Oraciones con el EVANGELIO

 

 

 

 

 

DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Domingo 29 de octubre)

 

Mateo sigue poniendo ante nuestros ojos la actitud de los fariseos: poner a prueba a Jesús. La respuesta de Jesús es clara y exigente: amarás al prójimo como a ti mismo. La fe cristiana profesa que hay una manera infalible de contactar con Dios, y es la dedicación amorosa a los sufrientes de la tierra. Ese contacto podrá entonces ser percibido o no, pero se dará sin duda. Teresa de Jesús pone su palabra, alimentada en la experiencia: “Ve el alma que los gozos de la tierra son inciertos, aunque parezcan dados de Vos, si no van acompañados con el amor del prójimo. Quien no le amare, no os ama, Señor mío, pues con tanta sangre vemos mostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán”.

 

Escuchar y acoger la Palabra

“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?’  Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”  (Mateo 22, 34-40)

 

Iluminar la Palabra

Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas. Son el fundamento de nuestra fe. La fe cristiana se manifiesta en un amor que abraza lo humano y lo divino. Jesús habla de un amor a Dios que implica a la persona entera, en todas sus dimensiones. A esto añade una novedad, el amor al prójimo –mandamiento semejante al primero-. La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.Esta palabra de Jesús queda iluminada desde el texto del Antiguo Testamento que se lee en la Eucaristía de este domingo: La predilección de Dios por los desvalidos –viudas, huérfanos, forasteros- y por los pobres. Este subrayado pone énfasis a la calidad de nuestro amor por el prójimo, como se describe también en la parábola del buen samaritano. Amarás a tu prójimo como a ti mismo, dice Jesús. En una sociedad de desiguales amar “como te amas a ti mismo” introduce la radical exigencia de la igualdad.

 

Orar y contemplar la Palabra

*Comienzo este momento orante sintiendo esa presencia interior que me habita. Tú, Señor tienes, para mí, palabras de vida eterna.

 

*Me quedo en silencio ante la Palabra y reconozco que el fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz.

 

*Concédeme Señor que este rato de oración haga crecer en mí el silencio, la oración, la fe, el amor, el servicio, la paz.

 

Actuar desde la Palabra

Un amor de obra y de verdad. Somos llamados a anunciar el evangelio con el testimonio de nuestra vida, cumpliendo la Ley del amor.

Cada día, durante esta semana, al comenzar y dar gracias a Dios por todo lo que en mí amanece me uno a estas palabras del papa Francisco: “Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! ¡Sí, en contra de todo!  ¡No nos dejemos robar el ideal  del amor fraterno!” (EG. 101)

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Domingo 22 de octubre)

El domingo anterior, 15 de octubre ha comenzado el año jubilar teresiano. Con esta ocasión, nos viene a la mente unas palabras de la Santa que manifiestan la dificultad de unir estos contrarios: estar en el mundo sin ser del mundo. Ese saber dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios: “Pensáis que es menester poco para tratar con el mundo, y vivir en el mundo, y tratar negocios del mundo y ser en lo interior extraños al mundo…  (Camino de perfección 3, 2)

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes y le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al Cesar o no?’ Comprendiendo su mala voluntad les dijo Jesús: ‘Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto’. Le presentaron un denario. Él les preguntó: ‘¿De quién son esta cara y esta inscripción?’ Le respondieron: ‘Del Cesar’. Entonces les replicó: ‘Pues pagadle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios’ (Mateo 22, 15-21)

 

Iluminar la Palabra

Los fariseos y herodianos intentan poner a Jesús en una situación comprometida queriendo que tome postura política y religiosa. La moneda es a la vez un símbolo político y religioso. En primer lugar Jesús desenmascara a sus interlocutores: Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Estos mismos, aún en medio de burla y sarcasmo, definen a Jesús como un hombre libre e identifican las notas de la verdadera libertad: sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad y no te dejas llevar de las apariencias. La pregunta llega enseguida: ¿Es lícito pagar tributo? Es la pregunta sobre los derechos del Cesar. La respuesta es clara: dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. No se trata de escoger entre Dios y el Cesar, pero tampoco hay que confundirles. Con esta distinción Jesús otorga al cristiano y a quien escucha sus palabras la libertad de reflexionar siempre sobre la manera en que quiere participar en la gestión del mundo. Tenemos responsabilidades, como miembros de una sociedad, a las que hay que responder, siendo lúcidos ante el abuso de poder o injusticia de las leyes. A Dios lo que es de Dios. Apostar por lo que es de Dios es apostar por los derechos de sus hijos y defender a quienes llevan impresa su imagen.

 

Orar y contemplar la Palabra

La lectura de la Palabra de este domingo nos invita a despertar en nosotros la responsabilidad pública de la fe, sabiendo que lo que constituye la personalidad más plena del hombre, su intimidad y libertad, imagen de Dios, no pueden prostituirse ni entregarse a los poderes de este mundo.

