Oraciones con el EVANGELIO

 

 

 

 

DOMINGO 2º DE PASCUA

(Día 23 de abril)

Coincide este Domingo 2º de Pascua con la apertura del Año Santo Lebaniego. “La Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas… (D. Manuel Sanchez Monge. Obispo. Carta apostólica 2017)

►Escuchar y acoger la Palabra

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

Tomás, uno de los doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: hemos visto al Señor. Pero él les contestó: si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre. (Juan 20, 19-31)

►Pensar la Palabra

Todas las apariciones de Jesús resucitado tienen básicamente la estructura de un encuentro. Un encuentro que es, en realidad, reencuentro en lo cotidiano.

Jesús encuentra a los discípulos que están reunidos, llenos de temor, ayudándose en el consuelo recíproco; ahí es donde Jesús se presenta, en medio de la comunidad reunida, apoyándose mutuamente.

Se manifiesta con los dones de su presencia espiritual: paz y alegría. Y les envía a la misión, una misión que se realiza en el Espíritu: exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo.

Continúa narrando el encuentro con los discípulos, estando Tomás presente. Tomás se encuentra con Jesús, cuando se reúne con los suyos. Termina la narración con una bienaventuranza proclamada por Jesús: Dichosos los que creen sin haber visto.

Bienaventurados nosotros si, abriendo los ojos a los signos de la presencia del Resucitado, -tal y como es y no como la soñamos o la quisiéramos-, creemos en el poder de la resurrección de Jesús, presente entre nosotros.

►Orar y contemplar la Palabra

– Vuelvo a leer el texto del evangelio. Puedo buscar un lugar que me ayude a hacer silencio. Enciendo una vela, signo del Resucitado. Y voy siguiendo la escena:

– Los discípulos, se encuentran con Jesús que les dice: Paz a vosotros. Llenos de alegría comunican a Tomás: Hemos visto al Señor.

– Tomas no ha vivido la experiencia y necesita sentir y tocar. Jesús, con un gran amor, le recrimina: No seas incrédulo, sino creyente. Y le abre los caminos a la fe haciéndole tocar la realidad, las señales de su muerte en su cuerpo resucitado. Y nos deja esa impresionante confesión: Señor mío y Dios mío.

– Ante Jesús resucitado confieso mi situación personal y me atrevo a decir como Tomás: Señor mío y Dios mío. Escucho la palabra de Jesús dicha hoy para mí: Feliz tú, que sin ver has creído, en el testimonio de los apóstoles.

►Actuar desde la Palabra

Quiero comprometerme a romper el individualismo que siempre nos acecha. Este deseo es el que hoy te presento y ofrezco, Señor. El Espíritu vendrá en ayuda para vivir la misión de anunciar a Cristo resucitado.

 

 

 

 

 

CELEBRACIÓN DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN

(Domingo 16 de abril)

En la mañana de Pascua, una mujer, movida por el amor, acude al sepulcro. Sabe que no puede mover la piedra, pero eso no le detiene. Es consciente de su fragilidad y de la desproporción de la tarea, pero esa lucidez no apaga el incendio de su compasión, ni hace su amor menos obstinado.

 

Escuchar y acoger la Palabra               

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. (Jn 20, 1-9)

 

Pensar la Palabra

Hay en la mañana del “primer día de la semana” un camino: el de quienes, entonces y ahora, echan a andar “todavía a oscuras” y se acercan a los lugares de muerte para intentar arrebatarle a la muerte algo de su victoria. Saben que no pueden mover la piedra pero eso no les detiene. Quizá no viven todo eso desde la plenitud de la fe, ni le ponen el nombre de esperanza a sus pasos vacilantes en la noche. Pero hacen ese camino abiertos al asombro, apoyados en el recuerdo de palabras que prometen vida, dispuestos a dejarse sorprender por una presencia oscuramente presentida.

Es la primera mañana de la nueva creación y las tinieblas del caos primitivo están a punto de dejar paso al resplandor del lucero de la mañana: se han llevado del sepulcro al Señor…

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“Los evangelios de la resurrección son una respuesta a las preguntas de la comunidad primitiva: ¿Dónde está el Señor resucitado? ¿Cómo ponerse en contacto con él? Las respuestas son diversas: está en medio de la Iglesia; se le encuentra en la fracción del pan y en la misión confiada a los suyos; camina con los discípulos cuando los ve tristes y abatidos; dirige la pesca de la Iglesia en el mundo. Todas ellas son otras tantas señales ofrecidas a sus discípulos para orientarse en las encrucijadas del mundo nuevo, donde ya no se ve al Señor con su cuerpo terreno, sino que se le encuentra en cualquier parte, como lo muestran las narraciones pascuales” (Francesco Rossi de Gasperi, en La roca que nos ha engendrado. ST. 199)

 

Orar y contemplar la Palabra

Vuelve sobre la lectura del texto evangélico, contempla las reacciones de los distintos personajes y descubre, en cada uno ellos, ese movimiento de fe, y de esperanza aún en medio de la noche:

María Magdalena representa el amor que va en busca del Amado; aún en medio de la oscuridad. Ella es la portadora del mensaje: se han llevado al Señor.

Pedro, es el primero en entrar y constata que el sepulcro está vacío. Y de esa afirmación se nutre nuestra fe.

Juan, el discípulo amado, capaz de intuir la profundidad de los signos, nos deja la prueba de su fe: Vio y creyó.

 

Actuar desde la Palabra

El texto nos ofrece pistas para movilizar nuestra fe.

– Contemplo las distintas reacciones. ¿Y la mía? Quizá no vivo aún desde la plenitud de la fe en el resucitado, ni sé poner el nombre de esperanza a mis pasos vacilantes en la noche. Pero quiero hacer ese camino abierto al asombro, apoyado en el recuerdo de palabras que prometen vida, dispuesto a dejarme sorprender por una presencia oscuramente presentida. Mientras me llega el tiempo de creer, en plenitud, en la Escritura: Que Él ha resucitado de entre los muertos.

 

 

 

DOMINGO DE RAMOS

(9 de abril)

 

“La procesión de Ramos es representación simbólica de lo que llamamos “seguimiento de Cristo” (…) Se trata de la opción entre vivir sólo para mí mismo o entregarme por lo más grande. Y tengamos muy presente que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en persona. Siguiéndolo a él, entro al servicio de la verdad y del amor. Perdiéndome, me encuentro” (Benedicto XVI)

 

Escuchar y acoger la Palabra

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciendo: ‘Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, Los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto’. Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: ‘Decid a la hija de Sión: ‘Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila’. Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’ Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: ‘¡Quién es este!’ La multitud contestaba: ‘Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea. (Mt 21, 1-11)

 

Pensar la Palabra

Es la última subida de Jesús a Jerusalén. Los tres evangelistas que describen este pasaje (Mateo, Marcos y Lucas) subrayan la decisión de Jesús de elegir “un borrico atado, que nadie ha montado todavía”. Así lo anunció Zacarías: “Mira a tu rey que viene a ti, humilde y montado en un asno, en un pollino hijo de acémila”. El borrico es signo del mesías humilde, representa la no violencia, la mansedumbre. Jesús con esta entrada lleva a cabo la exaltación de la sencillez, de la humildad, de la bondad, de la cercanía a los pobres. Otros signos de esta fiesta son las palmas con las que el pueblo saluda la entrada en Jerusalén del Maestro. Que también nos hablan de martirio y testimonio. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! proclama la multitud que le ha seguido y ha visto sus milagros. Pero este rey está caracterizado, como leemos en la primera lectura de Isaías, por situarse del lado de los indefensos, de los “abatidos” que necesitan una palabra de aliento.

 

Orar y contemplar la Palabra

Vuelvo sobre la lectura del texto, y me sitúo en este comienzo de la Semana Santa, mi semana santa. Jesús sube a Jerusalén, comienza el ascenso hacia la muerte. No solo recordamos un hecho histórico, sino un hecho de fe; hago solemne profesión de fe en que la cruz y muerte de Cristo son, en definitiva, una victoria.

Jesús el Mesías pacífico. Que los ramos y palmas de victoria no oculten la realidad.

– Del “hosanna” al “crucifige”. A la luz de lo que aconteció a Jesús puedo preguntarme de qué lado estoy yo: ¿con los que vitorean a un Mesías triunfante o con los que siguen a un Mesías sufriente? Con los que se esconden como los discípulos, o se lavan las manos como Pilatos; con los que callan ante las injusticias, o con los que se solidarizan con las víctimas.

 

Actuar desde la Palabra

Con la procesión de Ramos comienza también mi camino hacia la Pascua. Mi compromiso de discípulo: seguir a Jesús

¿Cómo ha de ser mi compromiso a la luz de estos acontecimientos que celebramos, de los que quiero hacer memoria viva?

¿Cómo actuar desde la mansedumbre, la humildad, la no violencia?

 

 

 

DOMINGO 5º DE CUARESMA

(2 de abril)

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”.

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús diciendo: ‘Señor, el que tú amas está enfermo’. Jesús al oírlo dijo: ‘Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella’. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: ‘Vamos otra vez a Judea’ (...) Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado (…) Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá’. Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará’. Marta respondió: ‘Sé que resucitará en la resurrección del último día’. Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?’. Ella le contestó: ‘Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’ (…) Jesús viendo, llorar a Marta y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: ‘¿Dónde lo habéis enterrado?’ Le contestaron: ‘Señor, ven a verlo’. Jesús, se echó a llorar. Los judíos comentaban: ‘¡Cómo lo quería!’ (…) Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba (…) Dijo Jesús: ‘Quitad la losa’ (…) Entonces quitaron la losa. Jesús levantando los ojos a lo alto, dijo: ‘Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado’ Y dicho esto, gritó con voz potente: ‘Lázaro, sal fuera’. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: ‘Desatadlo y dejadle andar’. Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. (Jn 11 3-45)

Pensar la Palabra

Estamos en el último domingo de cuaresma. En este camino hacia la Pascua, Jesús nos invita a un nuevo encuentro, esta vez, junto a la tumba de Lázaro. En los domingos anteriores hemos visto a Jesús como agua viva y como la luz del mundo. Hoy se nos presenta Jesús como la vida: Yo soy la resurrección y la vida.

Marta cree que Jesús debería haber evitado la muerte de su hermano. Se mueve enteramente dentro de las coordenadas de la vida física. La promesa de resurrección que le asegura Jesús decepciona a Marta. El último día está lejos. Quiere una actuación inmediata de Jesús.

La función de Jesús no es alargar unos pocos años más la vida física. Viene a darnos una vida plena. El don del Espíritu concedido al que da su adhesión a Jesús es un nuevo nacimiento a una vida plena, que no queda interrumpida por la muerte física.

Jesús proclama que la condición imprescindible para ver la gloria de Dios es creer. Creer que Dios es Vida y quiere comunicar por amor su vida a sus criaturas, los hombres.

Orar y contemplar la Palabra

-Una mirada a Cristo resucitado: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.

-La contemplación de este pasaje del evangelio me lleva a mirar al resucitado. La última palabra no es muerte, es vida.

-Pido a Jesús entrar en la experiencia de la Semana Santa con esta certeza. Creemos en un resucitado que nos promete: El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.

Actuar desde la Palabra

Nuestro compromiso está en vivir y ayudar a vivir una vida digna, una vida en plenitud aquí en esta tierra. Y creer y anunciar que Dios es Vida.

 

 

 

DOMINGO 4º DE CUARESMA

(26 de Marzo)

El evangelio de cada domingo de cuaresma nos va señalando diferentes lugares en los que Jesús nos espera para un encuentro: el desierto, la montaña, un pozo en Samaria, la piscina de Siloé, la tumba de Lázaro. Dichosos nosotros si acudimos a la cita y dejamos que su amor nos transforme y nos arrastre hacia la Pascua.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (…) (Jesús) escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: ‘Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)’. Él fue y se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: ‘¿No es ese el que se sentaba a pedir?’ Unos decían: ‘el mismo’. Otros decían: ‘no es él, pero se le parece’. Él respondía: ‘Soy yo’. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: ‘Me puso barro en los ojos, me lavé y veo’. Algunos de los fariseos comentaban: Este hombre no viene de Dios porque no guarda el sábado. Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: ‘Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos’. Él contestó: ‘Que es un profeta’. Le replicaron: ‘empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?’ Y le expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ‘¿Crees tú en el hijo del hombre?’. Él contestó: ‘Y ¿quién es, Señor, para que yo crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es’. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él. (Jn 9, 1-41)

 

►Pensar la Palabra

Este domingo, esta semana, en nuestra oración, nos espera en la piscina de Siloé. Como el ciego de nacimiento, nosotros queremos sentir la fuerza sanadora de Jesús: Me puso barro en los ojos y veo. Al ciego se le iluminan los ojos y puede ver la realidad de su entorno, pero hay una iluminación mayor, la de la fe que le lleva a exclamar: Creo, Señor. El relato nos enseña que la fe en Jesús es la culminación de un proceso de iluminación y de despojo. De iluminación porque a aquel que no podía ver la realidad de su entorno, Jesús le devuelve la vista. De despojo porque por ser fiel a la verdad, por su confesión: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo… le expulsaron. Jesús se hace de nuevo presente y se manifiesta ante él: ¿Crees tú en el hijo del hombre?… Lo estás viendo. Es una nueva luz que llena el corazón del ciego y le da la fuerza de confesar: Creo, Señor.

 

►Orar y contemplar la Palabra

-Ponte junto a Jesús, pídele que libere tus ojos de todo lo que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios… Deja que él ilumine tus ojos haciéndolos capaces de ver hasta el fondo, y llegar a descubrir la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

– Pídele también que te permita contemplarle a él, como le pudo ver aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: ‘¿Crees tú en el hijo del hombre?’. El contestó: ‘Y ¿quién es, Señor, para que yo crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es’. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él.

– Contempla la reacción de Jesús que Juan nos narra al final del evangelio: Cuando oyó que lo habían expulsado fue a su encuentro.

– Permanece en oración repitiendo una y otra vez: Creo, Señor y adora su presencia.

 

►Actuar desde la Palabra

-Como el ciego, me sitúo ante Jesús con mis necesidades, sin ocultamientos ni engaños.

-Como Jesús, quiero comprometerme con aquellos hombres y mujeres que son expulsados de la historia, por razones que son incomprensibles, y salir al encuentro y acoger y liberar.

 

 

 

DOMINGO 3º DE CUARESMA

(19 de Marzo)

En este tercer domingo de Cuaresma el texto evangélico nos ofrece una escena cautivadora. El diálogo de Jesús con una mujer de Samaría. Un tema difícil de entender en la mentalidad judía: una mujer desconocida, sin nombre y de un pueblo semipagano. Aquello va contra todo lo imaginable en Israel. Nos presenta a Jesús como un hombre con una gran capacidad de dialogar y que sabía escuchar-

 

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar (…) Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: ‘Dame de beber’(…) La samaritana le dice: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?’ (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: ‘Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva’. La mujer le dice: ‘Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?, ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’ Jesús le contestó: ‘El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se le convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna’. La mujer le dice: ‘Señor, dame esa agua, así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla’. Él le dice: ‘Anda, llama a tu marido y vuelve’. La mujer le contesta: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad’. La mujer le dice: ‘Señor, veo que tú eres profeta’ (…)

La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: ‘Venid a ver un hombre que ha adivinado todo lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías?’ (Juan 4, 5-26)

 

►Pensar la Palabra

La mujer llega al pozo sin más expectativas que buscar agua, ajena a lo que allí le esperaba. Al principio no vio en Jesús más que a un hombre judío, con quien le separaban las rencillas propias de los pueblos vecinos; pero Jesús le fue conduciendo al verdadero conocimiento y la samaritana le descubre como Señor, Mesías y Profeta, como Aquel a quien había estado esperando siempre sin saberlo. Y despierta en ella una sed nueva de anunciar sin temor a todos los de su pueblo lo que había acontecido en aquel encuentro.

Nos pone de manifiesto también cómo el encuentro con Jesús puede acontecer en cualquier mediodía de nuestra vida cotidiana. Y transformará las propias expectativas en un deseo irrefrenable de atraer a todos hacia él

 

►Orar y contemplar la Palabra

> Comienza la oración representando la escena del evangelio: Jesús, sentado junto al pozo… la mujer samaritana que llega con su rutina diaria a buscar agua… el diálogo entre ellos dos….

– Acércate hoy, en este momento de oración, al pozo de tu encuentro personal con Jesús y manifiéstale tu sed: Dónde están tus deseos, tus amores, tus expectativas en este momento de tu vida

– Pídele que te vaya conduciendo, como lo hizo con la samaritana, al verdadero conocimiento. Poder descubrir a Jesús en lo cotidiano.

-Siente cómo te dice hoy a ti: Si conocieras el don de Dios…

– Pide, como la samaritana: Señor, dame de esa agua y no tendré más sed. Despierta en mí una sed nueva. Que brote en mi ese surtidor de agua, ese deseo de manifestar a todos quién es el Señor.

> Haz silencio interior y da vueltas en tu corazón a las palabras de ese diálogo, tu diálogo con Jesús. Escucha… responde… quédate en silencio. Siente su presencia hoy junto a tu pozo.

 

►Actuar desde la Palabra

Pide la fuerza del Espíritu para anunciar a la gente lo que has visto y oído: Junto a tu pozo se ha hecho hoy presente Jesús, el Mesías, el salvador. ¡Proclama la alegría del evangelio!

  • Si quieres conocer a una persona, no preguntes por lo que piensa, pregunta por lo que ama (San Agustín)

 

 

 

 

DOMINGO 2º DE CUARESMA

(12 de marzo)

Seguimos profundizando en la carta del papa Francisco: En este camino (de cuaresma), recibimos siempre una llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios “de todo corazón”, a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. La escucha de Jesús, el Hijo amado, nos abrirá esos caminos de amistad.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la lu. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Señor ¡qué bien es que estemos aquí! Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés, otra para Elías’. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y dijo una voz desde la nube: ‘Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo’. Al oírlo los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos, les dijo: ‘Levantaos, no temáis’. Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos’. (Mateo 17, 1-9)

 

►Pensar la Palabra

¿Qué es lo que había ocurrido seis días antes? Jesús había hablado a sus discípulos de la exigencia del seguimiento: el que quiera venirse conmigo que cargue con su cruz y me siga… les había anunciado, por primera vez, su muerte y su resurrección. La cercanía de estas dos escenas nos pone de manifiesto la cercanía de la luz y las tinieblas. El inundado de luz es Aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte.

Es una invitación a salir de las seguridades del valle y subir al monte de la luz. Sin más garantía que su palabra. Escuchadlo. Es la voz que llega a los oídos de Pedro, de Santiago y de Juan. De nuevo la invitación al seguimiento, a la acogida de la Palabra, que hará posible el cambio de nuestro corazón. El nacimiento del hombre nuevo.

 

►Orar y contemplar la Palabra

– Contemplo la escena y me dejo introducir en la experiencia de iluminación del Tabor.

– Escucho la palabra del Padre que me llega hoy a mí: Este es mi Hijo amado: Escúchalo.

– Me dispongo a despertar de mis sorderas para acoger la llamada de Jesús: el que quiera seguirme, el que esté dispuesto a fiarse de mí, el que quiera vivir una vida nueva y distinta, marcada por el amor… está invitado a subir al monte de la luz y dejar el valle.

– Yo también soy invitado a subir a ese monte, ¿cuáles son las seguridades que me impiden subir?

– Oro al Señor diciendo: Quiero escuchar tu voz y fiarme sólo de tu Palabra.

 

►Actuar desde la Palabra

Despertar de mis sorderas: Puedes, durante esta semana comprometerte a estar más atento a la palabra de la gente con la que estás más frecuentemente: familia, trabajo, amigos… atender a sus necesidades y a sus gustos. Cada noche pregúntate qué ha supuesto ese ejercicio para ti.

Piensa, si a través de esas palabras, alguna vez has escuchado a Jesús mismo que se hace presente en aquellos que caminan contigo.

Abre tu oído a aquellos que necesitan de ti. Y escucha la Palabra de Jesús: Cuando hacéis algo a uno de estos, me lo hacéis a mí.

 

 

 

 

DOMINGO 1º DE CUARESMA

(5 de marzo)

 

Acabamos de comenzar la Cuaresma con la celebración del miércoles de ceniza. Acogemos la invitación que nos hace el Papa Francisco: La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Qué el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: ‘Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes’. Pero él le contestó diciendo: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de cualquier palabra que sale de la boca de Dios’. Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: ‘Ha dado órdenes a los ángeles acerca de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’. Jesús le dijo: También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró  los reinos del mundo y su gloria, le dijo: ‘Todo esto te daré, si te postras y me adoras’. Entonces le dijo Jesús: ‘Vete Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto’. Entonces lo dejó el diablo; y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían. (Mt 4, 1-11)

 

►Pensar la Palabra

El desierto es ante todo un lugar privilegiado de encuentro personal y de escucha de la Palabra. María Dolores Aleixandre comentando este texto escribe: “En la escena de las tentaciones vemos a Jesús reaccionando lo mismo que a lo largo de toda su vida, aferrado y adherido afectivamente a lo que va descubriendo como el querer de su Padre: la vida abundante de los que ha venido a buscar y salvar. No ha venido a preocuparse de su propio pan, sino de preparar una mesa en la que todos puedan sentarse a comer. No ha venido a que le lleven en volandas los ángeles, a acaparar fama y “hacerse un nombre”, sino a dar a conocer el nombre del Padre y a llevar sobre sus hombros a los perdidos, como lleva un pastor a la oveja extraviada. No ha venido a poseer, a dominar o a ser el centro, sino a servir y dar la vida”

 

►Orar y contemplar la Palabra

-Prepara este momento de oración: con la imaginación o, de hecho, vete a un lugar que te pueda evocar el desierto. Haz silencio… entra en la escena y acércate a los sentimientos de Jesús: sintió hambre, y sintió en todo su ser la provocación de la tentación.

-Déjate conducir por el Espíritu a ese lugar del encuentro personal y escucha la Palabra, que hoy te es dirigida a ti.

– Pide que se graben en ti las señales inequívocas del cristiano, del seguidor de Jesús: vivir de la Palabra que sale de la boca de Dios, no buscar los privilegios de grupo… adorar a Dios en espíritu y verdad.

– Presenta tu deseo: Quiero, con Jesús, preparar la mesa para todos, quiero dar a conocer el nombre del Padre, vivir su misericordia.

– Pido seguir a Jesús: Yo tampoco he venido a poseer y dominar, sino a servir y dar la vida.

 

►Actuar desde la Palabra

Compromete tu vida desde la Palabra. Puedes proponerte, durante este tiempo, ser fiel a la lectura del evangelio de cada domingo. Repasarlo en la semana, hacer de ello tu vida. El Papa Francisco nos invita a pedir en esta Cuaresma: Qué el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios.

