños… (2)

 

Destaca Teresa las relaciones y los diálogos para discernir lo que ella estaba viviendo: El Caballero Santo, (un pariente de Teresa, Francisco de Salcedo); un cura de la ciudad, D. Gaspar Daza; el joven jesuita Diego de Cetina. (3. 4…)

 

¿Qué novedad experimenta Teresa? Acabamos de recordar: es que vivía Dios en mí (1) y esto de una manera prolongada, no como experiencia fugaz y además le iba transformando por dentro. Habla ella de oración de quietud y muchas veces de unión. Después de muchos años de una trabajosa oración discursiva, ahora, en poco menos de un año, del “mucho pensar” había pasado al no pensar nada, que esto era lo que yo más decía (12)

¿Qué miedos? Junto a la sorpresa la confusión, pues se sentía indigna, y a continuación el miedo: creció de suerte este miedo que me hizo buscar con diligencia personas espirituales con quien tratar. (3) Y esto debido al clima religioso del momento como ella misma describe: Yo, como en estos tiempos habían acaecido grandes ilusiones en mujeres, y engaños que les hacía el demonio, comencé a temer (2)

De ahí surge la búsqueda de personas que le ayudasen, y la necesidad de poner por escrito lo que pasa por su alma.

 

¿Quiénes son las tres personas que entran en relación con ella en este momento?

En esta situación Teresa entra en contacto con tres personas, buscando algo de luz:

El primero, al que llama “El caballero santo” (6-7), es un hombre casado, y del que ella afirma “algo temeroso”. Él mismo le pone en relación con los otros dos, después de decirle que no podía dejar de temer mucho, porque le parecía mal espíritu en algunas cosas (11). Mucho más tarde, Teresa escribirá en una carta: No sé si podré afirmar es la persona (Salcedo) que más debo en la vida de todas maneras, porque me comenzó a dar gran luz, y así le quiero muy mucho. ¿Carta al P. Gracián?

El segundo, Gaspar Daza, sacerdote muy conocido en Ávila por su labor pastoral y social. Hombre ”de bondad y buena vida”. Pero Teresa no se siente comprendido por él: Cierto, si no hubiera de tratar más de con él, yo creo nunca medrara mi alma (9)

Estos dos le exigen una relación escrita; Teresa describe su situación a través de un libro que entrega subrayado: y señalé con unas rayas las partes que eran… y dile el libro para que lo mirasen (12) de la que dictaminan: díjome que, a todo su parecer de entrambos, era demonio (14).

Ellos dos le remiten a un tercero, supuestamente entendido en cosas de oración.

Se trata de Diego de Cetina, jesuita de apenas 24 años, recién llegado a Ávila. Este le pidió de nuevo una relación escrita… y encaminó a la autora certeramente: Tratando con aquel siervo de Dios… me declaró lo que era y me animó mucho. Dijo ser espíritu de Dios conocidamente (16). Llevóme por medios que parecía del todo me tornaba otra. `¡Qué gran cosa es entender un alma! (17). Fue un encuentro pasajero, pues regresó a Salamanca, pero marcó rumbo en la nueva vida de Teresa.

¿Cómo salió Teresa de esta experiencia? En primer lugar, le dejó con paz y no menos importante: Teresa se inició en la escritura de su vida (había estrenado su pluma) motivada por sus crecientes experiencias místicas y por la presión de aquellos a quienes recurrió. Tenía Teresa cuarenta años, siente la gran dificultad de expresar lo que vive y experimenta: Y era el trabajo que yo no sabía, ni poco ni mucho, decir lo que era mi oración, porque esta merced de saber entender qué es, y saberlo decir, ha poco me lo dio Dios (11).

Toda esta situación debe entenderse a la luz del “fantasma” que sobrevuela sobre Teresa, la Inquisición.

 

Atisbos de escritora

Como hemos visto Teresa recurre primero a uno de sus libros preferidos. Era la Subida del Monte Sión, de Bernardino de Laredo, franciscano: Señalé con unas rayas las partes que eran, y di el libro para que él (Salcedo) y el otro clérigo lo mirasen y me dijesen lo que había de hacer (Se trata de las páginas que hablaban del “no pensar nada”, que formaba parte de la orientación espiritual hacia el “silencio interior”, dentro de la teoría del recogimiento). A los subrayados del libro les añade una relación de mi vida y pecados lo mejor que pude por junto (14). Y entregó ambas cosas a los dos asesores, que luego de analizarlas y sentenciarlas destruyeron el escrito. Era el primer esbozo de su vida.

El segundo escrito (a Diego de Cetina) lo escribe apenas sentenciado el anterior, cuando ella está sumida en una profunda crisis de angustia, muy afligida, no sabiendo qué había de ser de mí… (15); comencé a poner por escrito todos los males y bienes, un discurso de mi vida lo más claramente que yo entendí y supe, sin dejar nada por decir (15). ¿Qué dictamen recibió de este segundo?: “Dijo ser espíritu de Dios muy conocidamente”. El escrito también fue destruido.

 

En realidad, el primer escrito autobiográfico que llega hasta nosotros es la Relación 1, datada cinco años después (finales de1560), dirigida al P. Pedro Ibáñez, en la que ya la Santa se expresa con gran lucidez.

 

Nota:

1)Ya en el Tercer abecedario de Osuna, Teresa había leído los capítulos dedicados a Cómo acallar el entendimiento y a las Tres maneras de silencio, y del no pensar nada para asosegar íntimamente y callar nuestro entendimiento.