Dejo que la Palabra me interpela y sugiera. Me pregunto por mis actitudes:

Mi fe, como expresa San Pablo, ¿es una actitud que transforma al sujeto y su modo de estar en el mundo?

Mi libertad, ¿me compromete a no guardar las apariencias, a no pactar con los poderes que buscan el dominio de las personas?

La esperanza en el único Dios, Señor de la historia, ¿dinamiza mi compromiso, con alegría?

La verdad y la sinceridad,  me lleva a actuar sin dejarnos llevar de las apariencias.

El amor, ¿me lleva a apostar por la defensa a los más débiles y necesitados?

 

Actuar desde la Palabra

Reviso mis actitudes y me comprometo, en lo cotidiano, en ir transformando mi manera de estar en el mundo sin ser del mundo: dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 8 de octubre)

Vemos que, en estos domingos, Jesús dirige su enseñanza a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Este domingo leemos una de las parábolas más audaces que Jesús dirige a los dirigentes del pueblo. La viña es imagen del pueblo. Los responsables –labradores- están obligados a cuidarla y en su lugar han maltratado y apaleado a cuantos enviaba el dueño de la viña. En definitiva buscando quedarse con la herencia.

 

Escuchar y acoger la Palabra

“En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ‘escuchad otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados… e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciendo: tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: Este es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’ Le contestaron: ‘Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a su tiempo’. Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en la Escritura: la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular…? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.   (Mt 21, 33-43)

 

Pensar la Palabra

La imagen de la viña, metáfora tan usada para referirse al pueblo de Israel,  aparece ya en la primera lectura de este domingo, y pone de relieve el compromiso de Dios para con su pueblo. El texto del evangelio nos dice: arrendará la viña a otros labradores… a un pueblo que produzca sus frutos. El evangelista pone delante de nuestros ojos, por una parte a la persona de Jesús, Él es el Hijo que será rechazado. Jesús está en Jerusalén, y se dirige a los sumos sacerdotes, a las autoridades del pueblo que tendrán tanta responsabilidad en su futuro. Por otra parte pone de relieve la llamada a la comunidad, a nuestra comunidad: nuevo pueblo de Dios, a dar fruto; las obras de amor, el ser sal y luz del mundo, esto es lo que identifica al nuevo pueblo de Dios.

 

Orar y contemplar la Palabra

¡La Palabra de Dios es viva y eficaz, es alimento del alma!

¿Qué palabra quieres pronunciar sobre mí, Señor? Deseo dejarme llevar por tu Espíritu. Repito, una y otra vez, desde el fondo de mi corazón: Lo que quieras de mí, Señor.

¿Qué quiere decirme a mí personalmente esta parábola y a nosotros como comunidad, nuevo pueblo de Dios?

Ciertamente es una llamada a los encargados de cultivar la viña que no han respondido a lo que el amo les pedía.

– ¿Cómo participo yo en el proyecto de Dios, en el cultivo de esta viña, desde el encargo que tengo en la comunidad, en mi realidad cotidiana? Desde lo concreto de mi familia, mis amigos, mi vecindad, mi comunidad parroquial, mis compañeros y compañeras de trabajo…

– ¿Me comprometo en el proyecto de Dios de una creación para todos, de hacer del mundo una casa común y de cuidar de ella?

– ¿Respondo a las expectativas de Jesús de producir frutos de libertad, de amor, de perdón, de misericordia o busco más el poder y la seguridad?

Pablo, en su carta a los filipenses, nos invita a no sucumbir, “sino que en la oración, presentando a Dios nuestras peticiones”, nuestra debilidad, vivamos con la seguridad de que el Dios de la paz estará con nosotros.

 

Actuar desde la Palabra

La parábola nos obliga a hacernos graves preguntas:

¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica y a los que mueren de hambre y desnutrición en África?

¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas “fuera de la viña”? ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios?

¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía también hoy para recordarnos su amor y su justicia? ¿Ya no hay entre nosotros profetas de Dios ni testigos de Jesús? ¿Ya no los reconocemos?

Durante la semana intento vivir consciente de esta llamada, dando respuesta concreta a estas preguntas.

 

 

 

DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 1 de octubre)

 

El evangelio que se ha proclamado este domingo nos invita a vivir en coherencia con nuestras palabras, y que nuestras palabras respondan a la exigencia de nuestra fe, al compromiso como discípulos de Jesús. Y se dirige, de modo provocativo, a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo: “os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Aquellos que están en disposición de creer.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ‘¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar a la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y se fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: Voy, señor. Pero no fue ¿quién de los dos hizo lo que quería el padre?’ Contestaron: ‘El primero’. Jesús les dijo: ‘Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis’.  (Mateo 21, 28-32)

 

Pensar la Palabra

Jesús dirige, esta vez, su palabra a los sacerdotes y ancianos del pueblo para preguntarles sobre la verdad del amor. Lo hace con una nueva parábola: los dos hijos y su respuesta a los deseos del padre.