 

 

 

 

DOMINGO OCTAVO. TIEMPO ORDINARIO

(26 de Febrero)

Jesús sigue marcando la diferencia de quienes quieren seguir su programa de vida. La pregunta es esta: dónde tengo yo mis intereses, que priorizo en mi vida. ¿tengo verdadera confianza en Dios? No andéis agobiados.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Nadie puede estar al servicio de dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?… Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o cómo os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo, buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos’. (Mateo 6, 24-34)

 

►Pensar la Palabra

Nos enfrenta el texto con nuestra situación existencial: una persona en su vida, puede rendir el corazón a diferentes tesoros que serán su dios, su fe. Y hay algunas grandes pasiones que son incompatibles. Al menos Dios y el dinero lo son. La palabra clave del texto es agobiarse. Significa esta palabra que algo es existencialmente importante y acapara nuestro corazón. Es decir que los afanes no nos absorban hasta el punto de desviarnos de lo fundamental.

Jesús advierte sobre esta tendencia tan dañina para la raza humana: el avaro deseo por las cosas materiales que hacen que el hombre ya no sea dueño de ellas, sino su esclavo. Quienes caen en estas garras han olvidado que Dios es el Creador y por lo tanto el último Dueño de todas las cosas, que para El los más importante son las personas y no las cosas materiales y que la posesión de riquezas no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para el bienestar, pero también para el servicio al prójimo.

Son los paganos los que se afanan… pero vosotros: buscad primero que reine la justicia. Podemos descubrir ahí los ecos del Padrenuestro, donde los hijos piden al Padre lo único realmente esencial: venga tu reino, hágase tu voluntad.

►Orar y contemplar la Palabra

-Continúo en esa actitud de discípulo, a la escucha de las palabras del Maestro que nos desvela el camino del cristiano hoy.

-Nos invita a una mirada contemplativa a la Creación: Mira los pájaros, no tienen graneros, mira los lirios, no hilan… También tú has sido creado, tu vida tiene valor para Dios: ¿No valéis vosotros más…? Hay un amor que te protege. Tienes un Padre que está en los cielos.

– Por eso, no os agobiéis. No viváis como los paganos, faltos de fe.

-Puedo preguntarme: ¿Cuáles son mis prioridades, mis afanes?

– ¿Vivo la vida con un afán desmedido por las cosas, por esos tesoros que esclavizan mi corazón, como lo hacen los paganos?

– Dice Jesús: no podéis servir a Dios y al dinero. Es una expresión tajante. ¿Me esclaviza el afán de tener, el afán de poseer, el afán de dominar?

►Actuar desde la Palabra

Me comprometo a contemplar el mundo como Dios me invita a hacerlo, y desde esa mirada revisar mis prioridades y tomar conciencia de hacia dónde se inclina mi corazón.

 

 

 

 

DOMINGO SÉPTIMO. TIEMPO ORDINARIO

19 de febrero

El Evangelio de este domingo nos dice con palabras claras y concretas cómo el discípulo de Jesús es sal y luz en medio de las gentes. Son actitudes que iremos aprendiendo de Jesús, a lo largo del año, tal como nos lo irá presentando el evangelio de Mateo. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo

 

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Sabéis que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pida, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’. (Mateo 5, 38-48)

►Pensar la Palabra

El lenguaje de Jesús es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.  Quien se parezca a Dios, no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

►Orar y contemplar la Palabra

– Haz un espacio de silencio para la lectura reposada de este texto. Contempla a Jesús, imagina su rostro sereno, su palabra cálida. Jesús va a proclamar la desmesura del amor. Esa novedad que no tiene otro fundamento que la contemplación del Padre lleno de compasión y misericordia para con todos.

– Medita este texto del Papa Francisco que nos ayuda a comprender la lectura de este domingo: “El evangelio nos invita    siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia, en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”. (La alegría del Evangelio. Nº 88)

 

►Actuar desde la Palabra

Jesús presenta a sus discípulos una clave de transformación social: devolver bien por mal. Esta es la novedad provocadora de Jesús, frente al “ojo por ojo…” de la antigua ley del Talión. El discurso llega a la cumbre en la propuesta del amor a los enemigos que se fundamenta en el mismo amor de Dios que hace salir el sol sobre malos y buenos. En el amor consiste la bondad en su plenitud, es decir, la perfección.

– Compromete tu vida en el amor, en la no violencia, en la defensa de los más débiles, en la revolución de la ternura.

 

-Termina la oración recitando despacio el Padrenuestro, sintiéndote hijo de Dios y hermano de todos los hombres y mujeres. Sintiendo con fuerza esa llamada al amor, al perdón, al servicio, a la entrega. Es lo que nos distingue como discípulos.

 

 

 

 

Domingo sexto. Tiempo ordinario

(12 de febrero)

Leyendo con atención el evangelio nos vamos dando cuenta de que las tres preocupaciones fundamentales de Jesús fueron: 1) la salud de los enfermos; 2) la alimentación de los pobres; 3) las relaciones humanas entre las personas. Estos son los tres pilares de su espiritualidad y de su religiosidad.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

Escuchar la Palabra en este texto que nos ofrece Mateo este domingo es estar atento a la novedad que Jesús trae y que se expresa en sus palabras: habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo. (El texto es largo. Aunque no podamos reproducirlo íntegramente, te invito a leerlo entero.

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas! No he venido a derogar, sino a dar plenitud (…) os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos (…)

Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás… Pero yo os digo: Todo el que esté peleado contra su hermano será procesado, el que lo insulte… el que lo llame renegado.

Por tanto, si cuando vas a poner la ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano; y entonces vuelve a presentar tu ofrenda… (Mt 5, 17-37)

 

►Pensar la Palabra

Dale vueltas en tu corazón. Descubre a Jesús, el Maestro, que quiere abrir caminos de plenitud y libertad a los que le siguen. En definitiva, el camino de felicidad con el que comienza el Sermón del Monte.

 

En el evangelio de hoy, Jesús explica la solución a tres problemas frecuentes. Afirma de una manera tajante: 1) la fe es incompatible con el enfrentamiento entre personas; 2) la fe es incompatible con el deseo de lo ajeno; 3) la fe es incompatible con cualquier forma de juramento. Jesús lleva a plenitud la Ley y los Profetas: la religión de Jesús consiste en que lleguemos a ser profundamente humanos. Jesús denuncia el legalismo que se contenta con guardar los preceptos y llama a la actitud interior. Con esa repetición: pero yo os digo pone de manifiesto la novedad que él trae en el modo de vivir la Ley.

 

►Orar y contemplar la Palabra

Voy haciendo silencio interior. Sólo la Palabra saboreada, que me vaya calando como lluvia sobre el césped. Penetrando suavemente.

 

Pido al Señor libertad de espíritu y sinceridad de corazón. Reviso mis actitudes: quizá yo también me he perdido en legalismos, fiel a la letra de tantas leyes y empobrecido el espíritu. ¿Cómo resuenan en mis oídos estas palabras?: porque os digo que, si vuestra fidelidad no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de Dios.

 

►Actuar desde la Palabra

Quiero ser fiel a la Palabra que Jesús nos ha regalado en este domingo y quiero vivir ahondando en el compromiso:

 

La sinceridad de corazón y la sinceridad en el obrar. Jesús deja muy claro el modo de actuar, si quiero vivir le plenitud de la Ley:

*Deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano…

*Muéstrate conciliador con el que te pone pleito, sin perder tiempo, mientras vais todavía de camino. Mientras dura el día.

*Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no.  Con estas palabras termina esta parte del discurso, que nos ayudan entender lo que significa vivir en verdad. Es la característica del Reino

 

Termino la oración dirigiéndome al Padre con las mismas palabras con que nos enseñó Jesús: Padrenuestro

 

 

 

 

Domingo quinto. Tiempo ordinario

(5 de febrero)

A continuación de la proclama de las bienaventuranzas, que escuchamos el domingo pasado, Jesús va a presentar el programa de vida de quienes siguen a Jesús. Mateo nos ofrece metáforas, sencillas y elocuentes, para hacernos entender lo que el propio Jesús pensaba acerca de cómo debemos hacernos presentes los cristianos, en la sociedad.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

Acoger la Palabra, en este contexto, significa llegar a hacer del programa de Jesús, nuestro programa de vida. Jesús habla a los que Mateo llama sus discípulos, a aquellas personas que se han propuesto seguirle y vivir como vive el Maestro.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

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No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo.  No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. (Mateo 5, 13-16)

 

►Pensar la Palabra

A este pequeño grupo de discípulos que tiene delante, Jesús les dice nada menos, que ellos son sal y luz de la tierra, ellos que son un grupo insignificante en medio de aquel poderoso imperio dominado por Roma. Ser sal y ser luz, dos metáforas que van a ser inolvidables para los discípulos y para cualquier cristiano. En todo caso la sal y la luz se saborean y se sienten, así tiene que ser la condición cristiana, la manera de ser y de vivir, de los creyentes en Jesús: Así como la sal da sabor, se disuelve, se sacrifica, así también el discípulo debe esparcir el buen sabor, la fuerza contagiosa del Evangelio.

►Orar y contemplar la Palabra

Terminada esta primera parte de reflexión, intento hacer silencio interior. Me quedo contemplando la imagen de la sal, puedo también encender una vela: sal y luz; luz y sal.

De nuevo me sitúo en la escena que el evangelista ha descrito. Intento sentirme formando parte de ella. Soy uno más de los discípulos que escuchan a Jesús. La Palabra de Jesús es dura: si la sal se vuelve sosa: No sirve más que para ser tirada fuera.

¿Y cuál es la finalidad que expresa Jesús? Que la gente vea vuestras buenas obras… es decir, me llama a ser testigo; que mi vida sea transparente y que por mi modo de vivir la gente se sienta motivada para creer en Dios.

Pido la fuerza del Espíritu para que yo conozca con toda verdad cómo es mi presencia en el mundo, mi modo de ser y vivir. ¿Soy trasparencia de la vida de Jesús?

 

►Actuar desde la Palabra

*Puedo volver a leer el texto evangélico, dejando que resuene dentro de mí: ser sal y ser luz… ser sal y ser luz… lo repito hasta que sienta que estas palabras me tocan por dentro, me conmueven…

*Recuerdo también las palabras del papa Francisco. Nos pide a los cristianos que: “afianzados y fortalecidos en la fe, es hora de iluminar y transformar, de salir y transmitir la alegría de creer”.

* Según esto: ¿cuál ha de ser mi compromiso? ¿qué tengo yo que hacer? ¿Cuáles son los lugares a los que tengo que dar sabor y luz?

*¿Cómo puedo yo traducir, en mi vida cotidiana lo que veo que Jesús pide en este evangelio?

*Permanezco en oración pidiendo ser sal y ser luz para llevar a los otros la alegría del Evangelio.

 

 

 

 

DOMINGO CUARTO. TIEMPO ORDINARIO

(29 de enero)

 

Celebramos el cuarto domingo del tiempo ordinario. Jesús que, en el lago de Galilea, acaba de invitar a los primeros discípulos a seguirle para compartir su proyecto, en el evangelio de este domingo, el evangelista Mateo lo presenta como maestro: sentado en medio del gentío, rodeado ya por sus discípulos. Jesús presenta un programa, un estilo de vida que ha de marcar a todos aquellos que quieran seguirle.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

Escuchar la Palabra significa tener el oído atento y vigilante. El oído exterior y el oído interno. Escuchar con el corazón al Amigo que sabemos nos trae un mensaje liberador, humanizador.  Acogerla, nos pide dar un paso más, nos pide estar dispuestos a actuar según lo que hemos escuchado, hacerla vida de nuestra vida.

 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.  (Mt 5, 1-12)

►Pensar la Palabra

Jesús presenta su programa enmarcado en una promesa de felicidad. Dichosos… dichosos vosotros… Y por felicidad se entiende sentirse bien, disfrutar de la vida y desear que ese sentimiento se mantenga. Y para alcanzar la felicidad Jesús no propone prácticas religiosas, sino formas de comportamiento humano que casi se podrían resumir en esto: las personas son más felices si son compasivas. En esto se condensa y sintetiza todo. Quizá después de este año jubilar que tanto hemos reflexionado, orado y compartido sobre la misericordia, nos sea fácil entender esto.

 

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor gracia para recibirle como maestro de mi vida. Que su palabra se haga realidad en mí, que sepa buscar la verdadera felicidad.

 

Me sitúo, en medio del gentío, junto a los discípulos, dispuesto a escuchar de nuevo la enseñanza de Jesús. Puedo volver a leer el texto.

Quizá no entiendo muy bien cómo se puede encontrar la dicha, la felicidad, en la pobreza, en el sufrimiento… quizá me resulte más fácil descubrirlo en la misericordia, en la limpieza de corazón, en la búsqueda de la paz.

-Le pregunto a Jesús: ¿Qué quieres descubrirme hoy a mí con esta enseñanza?

-Intento “saborear”, “gustar”, una a una cada bienaventuranza. ¿Tengo alguna experiencia que me ayude a entenderlo mejor…?

-Me paro un momento en la última frase: Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. No sólo es una promesa de futuro, es ya de presente. Es la alegría del Reino, porque el Reino de Dios no se basa en la fuerza, sino en la verdad. Y el Reino de Dios está ya aquí.

 

►Actuar desde la Palabra

Contemplo a Jesús. ¿Cómo me habla su vida, cómo me ayuda a entender su mensaje?

¿Dónde reside su felicidad? A lo largo de este tiempo nos iremos encontrando con él en distintas situaciones, modos de actuar, palabras… todo ello nos irá dando luz para entender y abrazar este programa.

 

Voy terminando este rato de oración. Hago silencio de pensamientos… de palabras… dejo que salga a mí consciencia aquello que ha tocado más fuertemente mis emociones, mis deseos…

– Siento que Jesús me llama por mi nombre y me dice: serás dichoso si…

– ¿Dónde pongo yo mi felicidad… cómo tiene que ser mi vida para comprometerme con el programa que Jesús me propone?

– De nuevo puedo repasar esas actitudes, ese comportamiento que señala cada una de las bienaventuranzas. Me paro en aquella que en este momento tenga más fuerza para mí porque necesite profundizar más en esa actitud, porque vea que tengo que hacer camino en ese sentido, porque desee pedir perdón por mi falta de respuesta…

-Doy gracias a Jesús por este rato vivido en su presencia, a la escucha de la Palabra… le pido fuerzas para caminar según su programa de vida. AMEN.

 

 

 

 

DOMINGO TERCERO. TIEMPO ORDINARIO

(22 de enero)

 

En este tercer domingo, comenzamos la lectura continua del evangelio de San Mateo: el relato del proyecto que Jesús llevó adelante en la vida pública. Para poner en práctica su proyecto, Jesús elige Galilea. Galilea era la región de los pobres -campesinos, pescadores, mendigos…- Galilea de los gentiles, gentes con distintas creencias, lejos del puritanismo de los judíos. En el relato del Bautismo, el evangelista nos narraba la experiencia de Jesús: apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu Santo bajaba como una paloma… y una voz del cielo que le decía: Este es mi hijo, el amado, mi predilecto. La fuerza del Espíritu movilizará toda la trayectoria de su vida. Este domingo, el evangelio de San Mateo, nos presenta la elección de los primeros discípulos.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

De nuevo me encuentro esta semana ante la Palabra proclamada el domingo. Mateo toma conciencia de que Jesús ha elegido ir a lo más difícil y complicado: Jesús elige Galilea para comenzar su misión, cumpliéndose así lo anunciado por el profeta Isaías: El pueblo que habitaba en tinieblas, vio una luz grande.

 

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: ‘País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: ‘Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos’. Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: ‘Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres’. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.  (Mt 4, 12-23)

►Pensar la Palabra

Doy vueltas al texto en mi corazón. Lo leo de nuevo, una y otra vez, a lo largo de la semana, para entender qué quiere comunicarme el Espíritu a través de esta Palabra. Voy cayendo en la cuenta de cuáles son las ideas que van calando en mi corazón.

 

Jesús se retira a Galilea al enterarse del arresto de Juan. Llega a Cafarnaúm, y Mateo escribe: a los que habitaban en tinieblas y sombras de muerte, una luz les brilló. En Galilea Jesús invita, a los primeros, a participar en su proyecto; proclama el Evangelio del Reino y cura las enfermedades…

 

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor la gracia de recibir su luz y acoger su llamada: Quiero seguirte, Señor y anunciar contigo el Evangelio del Reino.

 

El cristianismo es, antes que nada, seguimiento a Jesucristo. Creer en Jesucristo es vivir su estilo de vida, animados por su Espíritu.

– Hago silencio interior y escucho, de labios de Jesús, mi nombre… y oigo que me dice:  ven y sígueme…

– Yo, ¿qué tengo que dejar para seguirle más fielmente y tomar parte en su proyecto?

– ¿Cuáles son mis redes… mi barca…?

– ¿Dónde está mi Galilea…, el lugar donde me siento llamado a llevar la luz de Jesús, a proclamar su evangelio, a sanar y curar enfermedades?

 

►Actuar desde la Palabra

Con la fuerza de la Palabra en mi interior, me acerco a Jesús y camino con él hacia Galilea. Me adentró en sus opciones… Paseo junto a él por el lago… quizá yo también descubro hombres y mujeres que pueden comprometerse con el proyecto de Jesús… Recorro con él Galilea: ¿puedo yo también proclamar el Evangelio del Reino? ¿puedo curar enfermedades y dolencias de las gentes con las que me encuentro? Lo decisivo es curar, aliviar el sufrimiento, construir una convivencia más humana.

 

En este último momento de oración hago silencio de pensamientos… de palabras y me quedo, sencillamente, escuchando a Jesús que se dirige a mí… Me descubre en el lugar de mi trabajo, allí donde discurre mi vida y me dice: Ven y sígueme… Ven y sígueme… Dejo que esa palabra toque mi corazón. Puedo repetirla interiormente durante la semana.

 

 

 

 

DOMINGO SEGUNDO TIEMPO ORDINARIO

(15 de enero)

Después de la Navidad y sus fiestas, que concluyen con el Bautismo de Jesús, comienza la primera semana del tiempo ordinario que llegará hasta el miércoles de ceniza. Se reanuda, de nuevo, el lunes después de Pentecostés, y termina con el Adviento, con el que se inicia un nuevo año litúrgico. Durante este tiempo seguiremos el desarrollo progresivo, episodio tras episodio, de la vida histórica de Jesús. Cada tramo, es un paso para adentrarnos en el misterio de Cristo. Este domingo, con el texto evangélico de San Juan, comienza su vida pública.

Este año 2017, puedes proponerte ir profundizando en el itinerario de la vida de Jesús, por medio de la oración, unos minutos cada día. Esta hoja semanal, quiere ser una invitación y una ayuda.

El esquema-guía para la oración, será siempre el mismo: escuchar y acoger la Palabra; pensar la Palabra; orar y contemplar la Palabra; actuar desde la Palabra.

 

►Escuchar y acoger la Palabra

Después de haber celebrado la Eucaristía del domingo, se nos invita a vivir, durante la semana, a la luz de la Palabra. Cada día, puedo buscar un momento oportuno para dedicar un espacio y un tiempo a volver sobre el texto del evangelio.

Busco un lugar adecuado, ante el sagrario o en casa, me pongo en la presencia de Dios, creo el ambiente que me ayude y vuelvo sobre la lectura del evangelio:

 

En aquel tiempo; al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: ‘Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel’. Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. (Jn, 29-34)

 

►Pensar la Palabra

Es, dar vueltas al texto, leer una y otra vez, para intentar comprender lo que el evangelista nos quiere comunicar. Descubrir la novedad que nos trae Jesús.

Juan Bautista presenta a Jesús utilizando la imagen del “cordero”. Una imagen tan querida por los judíos: el cordero degollado, cuya sangre liberó a los israelitas del exterminio, la noche que huyeron de Egipto y así se hizo posible la liberación de la esclavitud. Pero el Bautista introduce un elemento nuevo: que quita el pecado del mundo. Jesús es el libertador del pecado común de toda la humanidad, inclinada a hacer y querer lo que daña a los demás, aquello que deshumaniza. Jesús de Nazaret es el logro supremo del ideal humano. Y, como añade muy bien Juan, esto es obra del Espíritu que se posó sobre él.

 

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor la gracia de conocerlo y reconocer al Espíritu que lo habita. Que su Palabra se haga vida en mí.

Nos pueden ayudar las palabras del papa Francisco que nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo, no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir, por experiencia personal, junto a Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre -continúa diciendo el Papa-, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

La gran novedad de Jesús, que anuncia Juan Bautista, consiste en que Jesús es el Hijo de Dios, Él puede bautizar con Espíritu Santo.

 

►Actuar desde la Palabra

Vuelvo sobre el texto, queriendo descubrir, al leerlo de nuevo, cómo me toca a mi interior, cómo me mueve por dentro, qué me dice a mí, en concreto.

A la luz de la Palabra, yo ¿qué debo hacer para conocer a Jesús, caminar con él? ¿cómo puedo yo construir el mundo con su evangelio? ¿cómo dar testimonio de Él?

Los seguidores de Jesús, no podemos vivir una espiritualidad seria, lúcida y responsable si no está inspirada por su Espíritu. Nada más importante podemos hoy ofrecer a las personas que una ayuda a encontrarse interiormente con Jesús, nuestro Maestro y Señor.

Termino pidiendo fuerza para caminar y vivir según su palabra. Conocerle, y dar testimonio. Repito una y otra vez: Hágase en mí según tu Palabra…

 

 

 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

(8 de enero)

 

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: ‘soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le contestó: ‘Déjalo ahora. Está bien que cumplamos todo lo que Dios quiere’. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu Santo bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: ‘Este es mi hijo, el amado, mi predilecto”. (Mateo 3, 13-17)

 

♦ Comentario al texto

Con la celebración del Bautismo del Señor, con esta fiesta,  termina el tiempo de Navidad. Juan Bautista será el que le bautizará. Éste Jesús, que hoy se presenta en el Jordán, había sido anunciado por todos los grandes testigos del Antiguo Testamento. En él y por él se va a cumplir la salvación de Dios. Y ¿cuáles son los signos? Dar luz a los ciegos, abrir las prisiones de los que están cautivos, sanar a los que están enfermos. A lo largo del año litúrgico, Mateo en su evangelio, nos irá invitando a descubrir a este Jesús, el  amado del Padre: Este éste es  mi hijo, el  amado, mi predilecto.

 

♦ Momento de oración

Para entrar en esta experiencia de oración puedes situarte en medio de ese pueblo que, expectante, busca ver y conocer al Mesías. Contempla la escena que describe el evangelista: Juan se dispone a bautizar al pueblo y Jesús se presenta en medio de esta gente. Escucha la voz que viene del cielo: Tú eres mi hijo, el amado, mi predilecto. Ora desde el sentimiento de tu corazón

– Contempla al Hijo, al enviado, el predilecto. En ti me complazco. Mateo nos lleva a la contemplación del misterio del Dios Trinitario: sobre él se posa el Espíritu y se escucha la voz del Padre. Él es el Hijo muy amado de Dios y en quien reposa el Espíritu. Jesús viene a revelar el misterio de Dios, el misterio de amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu. Puedes en este momento repetir sencillamente la oración de alabanza: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

– Escucha  la voz que viene del cielo. Siéntete tocado por ese mismo amor. Junto a Jesús, imitando su vida, siguiéndole a Él, yo también puede escuchar al Padre que me dice: Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco. Haz silencio dentro de ti y escucha…

– Ora desde lo más hondo de tu corazón y agradece el don del bautismo, por el que has sido hecho hijo de Dios y formas parte de esta gran familia, la iglesia. Yo he sido bautizado con Espíritu Santo, gracias, Señor.