Si ahora recurre a Bernardino de Laredo es, probablemente, por ser su libro de lectura más reciente o más a mano. Teresa maneja la segunda edición de la Subida (de 1538 o 1542), en la que también Laredo dedica un capítulo al “sosiego del ánima con silencio de potencias” (III, c. 8). Pero los subrayados de la Santa recayeron ciertamente sobre el capítulo que trataba de “Qué cosa es no pensar nada en contemplación perfecta y de la autoridad y utilidad de mística teología (III, c. 27), y fundaba su doctrina nada menos que en las enseñanzas de san Pablo a su discípulo Dionisio, y de éste a Timoteo, pasando luego por san Agustín, y “Ricardo, y Enrique de Balma, y Enrique Herp, y san Bruno, y san Gregorio… y Gersón”…, muy para convencer a Teresa, pero que no sirvieron para apaciguar a sus asesores. (La obra de Laredo ha sido editada en la B.A.C., tomo 44, Madrid 1948. El cap. 27 de la tercera parte puede verse en las pp. 371-375).

 

2) P. Pedro Ibáñez, dominico, “el mayor letrado” (V 32, 16) de Ávila. Le ayudó en la fundación de San José (V 36, 23)

 

 

CAPÍTULO 24…

Presencia de nuevos actores en la vida de Teresa, los jesuitas:  Cetina (conocido ya en el capítulo anterior) Francisco de Borja, Prádanos y Baltasar Álvarez. Importancia de su actitud de obediencia.

Terminábamos el capítulo anterior con la fuerte vivencia que tuvo Teresa en su encuentro con el jesuita Diego de Cetina que como ella dice: En todo parecía hablaba en él el Espíritu Santo para curar mi alma… (23, 16)

Esta es la experiencia que recoge al comenzar el capítulo 24: quedó mi alma de esta confesión tan blanda, que me parecía no hubiera cosa a que no me dispusiera… comencé a hacer mudanza (24, 1)

Señala Teresa en este capítulo dos cosas importantes: cómo ella iba aprovechando y cómo el Señor le iba dando mercedes. Todo ello va dirigido hacia esa experiencia final de encuentro con Dios que narra en el nº 5 y que la transformó por completo y le dio fuerza para responder, según ella misma veía que debía hacer (ruptura con las amistades), y ese fuerte sentimiento de libertad (7).

En este capítulo se suceden distintos encuentros: el P. Francisco de Borja: díjome que era espíritu de Dios… yo quedé muy consolada (3). El P. Juan de Prádanos, estamos ya en el año 1555. Y dice Teresa este padre me comenzó a poner en más perfección… y que no debía dejar nada por hacer… también con mano blanda (5). Prádanos, amigo de Dña. Guiomar. Lo conoce en casa de ella y será su confesor durante dos años. Lo tuvo que dejar a causa de una enfermedad, tenía 26 años cuando lo conoció.

¿Qué es lo que capta la voluntad de Teresa en estas relaciones?

-Sentir que eran personas experimentadas; sentirse profundamente escuchada y confirmada en lo que era su experiencia; sentirse llevada con mano blanda. Es decir, sin imposición, estando a la escucha de lo que el Espíritu iba haciendo en Teresa, sin juicios previos, muchas veces propios de personas ignorantes.

Aquí me dio el Señor libertad y fuerza para ponerlo por obra (7) He aquí el signo de esa presencia transformadora de Dios.

Este capítulo nos ilumina sobre las relaciones de Teresa (las que le sirven de ayuda y las que le causan “cansancio”).

-El caballero Santo, Diego de Cetina, Doña Guiomar, (que formará parte de los que Teresa habla en Fundaciones: los cinco que al presente nos amamos en Cristo). Francisco de Borja, Juan de Prádanos. Son los años 1554-1557.

-En esta época y en casa de Doña Guiomar, escribirá Teresa el poema: ¡Oh, hermosura que excedéis / a todas las hermosuras! / Sin herir dolor hacéis / Y sin dolor deshacéis / el amor de las criaturas. ¡Oh ñudo que ansi juntáis / dos cosas tan desiguales! / No sé por qué os desatáis, / pues atado fuerza dais / a tener por bien los males. / Juntáis quien no tiene ser / con el Ser que no se acaba; / sin acabar acabáis, / sin tener que amar amáis, / engrandecéis nuestra nada.

 

 

CAPÍTULO 25

En los primeros números del capítulo 25 Teresa ha hecho una exposición teórica de cómo es ese misterioso hablar de Dios y los criterios para discernirlo, de aquello que puede ser alucinación o frenesí. En esta segunda parte nos va a narrar, con emoción, la dura historia de su experiencia personal.

Como hemos visto Francisco de Borja había intervenido en 1554, cuando Teresa no conocía las “palabras interiores”, diciendo que lo que a Teresa acontecía era espíritu de Dios y que le parecía que no era bien ya resistirle más (24,3). Hacia la primavera del año 1557 volvieron a encontrarse, aunque aquí no se hace referencia explícita a ello. En ese mismo año enfermó el P. Prádanos, que entonces era su confesor, y tuvo que alejarse de Ávila. Teresa comenzó a tener “muy de ordinario” esas “hablas místicas”, aún fuera de la oración: De que no tomaba horas de soledad para oración, en conversación me hacía el Señor recoger y, sin poderlo excusar, me decía lo que era servido y, aunque me pesaba, lo había de oír (16). Eran palabras misteriosas: jamás pensé esa otra manera de oír ni entender.

Describe su situación con el nuevo confesor, quizá el P. Baltasar Gracián, que convoca para estudiar su caso a un grupo de asesores que, sin paliativos, califican de diabólicas las hablas interiores de la monja (14) y dictan sentencia reunidos en consejo; según cuenta ella en este número del capítulo 25.