Representan estos dos hijos la incoherencia, en ambos casos, entre lo que decimos y hacemos. En el primero subraya Jesús que recapacitó, volvió a pensar y medir la contestación que había dado al padre y actuó según sus deseos. En el segundo se pone de manifiesto la vaciedad de las palabras, de quien sólo está interesado en quedar bien, sin compromiso alguno.

 

Orar y contemplar la Palabra

De nuevo me pongo a la escucha de la Palabra de Dios, que siento en este momento pronunciada para mí.

Pido al Señor un corazón limpio y abierto para acoger, entender y comprometerme con esta palabra. Después de haber pensado, de dar vueltas a la Palabra en mi interior, de haber profundizado en ella, estoy en disposición de preguntarme por mi modo de vivir la vida, mis compromisos, mi fe.

‘.reacciones? Unas veces, quizá por apatía, cansancio, desgana… puedo responder: esto no es para mí, que lo haga otra persona, a eso yo no estoy llamado… El texto nos invita a pararnos, recapacitar y descubrir si tengo que tomar parte o actuar de una determinada manera, según el deseo del Padre.

¿Por qué Jesús dice estas palabras que pueden parecernos desconcertantes?: ‘Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

 

Actuar desde la Palabra

Después de este tiempo de oración pido al Señor luz para responder a esta pregunta: ¿Señor,  yo qué tengo que hacer? ¿Cómo es mi respuesta? ¿A qué modo se acerca más de los dos hijos que presenta la parábola?

Según lo que yo haya descubierto me comprometo con el Señor a ser más honesto, a vivir con mayor coherencia entre lo que digo y cómo actúo. A no vivir de una manera superficial mi propia vida.

 

Doy gracias por la riqueza de la Palabra de Dios. Siento que Jesús es el maestro de mi vida… pido la fuerza del Espíritu para caminar según la voluntad del Padre.

 

 

 

DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 1 de octubre)

 

El evangelio que se ha proclamado este domingo nos invita a vivir en coherencia con nuestras palabras, y que nuestras palabras respondan a la exigencia de nuestra fe, al compromiso como discípulos de Jesús. Y se dirige, de modo provocativo, a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo: “os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Aquellos que están en disposición de creer.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ‘¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar a la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y se fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: Voy, señor. Pero no fue ¿quién de los dos hizo lo que quería el padre?’ Contestaron: ‘El primero’. Jesús les dijo: ‘Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis’.  (Mateo 21, 28-32)

 

Pensar la Palabra

Jesús dirige, esta vez, su palabra a los sacerdotes y ancianos del pueblo para preguntarles sobre la verdad del amor. Lo hace con una nueva parábola: los dos hijos y su respuesta a los deseos del padre.

Representan estos dos hijos la incoherencia, en ambos casos, entre lo que decimos y hacemos. En el primero subraya Jesús que recapacitó, volvió a pensar y medir la contestación que había dado al padre y actuó según sus deseos. En el segundo se pone de manifiesto la vaciedad de las palabras, de quien sólo está interesado en quedar bien, sin compromiso alguno.

 

Orar y contemplar la Palabra

De nuevo me pongo a la escucha de la Palabra de Dios, que siento en este momento pronunciada para mí.

Pido al Señor un corazón limpio y abierto para acoger, entender y comprometerme con esta palabra. Después de haber pensado, de dar vueltas a la Palabra en mi interior, de haber profundizado en ella, estoy en disposición de preguntarme por mi modo de vivir la vida, mis compromisos, mi fe.

‘.reacciones? Unas veces, quizá por apatía, cansancio, desgana… puedo responder: esto no es para mí, que lo haga otra persona, a eso yo no estoy llamado… El texto nos invita a pararnos, recapacitar y descubrir si tengo que tomar parte o actuar de una determinada manera, según el deseo del Padre.

¿Por qué Jesús dice estas palabras que pueden parecernos desconcertantes?: ‘Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

 

Actuar desde la Palabra

Después de este tiempo de oración pido al Señor luz para responder a esta pregunta: ¿Señor,  yo qué tengo que hacer? ¿Cómo es mi respuesta? ¿A qué modo se acerca más de los dos hijos que presenta la parábola?

Según lo que yo haya descubierto me comprometo con el Señor a ser más honesto, a vivir con mayor coherencia entre lo que digo y cómo actúo. A no vivir de una manera superficial mi propia vida.

 

Doy gracias por la riqueza de la Palabra de Dios. Siento que Jesús es el maestro de mi vida… pido la fuerza del Espíritu para caminar según la voluntad del Padre.