– Compromete tu vida con Jesús en su proyecto de salvación. Puedes preguntarte: yo, ¿cómo puedo dar luz a los ciegos, abrir las prisiones de los que están cautivos, sanar a los enfermos, acompañar en su soledad a quienes lo necesitan…?

 

– Termino la oración recitando despacio el Padrenuestro, sintiéndome hijo de Dios y hermano de todos los hombres y mujeres. Y repito en mi interior: hágase tu voluntad… Amén.

 

 

 

 

 

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

(6 de enero)

 

♦ Texto para la oración

¡Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz!… sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre él y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora… Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor. (Isaías 60, 1-6)

Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ‘¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo…’ De pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mateo 2, 1-12)

 

♦ Comentario al texto

Los dos textos que nos propone la liturgia de esta fiesta (Isaías y Mateo) nos están hablando, a los hombres y mujeres de todos los tiempos, para decirnos que Jesús es el Salvador de todos los hombres: ¡Llega tu luz! Es la promesa hecha a Jerusalén, según expresa el profeta Isaías. Hemos visto su estrella, dicen los Magos. Jesús, ese niño que acaba de nacer, se nos manifiesta en este día como LUZ de todos los pueblos. Nace en un pueblecito de Jerusalén, pero su salvación se extiende a todas las naciones. Dios habla a todos los hombres por medio de los acontecimientos, y los encuentra allí mismo donde ellos buscan. Llama a los Magos por medio de una estrella. ¿Cómo nos habla hoy a nosotros?

♦ Momento de oración

La actitud orante que nos sugieren los textos de este día es la adoración y la alabanza. También la entrega generosa, como se manifiesta en los dos textos: trayendo incienso y mirra, dice Isaías: abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra, describe Mateo.

 

– Puedo hacer la oración ante la representación del Belén de la parroquia o de mi casa, y contemplar y revivir en mi interior esta escena de los magos de Oriente.

– Doy gracias y alabo a Dios Padre por la entrega de su Hijo, Luz de las naciones, luz de nuestra vida personal. Puedo escuchar, en mi interior, las palabras de Isaías: ¡Llega tu luz!, como si fuesen dichas para mí.

– ¿Qué me dice esta palabra hoy a mí?

– Los Magos se pusieron en camino para encontrar al Salvador. ¿Cómo me pongo yo en camino?

 

– Vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas lo adoraron. La adoración es un sentimiento de reconocimiento: Realmente tú eres el Hijo de Dios, Tú eres nuestro Salvador y nuestro Rey y Señor.

 

– Pido al Espíritu que despierte en mí estos sentimientos, quedo en silencio, en adoración…

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

El único que hace maravillas;

Bendito por siempre su nombre glorioso,

Que su gloria llene la tierra.

Amen. Alleluia.

 

 

 

 

 

 

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

(1 de enero)

♦ Texto para la oración

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.   La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también heredero por voluntad de Dios. (Gal 4, 4-7)

En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que les oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. (Lucas 2, 16-21)

 

♦ Comentario al texto

Los textos que nos ofrece hoy la liturgia nos ayudan, de nuevo, a centrar la mirada en el misterio de la encarnación. En primer lugar, el dato que nos ofrece Lucas en su evangelio: encontraron al Niño junto a María y a José, y cuando le vieron, reconocieron que aquel Niño, acostado en el pesebre, en medio de esa sencillez y pobreza, era realmente el salvador del mundo. Este encuentro les llenó de gozo y alegría y les motivó a contar aquello que habían vivido y experimentado.

Hoy la iglesia nos invita a contemplar y felicitar a María, la mujer que, con su entrega, hizo posible la encarnación: envió Dios a su Hijo, nacido de mujer. Esta mujer María, que recibe a los pastores, y en esta visita descubre, también ella, la profundidad de este misterio. La mujer contemplativa que va madurando en su corazón los acontecimientos; haciéndose, así, cada vez más receptiva a la voluntad de Dios.

 

♦ Momento de oración

Los textos de este domingo nos invitan a celebrar y contemplar a María, aclamándola como Madre de Dios. Un título con el que la Iglesia la ha proclamado desde los primeros siglos. ¿Cómo podemos orar ante este misterio?

 

– Pedimos a María su misma actitud contemplativa como nos muestra Lucas. Guardar y conservar en nuestro corazón esta palabra, meditándola, reflexionando sobre ella para descubrir esa voluntad de Dios, en mi propia vida.

– Lo que Dios habla a mi corazón no es sólo para mí, sino que, como los pastores, he de sentirme llamado o llamada a contarlo a otros, para que también crezca su fe y su alegría.

– María es la madre de Dios y, a su vez, se nos presenta, como la mujer de fe. Ella, que ha acogido la voluntad de Dios con una entrega total, mantiene su fe viva dando vueltas en su corazón los acontecimientos, para crecer, cada día más, en fidelidad y en confianza.

 

– En este momento de oración personal doy gracias a María por su fe y por su entrega, y al mismo tiempo que le pido una fe creciente, puedo ir repitiendo las palabras del ave maría: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… Ruega por tu iglesia, ruega por nuestras familias, ruega por cada uno de nosotros… enséñanos a orar, enséñanos a contemplar el misterio de Dios, danos fortaleza para vivir nuestra vida según la voluntad de Dios.

Te doy gracias María por tu sí.

 

 

 

 

 

 

NAVIDAD. MISA DE MEDIANOCHE

(25 de diciembre)

♦ Texto para la oración

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos dado… y es su nombre Maravilla de Consejero, Dios Padre, Príncipe de la Paz. (Isaías 9, 1.3)

…Le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: ‘No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre’…  (Lucas 2, 1-14)

 

♦ Comentario al texto

Las lecturas de los textos de la noche de Navidad nos invitan a abrir nuestro corazón a la esperanza, una esperanza que tiene su apoyo en los signos de un presente que, cada año, se nos anuncian a los cristianos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. El signo de la luz que procede de Dios y que nos viene de Dios, ese Dios que se ha hecho niño en las entrañas de una mujer: Dios en persona viene a salvarnos, dirá en otro lugar.

Un niño nos ha nacido, él será Luz de las naciones, Sabiduría admirable, Príncipe de la paz, Mesías, Salvador. El Señor.

Ese Dios, que ya está en medio de nosotros, trae consigo toda la alegría del Reino, toda la certeza de que Dios viene a darse en persona. Esa es la seguridad de nuestra esperanza. Esa es la razón de la alegría de todo el pueblo.

♦ Momento de oración

Si puedo, me sitúo, para orar, ante alguna representación del misterio de Belén. Allí, en adoración, como los pastores, releo, cuantas veces crea necesario el texto. Esa palabra que nos acaba de regalar el profeta Isaías y el evangelista Lucas.

 

– Voy descubriendo los signos de esa presencia de Dios: en ese niño del pesebre, luz para todos los pueblos, esperando a cualquiera que busque acercarse a él

– Reconozco en mi interior, Dios en persona viene… Dios en persona entra en la historia, en nuestra historia, en mi historia personal. Se hace cercano, Consejero, Mesías, Salvador. Voy nombrando esos títulos queriendo entender la profundidad de su significado para mí, para este pueblo, Iglesia de Jesús.

– Contemplo, con mis ojos, los personajes que forman parte de esta historia: María que “le envuelve en pañales y le recuesta en un pesebre”. Los pastores, los primeros en recibir el gozo de esta noticia. El ángel, mensajero de Dios. Y en el centro de la escena ese niño, al que puedo mirar con mis ojos, tocar con mis manos. Ese niño que encierra el misterio de Dios.

–  Contemplo también la sencillez que envuelve este gran acontecimiento, comienzo de una historia nueva y distinta.

– Pido al Señor la fe de María, su entrega al proyecto de Dios. La fidelidad de José. La simplicidad de los pastores y su prontitud para ponerse en camino ante el anuncio del ángel. La capacidad del mensajero de Dios para transmitir la buena noticia, portadora de alegría y de luz.

– Puedo terminar orando con el salmista: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor. Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

 

 

 

 

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

(18 de diciembre)

♦ Texto para la oración:

-En aquellos días, el Señor habló a Acaz: ‘Pide una señal al Señor, tu Dios… El Señor, por su cuenta, os dará una señal: mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros. (Is 7, 10-14)

-Este Evangelio, prometido ya por sus profetas…se refiere a su Hijo, nacido según la carne, de la estirpe de David; constituido según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.  (Rom 1, 1-7)

-El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. Su esposo José, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas tomó esta resolución, se le apareció en sueños el ángel del Señor, que le dijo:

José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: ‘Mirad la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios-con-nosotros. (Mt 1, 18-24)

♦ Comentario para la oración:

Estamos ya muy cerca de la Navidad y este día la liturgia nos pone a nuestra consideración el misterio de la concepción del Mesías. Es la escena más bella, inmediatamente antes del nacimiento de Jesús. El encuentro de dos fidelidades: María, que habiendo escuchado el mensaje de parte de Dios ha dado su consentimiento para ser madre del Emmanuel y José que, superando todo temor, responde al proyecto de Dios.  Jesús, el Mesías, va a entrar en la historia por la puerta de este doble consentimiento, cumpliéndose así lo que había dicho el Señor por el profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel.

Ya se anuncia el gozo de la Navidad, en la alegría de una mujer que espera un hijo; un gozo que irá creciendo hasta alcanzar en la noche de Belén su máxima intensidad: ¡Gloria a Dios en al cielo y paz en la tierra!

♦ Momento de oración:

– En estos días se concentra la esperanza y el gozo de una venida esperada y ya vivida. Celebramos un acontecimiento histórico, un acontecimiento de salvación. Enciendo ya la cuarta vela del Adviento.

– En silencio me acerco a la escena que nos presenta el evangelista: así nació Jesús… Es el comienzo de la nueva era anunciada por Isaías, es el triunfo de la fidelidad y del amor.

– Cada uno de nosotros estamos también llamados a entrar en este plan de Dios, llevar la salvación a todos los hombres y mujeres.

– Contemplo a María y a José y le pido al Señor envíe su Palabra a mi corazón para que yo descubra su voluntad sobre mí. Que triunfen también en mi vida la fidelidad y el amor por encima de las dudas y temores.

– Quizá sentimos que Dios, que Jesús de Nazaret, el Mesías, rompe muchas veces nuestros esquemas, nuestras rutinas, nuestros modos de pensar y de hacer. María y José también vivieron esa experiencia. También María pregunta ¿cómo va a ser esto?, pero la fidelidad y el amor son más fuertes.

– Termino la oración recitando el salmo 23

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

El orbe, y todos sus habitantes;

Él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto santo?

El hombre de manos inocentes y puro corazón.

Ese recibirá la bendición del Señor,

Le hará justicia el Dios de salvación.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas

va a entrar el rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la Gloria?

El Señor… él es el Rey de la gloria.

 

 

 

 

 

 

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

(11 de diciembre)

 

♦ Texto para la oración:

-El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Sed fuertes, no temáis, vuestro Dios viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará…traerá gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. (Is 35, 1-10)

-Tened paciencia hermanos hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. (Sant 5, 7-10)

-En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: ‘¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio… (Mt 11, 2-11)

 

♦ Comentario para la oración:

De nuevo este domingo el profeta Isaías nos sorprende con una profecía llena de simbología y belleza. Toda la creación estalla de júbilo ante la venida y la manifestación del Señor. Y en el centro de la creación el ser humano que recibe a este Dios, que viene en persona, hecho carne de nuestra carne, ese Dios que se hace cercano y amigo para dar luz a nuestros ojos, despertar nuestros oídos y llenarnos de gozo y alegría, traerá gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

 

Y Mateo pone en boca de Jesús esta profecía hecha realidad: Id a anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandaliza de mí! Jesús toma los criterios anunciados por los profetas para la identificación del Mesías. Eso que vosotros ahora estáis viendo y oyendo.

 

♦ Momento de oración:

-Una nueva semana marca nuestra espera. Busco un lugar para orar tranquilamente teniendo entre manos la Palabra de este domingo. Enciendo la tercera vela de Adviento

– En silencio y en presencia de este Dios que se hace cercano y amigo leo una y otra vez los textos que la liturgia nos regala, y me uno al gozo y alegría de toda la creación: el Señor está cerca, yo veré su manifestación.

– Hoy la Iglesia y yo, como parte de ella, estoy llamado a continuar la tarea comenzada por Jesús: llevar la luz a los ciegos, abrir los oídos de los sordos y anunciar el evangelio a los pobres.

– Anunciad lo que estáis viendo y oyendo: La gloria de nuestro Dios, la belleza de nuestro Dios… Dios viene en persona… pena y aflicción se alejarán.

 

– ¿Cómo me preparó yo en este tiempo de espera para tomar parte, como discípulo, en la misión de Jesús, el Mesías? Como Jesús, estando cercano a las necesidades de la gente que conviven conmigo. Siendo sensible al dolor, a la soledad, a la falta de sentido. Mi presencia y mi palabra pueden así devolver la luz a los ojos ciegos y devolver el sentido de la vida a los que han perdido la esperanza.

 

– Jesús promete la felicidad a los que no se escandalizan de él. Pues llega despojado de todo triunfalismo y poder.

 

-Termino la oración recitando el salmo 5

Ven Señor a salvarnos

Yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa,

me postraré ante tu templo santo, con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,

porque tengo enemigos, alláname tu camino.

Porque tú, Señor, bendices al justo,

y como un escudo lo cubre tu favor.

 

 

 

 

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

(4 de diciembre)

♦ Texto para la oración:

– “Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados”. (Isaías 11, 1-10)

– “Acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios… por otra parte acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia”. (Rom 15, 4-9))

– “Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: ‘Convertíos porque está cerca el reino de los cielos… Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. (Mat 3, 1-12)

 

♦ Comentario para la oración:

Isaías describe, en este bello poema, los rasgos del Mesías, del que anuncia ya su llegada inminente. Su juicio será justo y recto.  El ser humano necesita escuchar en estos momentos el valor de un juicio hecho desde la verdad y la rectitud, que no se deja llevar de las apariencias ni de los engaños. Sólo así es posible la paz y la felicidad verdadera. Paz entre las gentes, paz entre las personas y los pueblos, paz entre el hombre y la naturaleza, paz que nos llega del reconocimiento de Dios como Dios.

Pablo en su carta describe al Mesías, rostro de Dios, expresando con sus actitudes lo que anunció Isaías. Se hizo todo para todos: servidor de los judíos… acoge a los gentiles; manifestando así el rostrod misericordioso de Dios. Porque para Dios no hay judío ni gentil, ni distinción de color, ni de sexo, ni de clase. Dios en Jesús se ha hecho el hombre-para-los-demás.

En el evangelio leemos la llamada del Bautista a la conversión: el reino de Dios está cerca. Está ya dentro de cada uno, dentro de mí. Tengo que hacerme consciente de ello y quitar, allanar, los obstáculos que me impidan reconocerlo, sentirlo, descubrirlo.

 

♦ Momento de oración:

– Comienzo, como decíamos la semana pasada, buscando el lugar más apropiado para este momento de oración. Enciendo la segunda vela del Adviento…

– Hago silencio… me hago consciente de cómo estoy en este momento que me preparo para el encuentro… acojo todo lo que traigo, todo lo que soy. Me pongo ante Dios con toda mi verdad. Señor tú me conoces, dame la gracia de conocerte para amarte más tiernamente y seguirte más fielmente.

– Pongo la mirada en el Mesías, como lo anuncia Isaías: Lleno del espíritu del Señor… No juzgará por apariencia… Me dejo interpelar por él: ¿cómo son mis juicios?

– Sigo leyendo el texto de Pablo que me invita: acogeos mutuamente. ¿Con quién me relaciono yo? ¿Estoy dispuesto a acoger sin distinción de clase social, de manera de pensar, de raza, de cultura…?

– Le pido a Jesús que me transforme por dentro, que me vaya configurando con su modo de ser y actuar…

– Renuevo mi deseo de preparar el camino al Señor, de allanar todo aquello que sea dificultad para acoger su venida.

– Termino la oración pidiendo la fuerza del espíritu del Señor: que el mismo espíritu que invadió al Mesías-Jesús, venga a mí y derrame su sabiduría, su prudencia, su valentía… su amor.

– Recojo la experiencia de este encuentro orante: ¿qué sentimiento me aflora después de este momento de oración…? ¿qué deseos me ha suscitado…? ¿qué estoy dispuesto a hacer…?

 

Termino dando gracias por este tiempo de oración mientras recito serenamente las palabras del salmo 71:

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas.

Bendito por siempre su nombre glorioso,

que su gloria llene la tierra.

Que él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

 

 

 

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

(27 de noviembre)

♦ Texto para la oración:

– Visión de Isaías, acerca de Judá y de Jerusalén. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor…él nos instruirá en sus caminos… será el árbitro de las naciones, el juez de pueblo numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor (Isaías 2, 1-5)

– Ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.  Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. (Rom 13, 11-14).

– Dijo Jesús a sus discípulos… estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor… Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre. (Mt 24, 37-44)

 

♦ Comentario para la oración:

Con la celebración de este domingo comenzamos el Adviento. Adviento es tiempo de espera. El Adviento, en el Antiguo Testamento, fue la larga espera del pueblo para la venida del Mesías que anuncia Isaías en el texto que acabamos de leer. También San Pablo nos habla de la cercanía de la salvación, porque el Señor está ya en medio de nosotros. Jesús en el evangelio hace referencia a la venida definitiva del Señor. Esta es nuestra espera, este es nuestro Adviento.

¿Cuáles son las actitudes de la espera, del Adviento? Los distintos textos nos van señalando: Caminemos a la luz del Señor, dice Isaías; pertrechémonos con las armas de la luz, subraya Pablo. Estad en vela, estad preparados.

Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico. Tiempo de puesta a punto, de reorientación, una vez más, de nuestra vida hacia lo que de verdad le da significado: Jesús. Las lecturas nos invitan a esta renovación: un cambio de mentalidad, el paso de las tinieblas a la luz. Las tinieblas representan la ambición, el egoísmo, el poder, la envidia; por su parte la luz representa todo lo que dignifica a la persona: el trabajo honrado, la preocupación por los demás, la comprensión, la búsqueda de la paz y de la felicidad. Esa transformación la expresa Isaías de manera muy gráfica: de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. Es decir, los instrumentos de destrucción se transformarán en herramientas que construyen. De esa manera la persona puede caminar sin esconderse, a pleno día, con dignidad.

 

♦ Momento de oración:

– El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza. En este tiempo de oración me preparo para recibir al que está siempre entre nosotros. En silencio, espero. Puedo encender una vela, la primera vela del Adviento.

– Miro a mi interior y confieso: Dios está presente, presente en mi corazón, él guía mi vida, él me invita a este momento de encuentro, de amistad con él.

– Pido al Señor que él me acompañe y me enseñe a orar.

– Leo, de nuevo, la Palabra de Dios que me regala la liturgia de este domingo. Intento descubrir y entender que Dios me habla a través de esta lectura. ¿Qué me dice para mi vida personal? ¿En qué dirección ha de ir mi renovación?

– En silencio voy recordando el texto… lo que más haya tocado a mi vida y a mi sensibilidad… Dejo que el silencio se vaya transformando en oración y expreso al Señor mi deseo de crecer en ese camino que él me señala, para vivir una vida más digna cada vez, para poder caminar como en pleno día, para que mis obras manifiesten la luz de una vida cristiana, en espera de la venida del Señor. Que todo se transforme en mí en instrumento que construye, caminando a pleno día, con dignidad.

– Termino la oración dando gracias por este encuentro de amistad, de cercanía, diciendo: Ven, Señor Jesús y enséñame a caminar a la luz del Señor, con dignidad, ven y transforma mi vida. Ven, Señor.

– Recojo la experiencia de este encuentro con el Señor mientras recito serenamente el salmo 121:

Qué alegría cuando me dijeron:

Vamos a la casa del Señor.

Ya están pisando nuestros pies

Tus umbrales, Jerusalén.

 

(Jerusalén simboliza la meta de nuestra peregrinación hacia la casa del Señor)

 

 

 

 

 

 

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

(20 de noviembre)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: ‘A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido’. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: ‘Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo’. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ‘Este es el rey de los judíos’. Uno de los malhechores crucificado le insultaba diciendo: ‘¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro le increpaba: ‘¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha faltado en nada’. Y decía: ‘Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’. Jesús le respondió: ‘Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso’ (Lucas 23, 35-43)

 

♦ Comentario al texto

Con la celebración de este domingo, festividad de Jesucristo rey del universo, terminamos el tiempo ordinario, se cierra el año litúrgico. Es momento de recapitular a la luz de este texto en el que Lucas nos acerca a la escena de la cruz. Éste es el rey de los judíos queda escrito en el letrero sobre la cruz. Así queda acreditado ante todos: Jesús es el rey de la salvación. En la segunda parte del texto Lucas nos ofrece el diálogo entre Jesús y el llamado buen ladrón: Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Y Jesús le responde: te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso. Así, en este diálogo aparece, con toda claridad, cómo el destino humano trasciende la muerte y culmina en la vida eterna, que el buen ladrón llama “reino” y Jesús define como “paraíso”. Lugar de amor, misericordia y perdón, ese es el sentido que le da Jesús. Hoy estarás, el “hoy” de la promesa de Jesús es un presente con fuerza de futuro. En compañía de Jesús para siempre. Jesús perdona y salva, este ha sido su modo de hacer en vida, y ahora, en este momento final, salva de la muerte definitiva a un “malhechor” que reconoce ante él su pecado y le pide su perdón.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Durante esta semana, con el sentido de la liturgia que cierra el ciclo anual, puedo dedicar mis momentos de oración a recapitular, ante este Jesús crucificado y salvador, lo que ha sido mi vida. Como el buen ladrón yo también suplico: Jesús acuérdate de mí…

Puedo situarme ante la escena que nos dibuja el evangelista:

-Voy recorriendo los personajes:

Los soldados, insensibles ante el crucificado, son incapaces de reconocer al hombre que tienen delante: Este es el rey de los judíos

La figura de Cristo en la cruz, despojado de todo, es la imagen de la descalificación y la burla por parte de algunos. Pero fundamentalmente es la imagen de la misericordia y el perdón: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Los dos malhechores, dos modos de enfrentarse a la muerte, dos diálogos contrapuestos ante Jesús…

Y yo que contemplo la escena, ¿dónde me sitúo?