Volvía de nuevo al punto de partida de la época de Daza y Salcedo que dictaminaron que “a todo su parecer de entrambos era demonio”. Y le llevan a una situación extrema, según ella describe: que no comulgase tan a menudo y que procurase distraerme de suerte que no tuviese soledad. (14) Sin tener persona a quien tratar, porque todos eran contra mí… y esto me duró casi dos años (15) Todo ello, si no con la aprobación, si “conformado con ellos”. El Padre Baltasar era novato y demasiado joven, incapaz de hacer frente al grupo adverso.

En pocas pinceladas describe ella su desolación: no podía rezar ni leer, sino como una persona espantada de tanta tribulación… alborotada y fatigada, sin saber qué hacer de mí… Estuve así cuatro o cinco horas, que consuelo del cielo ni de la tierra no había para mí. (17)

En medio de esta desolación, una sola palabra interior disipa su oscuridad: Pues estando en esta gran fatiga (aún entonces no había comenzado a tener ninguna visión), solas estas palabras bastaban para quitármela y quietarme del todo: No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desampararé. No temas. Heme aquí con estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz, que en un punto vi mi alma hecha otra, y me parece que con todo el mundo disputara que era Dios. (18) La fuerza de la palabra interior le resulta arrolladora. Ni teólogos ni demonios se le resisten: quedóme un señorío contra ellos… (20) ¿Qué es esto? Es sin duda que tengo ya más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo (22)

Por todo ello, Teresa será reconocida como maestra de observación crítica y aguda.

 

CAPÍTULO 26. Prosigue en la misma materia. Teresa irá ganando en certeza y seguridad gracias al “Interlocutor interior”: Yo te daré libro vivo.

Es este un capítulo que prolonga brevemente el discurso de los anteriores sobre el modo de proceder cuando se dan experiencias místicas, a la vez que es puente hacia lo que sigue: las visiones cristológicas.

Estamos en el año 1559. El dato nos lo da Teresa al hacer alusión a la promulgación del índice de libros prohibidos, por el inquisidor Fernando de Valdés en Valladolid. El episodio se enmarca en un contexto preciso de la vida de Teresa. El bienio 1557-59, cuando “aquellos cinco” diagnosticaban como diabólicas sus “hablas interiores”. Ahora, con la prohibición, pasa esta situación a un espacio institucional. Sin resistencia posible.

También este mismo dato nos hace saber que Teresa no ha experimentado aún las visiones cristológicas, a las que ya hace alusión al final del capítulo: ¿Quién ve al Señor cubierto de llagas y afligido con persecuciones que no las abrace y las ame y las desee? (5). El índice de Libros prohibidos será la ocasión para que Dios le prometiese un “libro vivo”, Jesucristo. En el próximo capítulo comenzará a narrar la realización de esta promesa. Ahí, a ese mundo interior de experiencias cristológicas, no llegaría la mano de los inquisidores.

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El Libro: en la primera parte del capítulo reanuda el tema del anterior: “Prosigue la misma materia”, escribe en el título, es decir, últimos toques en cuanto a las palabras interiores.

La segunda parte identifica al autor de las hablas: Soy yo, no hayas miedo.

La tercera parte es un anticipo de las gracias cristológicas.

En la experiencia teresiana de este último año, han abundado las “palabras interiores”. Es esto tantas veces que no lo podría yo contar (2).

A veces son palabras de alerta: “Avisarme de algunos peligros míos y de otras personas”. Otras veces, son palabras correctivas: “Me hacía reprensiones…, que bastan a deshacer un alma”. Otras, de profecía: “Cosas por venir, tres o cuatro años antes muchas, y todas se han cumplido”. Ella misma afirma: Así que hay tantas cosas para entender que es Dios, que no se puede ignorar, a mi parecer (2).

Es quizá el momento de preguntarse: ¿El carisma místico de Santa Teresa es privado o es público? Ella misma, en el tratado de oración explicita que la gracia que a ella se le ha dado es triple: experimentar el misterio, entenderlo y poder expresarlo. Esta es la grandeza de su magisterio. En este capítulo 26, dice explícitamente que es la “palabra interior” la que le impulsa a comunicar a otros lo que recibe: “no callarlo” (nn. 4y5).

Veremos, en estos capítulos que siguen, que Teresa experimenta para testificar. Es más, su experiencia va a tener la misión de testificar la presencia y la acción de Dios. Y no solo dentro del Carmelo o dentro de la Iglesia, sino en el diálogo interreligioso, en el mundo de la cultura, ante creyentes y no creyentes. Con su experiencia mística, Teresa es un vocero de Dios: Miren lo que ha hecho conmigo (19,15)

Por todo ello, Teresa será reconocida como maestra de espiritualidad y mística: Doctora de la Iglesia.

 

CAPÍTULO 27

Terminaba Teresa el capítulo anterior con una petición que marca toda su vida: El Señor me deje atinar en cumplir su voluntad. Amén. En la Introducción al cap. 27 escribe: “…trata otro modo con que enseña al alma y sin hablarla le da a entender su voluntad por una manera admirable”.

 

Guía de lectura:

*Cap. 1 al 5: Cristo presencia estable.

-Deseo/petición: Poníame en las manos de Dios… que cumpliese en mí lo que era su voluntad en todo (1) …y mostrase el Señor la verdad (1)

-Visión espiritual: parecíame estaba junto cabe mí Cristo y veía ser Él el que me hablaba (2)

-Hace una descripción pormenorizada, de esta experiencia, para hacerse entender (3-4)

Esculpida en el entendimiento (5) y queda una gran certidumbre (5)

*Cap. 6 al 10: Lo escucha de una manera totalmente nueva.