 

 

 

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 25 de septiembre)

A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo. (Pagola)

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a los discípulos esta parábola: ‘El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo… Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tu envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos(Mateo 20, 1-16)

 

Pensar la Palabra

Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. En estas enseñanzas de Jesús, que nos viene presentando el evangelista Mateo, hoy toca reflexionar sobre un tema importante: ¿Quiénes son los primeros y quiénes los últimos en esta nueva comunidad? Jesús, de nuevo, acude al lenguaje simbólico de la parábola, para hacer entender a sus discípulos, y hoy a nosotros, que los criterios del reino, los criterios de la nueva comunidad son distintos a los del mundo. La bondad supera a la justicia. Y señala muy claramente cuál es la actitud de quien no entiende este modo de proceder: ¿O vas a tener tu envidia porque yo soy bueno? Nos lleva a preguntarnos cómo distribuimos nosotros el orden jerárquico, a quiénes damos la primacía, cuáles son nuestros sentimientos cuando alguien nos pasa por delante. ¿Tenemos el criterio de Jesús o manejamos un criterio mundano?

 

Orar y contemplar la Palabra

Pido al Señor un corazón limpio y abierto para acoger esta palabra. Y, después de leer esta reflexión que me habrá ayudado a meditar la Palabra de Jesús, intenta situarte entre los trabajadores que, después de su jornada… reciben el pago de su trabajo. Contempla la escena y pregúntate ahora: ¿Qué siento, si yo me encuentro entre los que han sido contratados al amanecer? ¿Qué siento, si soy de aquellos que pasan gran parte del día en el paro, buscando algún amo que les contrate? ¿Cómo juzgo en uno y otro caso al dueño de la viña?

 

Actuar desde la Palabra

Durante la semana intento vivir con mayor consciencia y descubrir cuáles son mis movimientos internos en situaciones como ésta que nos presenta Jesús.

¿Cómo todo esto me ayuda a entender que en la comunidad de Jesús los últimos serán los primeros y los primeros últimos?

¿Cómo han de ser mis actitudes como discípulos de Jesús?

 

 

 

DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 17 de septiembre)

El texto de este domingo, continúa abundando en el significado del perdón a propósito de la pregunta de Pedro, “¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano si me ofende?” La respuesta de Jesús es: siempre. Y refuerza esta respuesta con una parábola de contrastes para decirnos que es muy importante ser conscientes del perdón que recibimos para perdonar nosotros también: ¿No debías de tener tú compasión con tu compañero…?

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: ‘Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?’ Jesús le contesta: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. Y les propuso esta parábola: ‘se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que le vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagará así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, le estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: Siervo malvado. Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano(Mateo 18, 21-35)

Pensar la Palabra

El perdón es clave en la comunidad cristiana y un perdón sin medida, siempre: setenta veces siete. Pedro se presenta realista y concreto: ¿debo de perdonar hasta siete veces? y Jesús desborda de nuevo las previsiones, le propone perdonar cuatrocientas noventa veces, es decir siempre. Ha superado, con creces todas las propuestas. Va más allá incluso de lo que se practicaba entre los rabinos y los grupos esenios que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces. Pedro llegará a entender, este modo de perdonar, cuando escuche las palabras de Jesús en la cruz: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. Pidiendo el perdón para aquellos que le dan muerte. Necesitamos hoy testigos de Jesús, creyentes que vivan perdonando, en una sociedad y, a veces, en una iglesia que provoca conflictos y división entre los hermanos.

 

Orar y contemplar la Palabra

Las palabras del Papa Francisco nos pueden ayudar a profundizar en este texto evangélico: “¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más… (Como hemos visto en la parábola, la deuda del administrador era infinitamente mayor) Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno,  con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”… el perdón de Dios no conoce límites sino que va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce haberse equivocado y quiere volver a Él. (En Asís)

 

Actuar desde la Palabra

Me pregunto, a la luz de la Palabra, cómo es mi perdón y, desde esta consciencia, veo qué tiene que cambiar en mí. Pido al Señor luz y fortaleza para vivir desde esta clave evangélica del perdón sin límites: hasta setenta veces siete.

 

 

 

DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 10 de septiembre)

Esta presencia, viva y real de Jesús, es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva. La clave es estar reunidos, no dispersos, ni enfrentados. Y esto que sea en nombre de Jesús, en la escucha de la Palabra. Que Jesús sea el centro del grupo reunido.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si tu hermano peca, repréndelo a solas, entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ (Mateo 18, 15-20)

 

Pensar la Palabra

Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre… Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar nuestra oración, nuestras celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano. Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia. (Pagola)

 

Orar y contemplar la Palabra

Después de hacer una lectura reposada del texto evangélico, de haber escuchado a Jesús, me acerco a mi comunidad, grupo, parroquia y vuelvo a escuchar esta Palabra como dicha para nosotros.

Nos habla Jesús de actitudes evangélicas propias de sus seguidores: de la corrección fraterna, del perdón, de la oración común y de nuestros encuentros celebrativos, comunitarios.

Me hago consciente de cómo lo vivo y de qué pongo de mi parte para que nuestros grupos y comunidades sean comunidades de Jesús donde se mantiene vivo su recuerdo, donde acogemos su alegría y su paz que nos dará fuerza para anunciar su Buena Noticia.