Dejo pasar mi vida ante el crucificado, ¿cómo actúo yo? ¿Soy insensible a las situaciones de las personas? ¿Cuáles son mis diálogos con Jesús, autosuficiencia o reconocimiento de mi verdad?

Me quedo en silencio… que la Palabra y la imagen vayan entrando en mi corazón. Puedo repetir una y otra vez, despacio: acuérdate de mí

 

Termino la oración contemplando el misterio de Cristo crucificado: Silencio, contemplación, simple mirada:

 

Ante la Cruz, mi Señor, ya no me quedan más palabras

Ante la Cruz, sólo el silencio y la mirada.

Ante la Cruz, espero ya la madrugada.

 

¡Jesús, acuérdate de mí!

 

 

 

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(Clausura del Año de la Misericordia, 13 de noviembre)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: ‘Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido’. Ellos le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo va a ser eso?’, y ¿cuál va a ser la señal de que todo eso está para suceder?’. Él contestó: ‘Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’, o bien ‘el momento está cerca’; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida’. Luego les dijo: ‘Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemia y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a la sinagoga y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Así tendréis ocasión da dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’ (Lucas 21, 5-19)

 

♦ Comentario al texto

Este fragmento del evangelio de Lucas, en su primera parte, hace referencia a dos acontecimientos: la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, anunciados por Jesús que, cuando Lucas lo describe en su evangelio, ya ha acontecido. Y señala que este fue el motivo principal de su condena a muerte. ¿Qué es lo que quiere decir Jesús? Que el lugar del encuentro con Dios ya no va a ser un edificio de piedra, sino la humanidad glorificada del Resucitado. Cuando escuchan este anuncio la gente le pregunta ¿Cuándo va a ocurrir esto? Pero Jesús les quiere hacer entender que lo más importante no es el cuándo, sino el adoptar una actitud adecuada, es la ocasión de dar testimonio y de vivir en una espera activa, es decir el valor de la perseverancia.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Hago un espacio de silencio para acoger la Palabra que se ha proclamado el domingo y yo vuelvo leer en este momento de oración. Pido la luz del Espíritu para entender este lenguaje de Jesús.

¿Qué quiere comunicarme Jesús hoy en esta Palabra?

-Me invita Jesús a enfrentarme con lucidez y responsabilidad a una historia que será larga y difícil. Es el tiempo de dar testimonio con la propia vida, ante quienes viven inconscientes y al margen de los acontecimientos, que hoy, como ha anunciado Jesús entonces, son difíciles para muchos.

-Me invita también a vivir en la certeza de que la fuerza viene del Espíritu que pondrá en cada uno de nosotros palabras adecuadas, palabras y sabiduría.

-Me invita también a la resistencia, a la perseverancia. Siendo consciente de la situación y no siguiendo a falsos profetas: cuidado que nadie os engañe… no vayáis tras ellos.

Termino la oración diciendo:

Señor Jesús: Tu evangelio nos invita hoy

a la perseverancia en la construcción del reino.

El reino de la vida, de la verdad, de la justicia, de la libertad,

de la paz, del amor… siempre llama y hay que realizarlo.

Concédeme la certeza de que tú no nos abandonas

y el regalo de la perseverancia en tu seguimiento. AMEN

 

En el Año de la Misericordia

En este contexto jubilar (en la clausura de este año), cuánto bien nos hace repasar cómo el Señor, a lo largo de nuestra vida, se acercó y nos trató con misericordia. Y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios. (Y decirnos una y otra vez): Fui tratado con misericordia… En base a este sentir, Dios nos hace misioneros… y nos sigue enviando para que tratemos a nuestros hermanos de la misma forma con la que Él nos trata… La misericordia es una forma concreta de tocar la fragilidad, de vincularnos con los otros, de acercarnos entre nosotros.

(Papa Francisco. Clausura del Año Jubilar en Bogotá. Agosto 2016)

 

 

 

 

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(6 de noviembre)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella’.
Jesús les contestó: ‘En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jaco. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos’.  (Lucas 20, 27-38)

 

♦ Comentario al texto

El evangelista Lucas sitúa la escena: los saduceos se enfrentan a Jesús con una pregunta que en su trasfondo lleva la negación sobre la resurrección, en la que los saduceos no creían, como dice el texto. Con su pregunta capciosa, no solo buscan desacreditar a Jesús, sino que también intentan justificar una forma de vida distante a la que Jesús anuncia y testimonia. La respuesta que da Jesús pone de manifiesto su certeza: No es Dios de muertos, sino de vivos. Y esta ha sido la fe de Moisés, la misma de Abraham, de Isaac y de Jacob. El Dios por quien Jesús apuesta es el Dios vivo de la vida, que ama la vida y llama a la vida. En este mismo domingo, en la primera lectura del Libro de los Macabeos hemos leído: ¿Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará?. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Durante esta semana puedo centrar mi oración en un acto de fe, como proclamamos en el credo: Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Cada día de la semana cuando lea de nuevo esta Palabra, proclamada el domingo, vuelvo a hacer esta confesión pidiendo que mi vida exprese esto que confieso: la fe en la resurrección.

Voy meditando serenamente sobre el texto

-Nos invita el texto a unas relaciones nuevas y del todo diversas que ya deben comenzar aquí si verdaderamente queremos ser testigos de la resurrección, unas relaciones de amor que anticipan la felicidad que Jesús promete: son hijos de Dios… y no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.

En el nuevo modo de vida no habrá leyes de dominio, de dependencia de varón y mujer, porque las relaciones son de acogida total, como es la vida de Dios.

-Jesús está afirmando también que las relaciones entre los creyentes, ya hoy, han de generar vida, respeto e igualdad: felices aquellos que construyen ya, en su realidad humana, la realidad definitiva.

La vida es un movimiento de acceso a la plenitud que no conoce límites, que crece en la forma, que vive del Espíritu y no tiene fin.

Termino la oración con una súplica:

Tu vida, Jesús, es nuestro camino:

no hay miedo al Dios que nos ama siempre;

queremos, como tú, confiar y responder

a ese amor sin medida.

 

En el Año de la Misericordia

Nosotros, que hemos tenido la gracia de recibir esta Palabra de Vida, estamos llamados a ir, a salir de nuestros recintos y, con ardor en el corazón, llevar a todos la misericordia, la ternura, la amistad de Dios.

(Homilía Papa Francisco. 21 marzo 2015)

 

 

 

 

 

 

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(30 de octubre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: ‘Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: ‘Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’.
Jesús le contestó: ‘Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’.  (Lucas 19, 1-10)

 

♦ Comentario al texto

Al evangelista Lucas le conocemos como “el cantor de la misericordia divina” como dijo Dante. La escena de la liturgia de este domingo acontece en Jericó, camino de Jerusalén. El grupo de los que seguían a Jesús cada vez se hace más grande y Zaqueo, bajo de estatura, no alcanzaba a ver a Jesús. Es Jesús el que toma la iniciativa: Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Inmediatamente comienzan los recelos ante el gesto de Jesús porque ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Para Zaqueo, en cambio, ese encuentro marcará un cambio de rumbo en su vida: la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres. Algo ha contemplado Zaqueo en el profeta de Nazaret que le ha removido por dentro y expresa claramente ante Jesús su deseo de conversión que se traduce en gestos concretos: si de alguno me he aprovechado le restituiré cuatro veces más. Siguiendo el comportamiento de Zaqueo y acogiendo la salvación de Jesús como él hizo, yo hoy me siento llamado a actuar de manera honrada, a compensar cualquier injusticia cometida, a restituir con largueza, si en algo he pecado contra el hermano.

 

♦ Oración con el texto

> Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra, disponiendo mi corazón para volver a contemplar la escena, como si yo estuviese presente a ella: Yo soy Zaqueo, a quien Jesús visita en su casa.

> Pongo la mirada y el corazón en ese diálogo entre Jesús y Zaqueo: baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

-Jesús libera en primer lugar de toda soledad interior y busca un encuentro personal.

-Jesús pide después un cambio de vida, una conversión.

-Jesús ofrece la salvación, la liberación de la persona total.

> Contemplo la actitud y los gestos de Zaqueo… voy quedando en silencio, y dejo que la escena se grabe en mi corazón.

> Pido al Señor que hoy se aloje en mi casa, que transforme mi vida, que me ilumine y me haga ver el camino de mi propia conversión.

>Agradezco todas las veces que me he sentido visitado, perdonado, salvado, liberado.

> Termino la oración volviendo a leer el texto evangélico. Dejo después un espacio de silencio contemplativo. Dejo que la escena evangélica me envuelva, que me toque la cercanía de Jesús… y le digo: Señor Jesús, amigo de publicanos y pecadores. Tú eres la manifestación, el rostro visible del Padre misericordioso. Concédeme, Señor, el deseo de encontrarte que mostró Zaqueo. Concédeme el regalo de la conversión.

En el año de la Misericordia

Para ser capaces de misericordia debemos, en primer lugar, colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. El rostro de la misericordia, 13)

 

 

 

 

 

 

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(23 de octubre)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
‘¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. ’El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador’. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.  (Lucas 18, 9-14)

 

♦ Comentario al texto

Continuamos con la enseñanza del evangelista Lucas sobre la oración. De nuevo una parábola en la que, Jesús, presentando dos personajes antitéticos (como el domingo anterior), nos ofrece las claves de discernimiento para distinguir entre la falsa y la auténtica actitud orante. Os digo que éste salió justificado, dice Jesús refiriéndose al publicano. ¿Por qué? Porque se ha puesto delante de Dios tal como es, en toda su verdad, sin falsos fingimientos. Siente su realidad de pecado y suplica la compasión de Dios diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador’. Su breve oración, nace de una total confianza en la misericordia de Dios. El Papa Francisco repite tantas veces en sus homilías y en sus catequesis: Dios es misericordioso, Dios nos ama, a pesar de nuestro pecado, Dios nos ama siempre, nos espera siempre, Dios es misericordioso. La confesión de sus pecados y la solicitud de la misericordia divina justifica al publicano: Os digo que éste bajó a su casa justificado. En cambio, la actitud legalista de quien se considera justo es rechazada. Justo, verdaderamente justo ante Dios, no es el que cumple puntualmente las observancias, sino el que, fiándose de la misericordia divina, reconoce su propia limitación y confiesa sinceramente su pecado.

 

♦ Oración con el texto

> Comienzo la oración, suplicando la actitud orante del publicano y también su gesto de humildad. Busco, para este rato de oración, la postura que más me identifique con él. Repito en mi interior, una y otra vez, ¡Oh Dios, ten compasión de este pecador…!

> Puedo recordar las palabras de María, la madre de Jesús, en el magníficat: “ha mirado la humildad de su sierva” …y me quedo en silencio pidiendo al Espíritu que me enseñe a orar con la oración del pobre, del que se siente necesitado de perdón.

> Tomo las palabras del salmo de este domingo: Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo salva de sus angustias.

> Pido a Jesús, maestro de oración, entender su palabra: Os digo que éste bajó a su casa justificado.

-Desde esta certeza dejo que surja en mí el amor agradecido a la vida, a las cosas, a las personas. Este amor me hace hijo, me” justifica”. Dios es amor, el que permanece en el amor, en Dios permanece y Dios en él.

> Doy gracias al Señor, por este encuentro, por el encuentro con su grandeza y con mi pobreza. Porque tú eres mi Dios que me amas siempre, me esperas siempre, me perdonas siempre.

 

En el año de la misericordia

El Señor no se cansa nunca de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón -todos tenemos necesidad de Él-, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, purificado por las lágrimas, para compartir su alegría. (Papa Francisco. Homilía, febrero 2015)

 

 

 

 

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(16 de octubre)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: ‘Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
‘Hazme justicia frente a mi adversario’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ’Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara’ Y el Señor añadió: ‘Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? (Lucas 18, 1-8)

 

♦ Comentario al texto

Al comienzo del evangelio, Lucas nos da la razón de esta parábola: explicar a sus discípulos cómo tenían que orar… La gente a la que se dirige Lucas proviene del paganismo y no tiene costumbre de relacionarse con los dioses, por eso le interesa al evangelista formarles en el significado y en el modo de esta relación. En la parábola que acabamos de leer Jesús hace un subrayado, la constancia en la oración: orar siempre sin desanimarse. Junto a esto Jesús, en la parábola nos presenta dos personajes antagónicos: el juez, símbolo del poder y la autoridad; y la viuda símbolo de la indefensión. Una contraposición entre la prepotencia pasiva: aunque ni temo a Dios, ni me importan los hombres; y la impotencia activa que suplica justicia. A partir de esa parábola Jesús saca unas conclusiones: Si así actúa el juez injusto, ¿no hará (Dios) justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?… les hará justicia sin tardar. Jesús nos hace dirigir la mirada al Padre, hacia su bondad, y nos invita a relacionarnos con Él con confianza. Y se dirige también a nosotros cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Así nos hace caer en la cuenta de que la fe se alimenta de la oración, de esa oración constante, confiada, sin desanimarse.

 

♦ Oración con el texto

  • Comienzo la oración, buscando el lugar adecuado para este

encuentro con Jesús que nos lleva a Dios Padre. Hago un momento de silencio y voy dejando que las palabras entren en mi corazón, como entra el aire que respiro. La Palabra que me alimenta y da vida. Considero en primer lugar que Jesús se me acerca para explicarme a mí cómo tengo que orar. Acojo esta palabra como venida del Maestro.

  • Pido: Jesús enséñame a orar, a orar siempre con confianza, con

la certeza de que Dios-Padre me escucha. Fortalece, Señor mi fe… dame constancia y perseverancia…

  • Examino mi oración, en presencia de Jesús, el Maestro:

¿Cómo es mi oración ante el Señor?

  • Contemplo la actitud de la viuda. Si ella, en su indefensión, se

dirige así al juez, cómo yo no voy a ponerme ante ese Dios bueno y misericordioso para suplicarle ayuda.

  • Suplico la gracia de que mi oración sea comprometida, que mi

oración sea como la oración de la viuda Fortalece, Señor mi fe, fortalece mi debilidad, dame constancia y perseverancia en la oración.

 

En el Año de la Misericordia

Cuando está Dios en nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo. Entonces nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios. (Papa Francisco. 25 de julio de 2013)

 

 

 

 

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(9 de octubre)

 

♦ Texto para la oración

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: ‘Jesús, maestro, ten compasión de nosotros’. Al verlos, les dijo: ‘Id a presentaros a los sacerdotes’. Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ‘¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?’. Y le dijo: ‘Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. (Lucas 17, 11-19)

 

♦ Comentario al texto

El texto de Lucas que hemos leído este domingo lo encontramos solo en este evangelista. Sólo Lucas nos narra este episodio en el que están implicados diez leprosos. Se trata de un milagro comunitario. Y lo que Lucas quiere resaltar es el comportamiento tan diferente de unos y de otros. Los leprosos, en aquella sociedad, vivían aislados de su familia y del pueblo y muchas veces eran considerados como pecadores públicos. Es importante caer en la cuenta de todo el desarrollo de la escena: Jesús, movido a compasión, cura a esos diez leprosos, pero además se preocupa de su inserción en la sociedad, por ello les dice que se presenten a los sacerdotes para que certifiquen esta curación: Id a presentaros a los sacerdotes. ¿Cuál es el comportamiento de los diez que han sido curados? Sólo uno se vuelve agradecido: se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Lucas resalta que se trataba de un hombre extranjero, que recibe de Jesús la salvación plena como se recoge en sus palabras: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. No basta con buscar la ayuda de quien creemos que puede dárnosla, es necesario el reconocimiento y el agradecimiento de algo que se ha recibido gratuitamente.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración, una vez que he leído, pausadamente, la Palabra y su comentario, hago silencio en mi corazón, para que la Palabra que acabo de leer, y que he escuchado, en la proclamación solemne de este domingo, sea acogida en mi corazón y transformada en actitud de vida.

-¿Qué me enseña el evangelio de este domingo? Me enseña una actitud básica humana y cristiana, me enseña a ser agradecido.

– Caigo en la cuenta de la actitud y los gestos del samaritano, el extranjero:

* Se volvió alabando a Dios: reconoce de dónde le ha venido la gracia.

* Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias: Con ese gesto reconoce a Jesús como Dios y agradece el regalo recibido.

-Escucho, de nuevo las palabras de Jesús, como si en este momento me las dijese a mí: ‘Levántate, vete; tu fe te ha salvado’

Cuando Jesús me dirige esta Palabra siento que me ha hecho un hombre, una mujer nueva. Me libera por dentro y por fuera, me limpia de mis lepras, de mis aislamientos. Me habla de compasión y perdón.

-Hago silencio y contemplo: la compasión de Jesús y la fe del samaritano.

-Pido el regalo de escuchar, en mi corazón, esas palabras de Jesús que fortalecen y dan vida: Levántate… tu fe te ha salvado. Doy gracias…

En el Año de la Misericordia

Dejaos curar por Jesús. Cada uno sabe dónde tiene la herida… Pero, para esto, tengo que abrir el corazón, para que él venga. Deja que Jesús te cure.

Ante el amor, ante la misericordia, ante la gracia divina derramada en nuestro corazón, la consecuencia que se impone es solo una, la gratitud.

Homilía Papa Francisco. Febrero 2015

 

 

 

 

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 de octubre)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: ‘Auméntanos la fe’.  El Señor contestó: ‘Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ‘En seguida, ven y ponte a la mesa’? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú’? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: ‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. (Lucas 17, 5-10)

 

♦ Comentario al texto

Nos damos cuenta que en este itinerario que narra Lucas de la subida de Jesús a Jerusalén la principal tarea del Maestro es la de enseñar. Jesús lleva a cabo, para los discípulos y para toda la comunidad cristiana, un itinerario de aprendizaje. El texto proclamado este domingo se introduce con una petición de los apóstoles: auméntanos la fe. Cuando los apóstoles han comenzado a ejercer su misión de anunciar el reino han experimentado su impotencia, de ahí esa súplica: auméntanos la fe. Y Jesús les responde: si tuvierais fe como un grano de mostaza… La fe es un don de Dios que lleva al creyente más allá de sus límites y le hace audaz para soñar nuevas metas, para ser entusiasta en la acción y resistente en las dificultades. Y basta, según Jesús, con una fe minúscula, como un grano de mostaza. La fe es semilla insignificante que se va desarrollando lentamente y de la que surgirán grandes frutos de misericordia, esperanza, bondad, gratuidad. Jesús les asegura que con la fuerza de la fe es posible todo, pero también les dice que después de actuar, de haber hecho todo lo mandado, de haber servido al evangelio, entonces debemos decir: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

 

♦ Oración con el texto

►Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra y su comentario, poniéndome como los discípulos ante Jesús con esa misma súplica: Señor aumenta mi fe. Intento descubrir y poner palabra a mis vacilaciones, a mis dudas, a mi impotencia…

– Me puedo preguntar por mi confianza, ¿dónde pongo mi seguridad en mi actuación, en mi oración, en mi vida? Es decir, ¿en mi misión?

– Me puedo preguntar por mi acogida y mi apertura al regalo que Dios me hace. ¿Mi corazón está abierto a la gratuidad, o peso y mido todo como si de eso dependiese el fruto?

– ¿En quién y en qué pongo yo mi confianza?

– Pido la fuerza para situarme con una nueva actitud y trabajar como si todo dependiera de mí, y confiar, al mismo tiempo, sabiendo que todo depende de Dios.

►Contemplo, en oración, la fe de Jesús:

Fijos los ojos en ti Jesús contemplo tus palabras desde tu infancia: ¿no sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?

Al comenzar la vida pública, acoges la misión que te ha sido encomendada y proclamas: El Espíritu del Señor está sobre mí… y me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres.

En tu oración al Padre, con palabras y obras expresaste la fe que movía tu vida: Pensad que vuestro Padre sabe lo que necesitáis; vosotros orad así: Padre nuestro…

Por fin, en el momento de tu muerte, entregas tu vida por la salvación de todos: En tus manos, Señor, entrego mi espíritu.

En el Año de la Misericordia

Para ser capaces de misericordia, entonces, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. MV 13)

 

 

 

 

 

 

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  • 25 de septiembre)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: ‘Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. Pero Abrahán le contestó: Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros. El rico insistió: Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. El rico contestó: No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’ (Lucas 16, 19-31)

 

♦ Comentario al texto

Seguimos con la lectura del evangelio de Lucas que continúa en la misma línea: poner en evidencia a dónde conduce el uso egoísta de la riqueza y la ofuscación a la que conduce. El rico no ha sabido escuchar más que a su lujo y a su estómago. Nos presenta a las dos figuras en dos niveles distintos: arriba y abajo. Lo de abajo es invisible para los de arriba. La parábola advierte cómo la riqueza produce ceguera y hace insensible e impide ver a las personas y entender las escrituras. Es esta una imagen de nuestro mundo, con una pequeña parte que nada en la abundancia ajena a todo lo que pasa a su alrededor y una masa de personas hundidas en la miseria e ignoradas de casi todos. Puedo caer en cuenta de la actualidad que tiene esta Palabra que nos regala el evangelista Lucas.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración haciéndome presente a la escena, situado entre estos dos personajes que nos ofrecen dos escenarios distintos y contrapuestos a lo largo de toda la lectura.

Pido la comprensión de la Palabra y saber actuar a la luz de ella. Presento al Señor mis deseos de saber mirar la realidad desde abajo, no estar ciego y sordo a lo que pasa en mi entorno.

-El Evangelio me fuerza a reconocer el problema más serio que tiene planteado nuestro mundo: el abismo entre riqueza y pobreza. La pobreza no es algo indeterminado; el pobre tiene nombre, es visible para quien no quiera cerrar los ojos. ¿Qué situaciones conozco yo? ¿Cuántos hombres y mujeres como Lázaro se cruzan en mi vida? ¿Qué actitud tomo? ¿Soy capaz de abrir los ojos y mirar al pobre concreto, de intentar responder a su llamada?

-La Palabra de Dios, la ley y los profetas nos señalan constantemente el lugar donde se juega la existencia: el otro, el hermano, el pobre.

-¿Mi corazón está abierto a esta revelación o lo tengo embotado por los propios intereses?

-¿Escucho el lamento de tantos hermanos que esperan compasión? ¿Qué parte de lo que tengo (tiempo, cualidades, medios…) dedico a los que me solicitan ayuda?

Termino este encuentro con Jesús sintiendo la fuerza que tiene la oración del Padre nuestro.

Padre nuestro, Padre de todos,

abre nuestros oídos y nuestro corazón

al grito del que sufre la pobreza y la miseria.

Que yo cumpla tu voluntad del amor sin fronteras.