Visión y hablas: dejando al margen las potencias y los sentidos… Todo parece obra del Señor (7)

-Llega todo sin que la persona haga nada: no hay más que hacer de gozar (7)

-Conocimiento del misterio de la Trinidad: se ve el alma en un punto sabia, y tan declarado el misterio de la Trinidad (9-10)

*Cap. 11 al 15: Oración y diálogo con los interlocutores

-Expresión de la certeza de lo vivido (11)

-Invitación a quienes tienen oración: No es aceptador de personas, a todos ama (12)

-Recrimina porque no hay más personas que vivan esta experiencia (13-14)

-Hay muchos excesivamente discretos entre los frailes, los clérigos, las monjas…

*Cap. 16 al 20: Evocación del Padre Fray Pedro de Alcántara (Muerto el 18 de octubre de 1562)

*Cap. 21: Epílogo dedicado al P. García de Toledo

 

El relato autobiográfico de la Santa, en este capítulo, se dirige hacia las experiencias profundas más que a la biografía externa. Es en lo más hondo de su interior donde le ha acontecido el hecho desconcertante, casi inenarrable: Jesucristo mismo se ha hecho presente. Exactamente al lado derecho. No visto con los ojos del cuerpo ni del alma; pero percibido con toda claridad y “certidumbre”. Una presencia estable, no momentos fugaces. Parecíame andar siempre a mi lado Jesucristo… sentíalo muy claro, y que era testigo de todo lo que hacía (2).

Y no se trata de un episodio más, es el comienzo de una dimensión nueva en la existencia de Teresa.

A partir de aquí el relato de Vida cambia de sentido y de contenido. El gran esfuerzo de este capítulo va en dos direcciones: explicarse a sí misma lo que le ocurre -introspección-Y hacérselo inteligible a sus asesores: Baltasar Álvarez, (jesuita de 27 años que hace de censor); el franciscano fray Pedro de Alcántara (65 años) hombre de experiencia que le asegura a Teresa que la suya es una gracia mística; el dominico P. García de Toledo (45 años) a quien, como ya sabemos dirige su escrito y en este momento lo hace con clara intención mistagógica.

 

En la explicación del hecho cristológico, Teresa distingue tres contenidos:

La presencia de Jesucristo en persona en el propio espacio existencial y en su conciencia

-Un nuevo tipo de comunicación entre los dos: un nuevo “lenguaje” de palabras interiores.

-Desde Cristo, experiencia del misterio de la Trinidad (primera referencia: n. 9). Un dato que afirma sólo de paso. Más adelante volverá sobre esta experiencia

 

  1. a) Jesucristo presente.Hace un enorme esfuerzo por explicar el hecho incomparable de su nueva experiencia, tres aspectos:

*”Lo ve de otra manera”: a Jesucristo presente ella no lo ve ni con los ojos del cuerpo ni con los del alma. Lo que ella ve no es ni una estampa-retrato, ni una imagen de perfil definido, ni un cuerpo al alcance de los sentidos (ojos, oído, tacto); es la presencia de alguien vivo

*”Cristo vivo”, que se le ha instalado en la vida independientemente de toda actuación o intervención de ella. Se diría que no es una visión funcional sino esencial.

*”Lo ve claro”, con “certidumbre”:  lo afirma reiteradamente, no menos de ocho veces: “Estar siempre al lado derecho veíalo claro” (2); “estar cabe mí lo veía claro y lo sentía” (3); “se (me) representa por una noticia al alma más clara que el sol (3); “no digo que se ve sol ni claridad, sino una luz que, sin ver luz, alumbra el entendimiento” (3; cf nn. 4 y 5). Se trata de una experiencia luminosa. Incluso localizada al lado derecho. La visión sucede ante todo como un hecho de vida y amor: Cristo y ella “comunican”; él “trata con ella con tanta amistad y amor, que no se sufre escribir” (9). “Sin ver nosotros cómo, de hito en hito se miran estos dos amantes” (10).

Teresa, para expresar lo inefable, recurre al lenguaje simbólico. A las comparaciones, que son determinantes en su exposición:  presencia como la de un amigo invisible pero cierto en un recinto oscuro, o como lo es el compañero de al lado para quien yace en ceguera profunda (3), o “como a uno que oyese bien y no le consintiesen tapar los oídos y le hablasen junto a voces, aunque no quisiese lo oiría”, o como la presencia del alimento en el estómago sin haberlo ingerido (8), o como la posesión de toda la sabiduría de los libros, sin “nunca haber trabajado ni en deprender el abecé… o a la manera como se comunican y entienden los del cielo, sin mediaciones verbales ni gestuales.

 

Siglos después, ya en el XIX y XX, el hecho aquí descrito por Teresa será sometido a la lente crítica de analistas, neurólogos, psiquiatras y psicoanalistas. También lo analizará un filósofo (García Morente) que tendrá la suerte de confrontarlo con una experiencia personal propia, si bien la de él es sólo un “hecho extraordinario”, único y aislado, mientras que lo de Teresa perdura años.

Por otra parte, Teresa, en esta experiencia de Jesús presente, estrena un nuevo tipo de comunicación con el Señor del misterio. Es lo que ella denomina “habla sin hablar” (6). “Es un lenguaje tan de cielo, que acá se puede mal dar a entender… Es una cosa tan de espíritu esta manera de visión y lenguaje, que ningún bullicio hay en las potencias ni en los sentidos…” (7).

  1. b) Las hablas, el nuevo modo de comunicación.– Dato importante en el relato teresiano, por dos motivos: porque finalmente a Teresa se le aclara quién es el autor de las palabras interiores que ella oye “tan continuo”. Y porque en esta experiencia de Jesús presente, estrena ella un nuevo tipo de comunicación con el Señor del misterio.