Oro por mi comunidad concreta, por mi parroquia para que la Palabra, escuchada en común este domingo, actúa y nos enseñe el camino para crecer como grupos y comunidades de Jesús.

 

Actuar desde la Palabra

Es el momento del discernimiento. Después de haber ahondado en la Palabra proclamada y orada me pregunto: ¿yo qué tengo que hacer?:

-¿Cómo puedo dar vida en mi Parroquia (seamos muchos o pocos) a esta llamada de Jesús?

-Repaso las actitudes evangélicas a las que Jesús me invita: la corrección fraterna, el perdón, la oración común, nuestros encuentros comunitarios… ¿Qué aporto yo y que debo aportar?

-Pido la fuerza del Espíritu para anunciar esa Buena Noticia en medio de la comunidad y para que mi Parroquia, comunidad o grupo viva para anunciar con alegría la Buena Noticia.

 

 

 

 

DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 3 de septiembre)

El final de la vida de Jesús se acerca. Y el mismo Jesús, informa a sus discípulos de cómo va a ser ese final. Esto pone de manifiesto que Jesús es consciente del creciente distanciamiento que se iba generando entre él y las autoridades tanto religiosas como civiles.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ‘¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte’. Jesús se volvió y dijo a Pedro: ‘Quítate de mi vista Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios’. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta’ (Mateo 16, 21-27)

 

Pensar la Palabra

No penséis como los hombres. Pedro, el discípulo que supo confesar la verdadera identidad de Jesús y por ello fue alabado por el maestro; le vemos, en el texto que nos ofrece la liturgia este domingo, turbado ante el anuncio de la Pasión. Hay una fuerte relación entre los dos pasajes (el del domingo anterior y éste). Pedro ha intuido la verdad de Jesús, pero no es capaz de asumir su contenido existencial, es decir, sus consecuencias para la vida. El reproche de Jesús pone en evidencia la actitud de Pedro: Tú piensas como los hombres, no como Dios. Y continúa Jesús diciendo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

 

Orar y contemplar la Palabra

  • De vez en cuando necesitamos hacer un alto en el camino para descubrir lo que nos mueve por dentro: ¿Cómo es mi modo de pensar: pienso como los hombres, pienso como Dios?

Pedro somos nosotros, cada uno de nosotros que no acabamos de aceptar el sentido pascual del misterio de Cristo y que, lo que podamos hacer de bueno, de transformador, de humano, en el mundo, tendrá costos en nuestra propia vida.

Escucho la palabra de Jesús que hoy me dirige a mí: El que quiera venirse conmigo… porque el que pierda su vida por mí, la encontrará. La vida nos ha sido dada para entregarla.

Deseo sentir en mi interior esta llamada: Los cristianos estamos llamados a encarnar personal y comunitariamente esa “cultura cristiana” en el interior de la cultura reinante; a invertir las reglas de la cultura de la dominación por las de la cultura del servicio.

Pido a Dios Padre que me ponga junto a su Hijo, que me conceda una gran libertad interior y un gran deseo de abrirme a su voluntad: el que quiera venirse conmigo Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. Enséñame, Señor, a hacer entrega de mi vida porque como dice el Papa Francisco: la verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí… del servicio… El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura. (La alegría del Evangelio, nº 88)

 

Actuar desde la Palabra

Durante esta semana puedo intentar hacerme consciente de cómo vivo: ¿Desde el éxito, desde el afán de tener, desde el deseo de dominar? ¿O va entrando en mi vida el compromiso del servicio, de la entrega a los demás?

 

 

 

 

DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 27 de agosto)

El evangelio de este domingo nos invita, fundamentalmente, a que revisemos, no sólo lo que pensamos de Jesús, sino a que revisemos nuestra relación con Él. Eso significa que Jesús toca mi vida y se convierte en el centro de ella, significa que crece en mí el sentido de ser discípulo y discípula de Jesús, significa que voy aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús, significa que me siento caminando con Él siendo testigo.

 

Escuchar y acoger la Palabra

 “En aquel tiempo al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?’ Ellos le contestaron: ‘Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas’. Él les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: ‘Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo’. Jesús le respondió: ‘¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo’. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías”.  (Mateo 16, 13-20)

 

Pensar la Palabra

Jesús formula a sus discípulos una pregunta marcada por dos momentos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? La gente, sin duda ya había advertido la presencia de Jesús en los caminos y en las ciudades y lo reconocía como un profeta. Y Jesús insiste: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro lo confiesa como Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios viviente. En esta respuesta se encierra todo el contenido de la fe cristiana, que después irán descubriendo los seguidores de Jesús, después de su resurrección. Y Jesús se dirige a Pedro con una bienaventuranza: son dichosos los que han recibido el don de esa certeza, que no se debe a evidencias inmediatas.