Y danos tu pan, nuestro pan, el pan de todos

para que podamos celebrar juntos el banquete del Reino. AMEN

En el Año de la Misericordia

Caminemos en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor para nuestros hermanos, especialmente para los más débiles y los más pobres, construyamos para Dios un templo en nuestra vida. (Papa Francisco. Ángelus, 8 de marzo de 2015)

 

 

 

 

 

 

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(18 de septiembre)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes. Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ‘ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.”  (Lucas 16, 1-13)

 

♦ Comentario al texto

La lectura nos presenta una parábola, provocativa, con la que Jesús quiere mostrar a sus discípulos la sagacidad de quienes saben percibir la urgencia del momento y su capacidad de reaccionar mientras se está a tiempo. Se complementa esta narración con una serie de consejos en torno al dinero que culminan en una afirmación: No podéis servir a Dios y al dinero. No se pueden tener dos amos. Sólo la realidad de Dios-Padre como absoluto libera de los ídolos. Si miramos la realidad con ojos evangélicos nos damos cuenta de la fuerza de esta afirmación. Corrupciones, fraudes, sobornos, malversación de fondos… todo ello viene de haber hecho del dinero un dios.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. Y comienzo con esta oración: Día tras día, mi Señor, te voy a pedir tres cosas: Verte más claramente, amarte más tiernamente y seguirte más fielmente. Día tras día, día tras día, mi Señor. Ver, amar y seguir al que es Señor de todas las cosas.

No se puede servir a Dios y al dinero…

-A la luz de la Palabra miro la realidad que me rodea: se puede pensar que somos dueños de nuestro dinero y no reconocer que es el dinero quien nos posee. Tarde o temprano el dinero se erige en dueño y señor absoluto al que hay que servir. Las injusticias y desigualdades, las corrupciones de nuestra época, son el exponente más cruel de esta idolatría.

-A la luz de la Palabra me miro a mí mismo y me pregunto ¿Me siento interpelado por el mensaje de Jesús?

-A la luz de la Palabra me preguntó: ¿Señor, yo qué tengo que hacer?

Termino este encuentro con Jesús orando:

Señor, Jesús, hoy nos dices unas palabras duras de entender:

No podéis servir a Dios y al dinero.

Yo puedo traducirlo así para mi vida:

No puedo servir al amor y al egoísmo,

No puedo servir a la fraternidad y al individualismo

No puedo servir a la justicia y a la acumulación de bienes,

No puedo servir a la libertad y a la esclavitud,

No puedo servir a la verdad y a la hipocresía,

No puedo ponerme al servicio de dos amos.

Dame luz, Señor, para saber a quién verdaderamente sirvo.

 

En el Año de la Misericordia

Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud. (Papa Francisco. Homilia. 1 enero 2015)

 

 

 

 

 

 

 

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(11 de septiembre)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: ‘Ése acoge a los pecadores y come con ellos’. Jesús les dijo esta parábola: ‘Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.  (Lucas 15, 1-32)

 

♦ Comentario al texto

El capítulo 15 del evangelista Lucas está atravesado por una serie de parábolas en las que Jesús quiere hacer evidente la Misericordia del Padre. Tanto estas dos, como la del hijo pródigo ya comentada en otro momento, son una fuerte llamada a la alegría, al gozo cristiano de la salvación. Es una alegría generada por el encuentro, y, muy importante, se trata de una alegría compartida. Jesús nos quiere hacer entender el amor y la misericordia del Padre. Jesús cuenta estas parábolas en un contexto concreto, cuando los escribas y los fariseos murmuraban diciendo: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Podemos recordar aquí las palabras del papa Francisco tantas veces repetidas: Dios es misericordioso: perdona siempre, siempre espera. Así se manifiesta la misericordia del Padre, en el perdón. Por eso “en el cielo, hay más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no sienten necesidad de conversión”.

 

♦ Oración con el texto

*Comienzo la oración de esta semana poniéndome a los pies de Jesús para escuchar su Palabra. Suplico al Espíritu oír estas parábolas, narradas por Jesús, como si las oyese por primera vez. Que El Espíritu me conceda descubrir la novedad que trae Jesús al pronunciar estas parábolas. Me pongo como discípulo a los pies de su maestro.

*Presento al Señor mis deseos de conversión de sentir el gozo y la alegría del perdón, de la misericordia, del amor de Dios. ¡Señor, tú eres un Dios de misericordia y amor! ¡Eres un Dios de perdón!

-Me pregunto dónde me sitúo yo: ¿Soy como los fariseos que me escandalizo porque Jesús acoge a los pecadores y come con ellos…? ¿me escandalizo cuando un hermano mío, cristiano, se acerca a los que están necesitados de perdón?; ¿juzgo a quienes se preocupan por aquellos a los que yo llamo pecadores, que no piensan como yo?

– Jesús dice: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.

*Termino orando:

Dios nuestro, Padre-Madre de todos:

Tú acoges a los pecadores y comes con ellos y, sin condiciones, amas y perdonas;

de antemano abrazas sin pedir nada a cambio.

Tú, Jesús, no rechazas a nadie;

no has venido para condenar al mundo sino para salvarlo.

Alégranos, hoy, Jesús, con tu perdón desmesurado, infinito.

Ayúdanos a crecer en perdón y generosidad;

abre las puertas y los brazos de la Iglesia

para que sea generosa en perdonar. AMEN

 

En el Año de la Misericordia

Hoy se necesitan personas que sean testigos da la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude a los resignados, reanima a los desanimados. El enciende el fuego de la esperanza. (Papa Francisco. Ángelus. 7 de diciembre de 2014)

 

 

 

 

 

 

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(4 de septiembre)

 

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”¿0 qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrán salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lucas 14, 25-33)

 

♦ Comentario al texto

Entramos en los textos centrales del evangelio de Lucas que narran la subida de Jesús a Jerusalén. Son textos propios de este evangelista y en ellos aborda uno de sus temas preferidos: el seguimiento de Jesús. Son palabras de Jesús que describen con exigencia al discípulo: Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío… el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. El discípulo ha de preferir a su Señor, ha de estar dispuesto a cargar la cruz siguiendo al Maestro y ha de imitarle en su estilo de vida, el desapego de todo. En el centro del relato Lucas nos hace caer en la cuenta de que quien desea emprender algo grande, antes examina cuidadosamente si cuenta con los medios para realizar el proyecto planeado. La gran empresa aquí consiste en seguir a Jesús y esto exige buena disposición y reflexión, seriedad y entrega incondicional. Este es el sentido de las dos parábolas situadas en el centro del texto.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración haciendo silencio y serenando la mente. Puedo centrarme en la respiración y mientras percibo que el aire entra en mis pulmones, pronuncio lentamente con mis labios: Jesús, hazme discípulo tuyo… Jesús, hazme discípulo tuyo…

Leo de nuevo el texto y dejo que en mi interior cale esta pregunta de Jesús: ¿Tú estás dispuesto a seguirme con la cruz? ¿Tú estás dispuesto a imitar mi estilo de vida? ¿Tú estás dispuesto a la renuncia por ser mi discípulo?…  Mido mis fuerzas, siento mi debilidad, mis temores y límites…

Pido la fuerza del Espíritu, que me conceda una fe y una valentía que me hagan fuerte para ir, tantas veces, contracorriente.

-El seguimiento es una experiencia honda de cercanía con Jesús: ¿cómo cuido esta cercanía? ¿cómo busco espacios de encuentro y oración? ¿cómo soy fiel a la escucha de la Palabra?

Me pregunto así por mis actitudes ante el seguimiento de Jesús.

-Hoy, Jesús, me pides que te siga, que te imite.

Que opte por una vida similar a la tuya.

Que viva de tu mismo corazón, de tu mismo espíritu, de tu amor gratuito.

Que asuma los sacrificios que conlleva amar a todos.

Ayúdame, Jesús resucitado, a ser discípulo tuyo;

Tú eres mi Maestro, fuente y principio de vida nueva.

Vives con nosotros, nos das tu Espíritu.

Fortaleces mi corazón, sostienes mis deseos.

Hoy, Señor, nos haces discípulos tuyos.

 

En el año de la misericordia

Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza.

(Papa Francisco. Angelus, 16 de noviembre de 2014)

 

 

 

 

 

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(28 de agosto)

 

♦ Texto para la oración.

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: ‘Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: ‘Cédele el puesto a éste’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’. Y dijo al que lo había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.” (Lucas 14, 1. 7-14)

 

♦ Comentario al texto

El evangelista Lucas, nos introduce este domingo en la escena de un banquete. Jesús dio gran importancia a sus comidas. Tomando esta imagen de los profetas la desarrolló como metáfora del Reino de Dios. La comida es momento de encuentro, de enseñanza; el banquete que sugiere Jesús es un lugar para superar las barreras y las divisiones, donde se sientan juntos los desiguales, los antagónicos. En esta ocasión, Jesús, observando el comportamiento de las personas y sintiéndose espiado por los fariseos, propone un nuevo orden de valores en las relaciones; en primer lugar, se dirige a los comensales: no busquéis los primeros puestos, porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido; el honor no está ahí, en el lugar que se ocupa, es una actitud más profunda basada en la humildad. Por otra parte, se dirige al anfitrión: Cuando des una comida o una cena no invites a aquellos próximos, invita más bien a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Es una llamada a la gratuidad, a cambiar la reciprocidad social por la gratuidad. Estas son, en definitiva, las actitudes del Reino: actuar en humildad y en gratuidad.

 

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. He leído lentamente la Palabra, me he sentado a esa mesa donde Jesús es un invitado más y he intentado ver mis comportamientos, ¿cómo actúo yo cuando llego como invitado a un banquete o cuando soy yo quien invita?

 

Pido la fuerza del Espíritu para que me ayude a conocerme más.

– ¿Cómo resuena en mí esta llamada a la humildad? Santa Teresa dice que “la humildad es andar en verdad”. Es decir, conocer a fondo mis posibilidades y limitaciones y actuar de acuerdo con ese conocimiento.

* Jesús me habla a mí, habla a toda la Iglesia para que no entremos en la dinámica del poder y de la búsqueda de prestigio. El que anda en la verdad y es humilde, recibirá la verdadera sabiduría.

– ¿Qué lugar ocupan en mi mesa, en mi vida los excluidos de esta sociedad? ¿Cómo siento esta llamada a la gratuidad que Jesús me hace en esta parábola?

 

Presento al Señor mis deseos de conversión en estas dos actitudes: humildad y gratuidad, signo de que el Reino de Dios está ya en mí, en nosotros.

 

En el Año de la Misericordia

Quiero una Iglesia pobre para los pobres… Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos… Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Papa Francisco, Egangelii Gaudium nº 198.

 

 

 

 

 

 

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(21 de agosto)

 

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: ‘Señor, ¿serán pocos los que se salven?’ Jesús les dijo: ‘Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él os replicará:
‘No sé quiénes sois’. Entonces comenzaréis a decir.
‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él os replicará: ‘No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”.  (Lucas 13, 22-30)

 

♦ Comentario al texto

El texto de este domingo que recoge la enseñanza de Jesús a sus discípulos termina con esta advertencia: Mirad, hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos. Así termina Jesús su intervención provocada por la pregunta de un desconocido: Señor, ¿serán pocos los que se salven? Para entender la metáfora nos imaginamos una gran casa donde se cierra la gran puerta de entrada y queda una puerta estrecha por donde entrar en caso de urgencia. ¿Qué nos propone Lucas con toda esta comparación? Parece que el amo de la casa no reconoce a estos que se presentan como los que han compartido mesa con él, los que se sienten con derecho para entrar; Jesús en cambio habla de una universalidad –vendrán de oriente y occidente- basada únicamente en el amor, la misericordia y la gratuidad, que son la auténtica puerta estrecha del evangelio. ¿Cómo es esta paradoja? Quizá la pregunta que llevamos en el fondo y quizá la que más a mí me preocupa como al hombre del evangelio es ésta: y yo, ¿estaré entre esos pocos que se salven? El evangelio nos enseña que la puerta estrecha es la puerta del amor, por ella entran aquellos que confían en que su pobreza y pequeñez será superada por el amor y misericordia de Dios.

 

♦ Oración con el texto

*Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. Caigo en la cuenta de que entro en la presencia del Señor. Escucho su Palabra…

*Pido la fuerza del Espíritu para que me ayude a conocer más a Jesús, amarle mejor y seguirle de cerca. Jesús, rostro de la misericordia de Dios, hazme descubrir al Dios de la misericordia y del amor.

 

*Vamos a recordar aquella aclamación del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro: ¡Dios es el viviente y misericordioso!

Oro con las palabras del Papa: seguir el camino de Dios lleva a la vida, mientras que seguir a los ídolos lleva a la muerte. Dios es el viviente y misericordioso, Jesús nos trae la vida de Dios, el Espíritu Santo nos mantiene en relación vital de verdaderos hijos de Dios.

Sólo la fe en Dios vivo nos salva. Aquí encuentro la respuesta a la pregunta del evangelio: ¿Quiénes serán los que se salven?

Esos que llama Lucas los últimos… Los que no ponen su mirada en sus propias obras, desnudas las manos y la mirada vuelta hacia el Dios de la misericordia y hacia este mundo de dolor e injusticia. Han amado tal vez sin saberlo, sólo esperan en el amor de Dios. Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre… ¿Cuándo te vimos hambriento?

 

En el Año de la Misericordia

Que la Iglesia sea espacio de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde cada uno se sienta acogido, amado, perdonado, alentado a vivir según la vida buena del Evangelio. Y para hacer sentir al otro amado, acogido, perdonado y alentado, la Iglesia debe tener las puertas abiertas para que todos puedan entrar. Y nosotros debemos salir por esas puertas a anunciar el evangelio. Papa Francisco, 12 de junio 2013

 

 

 

 

 

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(14 de agosto)

 

♦ Texto para la oración.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

(Lucas 12,49-53)

 

♦ Comentario al texto

En este camino hacia Jerusalén, que nos describe el evangelista, Jesús se dirige a sus discípulos con mayor exigencia cada vez. Jesús es consciente, cada vez más, de que la proclamación de la buena noticia del reino con todo lo que comporta de apertura gozosa a los pobres, a los enfermos y pecadores, es acogida por algunos, pero sin embargo choca con la incomprensión de otros. A esta situación corresponden estas palabras. Su venida es como un fuego discriminatorio que puede llegar incluso a producir esa división. Pero su fuego es un fuego de amor, por eso, que otro deseo, sino que arda: ojalá estuviera ya ardiendo. La decisión por el reino aquí y ahora, conlleva un compromiso serio que a veces produce separación y desgarro. Confrontamos los intereses de Dios con nuestros intereses. Y los intereses de Dios son el amor desinteresado y la entrega a quienes más lo necesitan. Esto a veces no se entiende y “las fuerzas del mundo” luchan contra el que lo practica. Así sólo se entiende la frase de Jesús ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? Esa paz del todo vale, del querer estar a bien con todos, sin compromiso alguno; que pacta con la mentira. Y como dice el Papa Francisco, hemos pactado con la “cultura del bienestar que nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, es más lleva a la globalización de la indiferencia… (En Lampedusa, 8 de julio de 2013)

 

♦ Oración con el texto

Vamos a dejarnos guiar en esta oración por algunas palabras del Papa Francisco en aquella visita a Lampedusa, a la que más tarde sucedieron otras. Una visita que podría ser a cualquier lugar de dolor y dificultad. Recordemos los recientes dramas en Niza, en EE.UU., en Alemania…

*Me sitúo, con la imaginación, en alguno de esos lugares, de dificultad, de desamparo de nuestros hermanos, de dolor…  ¿A qué lugar quiero yo acercarme? ¿Desde dónde puedo hacer esta oración?

*Vuelvo sobre las palabras del Evangelio: Dijo Jesús: He venido a traer fuego en el mundo, y, ¡ojalá estuviera ya ardiendo!

*Me pregunto ¿cómo introducir este fuego en el mundo hoy?

 

En el año de la misericordia

Recordemos estas palabras del Papa Francisco:

– ¿Dónde está tu hermano?, la voz de su sangre grita hasta mí… ¿Quién se responsabiliza de este grito? Hoy hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna. Vemos al hermano medio muerto y seguimos camino, no nos compete, y con eso nos quedamos en paz. La cultura del bienestar que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros.

– ¿Dónde está tu hermano? ¿Quién ha llorado por situaciones de dolor de los hermanos -sea la que sea-? Pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles tantos dramas humanos.

– Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha encerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que, con sus decisiones a nivel mundial, han creado situaciones que llevan a estos dramas. Perdón, Señor.

Señor, que yo sepa también escuchar tus preguntas: ¿Dónde está la sangre de tu hermano? Para que arda el amor en el mundo. AMEN

 

 

 

 

 

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(7 de agosto)

 

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre’. Pedro le preguntó: ‘Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?’ El Señor le respondió:
‘¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: Mi amo tarda en llegar, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá’

(Lucas 12, 32-48)

 

♦ Comentario al texto

En el texto que acabamos de leer vemos que el evangelista recoge una serie de enseñanzas de Jesús a los suyos a quienes se dirige con ternura llamándoles “pequeño rebaño”. En continuación con el texto del domingo anterior, Jesús hace una catequesis en torno a la correcta relación con las posesiones… porque donde está vuestro tesoro está vuestro corazón. Lo que identifica al grupo de Jesús es el desapego, la vigilancia, la perseverancia en la espera. Leído desde nuestro contexto es una llamada a orientar la vida hacia los otros. La comunidad, si se quiere vigorosa, tendrá que apuntar al futuro, al anhelo, a la utopía. Si se queda anclada en el presente porque no quiere arriesgar nada, se empobrecerá y terminará sin dinamismo”.

 

♦ Oración con el texto

La Palabra de Dios fue pronunciada hace ya muchos años, pero el Señor nos la dirige hoy a nosotros, a mí, como dicha por primera vez. ¿Qué me dice de importante? ¿A qué me llama?

Mi actitud ante la Palabra será: escucharla, acogerla y hacerla vida, hoy para mí.

*Escucho la Palabra: Leo una y otra vez el texto hasta que se vaya haciendo carne de mi carne, hasta que resuene en el centro de mi corazón y me movilice por dentro.

*Acojo la Palabra: Esta Palabra concreta entiendo que me la dice hoy Jesús para mí. Yo formo parte de ese pequeño rebaño, esa comunidad de Jesús. De todo lo que he ido escuchando, en este momento, ¿cómo siento que me habla a mí, ¿qué es lo que me resuena con más fuerza?

*La hago vida: ¿Qué cambios pide a mi vida esta Palabra? ¿Qué actitudes? ¿Qué comportamiento? Intento concretar lo más posible: ¿cómo actuar para sentirme formando parte de ese pequeño rebaño de Jesús?

*Pido la fuerza del Espíritu y propongo dirigirme a Él cada día para que me guíe por el camino de los discípulos de Cristo, me ayude a profundizar en la oración y testimoniar con valentía el evangelio.

En el año de la Misericordia

Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es sólo el que nos da el Señor. (Papa Francisco. Homilía, 19 de junio 2014)

 

 

 

 

 

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(31 de julio)

 

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: ‘Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia’. Él le contestó: ‘Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?’ Y dijo a la gente: ‘Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes’. Y les propuso una parábola: ‘Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios’. (Lucas 12, 13-21)

 

♦ Comentario al texto

El texto bíblico de este domingo continúa abundando en las enseñanzas de Jesús a sus discípulos. El tema central es la relación adecuada con la riqueza. Lo que provoca esta serie de reflexiones es la intervención de un desconocido: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. La respuesta de Jesús es tajante: guardaos de toda clase de codicia. Porque no depende nuestra vida de los bienes. O como dice el Papa Francisco: no he visto nunca que vaya un camión de mudanzas detrás de un féretro. Esto mismo nos quiere decir el texto evangélico: lo que has acumulado ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí… Impresiona la actualidad de este mensaje. Cómo la codicia no tiene barreras y por codicia se puede mentir e incluso matar. “La crisis económica que sufrimos es ‘una crisis de ambiciosos’: los grandes bancos y los poderosos soñaron con grandes graneros, acumulando sin límite alguno y olvidando a la gran mayoría de personas y países”.

♦ Oración con el texto

-Comienzo la oración buscando un espacio de sosiego y un tiempo que quiero dedicar al encuentro con Jesús, el Maestro. Acojo su palabra como un regalo. Leo despacio el texto y voy dejando que calen algunas frases: guardaos de toda clase de codicia… la vida no depende de los bienes acumulados… lo que has acumulado, ¿de quién será?… Necio, esta noche te van a exigir la vida; y así voy profundizando en aquellas palabras y frases, en las que me sienta afectado, más afectada.

-Pido a Jesús, el Maestro que me enseñe a mantener una conducta sabia en el uso de la riqueza, propia del que quiere ser discípulo.

*La codicia, el ansia de acumular es señal de pobreza interior de no tener otras miras en la vida más que el comer, el beber y darse la buena vida, como el hombre de la parábola.

*Miramos a nuestro alrededor y tratamos de descubrir vidas así de vacías, sin sentido, faltas de humanidad. ¿A dónde lleva?

*Me miro a mí mismo y pienso… Y yo ¿cómo vivo? ¿Qué busco en la vida? ¿Qué espero? ¿Cuáles son mis afanes? ¿Yo, que quiero para mí? ¿Qué quiero escuchar, de parte de Dios, al final de mi vida?

-Le pido al Señor que anide en mí la actitud que nos muestra el apóstol Pablo en la segunda lectura: buscad los bienes de allá arriba… dad muerte a todo lo terreno. Por eso, dice Pablo: despojaos del hombre viejo y revestíos del hombre nuevo.

-Termino con la oración del salmo 84:

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato…

En el Año de la Misericordia

La verdadera alegría no viene de las cosas, del tener, ¡no! Nace del encuentro, de la relación con los demás, nace de sentirse aceptado, comprendido, amado, y de aceptar, comprender y amar; y esto no por el interés de un momento, sino porque el otro, la otra, es una persona. La alegría nace de la gratuidad de un encuentro. (Papa Francisco. Discurso, 6 de julio de 2013)

 

 

 

 

 

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(24 de julio)

 

♦ Texto para la oración

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación’. Y les dijo: ‘Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle. Y, desde dentro, el otro le responde: No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? (Lucas 11, 1-13)

 

♦ Comentario al texto

Vamos a tomar palabras del Cardenal Martini para comentar el texto de este domingo: “Esta oración -del Padrenuestro- la recibimos cuando éramos niños. Quien nos enseñó a orar, nos enseñó no solamente palabras, sino que nos transmitió una experiencia vivida. Acogiéndola como signo de comunión con quien ha orado antes de nosotros, nos adentramos en el inmenso rio de la oración que parte de Jesús mismo y, a través de los apóstoles, corre a lo largo de los siglos hasta hoy. El preámbulo del Padrenuestro es un hecho que suscita una pregunta. Jesús ora, y los discípulos le piden: enséñanos a orar… Esta petición es importante como preámbulo para la oración; para aprender a orar hay que querer y hay que pedir.

Oración con el texto

-Me sitúo ante el texto que nos ofrece este domingo el evangelista Lucas, con este deseo y esta petición: Señor, enséñanos a orar…

-Y así me adentro en el inmenso rio de la oración: me siento en comunión con toda la iglesia, con todos los llamados a evangelizar, a llevar la buena noticia de un Dios Padre de todos, que nos hace hermanos.