Es decir, las palabras anteriormente consignadas (capítulos 24-26) eran palabras “formadas”: formuladas y concretas. Las de ahora son comunicaciones semejantes a la visión “intelectual”: “Nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el alma lo que Él quiere, y grandes verdades y misterios”. Secretos y verdades sin ruido de palabras.

 

En la segunda parte, el capítulo adopta un tono mistagógico: se propone introducir al lector en el misterio de lo que ella ha experimentado. La emoción de Teresa va desde su clamor a Dios: “(Oh benignidad admirable de mi Dios, que así os dejáis mirar…” (n. 11), hasta el mundo entero: “¡Oh mundo, mundo…” – “Mirad que es así cierto que se da Dios a Sí…!” – “Mirad que no es cifra lo que digo de lo que se puede decir…” (n. 12). Desde Dios regresa sobre sí misma y sobre el primer lector, P. García, para pedirle a él que “dé voces”… ya que ella no las puede dar como quisiera porque se lo impide su condición de mujer. De este modo, Cristo y su presencia se convierten en centro emisor de una fuerza que convierte a Teresa en profeta, y la hace no sólo vocera de Dios, sino alertadora de sus lectores para que no lean en frío, sino que compartan la emoción religiosa que la invade a ella. Todo este capítulo 27 es un auténtico modelo de la forma literaria y mistagógica del Libro de la Vida.

 

CAPÍTULO 28

Este capítulo tiene dos partes bien definidas: Las grandes mercedes de Dios… visión imaginaria (nn 1-12) Los recelos del grupo que siempre está en torno a Teresa, incluso en relación a su confesor el P. Baltasar Álvarez (jesuita) (nn 12-18). En torno al año 1561 (Tiene Teresa 46 años)

Guía de lectura

-nns. 1 a 3: Las apariciones de Cristo: pasé algunos días, pocos, con esta visión muy continuael Señor me aseguraba.

*quiso mostrarme solas las manos… Hízome gran temor

*vi también aquel divino rostro… me dejó absorta.

… me iba su Majestad llevando conforme a mi flaqueza natural.

…me turbaba y alborotaba… después certidumbre y seguridad y con tales efectos… se perdía de presto el temor

*se me representó toda esta Humanidad sacratísima como se pinta resucitado. (Se lo había comunicado ya al P. García de Toledo en Relación que no ha llegado a nosotros)

-nns. 4 a 13: Explicación de sus visiones. (Diferencias entre visión intelectual, imaginaria, corporal)

* Se trata de visión imaginaria que dice haber visto con los ojos del alma.

> La novedad está en que lo ve a él mismo con los ojos del alma

> Tan imprimida queda aquella majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar… Queda el alma otra… es gran cosa el quedar representado y puesta en la imaginación tan divina presencia

> Con los ojos del alma vese la excelencia y hermosura… de la Humanidad (por la visión intelectual) se nos da a entender cómo es Dios.

> Son visiones que traen consigo doble efecto que las hace inconfundibles: efecto psicológico: de quedar grabada a cincel queda el alma sustentada y fuerte… aún al cuerpo da salud y queda confortado; efecto ético: Queda el alma otra… Parécela comienza de nuevo amor vivo de Dios en muy alto grado

Nns. 8-9: Teresa intercala la oración que expresa claramente lo que esta situación espiritual le produce: ¡Oh Jesús mío!, ¡quién pudiese dar a entender la majestad con que os mostráis!… y el poder que tiene esta sacratísima Humanidad junto con la Divinidad… Aquí es la verdadera humildad que deja en el alma… Aquí la confusión… de los pecados… Tan imprimida queda… que no hay poderlo olvidar… Queda el alma otra… Parécele comienza de nuevo amor vivo de Dios… Y casi vienen juntas estas dos maneras de visión siempre… (visión imaginaria) porque con los ojos del alma vese la excelencia y hermosura…y por estotra manera que queda dicha (visión intelectual) se nos da a entender cómo es Dios y poderoso…

Nns. 13-18: La problemática que se desata en torno a ella: consejeros, confesores… La Santa les da razón de su transformación y cómo entender que si es demonio ella fuese tan otra persona. Siente Teresa lo que tiene que sufrir el confesor a cuenta de ella: venían a él y era culpado por mí, estando él sin ninguna culpa. Las confusiones en que le tenían “aquellos cinco” que Teresa veía que no la entendían y solo creaban confusión.

>Escribe esto para dar luz: Digo esto para que se entienda el gran trabajo es no haber quien tenga experiencia en este camino espiritual, que a no me favorecer tanto el Señor, no sé qué fuera de mí…

> Fue esta experiencia una de las que más le hizo sufrir: Porque contradicción de buenos a una mujercilla ruin y flaca como yo y temerosa, no parece nada así dicho, y con haber yo pasado en la vida grandísimos trabajos, es este de los mayores.

Esto pone de manifiesto el clima psicológico, religioso y social en que se produce el hecho místico teresiano. Queda bien reflejado en el resumen que hace ella misma al final del relato: Gran trabajo… Bastantes cosas había para quitarme el juicio. Algunas veces me veía en términos que no sabía qué hacer sino alzar los ojos al Señor.

El P. Tomás Álvarez hace un balance de esta situación Creada entre Teresa y sus “consejeros”

  1. a) Las razones de los opositores:Los del quinteto fundan su resistencia a los fenómenos místicos de Teresa en razones aparentemente teológicas:

– En la disparidad o desventaja de Teresa respecto de otras mujeres que hay en la ciudad mucho más perfectas que ella, a quienes sin embargo no se les otorgan tales gracias, porque como había personas muy santas en este lugar (y yo en su comparación una perdición) y no los llevaba el Señor por este camino, luego era el temor en ellos (12);

– En la libertad que Teresa se arroga para dar su parecer sobre temas que se le preguntan capciosamente, y que ellos retienen falta de humildad y síntoma de mal espíritu: Preguntábanme algunas cosas, yo respondía con llaneza y descuido. Luego les parecía los quería enseñar y que me tenía por sabia (17).