 

Orar y contemplar la Palabra

Una vez más, Señor, siento que algo por dentro me ha traído hasta aquí, una vez más necesito escuchar tu palabra, una vez más me invitas a confiar a recibir la dicha de la certeza de la fe.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

En este momento de oración puedo sentirme, como los discípulos, ante esta pregunta que hoy me dirige Jesús a mí: Tú ¿quién dices que soy yo?

Delante de Jesús miro a mí vida y me pregunto, en su presencia: ¿Cómo confieso a Jesús con mis palabras y con mi vida?

– ¿Ignoro esa pregunta?

– ¿Lo veo como un profeta, un maestro, quizá, pero lejano a mi propia vida?

– ¿Reconozco a Jesús, quizá en lo íntimo de mi vida, pero no me atrevo a confesarlo públicamente?

– ¿Lo confieso como mi Señor y Salvador, por quien soy capaz de entregar mi vida en la tarea de cada día, en el compromiso por la verdad, la justicia y el amor?

 

Actuar desde la Palabra

Durante la semana puedo volver sobre este texto evangélico y repetir esta oración:

Jesús, Hijo del Dios vivo, sabemos que a los que te aceptan como Señor les prometes la plenitud de la fe y la salvación de su existencia. Danos la sencillez para escuchar esta pregunta sobre tu identidad y la fuerza para confesar abiertamente nuestra fe en ti. Amén.

 

 

 

 

DOMINGO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 20 de agosto)

 

El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos- Ha de ser de todos y para todos. Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: ‘Mujer, qué grande es tu fe que se cumpla lo que deseas’. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él no respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él le contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas’. En aquel momento quedó curada su hija. (Mateo 15, 21-28)

 

Pensar la Palabra

Estamos ante un diálogo difícil de entender. Estamos ante la fe de una mujer cananea, extranjera, extraña al judaísmo, pero con una fe capaz de movilizar el corazón de Jesús. Ella pasa por encima de todos los protocolos, sólo movida por el amor a su hija y por su fe. En el modo de hablar de Jesús aparece clara la intención de no tomar contacto con el mundo pagano: sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Pero, al final de la escena, la fe de la mujer ha conseguido romper toda barrera y la fuerza sanadora de Jesús llega al territorio pagano y el demonio es expulsado: mujer, qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas. Ella, la mujer, llevó a Jesús a cruzar la frontera que separaba estos dos mundos; haciendo así, de la mesa compartida, uno de los principales signos de su reino.

 

Orar y contemplar la Palabra

Pensar la Palabra es ayudarte con el entendimiento y con los medios que tengas a tu alcance para comprender mejor el texto.

Pero es importante llegar a orar y contemplar la Palabra. Orar con la Palabra es darla vueltas en tu corazón, como María, para llegar a entender qué te quiere decir a ti en ese momento concreto. Y al mismo tiempo contemplar la escena, ya en silencio y dejarte impregnar por los sentimientos de los distintos personajes. Aquí fundamentalmente Jesús y la mujer cananea.

Si es necesario vuelve a leer el texto. Cae en la cuenta de la actitud de esa mujer cananea y descubre el triunfo del amor de una madre, su insistencia, sus palabras, su actitud. Señor socórreme.

Esta actitud conmueve a Jesús que pronuncia estas palabras de alabanza y cumple su deseo: “Mujer, qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas”.

Pido a Jesús entender el significado de la oración de súplica que nos ayuda a expresar nuestra necesidad y pobreza al mismo tiempo que confiesa la grandeza de Dios y la confianza total en Él; por eso grita: Señor, socórreme.

 

Actuar desde la Palabra

Durante la semana puedes comprometerte a poner toda tu vida, tus situaciones diversas en manos del Señor. Y si hay algo que te preocupa, ponte ante Jesús y déjate mirar por Él mientras le suplicas con esa misma fe de la mujer cananea: Señor socórreme

 

 

 

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 13 de agosto)

Este relato se comprende en su significado profundo, si se lee fijando la atención, ante todo, en la conclusión final: el reconocimiento que hacen los discípulos de que Jesús es ‘Hijo de Dios’. Y en Jesús aprendemos lo que es Dios para nosotros. En Jesús aprendemos que Dios nos busca en la noche, cuando tenemos miedo, cuando nos vemos desamparados y perdidos.

 

Escuchar y acoger la Palabra

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ‘Ánimo, soy yo, no tengáis miedo’. Pedro le contestó: ‘Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo; ‘¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo; ‘Realmente eres Hijo de Dios’. (Mateo 14, 22-33)

 

Pensar la Palabra

No tengáis miedo. Estas palabras de Jesús, en esta preciosa experiencia de los discípulos, son la clave para comprender el texto. ¿Por qué el miedo y cómo reaccionamos cuando estamos atenazados por este sentimiento? Hay tantas razones para tener miedo por nosotros y por los demás: la incertidumbre ante el futuro, las catástrofes, la enfermedad, el desamor… El peligro del miedo es que nos paraliza, nos encasilla en nosotros mismos, nos incapacita para trabajar sobre sus causas. La actitud creyente que nos ayudará a reaccionar ante las situaciones difíciles es descubrir a Dios en medio de la tempestad, y escuchar su palabra, como aquellos discípulos: Ánimo soy yo, no tengáis miedo. En medio de nuestras propias tempestades, Dios nos sale al encuentro, navegando con nosotros en la travesía de nuestra vida. Y lo encontramos, cercano a nosotros, en Jesús, el Hijo de Dios.