-El Maestro, en esta lectura de este domingo, es el orante, que muestra a sus discípulos el modo como el evangelizador ha de orar.

*Jesús, enséñanos a decir Padre. Pon estas palabras, tantas veces repetidas por tus labios, en nuestro corazón.

*Jesús, haznos disponibles, confiados: Padre, hágase tu voluntad.

*Jesús que nuestro deseo sea siempre la gloria de Dios: Padre, santificado sea tu nombre.

*Jesús, que seamos verdaderos evangelizadores, que nuestro primer empeño sea la construcción del Reino.

*Por eso oramos: Padre, venga tu Reino, que se realice la justicia, la fraternidad, el triunfo de la vida. Padre, venga tu Reino, la verdadera unidad de los pueblos, tu reino de paz y de verdad. Padre, venga tu Reino de misericordia, de perdón.

  • Puedo terminar esta experiencia orante uniendo mis manos con las manos de todos los que llaman a Dios Padre…pidamos para todos vivir la experiencia de la paternidad de Dios, que Jesús nos concede vivir, y decimos en comunión con todos: PADRENUESTRO…

 

En el año de la Misericordia

Cuando acogemos el Espíritu Santo en nuestro corazón y lo dejamos obrar… a través de nosotros, será Él, Cristo mismo, quien reza, perdona, infunde esperanza y consuelo, sirve a los hermanos, se hace cercano a los necesitados, a los últimos, crea comunión, siembra paz. (Papa Francisco. Audiencia general, 29 de enero de 2014)

 

 

 

 

 

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(17 de julio)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano’. Pero el Señor le contestó:
‘Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán’.

(Lucas 10, 38-42)

 

♦ Comentario al texto

Quizá para la comprensión de este texto que hoy nos presenta el evangelista Lucas podemos acudir a una reflexión de Santa Teresa que nos servirá de referencia: mirad que Marta y María han de ir siempre juntas. Con esto rompemos cualquier dicotomía que se nos pueda presentar, más aún cuando aún resuena en nuestro interior la parábola del domingo anterior, donde la mirada al desvalido terminaba con el compromiso de ayuda a su desvalimiento. Vamos a situarnos ante el cuadro que nos dibuja San Lucas: Jesús entra en una casa y se encuentra con dos mujeres. Marta es la anfitriona, la que ejerce la hospitalidad hacia Jesús. Recibe a un hombre en su casa rompiendo toda convención. María está a los pies del Señor, escuchando su palabra. Lucas, en esta mujer, está dibujando la imagen de una discípula. Una imagen que rompe también con el esquema judío. Profundizamos ahora en el diálogo que se mantiene entre Marta y Jesús. ¿Es un conflicto entre dos actitudes? No es posible que Lucas recrimine el servicio de Marta. ¿Qué dice Lucas?: Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio y pone en boca de Jesús estas palabras: Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas… sólo una es necesaria. No se trata tanto de elegir entre una cosa u otra, sino de saber priorizar. El servicio no se hace sólo por un voluntarismo, sino que es respuesta a la acción de Dios que antecede a la acción humana. Así María ha sabido priorizar. Ha sabido entender de dónde procede la dimensión evangelizadora, de servicio del discípulo. La acogida comienza primero por abrir el corazón.

 

Oración con el texto

-La Palabra nos invita esta semana a educar nuestra actitud contemplativa. Por eso será importante buscar el espacio donde sea posible ese encuentro para la escucha y la contemplación.

-Durante estos días busco en mí esta actitud: como María, me pongo a los pies del Señor, a la escucha de su palabra. Y vuelvo una y otra vez sobre su lectura, hasta quedarme, en silencio, ante la escena.

-Jesús se hace el huésped, tantas veces en mi propia casa, llama a mi puerta en forma de hombre o mujer necesitados de compartir su dolor o su gozo… ¿Cómo lo recibo?

-Jesús se hace huésped por medio de su Palabra. ¿La leo con cotidianeidad?  ¿La escucho como discípulo o discípula?

-Jesús se hace huésped en la Eucaristía que convoca a los hermanos, nos alimenta con su pan… ¿Acudo dando el tiempo necesario a este encuentro o ando inquieta/o ó nerviosa/o por otras preocupaciones que no son lo primero?

-Jesús pasa delante de nosotros en miles y miles de personas desarraigados de todos los pueblos y culturas en busca de hogar, de familia, de trabajo… En todas estas ocasiones, ¿expreso mi deseo de ofrecer mi casa como Marta y María, que siempre han de ir juntas, para recibir al Señor que se hace nuestro huésped?

 

En el Año de la Misericordia

No podemos escapar de las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero. (Papa Francisco. MV 15)

 

 

 

 

 

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(10 de julio)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?’ Él contestó: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo’. Él le dijo: ’Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida’ Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ‘¿Y quién es mi prójimo?’ Jesús dijo: ‘Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: ‘Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?’ Él contestó: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Anda, haz tú lo mismo’.

(Lc 10, 25-37)

♦ Comentario al texto

Seguimos con la lectura continuada del evangelista Lucas. Y lo hacemos en la misma clave del domingo anterior, descubrir las características del evangelizador, como Lucas nos las presenta. Vemos cómo Jesús va educando a sus seguidores con hechos de vida. Nos encontramos ante un maestro de la ley que sabe recitar perfectamente los versículos del Antiguo Testamento en relación al amor a Dios y al amor al prójimo; pero Jesús le va a enfrentar con un hecho de vida: este maestro de la ley se acerca a Jesús para ponerlo a prueba, dice el texto. Es osado, y le pregunta de nuevo: ¿Y quién es mi prójimo? El Maestro de la sabiduría, Jesús, le va a responder con una parábola para hacerle entender que, prójimo es todo aquel que tiene necesidad de ayuda, sea vecino o extranjero, amigo o enemigo. Y le hace ver que ni el sacerdote judío preocupado por el culto, ni el levita, obsesionado por la ley, descubren al prójimo.

 

Oración con el texto

Estamos ya entrado el mes de julio y quizá tengas más tiempo para poderte parar un poco más a profundizar la Palabra evangélica.

-Si puedo, busco un lugar tranquilo, cada día de la semana: en la naturaleza, en la iglesia…

-El texto evangélico me invita a hacerme consciente de cómo me comporto yo con mi prójimo. ¿Reconozco quién es mi prójimo?

-Puedo estos días ir pensando en aquellos que tengo cerca de mí: familia, amigos, compañeros de trabajo… ¿Cómo actúo con ellos?

-Dejo que cale dentro de mí esta frase de Jesús: se hizo próximo aquel que practicó la misericordia con él. Sólo desde el Dios compasivo podemos entendernos y vivir: “Sed misericordiosos como Dios es misericordioso”. Palabras que este Año de la Misericordia cantamos con frecuencia. Sólo desde la capacidad de compadecernos y de poner el corazón cerca de las miserias humanas nos configuraremos como cristianos. Este es el camino del evangelizador que nos traza Jesús en esta parábola.

-Puedo terminar la oración pidiendo al Señor la gracia de responder con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y todo el ser, a lo único irrenunciable: amar a Dios y al prójimo.

En el año de la Misericordia

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo… de entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina… En cada uno de estos ‘más pequeños’ está presente Cristo mismo. (Papa Francisco. MV 15)

 

 

 

 

 

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(3 de julio)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: ‘La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; sino, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: ‘Está cerca de vosotros el reino de Dios’… Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’… Él les contestó: ‘No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’.  (Lc 10, 1-12, 17-20)

 

♦ Comentario al texto

El texto de Lucas nos presenta, en este domingo, lo que es la misión de la Iglesia y las actitudes del evangelizador.  Parece que Jesús envía a un buen número de discípulos y les hace ver la tarea ingente que tienen por delante: la mies es abundante.

Seguidamente Lucas, con la mirada puesta en Jesús, subraya su modo de enseñar a los discípulos el modo de evangelizar. Primero señala la importancia del desasimiento: no llevéis…, el evangelio de la libertad no puede ser anunciado por quienes no se sienten libres.  Jesús propone además la radicalidad con que ha de vivir el discípulo: debe ser desinteresado, no se puede pagar un precio por el anuncio del Reino; También les dice que podrán ser rechazados. El cardenal Martini considera el evangelio de Lucas como el evangelio del evangelizador, el evangelio que contesta a la pregunta ¿cómo se forma el evangelizador? En el texto de hoy encontramos la respuesta: Jesús, el Maestro, enseña a los setenta y dos el modo de evangelizar.

 

Oración con el texto

-Tengo delante una semana para orar con la palabra proclamada este domingo: Leo el texto, profundizo en su comentario y voy desentrañando, día tras día, su rico contenido:

*Soy yo uno de esos discípulos enviados. Primero me acerco y miro con amor la realidad para la que recibo ese envío de Jesús. Y me pongo en camino.

*Me hago consciente de mis actitudes: ¿qué busco como evangelizador? ¿Estoy desprendido, soy libre? No llevéis talega…

*¿Voy como constructor de paz? Paz a esta casa, a este corazón que necesita consuelo, a esta familia, a esta comunidad, a este pueblo… *¿Soy consciente de que el tesoro más importante que llevo en mis manos es el anuncio del Reino? No es mi palabra, es la Buena Noticia de Jesús: Está cerca de vosotros el Reino de Dios.

*¿Entiendo que la alegría de ser evangelizador está no en lo que yo pueda realizar, sino en haber sido elegido para anunciar el mensaje? Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo

 

  • Durante la semana profundizo en la Palabra que la liturgia me ha regalado y me dispongo a hacer el camino que Jesús ha soñado para mí. Y si tú lo quieres, Señor, que pueda ayudar también a otros a caminar. AMEN

En el año de la Misericordia

En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!

(Papa Francisco. Misericordiae vultus. 15)

 

 

 

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(26 de junio)

 

♦ Texto para la oración

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
‘Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?’ Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno: ‘Te seguiré adonde vayas’
Jesús le respondió: ‘Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’.
A otro le dijo: ‘Sígueme’. Él respondió: ‘Déjame primero ir a enterrar a mi padre’.  Le contestó: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios’. Otro le dijo: ’Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia’ Jesús le contestó: ‘El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios’ (Lc 9, 51-62)

 

♦ Comentario al texto

En el texto que acabas de leer, Lucas hace hincapié en esta decisión de Jesús de ir a Jerusalén, expresión de su coherencia de vida, aunque este camino ha de llevarle a la muerte. No es recibido por los samaritanos, precisamente porque iba camino de Jerusalén. Los discípulos se manifiestan con violencia, pero Jesús no aprueba esa violencia, sigue su camino, con mansedumbre. Ellos no han entendido aún el modo de hacer de Jesús. De ahí la siguiente enseñanza: a continuación, Lucas nos presenta el encuentro de Jesús con tres personas distintas que desean seguirle, de esta manera puede poner en boca de Jesús la clave del seguimiento: la marcha hacia el reino de Dios exige una entrega total, una gran libertad para tener la mirada puesta en los intereses de Jesús. Seguir a Jesús es una aventura, es vivir siempre “en camino”.

Oración con el texto

-Comienzo de nuevo la semana con la lectura detenida del evangelio y su comentario. Adéntrate en la escena: Jesús sube a Jerusalén… por eso mismo no es recibido en Samaría. Santiago y Juan quieren responder con violencia. Jesús, en el encuentro, con los tres personajes que le salen al camino, les enseña cuáles son las actitudes del verdadero discípulo.

Durante la semana puedes ir profundizando en cada una de estas respuestas de Jesús:

*El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza: Jesús no ofrece seguridad, no ofrece dinero ni poder. El Papa Francisco dice que sueña con una iglesia pobre y para los pobres. Esto quiere decir que se presenta más vulnerable, sin ataduras y con la confianza totalmente centrada en Jesús.

*Tú vete a anunciar el reino de Dios esta segunda escena es desconcertante: deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar… Jesús está haciendo referencia aquí a la superación de la ley que es a lo que alude y que ellos, como buenos judíos, entendían muy bien. Vivir para el reino es cambiar el modo básico de valorarlo todo, porque se ha cambiado el sentido global de la existencia. En esto consiste la radicalidad del seguimiento de Jesús: en que nada de nuestra vida se escapa a su dedicación al reino.

* El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios: No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

-Termina la semana recogiendo la experiencia… ¿Qué te ha afectado más? Siente cuál es tu llamada personal… y responde a Jesús.

Como dice Pablo (2ª lectura) no se trata de contar con nuestras fuerzas, sino dejar que nos guíe el Espíritu.

En el año de la misericordia

Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. (Papa Francisco. Homilía 28 de julio 2013)

 

 

 

 

 

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(19 de junio)

 

 

♦ Texto para la oración

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’.
Ellos contestaron: ‘Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas’.
Él les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’.
Pedro tomó la palabra dijo: ‘El Mesías de Dios’. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’.
Y, dirigiéndose a todos, dijo: ‘El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará’. (Lc 9, 18-24)

 

♦ Comentario al texto

El evangelista nos presenta a Jesús en oración, cuando sorprende a sus discípulos con la pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo?… ¿Y vosotros? Una pregunta que solo Jesús responde: las señas de identidad de este Mesías, son opuestas a las del esperado por el pueblo de Israel: un Mesías triunfante, que implantaría un reino terreno. Pero su reino no es de este mundo, su mesianismo es el del Siervo de Yahvé, desechado. Un Mesías encarnado en la condición humana, que invita, a quienes quieren seguirlo, a tomar en peso la vida cotidiana, con su experiencia de cruz… pero el que pierda la vida por mi causa, la salvará. Esto implica -y esta es la lección a sus discípulos- la decisión de ir conformando los propios criterios con los de su Evangelio y, por lo tanto, con la idea de lo que es “ganar la vida o perderla”. El que esté dispuesto a ello, dice Jesús, que venga conmigo. Esto es, estar pronto a escuchar y mirar atentamente al Maestro.

♦ Oración con el texto

De nuevo estamos ante Jesús, el Maestro, que nos trae una enseñanza para nuestra vida. Durante esta semana puedo ir descubriendo cuál es mi respuesta a esta pregunta: Y tú, ¿quién dices que soy yo?

-Comienzo la semana leyendo el texto del evangelio y su comentario para poner mi entendimiento al servicio de mi voluntad y deseo de seguir a Jesús.

-A lo largo de los días me puedo ir parando en cada una de las respuestas, desde el hoy: Hoy ¿qué dice la gente de Jesús? ¿Uno de los antiguos profetas? ¿Alguien que no nos afecta para nuestra vida?

– ¿Quizá algunos creyentes buscan en Él a Alguien que les ofrece privilegios espirituales o incluso sociales?

– Toco mi verdad más profunda y dejó que Jesús me pregunte: ¿Quién soy yo para ti? ¿Qué peso tengo en tu vida?

*Lo que está en juego en esta pregunta es la identidad misma de Jesús y la mía propia. Si continuásemos leyendo el texto descubriríamos lo que Dios-Padre dice de él: “Éste es mi Hijo amado”. Yo también, en Jesús, soy el Hijo amado del Padre.

-Aceptar o rechazar a Jesús es la encrucijada de la fe. ¿Cuál es mi respuesta? ¿Acepto a Jesús, ¿su Palabra, con todas las consecuencias, o prefiero quedarme en ilusiones del pasado, de un Mesías imaginado por mí?

-Se trata de liberarnos de todo aquello que nos ata a lo caduco y nos impide alcanzar la plenitud de nuestro ser. Se trata de alcanzar una libertad capaz de poder elegir lo mejor y ofrecernos en favor de nuestros hermanos. Entender evangélicamente qué es: “ganar la vida o perderla”.

 

En el año de la Misericordia

¿Qué debemos hacer?… Salir de nosotros mismos. Salir de nuestras comunidades para ir allí donde los hombres y las mujeres viven, trabajan y sufren, y anunciarles la misericordia del Padre, que se ha dado a conocer a los hombres en Jesucristo de Nazaret. (Papa Francisco 17 junio 2013)

 

 

 

 

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(12 de junio)

 

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es, una pecadora’. Jesús tomó la palabra y le dijo: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él respondió: ‘Dímelo, maestro’. Jesús le dijo: ‘Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?’ Simón contestó: ‘Supongo que aquel a quien le perdonó más’. Jesús le dijo: ’Has juzgado rectamente’.   Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama’. Y a ella le dijo: ‘Tus pecados están perdonados’. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ‘¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?’ Pero Jesús dijo a la mujer: ’Tu fe te ha salvado, vete en paz’…  lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.”  (Lc 7,36-8,3)

 

♦ Comentario al texto

El domingo anterior descubríamos a Jesús como el Maestro de la compasión, en este evangelio se nos manifiesta como el Señor de la misericordia, del amor y del perdón: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor. Es una escena rica en palabras y en gestos que debo de leer con atención dejando que toque mi corazón. Los distintos personajes representan situaciones que pueden estar en nuestra vida, en nuestro entorno. El fariseo que juzga a la mujer por su pecado. Los discípulos y algunas mujeres que habían vivido esa misma experiencia de ser perdonadas. Jesús, el Maestro, que con su palabra y su actitud enseña el significado de la verdadera compasión y el verdadero amor. Ese amor que es capaz de perdonar y recibir el perdón: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor… Tu fe te ha salvado, vete en paz. Jesús siente que esta mujer le necesita más que nadie, y se deja tocar por ella. Con ternura especial le ofrece el perdón de Dios y le invita a descubrir en su interior una fe humilde que le está salvando: Tu fe te ha salvado.

♦ Oración con el texto

-El texto me invita a hacerme muchas preguntas. Descubro que bullen muchas cosas dentro de mí, como le ocurría al fariseo, y me dejo enseñar por Jesús.

*Puedo preguntarme si, aquellas personas que lo necesitan, pueden encontrar en mí una acogida como la de Jesús, o siento en mi corazón el juicio, como el fariseo.

*¿Puedo sentir el dolor del olvido de aquellas personas que viven marginadas? ¿Soy capaz de decir una palabra sobre el Dios que es amor para todos, sobre todo para quienes más lo necesitan?

*¿Soy capaz de ayudar a descubrir el amor que anida en las personas, su capacidad de una fe humilde, que les salva?

*Contemplo a esa mujer, a los pies de Jesús, a quien Él reconoce como verdadera creyente, frente a los que solo saben buscar motivos de escándalo.

En el año de la Misericordia

Que la palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente… Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón (Papa Francisco. MV. N 19)

 

 

 

 

 

 

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(5 de junio)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: ‘No llores’. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:’ ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!’ El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: ‘Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo’.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera” (Lc 7, 11-17)

 

♦ Comentario al texto

Hemos concluido la Pascua y la celebración de las grandes fiestas del Señor. Retomamos de nuevo el camino del llamado Tiempo Ordinario, en la Liturgia: El encuentro cotidiano y sereno con la vida de Jesús. Nos acompaña el evangelista Lucas que nos va a presentar, en estos capítulos, la figura de Jesús en su capacidad de estar presente a las necesidades y sufrimientos de las gentes. Este domingo nos habla del encuentro con el dolor de una madre: sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre viuda. Nos presenta también a los discípulos como espectadores de estos hechos: iban con el los discípulos y mucho gentío y nos pone de manifiesto la reacción de Jesús: al verla el Señor, le dio lástima. Jesús, acompañado de sus discípulos y del gentío, es el maestro de la compasión, de la respuesta bondadosa ante cualquier sufrimiento de la persona. Jesús siente la vulnerabilidad de esa mujer, viuda, que se queda sin su único hijo varón, que, en aquella sociedad, era el único que le podía garantizar seguridad y dignidad. Jesús se conmueve por la suerte de esa mujer, se solidariza, se compadece, la toma en cuenta.

♦ Oración con el texto

-Durante esta semana voy a volver, si puedo cada día, sobre este texto del evangelio del domingo. Busco un lugar propicio donde pueda, serenamente, encontrarme con el Señor. (Bastaría con 15’ diarios)

– El primer día voy a reflexionar sobre el comentario evangélico: Pido al Señor me haga entender esta Palabra, su contenido.

-Los otros días de la semana, después de haber leído el comentario al texto, voy a centrarme sobre el Evangelio proclamado este domingo.

*¿Cómo presenta a Jesús el evangelista? Leo lentamente el texto y me voy dando cuenta de los distintos elementos de la escena: Jesús de camino rodeado de los discípulos y un gentío que le sigue… El encuentro con otra multitud de gente que llevan a enterrar a un muerto. Frente a frente dos comitivas: Jesús portador de vida – los que acompañan a un muerto.  Al verla el Señor, le dio lástima. Devuelve la vida a su hijo único y se lo entregó a su madre.

-Me quedo contemplando esa mirada de Jesús. Capaz de ir más allá de todo el gentío que le rodea, se para ante esa mujer viuda, conmovido.

– Pido esa mirada compasiva de Jesús para mirar a las personas con las que me encuentro cada día y sentir en mi interior su dolor, su sufrimiento, su vulnerabilidad y dejarme afectar por ello.

– Puedo preguntarme por mi disposición personal a la solidaridad y al compromiso en favor de las víctimas, de los que no tienen lugar en la sociedad, de los excluidos. ¿Qué lugar ocupa la compasión en mi vida, en mi compromiso diario, en el sentido de mi vida?

– Hago silencio interior y contemplo de nuevo la escena, sobre todo me pongo ante esa imagen de Jesús y oro, suplico, escucho…

En el año de la misericordia

Puedo terminar la semana recogiendo mi experiencia con este comentario del Papa Francisco: Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios. (Hace el camino con sus discípulos a los que invita) a estar con Él y sumirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios: Un gran profeta ha surgido entre nosotros.

 

 

 

 

 

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

(29 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: ‘Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado’. Él les contestó: ‘Dadles vosotros de comer’.
Ellos replicaron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío’.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: ‘Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta’.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.”. (Lc 9, 11-17)

 

♦ Comentario al texto

Este relato, como otros que encontramos en el Antiguo Testamento de este carácter, están escritos para ilustrar la profunda convicción de que Dios nunca abandona a su pueblo. El texto que tenemos delante, además, quiere poner en relación este acontecimiento con el de la última cena por medio de las distintas alusiones: la comida vespertina, la bendición, el partir el pan… y se lo dio a los discípulos para que se los sirvieran. Lucas nos presenta aquí a Jesús como anfitrión, que está en medio de los suyos, para alimentar y socorrer. La bendición de Jesús es la que produce el milagro de la multiplicación, pero sobre todo lo que el evangelista nos quiere poner ante nuestros ojos es la sobreabundancia: Comieron todos y se saciaron.

Este domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi.  La iglesia presenta la eucaristía como culmen y, a la vez, fuente de la vida cristiana. Así, cada domingo nos reunimos para celebrar el sacramento de nuestra fe: La Eucaristía.

 

♦ Oración con el texto

-Durante la semana puedo buscar, como lugar privilegiado para la oración, el sagrario. La presencia de Jesús-eucaristía.

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de fe. Ese pan entregado de manera sobreabundante, es el pan que me alimenta y me acerca a Jesús: Señor, dame siempre de tu pan.