– Pero sobre todo eso, lo que cunde en estos hombres son los prejuicios de demonismo -no teología, sino superstición-, impactados como están por los casos de visionarias, surgidos en los ambientes de alumbrados y fustigados por la Inquisición.

 

  1. b) Las razones de Teresa– Son lúcidas, muy pensadas y sopesadas, las razones que ella alega como criterios de discernimiento. Aunque se las rechacen, Teresa no se apeará de ellas en toda su vida. Son, en cambio, oscuras pero sintomáticas sus reacciones ante las gracias místicas y ante el acoso de sus opositores: Teresa tiene una reacción de sorpresa y de temor ante cada nueva experiencia mística. Y ante la postura de sus jueces, tiene el recelo de que son sus pecados y su “ruin vida” lo que permite que Dios la abandone al engaño o al engañador. Han sido sus consejeros los que han inoculado en su conciencia el tema de la desproporción entre su ruin vida y los favores místicos que alega.

 

CONCLUSIÓN

 

Ocurre que el hecho místico de Teresa -sus visiones- acontece contra corriente, en contexto adverso, diríase refractario, a tres niveles diversos: psicológico, religioso y social.

 

– En el plano psicológico, Teresa está en constante actitud de resistencia a los fenómenos que “padece” y que por fin se le imponen. Ajena a toda complicidad, consciente o subconsciente, ella resiste hasta sucumbir a lo que misteriosamente se le produce: pues ella no lo produce, lo recibe. Y sus resistencias no son represión. Ni conocía previamente ni deseaba nada de eso que le sucede.

 

– Desde el punto de vista religioso, Teresa sufre una verdadera presión en contra de su hecho místico. Hay en torno a ella un grupo de representantes oficiales de la religión -prestigiosos y autorizados, en su opinión-, que se mantienen pertinazmente adversos a lo que a ella le ocurre, y lo colocan al lado opuesto de lo religioso, incluso encasillándola sin paliativos en la categoría de lo demoníaco. Los hechos místicos de Teresa tienen que abrirse paso superando esa barrera.

 

– Y en el plano sociológico, no tiene para ella nada de atrayente ni de estimulante sentirse adjudicada al grupo marginal de las visionarias embaucadoras, expuestas a la irrisión y al ridículo (a ello alude Teresa cuando escribe burlarse, reírse, mujercillas) o a la continua observación de la Inquisición (explícitamente se la mencionará más adelante: 33, 5).

 

Por todo ello; ese múltiple clima adverso se convierte a posteriori en garante de autenticidad de su hecho místico, más allá de los planos psicológico, religioso y social. Teresa misma tendrá conciencia de ello. No olvidará nunca esa jornada negra de su vida mística. Pero se le convertirá en signo positivo. Cuando la resuma, diez años después, en una de sus Relaciones, recordará: “Estuvieron más de seis años haciendo hartas pruebas…, y mientras más pruebas se hacían, más (mercedes) tenía…” (Rel 4, 5).

 

 

 

CAPÍTULO 29

  • En medio de las dificultades Teresa siente que crece su amor

Podemos dividir el capítulo en tres partes, bien caracterizadas:

Números 1-7: Empalman con el final del capítulo anterior. Sigue con el tema de las visiones, y el de los opositores, que ahora agravan sus exigencias y colman la medida del sufrimiento en la Santa. Le obligan a hacer muecas (higas) a las visiones.

Números 7-12: Manifiesta un crecimiento desbordante de los deseos y del amor: creciendo en mí un amor tan grande de Dios, que no sabía quién me lo ponía (nº 8)

Números 13-14: El relato da paso a uno de los episodios más emocionantes de la vida mística de Teresa, la llamada gracia del dardo: Esto tenía algunas veces cuando quiso el Señor que me viviesen estos arrobamientos tan grandes (nº 14 )

 

Teresa intenta situar cronológicamente el relato: Dos años y medio me duró que muy ordinario me hacía Dios esta merced (nº 2). Podría referirse a los años 1560-1562, en que la Santa tiene reiteradas visiones de Cristo. Después dice: Habrá más de tres que tan continuo me la quitó  de este modo, con otra cosa más subida (nº 2) Tres años de intensos ímpetus de deseos y de amor de Dios. (33,4). Durante este tiempo Teresa vive la gracia del dardo. Será hacia el año 1560… reiteradas veces, según se expresa. En 1565 Teresa está escribiendo este texto. Ha cumplido los 50 años de edad. Esta cronología nos ayuda a descubrir los momentos de su vida mística.

 

 

Contrastes en la vivencia de Teresa

  • El dolor de tanta oposición. Lo que ella describe es una mezcla de luces y sombras. En su interior, Teresa

llena de luz. En lo exterior rodeada de sombras.  Aquellos que más le entendieron y ayudaron han desaparecido de la escena –Prádanos, Borja, Pedro de Alcántara- y quedan los temerosos. A medida que crecen las grandes mercedes, crecen los adversarios. Pasa por los momentos más difíciles, intentan someterla a los conjuros, como si fuera posesa… llegan a prohibirle hacer oración: Díjome que les dijese que ya aquello era tiranía (6).

Su actitud era de obediencia cuanto podía. Lo que le resultaba imposible era el arrancar de su vida la oración… donde ella se veía crecer en amarle muy mucho (4)

Lograron hacerla pasar por las situaciones más absurdas, actuar contra sus sentimientos y convicciones más profundas… pero a más pruebas y humillaciones, era muy mayor el crecimiento de las mercedes.