 

Orar y contemplar la Palabra

Me hago consciente de que me encuentro ante una Palabra de vida. Quiero estar abierto a sus sorpresas, a lo que Él quiera inspirarme y pedirme. Respiro profundamente, sintiendo el aliento de vida que me viene del Espíritu de Jesús y de su Palabra.

Después de haber leído, reflexionado y pensado sobre el texto, vuelve a la lectura del pasaje evangélico. Sitúa la escena, intenta imaginar lo que el evangelista describe y contemplando a los discípulos, a Pedro… puedes preguntarte:

– ¿Cuáles son mis miedos? Nómbralos, con confianza y siente la voz cercana de Jesús: Ánimo a soy yo, estoy siempre contigo, no tengas miedo.

– ¿Qué domina más mi corazón, el miedo o la confianza?

Jesús toma de la mano a Pedro y le señala la razón de su temor: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

– ¿Cuáles son las razones de mis dudas? ¿Mi fe es aún débil?

 

Actuar desde la Palabra

– Puedo, durante esta semana, trabajarme en la actitud de confianza en el Señor y repetir la oración de Pedro: Señor, sálvame, pidiendo que crezca en mí la certeza de que él es el Hijo de Dios, que camina conmigo, que siempre tiene su mano extendida para agarrar la mía: Ánimo soy yo, no tengas miedo.  Él es el Hijo de Dios.

 

 

 

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

(Día 6 de agosto)

Esta fiesta, conmemora la escena en que Jesús, en la cima del monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías, ante sus tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Desde muy antiguo se comenzó a celebrar en las iglesias de Oriente y Occidente. En 1547, el papa Calixto III la extendió a toda la cristiandad, para conmemorar la victoria que los cristianos obtuvieron en Belgrado sobre Mahomet II. La noticia llegó a Roma el 6 de agosto.

 

Escuchar y acoger la Palabra

 En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte, a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: ‘Este es mi hijo, el amado en quien me complazco. Escuchadlo’ (Mateo 17, 1-9)

 

Pensar la Palabra

El relato de la “Transfiguración de Jesús” fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande.

La escena culmina de forma extraña: Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo. El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Orar y contemplar la Palabra

He intentado profundizar sobre esta Palabra que nos comunica el evangelista Mateo. Vuelvo sobre la lectura del texto y me quedo escuchando esa voz que hoy se dirige a mí: Este es mi hijo, el amado en quien me complazco. Escuchadlo.

Caigo en la cuenta de que lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más digna. Tenemos que ofrecer y manifestar la fuerza humanizadora de su Evangelio.

Hago silencio y dejo que sólo quede resonando esa palabra: ESCUCHADLE.

-¿Cómo escucho yo esta palabra que se proclama cada domingo en la Eucaristía?

-Tengo recientes las parábolas de la semilla que cae en tierra y da fruto… La semilla es la Palabra. La tierra donde esta cae soy yo que recibo la Palabra. ¿Cómo es mi tierra… está preparada para fructificar?

-Jesús me invita a entrar en la nube y sentir y escuchar la Presencia…

 

Actuar desde la Palabra

Mi compromiso a la luz del texto de este domingo es provocar que la Palabra corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia

 

 

 

DOMINGO 17 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 30 de julio)

Las parábolas que vienen a continuación: el tesoro escondido y el comerciante en perlas finas, son otro modo de afirmar lo que ya Jesús dijo en el Sermón del Monte: No podéis servir a Dios y al dinero. Si hemos optado, de verdad, por el Reino de Dios, lo primero que hay que hacer es vender todo, por ese tesoro y lo que representa.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: ‘El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo, el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a una red que echan en el mar y recoge toda clase de peces; cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?’ Ellos le contestaron: ‘Sí’. El les dijo: ‘Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo” (Mateo 13, 44-52)

 

Pensar la Palabra

En las parábolas que acabamos de leer y celebrar en este domingo, vemos cómo Jesús entiende de las búsquedas humanas y de qué es lo que nos identifica a cada uno: qué valoramos, por qué cosas somos capaces de dar todo, qué es lo absoluto y qué es insignificante y caduco. La parábola nos pone de manifiesto el significado de una experiencia: encontrar, llenarse de alegría, y actuar en consecuencia. El Reino es cotidiano y sorprendente, acontece en medio de nuestro vivir diario. Y la consecuencia de haberle encontrado, con lo que de verdad merece la pena, es un cambio total de intereses. La alegría desbordante que produce el tesoro encontrado sólo deja lugar a una decisión: conseguirlo a cambio de lo que sea.