-Esta palabra, me invita también a descubrir cuál es mi lugar como cristiano. Jesús me dice a mí: Dales tú de comer. Quizá yo, como los discípulos, muchas veces pretendo que cada uno se solucione su vida. Pero oigo esa voz de Jesús: Dales tú de comer. Compromete tu vida. Entiende este signo de Jesús: compartir. Partir con otros lo que tenemos; hay para todos. “Dadles vosotros de comer”, en vuestras manos está. Nos llama a ser sus manos, para hacer llegar, a los que nada tienen, el alimento: Dadles vosotros de comer.

-Celebrar este misterio es esforzarnos en construir una iglesia solidaria, abierta a las necesidades, caminando con Jesús entre los pobres.

Puedo terminar orando:

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos pasar por la vida como Tú, Jesús de Nazaret:

Oyendo las necesidades y ayudando a los empobrecidos.

Queremos compartir con generosidad para que llegue a todos.

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos que tu iglesia sea la mesa compartida

que invita a los más débiles,

que se hace solidaria con todos los que sufren.

En el año de la misericordia

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será el modo de despertar nuestra conciencia… y de entrar, todavía más, en el corazón del evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina… No podemos escapar de las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. (Papa Francisco. MV 15)

 

 

 

 

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(22 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, él os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.  El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”. (Jn 16, 12-15)

 

♦ Comentario al texto

Los textos litúrgicos de este domingo, con sus imágenes, nos ayudan a entrar en el misterio de la vida trinitaria: la primera lectura, tomada del Libro de los Proverbios, nos presenta la Sabiduría, que prefigura al Hijo, existente desde los comienzos -antes de comenzar la tierra-, allí permanecía, junto a Dios-Padre. El segundo texto, de romanos, expresa ese amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. El Espíritu de la verdad, que os guiará hasta le verdad plena, subraya el evangelio, y nos ayudará a “cargar” con el sentido profundo del mensaje de Jesús: Ese proyecto de Dios Padre sobre el Hijo, ya consumado, y que el Espíritu irá comunicando: os comunicará lo que está por venir. Es el Espíritu de la Verdad quien nos permitirá entender e interpretar y nos conducirá a la verdad plena; es decir, “acompañará el camino histórico de la comunidad que, poco a poco, irá comprendiendo la totalidad y el sentido profundo del amor de Dios revelado en Jesucristo por el Espíritu”. Y también es el que permite ir actualizando este mensaje a los nuevos tiempos y a las nuevas situaciones. El evangelio nos introduce hoy en el corazón de Dios, esa comunión santa, que se hace visible en la iglesia, y que estamos invitados a vivir y participar.

 

♦ Oración con el texto

-Siento que estoy en presencia de Dios, misterio trinitario, y comienzo esta oración con ese signo-invocación: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. La señal del cristiano, hemos dicho tantas veces. Nuestra seña de identidad

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar este misterio de Dios que se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu. Las palabras de la carta de Pablo que se lee este domingo nos invitan a ello: el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado. Esto ha sido posible por Cristo, en su Pascua: acontecimiento de muerte y resurrección; acontecimiento de salvación.

-Esta palabra, me invita también a agradecer la revelación del misterio de Dios: el amor del Padre, la vida entregada del Hijo, por ese mismo amor, rostro a su vez, de la misericordia y del perdón del Padre.

-Creer en este misterio de Dios-Trinidad es creer que el origen, el modelo y el destino último de toda vida es el amor compartido en comunidad.

-Celebrar este misterio es esforzarnos en construir una iglesia y un mundo en el que las personas vayamos aprendiendo a convivir, compartir y dialogar.

– Celebro también mi bautismo que me consagra al Padre, al Hijo y al Espíritu. En esta comunión santa, que se hace visible en tu iglesia, quiero vivir siempre. Amén

 

En el año de la misericordia

Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une a Dios y al hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados.            (Papa Francisco. MV 2)

 

 

 

 

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(15 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 19-23)

 

♦ Comentario al texto

Estamos cerrando ya el tiempo de pascua con la gran fiesta de Pentecostés: recibid el Espíritu Santo. Ese regalo de Jesús hecho a los discípulos para el bien común, como lo expresa San Pablo en su carta a los Corintios. En el evangelio, lo que Juan quiere destacar es la transformación radical que supuso el encuentro de Jesús con los suyos, y lo expresa fundamentalmente en el contraste, entre el “encierro”, estaban cerradas las puertas de la casa, y el “envío”: os envío yo; y la transformación del “miedo”: miedo a los judíos, a la alegría: se llenaron de alegría. La escena discurre así: Jesús se presenta en medio de ellos, él tiene la iniciativa; se identifica: les muestra las manos y el costado; y es reconocido por los discípulos: cuando vieron al Señor. Destaca también la misión, vinculada a la misión de Jesús, que viene directamente del Padre: como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Íntimamente vinculada a la misión aparece la efusión del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Es éste el momento culminante del relato. En este momento el evangelista está subrayando el nacer de nuevo, la nueva creación: sopló sobre ellos, lo mismo que Dios insufló vida en el primer hombre, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, dándoles así la plenitud de vida, y los discípulos recuperan la alegría para salir y proclamar la buena noticia de la salvación.

♦ Oración con el texto

-Estoy en presencia de Jesús resucitado, leo de nuevo los distintos momentos de la escena, después de ayudarme del comentario, doy vueltas al texto, cayendo en la cuenta de cada momento: el miedo de los discípulos… la alegría del encuentro… la manifestación de Jesús: sus manos y costado señas de identidad… Jesús que envía su aliento de vida: Recibid el Espíritu Santo. La nueva vida en el Espíritu.

-Pido en este momento que Jesús despierte en mí el deseo de recibir ese mismo Espíritu que me transforme, que haga de mí una mujer, un hombre nuevo: capaces de vivir libres y de generar libertad.

-Reconozco su presencia en la iglesia, nacida del Espíritu de Pentecostés. Sin él “los doce” y los que formamos hoy el nuevo pueblo, seguiríamos presos en nuestro barro.

-Por eso deseamos y pedimos con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo!

   *Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.*Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.*Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombresi tú le faltas por dentro;mira el poder del pecadocuando no envías tu aliento
   *Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero

*Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos,

por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito:

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

 

(Secuencia del Espíritu Santo que se lee en el día de Pentecostés)

En el año de la misericordia: Este año santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús… llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna. (Papa Francisco. MV 16)

 

 

 

 

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(15 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 19-23)

 

♦ Comentario al texto

Estamos cerrando ya el tiempo de pascua con la gran fiesta de Pentecostés: recibid el Espíritu Santo. Ese regalo de Jesús hecho a los discípulos para el bien común, como lo expresa San Pablo en su carta a los Corintios. En el evangelio, lo que Juan quiere destacar es la transformación radical que supuso el encuentro de Jesús con los suyos, y lo expresa fundamentalmente en el contraste, entre el “encierro”, estaban cerradas las puertas de la casa, y el “envío”: os envío yo; y la transformación del “miedo”: miedo a los judíos, a la alegría: se llenaron de alegría. La escena discurre así: Jesús se presenta en medio de ellos, él tiene la iniciativa; se identifica: les muestra las manos y el costado; y es reconocido por los discípulos: cuando vieron al Señor. Destaca también la misión, vinculada a la misión de Jesús, que viene directamente del Padre: como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Íntimamente vinculada a la misión aparece la efusión del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Es éste el momento culminante del relato. En este momento el evangelista está subrayando el nacer de nuevo, la nueva creación: sopló sobre ellos, lo mismo que Dios insufló vida en el primer hombre, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, dándoles así la plenitud de vida, y los discípulos recuperan la alegría para salir y proclamar la buena noticia de la salvación.

♦ Oración con el texto

-Estoy en presencia de Jesús resucitado, leo de nuevo los distintos momentos de la escena, después de ayudarme del comentario, doy vueltas al texto, cayendo en la cuenta de cada momento: el miedo de los discípulos… la alegría del encuentro… la manifestación de Jesús: sus manos y costado señas de identidad… Jesús que envía su aliento de vida: Recibid el Espíritu Santo. La nueva vida en el Espíritu.

-Pido en este momento que Jesús despierte en mí el deseo de recibir ese mismo Espíritu que me transforme, que haga de mí una mujer, un hombre nuevo: capaces de vivir libres y de generar libertad.

-Reconozco su presencia en la iglesia, nacida del Espíritu de Pentecostés. Sin él “los doce” y los que formamos hoy el nuevo pueblo, seguiríamos presos en nuestro barro.

-Por eso deseamos y pedimos con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo!

   *Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.*Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.*Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombresi tú le faltas por dentro;mira el poder del pecadocuando no envías tu aliento
   *Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero

*Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos,

por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito:

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

 

(Secuencia del Espíritu Santo que se lee en el día de Pentecostés)

En el año de la misericordia: Este año santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús… llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna. (Papa Francisco. MV 16)

 

 

 

 

 

 

 

ASCENSION DEL SEÑOR

(8 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo Alto’. Después los sacó hacia Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el Cielo. Ellos se postraron ante Él y volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios” (Lucas 24, 46-53)

 

♦ Comentario al texto

El relato que nos presenta la liturgia este domingo forma parte de la segunda aparición del resucitado. Jesús se aparece a los once después de haberse encontrado con los de Emaús. Hay dos elementos característicos en este texto: Señala a los discípulos como testigos y continuadores por la fuerza que viene de lo Alto y de ahí la promesa del Espíritu recogida ampliamente en el Libro de los Hechos. Los once dejan de ser discípulos para convertirse en testigos. El texto, termina con el relato de la Ascensión y la vuelta a Jerusalén, al templo, donde comenzó la obra. Finaliza así una época única e irremplazable y comienza otra, la de la comunidad cristiana. En la primera parte, Lucas trata de identificar al crucificado con el resucitado que les abre las mentes para entender el sentido auténtico de su vida, muerte y resurrección; después les confirma las promesas: os enviaré lo que mi Padre ha prometido. El texto recoge también un rápido resumen del contenido del anuncio de salvación: la muerte y resurrección de Cristo, según las escrituras; la conversión para el perdón de los pecados; la predicación a todas las naciones; la venida del Espíritu que les dará la fuerza para ser testigos.

 

♦ Oración con el texto

-Busco un lugar adecuado para este momento de oración

-Vuelvo a la Palabra: Una vez leído el comentario, vuelvo a la lectura de la Palabra. Jesús hoy me hace a mí sujeto de estas palabras.

-La oración es, sobre todo, un encuentro: Jesús resucitado me habla a mí como testigo de su muerte y resurrección, me invita a proclamar el perdón de los pecados a todos los pueblos. Su misericordia.

-Puedo preguntarme: ¿cómo puedo ser yo testigo? ¿Dónde puedo yo hacer llegar esta buena noticia?

– Y mientras les bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Es la victoria de Cristo y la mayoría de edad de la comunidad cristiana. Los discípulos quedan envueltos en su bendición. Yo también, en la memoria de esta fiesta, siento esa bendición que me reconforta, que me confirma de nuevo como discípulo y testigo, que me invita a quedar en esta tierra como otro Cristo.

-Continúo orando:

Jesús resucitado: Celebramos hoy tu “ascensión a los cielos”.

No estás ya al alcance de nuestros sentidos,

sino que estás presente, sin límites, eternamente.

Nosotros vivimos con la ardiente esperanza

de seguirte en tu Reino.

Esta esperanza, sostenida por tu Espíritu,

nos hace testigos tuyos:

mantiene nuestros ojos abiertos a las llamadas del amor;

compromete nuestra persona en el compromiso

por hacer crecer la fraternidad,

por estar cerca, como tú lo estuviste,

de quienes más lo necesitan. AMEN

En el año de la misericordia

La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer. Que nos acompañen las palabras del apóstol: el que practica misericordia, que lo haga con alegría.

(Papa Francisco. MV 16)

 

 

 

 

 

VI DOMINGO DE PASCUA

(1 de mayo)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.  El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”.

(Juan 14, 23-29)

 

♦ Comentario al texto

La Pascua va orientando sus lecturas hacia la venida del Espíritu Santo que el Padre enviará. Ese Espíritu Santo que los discípulos sentían caminando con ellos, como lo expresan, con sencillez, en la primera lectura de los Hechos: El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido.

El texto, como el del domingo anterior, está tomado del discurso de despedida, pero el evangelista escribe ya desde la perspectiva que le proporcionan la resurrección y la vida de su comunidad. Por eso está claramente descrito que lo que va a acontecer, aparentemente una pérdida, es precisamente lo contrario, porque en la muerte, Jesús, va a manifestar plenamente la verdad más honda de sí: el amor, la entrega total de sí mismo. Así leemos en el texto: el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo. Y así lo han experimentado y así se ha traducido en ellos en experiencia de paz, de valentía, de amor.

♦ Oración con el texto

-Siento que estoy en presencia de Jesús, Jesús resucitado que nos ha prometido una nueva forma de presencia. Jesús ha sido la revelación y presencia definitiva de Dios en el mundo.

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de Dios que en esta lectura se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu.

-Esta palabra, hoy, me habla de que ese Dios hará morada en nosotros, hará morada en mí, me habitará. Dios más íntimo a mí que mí mismo, dice San Agustín.

– Adoro esta presencia interior en mí y en cada una de las personas con las que comparto mi vida.

-Vuelvo sobre la palabra, saboreándola, gustándola: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él

 

-Pido, a este Dios que me habita, que resplandezca en mí la presencia de su Espíritu. Que la iglesia camine al aire de ese Espíritu.

Que el Espíritu, con su presencia nos ilumine la Escritura, nos haga entendible la Palabra de Dios, que fortalezca nuestros corazones en el amor y que nos conceda la paz. Y que cada uno de nosotros seamos testigos de esta presencia.

 

En el año de la misericordia

Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene. (Papa Francisco. MV 25)

 

 

 

 

V DOMINGO DE PASCUA

(24 de abril)

 

♦ Texto para la oración

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros’. (Jn 13, 11-13. 34-35)

 

♦ Comentario al texto

El texto evangélico está tomado del comienzo del primer discurso de despedida del evangelio de Juan, después de haberles lavado los pies. Nos resuena aún el texto leído el día de jueves santo. La memoria de estas palabras programáticas de Jesús, la liturgia nos las trae ahora a este tiempo de Pascua. Jesús ha resucitado, y de Él se dice en el texto, en primer lugar: que Dios (Padre) y el Hijo son una misma cosa: es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él; a continuación, nos presenta el momento de la despedida -de este Jesús resucitado-, me queda poco de estar con vosotros; por último, el testamento del amor ofrecido a esta comunidad nueva que nace de la Pascua. Será la señal por la que conocerán que sois discípulos míos, que os amáis unos a otros. Además de que sólo el amor fortalecerá la comunidad: amaos unos a otros. “Si se quieren mutuamente con el amor con el que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos” (Pagola)

 

♦ Oración con el texto

Para este momento de oración busco un espacio de silencio… me sitúo con la imaginación ante el icono de Jesús lavando los pies y leo de nuevo el texto lentamente, rehaciendo la escena.

-Estoy ante la gloria de Jesús resucitado: Dios como el Padre.

-Me anuncia una presencia nueva en medio de mi comunidad, en medio de la iglesia. EL AMOR.

-Me habla de NOVEDAD: un mandamiento nuevo. Les habla desde la experiencia. Los discípulos han experimentado el amor de Jesús: vosotros sois mis amigos. Junto a él han vivido la verdadera amistad.

AMISTAD significa acogida, cercanía, apoyo mutuo, comprensión, servicio.

-Miro mi vida de amistad con Jesús. ¿Cómo es mi experiencia? ¿Me he sentido amada / amado…? Sólo desde la experiencia del amor podré comenzar a amar.

-Pido a Jesús vivir y sentir esa experiencia de amor. Él me ha elegido como amigo. ¿Lo siento en concreto?

– ¿Cómo es mi amor a los demás? ¿Tiene la fuerza de la señal por la que me han de reconocer como discípula o como discípulo?

– Pido en oración: Señor, Jesús, que yo ame como tú quieres que ame.

 

En el año de la misericordia

La fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada… Por más grandes que sean nuestros límites… estamos invitados a robustecer las manos a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. (Papa Francisco. Angelus 15 XII. 2013)

 

 

 

IV DOMINGO DE PASCUA

(17 de abril)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y yo les doy la vida eterna; no perecerán siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,  27-30)

 

♦ Comentario al texto

Estamos este domingo ante la imagen de Jesús como Buen Pastor. Para entender bien esta parábola necesitamos acercarnos a la cultura del mundo en donde nace. En aquel mundo la persona se entiende en relación al grupo al que pertenece: familia, pueblo… Y la figura del pastor evoca el cariño, la vinculación, la responsabilidad ante los otros. La Biblia utiliza en distintos pasajes, la metáfora del pastor para nombrar a Dios mismo, para hacer alusión al ejercicio correcto en la actuación pública de los dirigentes de Israel. Incluso se asocia a la utopía en un orden social más justo y armonioso. El evangelista pone el énfasis en esa relación mutua entre las ovejas y el pastor: mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Pone de manifiesto la actitud receptiva con los verbos escuchar y seguir que hace referencia a la actitud del discípulo. Al Buen Pastor, Jesús, le adjudica el verbo conocer con el significado bíblico afectivo de querer, sentirse cercano, vinculado, responsable. Es el camino del amor que nos lleva a la plenitud de vida. Esta alegoría del pastor y las ovejas pone el acento en la dimensión personalizada, en esa relación mutua de Jesús con los suyos. Desde esta alegoría entenderemos hoy mejor el encargo de Jesús a Pedro, que leímos el domingo anterior: Pedro apacienta mis ovejas. Y esto se lo dice cuando ha escuchado de sus labios estas palabras: ‘Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Ahora Pedro sabe que esta misión es un servicio, hasta el punto de dar la vida por las ovejas, como Jesús.

 

♦ Oración con el texto

– Es importante leer este breve texto sin perder ninguna de sus palabras: situándome en las distintas representaciones de esta escena. Puedo tener delante la imagen del Buen Pastor, ese Jesús que carga sobre sus hombros a la oveja perdida o a la enferma. Voy saboreando las pocas palabras de este texto: la fuerza de los verbos: escuchar… conocer… seguir. Ahondando en el significado que acabamos de descubrir en el comentario al texto. Continúo, profundizando en la lectura de la Palabra: ellas no se perderán… nadie me las arrancará.

– Me dejo interpelar por la Palabra: ¿Cómo escucho yo la voz de Jesús, mi Buen Pastor? ¿Cómo es mi seguimiento? ¿Me he sentido alguna vez llevado en sus hombros? ¿He huido del rebaño? ¿Cuál ha sido la razón?

 

* El pastor bueno conoce a cada uno por su nombre; conoce mis capacidades y debilidades, mis ilusiones y mis heridas; conoce mi corazón y me ama como a un hijo ¿Estoy convencido del amor de este Jesús que me conoce, que me quiere, que está cercano a mí, siempre?

* El pastor bueno ayuda y defiende, nunca me abandonará. Da su vida por amor a sus ovejas. ¿Cómo actúo yo en relación a los demás? ¿Cómo asumo yo mi responsabilidad de ser pastor de otros? ¿Cómo cuido? ¿Cómo acompaño? ¿Cómo curo?…

 

En el año de la misericordia

Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana. (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 169)

 

 

 

 

 

III DOMINGO DE PASCUA

(10 de abril)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: ‘Me voy a pescar’.
Ellos contestan: ‘Vamos también nosotros contigo’. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: ‘Muchachos, ¿tenéis pescado?’  Ellos contestaron: ‘No’. Él les dice: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: ‘Es el Señor’.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: ‘Traed de los peces que acabáis de coger’. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: ‘Vamos, almorzad’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, le preguntó Jesús a Simón Pedro: ‘¿Simón, hijo de Juan, me amas más que estos?’ Contestó Pedro: ‘Señor, sí, tu sabes que te quiero’ Jesús le dijo: ‘apacienta mis ovejas… Sígueme” (Jn 21, 1-19)

 

♦ Comentario al texto

El evangelio de Juan nos narra este domingo el tercer encuentro de Jesús con el grupo de los discípulos en su trabajo cotidiano, la pesca. La escena está repleta de elementos simbólicos como es propio de este evangelista: el lago como lugar de la prueba y la dificultad; la noche que señala la ausencia del Señor; el amanecer signo de la nueva luz, presencia del Señor resucitado: estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; el número de peces, símbolo de plenitud. El esquema de la narración es el habitual de los relatos de apariciones: La iniciativa de Jesús que sale al encuentro cuando no se le espera; los signos que ayudan a su reconocimiento: la pesca milagrosa, la comida compartida. Una novedad representa la segunda parte del texto, centrado en la figura de Pedro al que encomienda una misión que no puede ser entendida más que en las mismas claves de Jesús: dar la vida por las ovejas.

 

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada que me facilite este momento de oración. Puedo encender una vela símbolo de la presencia de Cristo resucitado. Me sitúo en este nuevo escenario: el lago Tiberíades y la presencia de los discípulos, de Pedro que va a recibir, en esta noche una misión especial. Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla. Dice el texto.

– Me dejo interpelar por la respuesta de Juan que reconoce a Jesús y dice: Es el Señor. Hago memoria de la presencia de Jesús en mi vida, en mis noches, en mis amaneceres, y quiero confesar como Juan: es el Señor.

– Me sitúo en el lugar de Pedro. Su fogosidad: cuando oyó a Juan que le decía, es el Señor, se echó al agua. Pídele al Señor que arda en ti ese mismo amor, y esa prontitud en ir a su encuentro.

– Hazte presente a ese diálogo de amor: ¿Simón… me amas más que estos? Y dile a Jesús que crees en su amor incondicional, en su amor gratuito, en su amor capaz de transformar la propia vida. Acoge la misión a la que él te envía: cuida de mi gente, acércate a los que más lo necesitan, acompaña soledades… apacienta mis ovejas.

-Continúo orando:

Señor, concédeme el regalo de encontrarte en la noche,

de descubrir la nueva luz, en tu presencia.

Pon en mi corazón el deseo de darme y entregarme.

De dar mi vida, como Pedro, en servicio a los más débiles.

Enciende mi corazón en el amor. Hazme constructor de paz.

Que camine por caminos de justicia y misericordia.

-Pide, hoy especialmente, al evocar la figura de Pedro, por su sucesor:

El papa Francisco que continuamente pide que oremos por él:

Que el Espíritu le fortalezca en la verdad y en el servicio.

Que le dé el gesto y la palabra oportuna para sembrar el bien.

Que sepa conducir al pueblo por las sendas del amor.