 

Cuando varios años más tarde Teresa envíe el manuscrito de su libro al gran maestro de entonces, san Juan de Ávila y éste lea esas páginas, reaccionará apenado ante la vulgaridad de las higas: “Cierto, a mí me hizo horror las que en este caso se dieron y me dieron mucha pena” (carta del Santo, del 12.9.1568).

 

  • Crece el amor en Teresa. Hacia la mitad del capítulo Teresa cambia el tono del relato.

Se adentra en lo hondo de su alma como si se le impusiese un nuevo tema: Teresa va a hablarnos de la crecida del amor y del ímpetu de sus deseos… desde a poco tiempo comenzó su majestad a señalar más que era Él, creciendo en mí un amor tan grande de Dios que no sabía quién me lo ponía… Veíame morir con deseo de ver a Dios, y no sabía adónde había de buscar esta vida si no era con la muerte (8) (Cf. Poema: vivo sin vivir en mí…) Teresa pasa a hablar de amor a Dios y deseos de verlo.

Se permite la audacia de pensar que ese amor no es suyo, sino de Dios en ella: ve claro que no movió ella por donde le viniese este amor, sino que del muy grande que el Señor le tiene, parece cayó de presto aquella centella en ella que la hace toda arder (8)

Cada vez que Teresa vuelva a hablar e intente dar nombre a su creciente experiencia mística, lo catalogará de esta manera: ímpetus llamo yo a un deseo que da al alma algunas veces…, una memoria que viene de presto de que está ausente Dios… Es tan poderosa esta memoria y de tanta fuerza, que en un instante parece que desatina… Porque todo el mundo y sus cosas le dan pena y ninguna cosa criada le hace compañía, ni quiere el alma sino al Criador, y esto velo imposible si no muere. Y como ella no se ha de matar, muere por morir, de tal manera que verdaderamente es peligro de muerte, y vese como colgada entre el cielo y la tierra (Relación 5, 13)

La Relación a la que se alude la escribe la Santa diez años después (1570) Y dos años más tarde al final del libro de Moradas -en las sextas- volverá a escribir sobre el lance singular de estos ímpetus, como preludio del matrimonio espiritual. En el nº 12 de este capítulo se expresa así: Pide a Dios la dé remedio para su mal, y ninguno ve sino la muerte, que con esta piensa gozar del todo a su Bien.

  • La gracia del dardo. Es el final del proceso de amor, como una herida más y más honda.

Lo expresa Teresa tomando la imagen del salmo de la cierva herida: ¡Oh, cuántas veces me acuerdo, cuando así estoy, de aquel verso de David!: Quaemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum que me parece lo veo al pie de la letra en mí -Sl 42, 1- (11). Utiliza también los símbolos: herida de amor, saeta, fuego, centella… En ese contexto Teresa nos narra la herida del dardo de oro y fuego… un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios (13) Contará esta experiencia en 6 Moradas 2, 4 y en la Relación 5, 15-17. También expresa esta misma experiencia en algunos poemas: ¡Oh hermosura! que excedéis a todas las hermosuras / sin herir dolor hacéis…; Tirome con una flecha enarbolada de amor / y mi alma quedó hecha una con su Criador…

Tiene reciente la experiencia cuando la cuenta en el Libro de la Vida

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NOTA.- Podemos fijar aproximadamente la cronología de la vida interior de la Santa: las visiones no son anteriores al año 1560 (cf. c. 26, 5); las visiones “imaginarias” comenzaron más tarde, probablemente en la segunda mitad de 1560 (cf. c. 28, nn. 1 y 3), y persistieron con frecuencia especial durante “dos años y medio” (c. 29, 2), o sea, hasta entrado el año 1562; siguen inmediatamente otras gracias místicas que duran “más de tres años” (ib.), segunda mitad de 1565: es precisamente el momento en que la Santa escribe estas líneas de Vida.

Teresa distingue tres clases de visiones:

  • Visión corporal: V. 28, 4
  • Visión imaginaria: V. 28, 3; 6M 9,3cuando nuestro Señor es servido de regalar más a esta alma, muéstrala claramente su sacratísima humanidad de la manera que quiere, o como andaba en el mundo, o después de resucitado… y queda tan esculpido en la imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible quitarse de ella hasta que la vea adonde para sin fin la puede gozar. Se ve con los ojos del alma (6M 5,7); la vista interior es la que ve todo esto (6M 9, 4)
  • Visión intelectual: V. 27, 2: 6M 8,3 Él le dijo -el confesor- que, si no veía nada, que cómo sabía que era nuestro Señor; que le dijese qué rostro tenía. Ella le dijo que no sabía, ni veía rostro, ni podía decir más de lo dicho; que lo que sabía era que era él el que la hablaba y que no era antojo… y quedaba muy esforzada y alegre con tan buena compañía, que veía claro sería gran ayuda para andar con una ordinaria memoria de Dios… porque le parecía la estaba siempre mirando… (6M 8,2) Sentía que andaba al lado derecho, mas no con estos sentidos que podemos sentir que está cabe nosotros una persona, porque es por otra vía más delicada, que no se debe saber decir… y viene con grandes ganancias y efectos interiores… Esta llaman visión intelectual, no sé yo por qué.

 

CAPÍTULO 30

Después de la gracia del dardo, narrada en el capítulo 29, Teresa vuelve de nuevo a la narración de su vida. Es importante el significado que tiene en este momento su relación con Fr. Pedro de Alcántara. Franciscano.

El capítulo consta de dos partes, no muy bien diferenciadas. En la primera parte dará a conocer su relación con fray Pedro de Alcántara y la segunda parte está marcada por una profunda desolación que sumerge a Teresa en la “noche oscura”.

Sigue también la relación con el Caballero Santo. Y continua sus diálogos, a través del texto con el P. García de Toledo.

  • Desarrollo del capítulo

Nº 1.- Siente la extrañeza de cómo se pueden dar a un tiempo la experiencia de pena y gusto espiritual.

Nºs 2 a 7.- La confirmación, de parte de fray Pedro de Alcántara, de su experiencia: Vi que me entendía por experiencia (4) Puede compararse la relación que tuvo con Fray Pedro de Alcántara a la de Francisco de Borja que narra en el capítulo 24, 3. Aparece de nuevo la figura del Caballero Santo, en la misma actitud que tuvo en el capítulo 24, sin aceptar tampoco el criterio de fray Pedro.

Nºs 7 a 21.- Aparecen nuevas dificultades personales: describe pormenorizadamente la situación de noche y decaimiento espiritual

Nº 22.-Referencia al P. García de Toledo que le pide escriba con todo detalle, sin dársele nada por alargarse.

  • Otros temas contenidos en este capítulo:

LA FIGURA DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

Cuenta la Santa, en este capítulo, como fue el primer encuentro de los dos: tiene lugar en casa de doña Guiomar de Ulloa (Ávila), donde Teresa va a pasar unos días, precisamente para contarle y someter a su criterio su experiencia mística: Para que mejor le pudiera tratar, sin decirme nada recaudó licencia de mi provincial para que ocho días estuviese en su casa, y en ella y en alguna iglesia, le hablé muchas veces esta primera vez (3). Estamos en el año 1560.

Teresa se sintió totalmente comprendida. Poco antes escribe: veía que no me entendía nadie (1). Ahora, dice: casi a los principios (de la conversación) vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo había menester… Él me dio grandísima luz (4).

Entablan una amistad profunda y quedarán de acuerdo en escribirse de ahí adelante (7) Esta relación durará hasta 1652. En agosto de ese año muere fray Pedro.

Cercanía mística

La amistad entre ellos está centrada en la empatía que nace desde lo profundo de la experiencia de Dios. Ella habla insistentemente de la mutua comprensión. Tiene la convicción de que las “mercedes” místicas solo son comprensibles desde la experiencia.

Efectos de este encuentro

Era el año 1560. Teresa hacia casi cinco años que tenía experiencias místicas, para ella casi indescifrables. Lo que ella ha narrado en los capítulos 27 y 29. Teresa no había recibido todavía la gracia de la autocomprensión: porque una merced es dar el Señor la merced, y otra entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es, escribía en el capítulo 17, 5.

En el encuentro de los dos, como ya hemos visto, ella se sintió entendida:  Este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo… que estuviese tan cierta que era espíritu suyo (de Dios), que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber” (5). Por otra parte ella también se da cuenta de que él igualmente se goza de esa amistad: Holgábase de tratar conmigo, que a quien el Señor llega a este estado no hay placer ni consuelo que se iguale a topar con quien le parece le ha dado el Señor principios de esto (5). Probablemente en estos encuentros, Teresa recibió el don de saber expresar su propia experiencia, como vemos plasmado en el Libro de la Vida.

Las oscuridades interiores de Teresa

En la segunda mitad del capítulo Teresa narra el lado oscuro de su alma. Situaciones no provocadas desde fuera, como hemos visto en capítulos anteriores, sino desde se propia realidad psicológica y espiritual. No acaba de entenderse a sí misma: Pena y contento no podía yo entender cómo podía estar junto (1) Ya lo había expresado también en 29, 11: Esta pena y gloria junta me traía desatinada, no podía yo entender cómo podía ser aquello. Es lo que podemos definir como “noche oscura”. Momentos que, según ella escribe, son breves unas veces, otras, periodos largos: otras veces dúrame ocho y quince días, y aun tres semanas, y no sé si más, en especial las semanas santas, que solía ser mi regalo de oración (11).

Hace una descripción minuciosa, de los estados de ánimo, desde el punto de vista psicológico; no tanto desde la clave mística -por no saber-. Así describe momentos simplemente depresivos, en que se siente disgustada de todo… Totalmente vacía de motivaciones internas. Otras veces la situación le viene de no poder dirigir el entendimiento ni la imaginación: Este entendimiento está tan perdido, que no parece sino un loco furioso que nadie le puede atar, ni soy señora de hacerle estar quedo un credo (16) Y esto, según ella misma dice, le parece es lo que le daña.

Otras veces le parece que es cosa del demonio: una humildad falsa que el demonio inventaba para desasosegarme (9). Trae consigo sequedad en la oración… desasosiego… (9).

En medio de estas situaciones permanece el amor, no se apaga la fe. Y el deseo que otros beban. Recuerda aquí el evangelio de la samaritana que le ha acompañado desde niña. (19)

La alternancia de esos altibajos en su vida psíquica, incluso en sus relaciones humanas, ella lo percibe claramente como una gran humillación o como una prueba de su pobreza existencial: Ver mi bajeza (15). En contraste con los momentos luminosos de experiencia mística que recibe por pura gracia.

Todavía años más adelante, hacia 1571, nos describirá uno de esos momentos de apagón interior en pleno clima pascual: Todo ayer, me hallé con gran soledad, que, si no fue cuando comulgué, no hizo en mí ninguna operación ser día de la Resurrección (Rel 15 T.). Situación anímica que superará tras el canto del “Véante mis ojos” y el subsiguiente desfallecimiento místico.

*Veante mis ojos / dulce Jesús bueno / veante mis ojos, muérame yo luego…