 

 

 

II DOMINGO DE PASCUA

(3 de abril)

 

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’.  Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo’.  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: ‘Paz a vosotros’. Luego dijo a Tomás: ‘Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente’.  Contestó Tomás: ‘¡Señor mío y Dios mío!’. Jesús le dijo: ‘¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto’. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre”. (Jn 20, 19-31)

 

♦ Comentario al texto

Nos encontramos con dos narraciones de las apariciones de Jesús a los discípulos. La primera cierra la jornada del primer día. Se apareció a los discípulos que estaban en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Es el encuentro con el grupo. Después nos narra la aparición a Tomás, que estaba ausente del grupo. Y esto acontece a los ocho días. Se subrayan tres elementos propios de estos relatos: 1) Es Jesús quien irrumpe en la escena, 2) la identidad de Jesús resucitado, entra estando las puertas cerradas, y a la vez es el mismo crucificado: les enseñó las manos y el costado, 3) la misión encomendada a los discípulos, en continuidad con la misión de Jesús: como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. La fuerza para esta misión les vendrá del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo.

 

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada para entrar en oración. Hago silencio en mi interior, represento la escena con mi imaginación: es la primera reunión de los discípulos en ausencia del maestro… tenían miedo.  Pero hay alguna fuerza que les convoca: ¿el recuerdo de Jesús?

*También nosotros nos reunimos el primer día de la semana. Puedo preguntarme: ¿cómo y por qué acudo a la celebración del domingo? ¿Qué me mueve para acudir a este encuentro con Jesús presente en medio de nuestra comunidad? ¿Cuáles son mis sentimientos?

*Jesús ahuyenta sus miedos y nuestros miedos: Paz a vosotros. Las manos y el costado de Jesús son sus señas y al mismo tiempo son los signos de su amor. La presencia de Jesús es portadora de paz. *Escuchamos de labios de Jesús la bienaventuranza de la fe: Dichosos los que crean sin haber visto. Me siento invitado a decir con Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Es mi expresión de fe, hoy, en Cristo resucitado.

*Jesús se hizo presente en aquella comunidad de los primeros. Jesús se hace presente en nuestra comunidad. Nos envía su Espíritu y nos pide continuar su obra. Nos pide salir de nuestro pequeño círculo, y, por la fuerza del Espíritu, comunicar vida y amor a otros.

 

En el año de la misericordia

La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. ‘Dios es amor’ (1Jn 4, 8-16), afirma por la primera y única vez en toda la escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús

 

 

DOMINGO 5º DE CUARESMA

(13 de marzo)

 

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.  Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?’.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra’. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: ‘Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?’ Ella contestó: ‘Ninguno, Señor’. Jesús dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más’. (Jn, 8, 1-11)

 

♦ Comentario al texto

Las lecturas que venimos escuchando los últimos domingos nos ayudan a entender la cuestión de fondo que plantea: Jesús ha presentado un rostro de Dios misericordioso, cercano a los pecadores, perdonador, que espera pacientemente siempre y que a los escribas y fariseos les cuesta entender. Alguien, a quien le importa más las personas que sus actos: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Es un Dios que quiere la vida. De nuevo los letrados y fariseos enfrentan a Jesús con la ley: La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?’.  Le obligan a tomar una decisión: la ley condena el adulterio. Está acorralado. Jesús, jugando con la misma ley, que prevé que el denunciante sea el primero en arrojar la piedra, devuelve la ley a su verdadero sentido. Y ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno… La ley no está hecha para condenar sino para ser luz y guía en la vida, para iluminar comportamientos, para defender a los débiles ante el privilegio de los fuertes. La verdadera ley, la verdadera voluntad de Dios es siempre salvífica: Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más. La mujer queda liberada de la ley y del pecado, para caminar, libre, hacia adelante.

 

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el comentario para profundizar en el texto…

– Vuelvo sobre su lectura: Hago una lectura reposada, serena, repaso la escena detenidamente: miro a Jesús, escucho de nuevo sus palabras de perdón y de luz, entro en mi interior para descubrir cuál es mi lugar en esta escena:

> ¿Con quién puedo identificarme en este momento personal mío, mirando a los acusadores y mirando a la acusada? Como veíamos el domingo anterior todos necesitan sanación y perdón. Pero también, una vez más, vemos que la conversión de los que se creen buenos es más difícil. Ellos desaparecen de la escena: se fueron escabullendo…

> Pido la actitud de la mujer que atrae la compasión de Jesús y escucho en mi interior su palabra: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

> Acojo la mirada misericordiosa de Jesús. Siento el regalo del perdón y de la libertad

 

En el año de la misericordia

No juzguéis y no seréis juzgados… si no se quiere incurrir en el juicio de Dios, nadie puede convertirse en el juez del hermano. Los hombres ciertamente con sus juicios se detienen en la superficie, mientras que el Padre mira al interior… No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona… pero Jesús pide más. Jesús pide también perdonar. (Papa Francisco MV 14)

 

 

 

DOMINGO 4º DE CUARESMA

(6 de marzo)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre le repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces, y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba Este le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.  Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado” (Lucas 15, 1-3, 11-32)

 

♦ Comentario al texto

Este texto forma parte de una trilogía de parábolas dedicadas a la misericordia. En ellas “Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta que no se haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y misericordia… Jesús afirma que la misericordia no solo afecta al obrar del Padre, sino que se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos. Estamos llamados a vivir en misericordia, porque a nosotros, en primer lugar, se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Qué difícil es muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón… La misericordia de Dios es su responsabilidad con nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos” (papa Francisco, MV 9)

 

♦ Oración con el texto

– Vuelvo sobre el texto, después de haber leído el comentario, reposadamente.

– La parábola es una llamada a la conversión: la vuelta a la casa del padre.

– ¿Cómo volver a la casa del Padre? Reconociendo y contemplando la misericordia del Padre. Esto nos atraerá de nuevo, con el deseo de encontrarme una vez más con su abrazo, de sentir su mirada acogedora y compasiva de volver a celebrar la alegría de la fiesta.

 

En el año de la misericordia

Sentimos la llamada y pedimos con ardor llegar a ser: misericordiosos como el Padre. Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y criterio de credibilidad de nuestra fe: ‘Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia’ (MV 9)

 

 

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DOMINGO 3º DE CUARESMA

(28 de febrero)

 

♦ Texto para la oración

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceareis de la misma manera’.

Y les dijo esta parábola: ‘Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo, encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas. (Lc 13, 1-9)

 

♦ Comentario al texto

La enseñanza de Jesús en este texto, que nos ofrece la liturgia de este domingo, es de gran importancia. Nos podemos preguntar, en primer lugar, qué buscan al acercarse a Jesús con esta historia de los galileos. Quizá quieren una explicación sobre ‘ese Dios’ que permite esa muerte. Jesús responde con otro hecho de vida, para llamar a un cambio de mentalidad: todos somos pecadores, por eso, todos estamos llamados a la conversión. No se puede dividir a la sociedad entre buenos y malos. Como dice San Pablo en la segunda lectura: “El que se cree seguro, ¡cuidado! No caiga”. Pero a pesar del pecado, es posible la conversión. Por eso a continuación Jesús cuenta esa parábola, jugando con el simbolismo de la higuera que no da fruto. El dueño busca el fruto, pero el viñador pone su esperanza en la higuera, él la cuidará. La preocupación del viñador por la higuera le hace responsable. La cuidará e intentará por todos los medios salvarla. No se sabe cómo responderá la higuera. El final queda abierto. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, “el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

 

♦ Oración con el texto

Puedo comenzar este momento de oración volviendo a la experiencia vivida en la lectura de este evangelio el domingo. ¿Dejó en mí algún sentimiento? ¿He entendido la intención de Jesús de liberar al pueblo de la imagen de un Dios que les esclaviza? Ahora trato de comprender la intención de la parábola que les propone a los que se han acercado a él.

– Me adentro en el lenguaje de la parábola: la conversión reclama dejarse cavar, ahondar y podar. Dios nos sale al encuentro y nos espera. Pero sin cambio radical no cabe encuentro personal con él. Los cristianos somos tan vulnerables como los demás, pero no debiera ser el miedo el que nos mueva, sino la confianza. Ésta es una virtud que se educa, se cuida y se mima.

– Soy responsable de este cuidado, como se sentía el viñador respecto de la higuera. Y tengo confianza en el Viñador paciente, que es Jesús, Dios-con-nosotros, que sale a mi encuentro, me cuida, y me regala su perdón.

– Me pongo en manos de Dios, padre-madre, lleno de misericordia y amor: el Señor es compasivo y misericordioso (salmo 102)

– Hago memoria del paso de Dios por mi historia personal ¿Cuantas veces en mi vida le he sentido así, como el Viñador paciente, cuidando mi vida para que dé fruto?

 

En el año de la Misericordia

Cuando nos damos cuenta de ser pecadores encontramos la misericordia de Dios, que siempre nos perdona y nos recibe en su amor de perdón y de misericordia… Sin misericordia nuestra teología, nuestro derecho, nuestra pastoral, corren el riesgo de caer en la mezquindad burocrática o en la ideología, que por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio. (Papa Francisco. 29 mayo 2013 y 3 de marzo 2015)

 

 

 

DOMINGO 2º DE CUARESMA

(21 de febrero)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, y hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: ‘Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle’. Cuando sonó la voz se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie lo que habían visto. (Lucas 9, 28b-36)

 

♦ Comentario al texto

Esta narración aparece en los tres evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Esto nos hace caer en la cuenta de su importancia: se trata de un texto clave para entender quién es Jesús, y cuál es su misión y destino. Antes de iniciar el camino hacia Jerusalén, Jesús sube el monte a orar con unos discípulos. Comienza por una manifestación ante los que le seguían: el aspecto de su rostro cambió… y vieron su gloria. Más tarde son introducidos en la nube y allí escuchan: Una voz que desde la nube decía: Este es mi Hijo… escuchadle. Ver y escuchar son los dos verbos que utiliza Lucas. Estos dos primeros domingos forman un conjunto: tentaciones y transfiguración, dos cuadros complementarios: la condición humana de Jesús y su condición divina. Más allá de las apariencias, vemos el rostro iluminado de Jesús, Hijo de Dios… Escuchadle. Los momentos de claridad, además de fortalecernos en el presente, prolongan su luz hacia el futuro disipando miedos y dándonos confianza.

 

♦ Oración con el texto

Después de leer el comentario al texto que nos habrá ayudado a su mejor comprensión. Hago un momento de silencio… intento situarme en la escena, la represento en mi interior. Pido al Señor me deje participar de la experiencia de sus discípulos: ver y escuchar.

-Vuelve de nuevo a la lectura del texto. Es un momento fundamentalmente contemplativo donde es importante el silencio, el sentir, mirar, escuchar…

 

*Siente la experiencia de que Jesús te toma para subir tú también a la montaña a orar.

*Mira su rostro lleno de luz, su rostro expresión de su gloria

*Abre tu oído a la voz que llega de la nube, es la voz de Dios Padre: Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

*Escuchar a Jesús

 

Puedo dejar que brote de mis labios la oración del salmista (Sl 26)

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida

¿quién me hará temblar?

Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

 

En el año de la Misericordia

Este es el significado de la Cuaresma: volver a situarnos decididamente en la senda de Jesús, la senda que conduce a la vida. Mirar a Jesús, lo que hizo Jesús, e ir con Él.

(Papa Francisco. Angelus, 22 de febrero. 2015)

 

 

DOMINGO 1º DE CUARESMA

(14 de febrero)

 

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan’ Jesús le contestó: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre’. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: ‘Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo’. Jesús le contestó: ‘Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto’. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’. Jesús le contestó: ‘Está mandado: No tentarás al Señor, tu Dios’.
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

(Lucas 4, 1-13)

 

♦ Comentario al texto

Comenzamos la cuaresma y en el primer domingo, como pórtico de la misma, la liturgia nos pone frente a un pasaje de gran interés para nuestra experiencia creyente: Jesús es tentado, Jesús es puesto a prueba: Si eres Hijo de Dios le dice el tentador. Es decir, se pone a prueba la comprensión de Jesús sobre su ser y misión como Hijo de Dios: es la misma palabra que Jesús ha escuchado del Padre en su bautismo en el Jordán: ‘Este es mi Hijo’. Es decir, Jesús es “tentado” acerca de su identidad y cómo utilizará su poder: ¿en favor propio?, ¿cómo dominio?, ¿buscando privilegios?… Y termina el texto diciendo que el demonio se marchó hasta otra ocasión. Parece que no será la única tentación que va a sufrir Jesús. Podemos leer este texto a la luz de las bienaventuranzas: se enfrenta la felicidad que propone Jesús, a la felicidad que propone el mundo, basada en el tener, en el poder, en el aparentar.

 

♦ Oración con el texto

A la luz de este texto puedo preguntarme sobre mi modo de ser cristiano: cómo vivo yo mi identidad de hijo de Dios.

– ¿La siento como posibilidad de enriquecimiento personal?: nuestra tentación hoy es pensar sólo en nuestro pan (Pagola), en nuestros derechos y olvidamos las necesidades de los hermanos, el drama de quienes carecen de casi todo. La misión de Jesús, nuestra misión, está en función de los necesitados, de los que sufren…

– ¿La siento como poder, como situación de dominio y superioridad sobre los demás? Y el poder lleva consigo a la esclavitud, a arrodillarse delante de alguien, en definitiva, a venderse a otros. Jesús traducirá el poder en compasión y misericordia. Jesús no buscará nunca ser servido, sino servir (Pagola).

– ¿La siento como privilegio como seguridad y provecho personal, como deseo de aparentar ante los demás? Todos tenemos la tentación de figurar y apartarnos del camino de sencillez que nos ha marcado Jesús. ‘¿Quién será el primero en el Reino de los cielos?’.

* Jesús nos invita a la vigilancia y al discernimiento sobre nuestras actitudes. Nos invita a hacer su camino de sencillez, mansedumbre, y compromiso con los hermanos en misericordia y compasión. Y caminar humildemente en obediencia y libertad ante Dios.

 

En el año de la misericordia

La Cuaresma de este Año Jubilar ha de ser vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! De nuevo ponemos, convencido, en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. (M. vultus, nº 17)

 

 

 

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

(7 de febrero)

♦ Texto para la oración
“En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Rema mar adentro, y echad las redes para pescar’. Simón contestó: ‘Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes’.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: ‘Apártate de mí, Señor, que soy un pecador’. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas; desde ahora serás pescador de hombres’. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron” (Lucas 5, 1-11)

 

♦ Comentario al texto

La escena de este domingo se desarrolla en el lago de Genesaret. Hace dos domingos el evangelista subrayaba una actitud de los oyentes al escucharle en la Sinagoga: todos tenían fijos los ojos en él. Hoy pone de manifiesto que la gente se agolpaba alrededor de Jesús. En una y en otra escena nos hace caer en la cuenta de la admiración que despertaba el Maestro.

♦ Oración con el texto

Te invito en la oración de hoy a situarte, junto a la gente, en el lago de Genesaret. Quizá has tenido ocasión de visitar aquellos lugares… en todo caso intenta reconstruir la escena y sitúate dentro de ella.

*¿Qué buscaba la gente, según el evangelista? Oír la palabra de Dios. Jesús, desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Lucas le presenta a Jesús como el maestro, sentado para enseñar.

*En un segundo momento Jesús se separa de la multitud y comienza un diálogo con Pedro y los demás que iban en la barca: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

 

-Entra en el significado de esta escena, reconoce a Jesús como el Maestro, ahora tu Maestro. Él te invita a remar mar adentro.

 

*¿Qué significado tiene para mí, hoy, esta palabra?

*El mismo Pedro, después de la pesca, reconoce a Jesús como Señor. Ha comprendido el signo. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él. Le han reconocido en el signo de la abundancia de la pesca, le han reconocido como Maestro y Señor y han quedado fascinados por Él: y dejándolo todo le siguieron.

En el año de la Misericordia

La gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de un modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor.

(Papa Francisco. Homilía, 30 de mayo de 2013)

 

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

(31 de enero)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’ Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’ Y Jesús les dijo: ‘Sin duda me recitaréis aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’. Y añadió: ‘Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra’. ‘Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio’. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. (Lucas 4, 21-30)

 

♦ Comentario al texto

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en la Sinagoga, en continuidad con el domingo anterior. Pero hay un cambio en la actitud de los oyentes que pasan de la admiración, a hacerlo salir del pueblo con intención de despeñarle. Se cumple lo que él mismo anuncia: el profeta no es bien mirado en su tierra, como sucedió a Elías y a Eliseo. ¿Y de dónde viene el problema? Del mismo anuncio. Jesús está poniendo de manifiesto que su anuncio ha de llegar a los extranjeros, que ha de ir más allá de las fronteras de su pueblo, como sucedió en tiempos de los profetas. También desconfían de su propio origen ¿No es éste el hijo de José? Por todo ello intentan despeñarlo, pero Jesús, con su autoridad, se abrió paso entre ellos.

♦ Oración con el texto

He leído el evangelio y su comentario. Me paro un momento, hago silencio en mi interior y me quedo “dando vueltas”, meditando sólo una frase de Jesús: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra.

-Puedo preguntarme: ¿Señor, que quieres decirme hoy con esta imagen evangélica y sobre todo con estas palabras?

  • ¿Hay profetas en nuestro pueblo? ¿Puedo poner nombre y rostro hoy, detrás de esta palabra profeta?
  • Recuerdo la primera lectura de este domingo: la llamada de Jeremías. Jeremías es un profeta a su pesar, es enviado a los gentiles, es decir fuera de su pueblo.
  • La predicación de Jesús es también para todas las gentes.
  • Jeremías vivirá de una promesa: No temas que yo estoy contigo.
  • Jesús vivirá fuertemente unido al Padre, a su querer, con la certeza de que el Padre no le abandona.

¡SEÑOR, NO NOS PRIVES DE PROFETAS!

En el año de la misericordia

Con la mirada puesta en Jesús y en su rostro misericordioso… podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales… Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Que nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad.

(Papa Francisco. El rostro de la misericordia. 15)

 

DOMINGO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO

(24 de enero)

♦ Texto para la oración

“Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor’. Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: ‘Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír’. (Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

 

♦ Comentario al texto

El texto que se proclama este domingo del evangelista Lucas está formado por dos párrafos bien distintos. El comienzo del evangelio, donde el autor explica el modo de proceder para llevar a cabo la recopilación de los hechos de la vida de Jesús, y, por otra parte, lo que el autor señala como la manifestación de la misión de Jesús que ha sido anunciada por Isaías y hoy se ha cumplido. ¿Y cuáles son los signos? El anuncio del Evangelio a los pobres, la libertad de los cautivos, la curación de todas las cegueras, la libertad de aquellos que sufren cualquier tipo de opresión. Será la tarea más importante de Jesús. Resuenan de nuevo aquellas palabras del Éxodo: Dice el Señor: he escuchado el clamor de mi pueblo y voy a liberarlo.

Nos pone de relieve este texto, al igual que la primera lectura, la fuerza que tiene la Palabra de Dios para el creyente. La lectura pública y comunitaria de la Palabra crea la comunidad y renueva nuestra fe. De ahí la respuesta al salmo: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

♦ Oración con el texto

Una vez que he comprendido algo más el texto, por medio del comentario. Vuelvo de nuevo a la lectura silenciosa y contemplativa del mismo, en su segunda parte. Y repito en mi interior: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

-Contemplo a Jesús, en pie, para hacer la lectura de la Palabra. Saboreo el texto, Jesús se hace consciente, acoge y anuncia la misión a la que ha sido enviado: Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres… a anunciar el año de gracia.

-Saboreo estas palabras: qué quiere decir Jesús sobre sí mismo cuando se siente enviado a esta misión. Jesús ha escuchado el clamor de su pueblo, siente sobre sí las pobrezas, las esclavitudes, la falta de sentido y viene a anunciar una novedad: Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír.

*Esto también es verdad hoy, si cada uno de nosotros pone las manos en esta tarea que inicia Jesús en la sinagoga de Nazaret.

En el año de la Misericordia

La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. “Dios es amor” … Ese amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. El rostro de la misericordia. Papa Francisco, nº 8) La misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, ¡es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!… La misericordia de Dios da vida al hombre, le resucita de la muerte. (Papa Francisco. Ángelus, 9 de junio 2013)

 

DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO

(17 de enero)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.  Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: ‘No les queda vino’. Jesús le contestó: ‘Mujer déjame, todavía no ha llegado mi hora’. Su madre dijo a los sirvientes: ‘Haced lo que Él os diga’ Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: ‘Llenad las tinajas de agua’. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: ‘Sacad ahora y llevádselo al mayordomo’. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía –los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua-, y entonces llamó al novio y le dijo: ‘Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora’. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en Él”. ((Juan 2, 1-11)

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♦ Comentario al texto

Con la fiesta del Bautismo de Jesús, el domingo pasado, termina el tiempo de Navidad y damos comienzo al Tiempo Ordinario. La liturgia nos regala, este domingo, un bellísimo pasaje del evangelio de Juan. Se celebraba una boda en Caná de Galilea… Juan nos presenta este acontecimiento de grandes resonancias bíblicas. Así aparece en la primera lectura del profeta Isaías: Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó. También el evangelio es una gran invitación de bodas. El Reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Juan nos propone en este día, el primero de los signos de Jesús, en una boda.  Y la madre de Jesús estaba allí. En el centro de la narración está María. Añade el evangelista que Jesús estaba también invitado. Para Juan la figura de la madre es central y desde ella la atención se proyectará a Jesús. El milagro, la manifestación de la gloria de Cristo, pasa a través de su madre. El texto nos invita a contemplar a María.

♦ Oración con el texto

-María cae en la cuenta de la situación: ‘No les queda vino’. La mirada de María es una mirada contemplativa a la realidad que le hace caer en la cuenta de lo que está sucediendo, percibe la carencia de algo que es importante en la fiesta. Lo hace notar, lo pone de relieve y lo confía a su Hijo.

*Pidamos a María que nos haga atentos a lo que falta, que ponga en nosotros la mirada contemplativa, benévola y sincera con que ella ha mirado el convite de las bodas de Caná. Que sepamos captar la situación de todos los que no tienen vino, pan, alegría…

-María se compenetra con la situación de tal modo que recibe de Jesús un reto: Mujer déjame… Palabras llenas de misterio. Y María recibe estas palabras porque se ha compenetrado con la situación como si fuese suya. María siente que falta algo para que la fiesta no decaiga.

*Pidamos a María que nos ayude a descubrir lo que falta para que nuestra vida sea plena, para que la vida de la iglesia responda a lo que el mundo necesita. Para que el mundo pueda ser un lugar más amable y habitable.

-María es intrépida y dice a los servidores: ‘Haced lo que Él os diga’. Ella está segura de su hijo porque es el Hijo de Dios. María es modelo de intrepidez, porque es modelo de contemplación.

*Pedimos a María que nos haga entender la primacía del contemplar sobre el hacer, del existir sobre el obrar, del ser sobre el tener.

En el año de la Misericordia

Cristo es el centro de la historia de la humanidad, y también el centro de la historia de todo hombre y mujer. A él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. (Homilía del Papa) Que la dulzura de la mirada de María nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

(Papa Francisco. El rostro de la misericordia, nº 24)