 

Orar y contemplar la Palabra

Leo despacio el texto evangélico de nuevo. ¿Lo entiendo algo más?

Jesús se dirige a mí y me pregunta: ¿Descubres en tu quehacer, en tus relaciones, en tu vida señales de la presencia del Reino?

Vuelvo al texto y doy vueltas en mi corazón a estas palabras: al encontrar algo de gran valor… ¿siento la fuerza interior, manifestada en la alegría, el desprendimiento, en la decisión que me lleva a dejar todo por adquirir-lo?

– Durante la semana voy a pedir que la Palabra de Jesús, esta Palabra leída el domingo, entre en mi vida de verdad, y me sorprenda por su novedad.

– Puedo recitar, en mis tiempos de más serenidad, en esta semana, el Padrenuestro, pidiendo, como si lo hiciese por primera vez: venga tu Reino, venga a nosotros tu Reino. Quiero optar por ese Reino de Dios que se manifiesta en la justicia, en la verdad, en el amor.

Actuar desde la Palabra

Señor, quiero comprometerme, cada día, a buscar en mi interior aquello que de verdad me hace feliz, aquello que me hace más persona, aquello que me identifica con Jesús y con su Evangelio. Concédeme escuchar en mi corazón la llamada a ser dichoso y feliz.

Señor, quiero comprometerme a descubrir el tesoro, a encontrar la perla, esa perla de gran valor que se esconde en lo cotidiano de la vida, esas semillas del reino que nos llenan de alegría y nos impulsan a dejarlo todo por aquello que tiene valor de absoluto.

¡Venga tu Reino, Señor!

 

 

 

DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO

(Día 23 de julio)

Continúa Jesús enseñándoles con parábolas. La de este domingo es un aviso para aquellas personas que quieren erigirse como jueces de los demás, porque siempre saben y conocen dónde está el bien y dónde el mal. Jesús les hace ver que es algo más complicado y que no es a ellos a quienes compete este juicio.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: ‘El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’ Él les dijo: ‘Un enemigo lo ha hecho’. Los criados le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les respondió: ‘No sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis juntamente con ella el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’ (Mateo 13, 24-43)

 

Pensar la Palabra

La palabra de Jesús sobre el trigo y la cizaña es un lema que resulta válido para todos los tiempos. Con esta parábola Jesús nos quiere comunicar una actitud. ¿Por qué el dueño del campo no permite eliminar la cizaña? La razón es modelo de sensatez y prudencia: No sea que al arrancar la cizaña arranquéis juntamente con ella el trigo. La experiencia nos dice que el bien no crece solo. Tiene que abrirse paso entre resistencias y retrocesos. Es necesario poner mucha confianza en el dueño del campo, y creer que solamente él podrá hacer al final la separación justa.

En la parábola de este domingo son juzgadas nuestras prisas, porque ponen constantemente en peligro la llegada del reino: dejad crecer juntos trigo y cizaña hasta la siega… Cargados de paciencia para no emitir juicios prematuros, para no perder del todo el miedo a equivocarnos, cargados de paciencia frente a una realidad que se resiste a cambiar…  Dejadlos crecer juntos hasta la siega. Vivir la fe significa creer que el bien es más fuerte que el mal, que la verdad no teme al error, que Dios vela por su pueblo y que lo que une a los humanos es más que lo que puede separarlos.

 

Orar y contemplar la Palabra

Después de leer el comentario, que me ayuda a pensar más hondamente en la Palabra, vuelvo sobre el texto del evangelio y leo lentamente la parábola. Me siento uno más de aquella gente que escuchaba directamente a Jesús. Siento la Palabra dirigida a mí. ¿Qué quiere decirme hoy?

-Quizá me habla de mis prisas y de mis juicios rápidos.

-Quizá me habla de mis decisiones imprudentes para arrancar el mal, que a mí no me toca.

-Te pido, Señor Jesús, dame paciencia y la prudencia necesaria para no calificar a los otros como buenos y malos, y la esperanza para confiar en tu juicio definitivo sobre la historia.

 

Actuar desde la Palabra

Me comprometo durante esta semana a orar con las palabras del salmo:       Como desciende la lluvia de los cielos

y no vuelve allá, sino que empapa la tierra,

la fecunda y la hace germinar,

para que dé simiente al sembrador y pan para comer.

Así será mi palabra, la que salga de mi boca,

que no tornará a mí de vacío,

sin que haya realizado lo que me plugo

y haya cumplido aquello a que la envié.

 

 

 

DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO

(16 de julio)

Jesús comienza a enseñar a los discípulos y a la gente que le seguía y les enseña por medio de parábolas. Parece que después, a sus discípulos más cercanos, les explicaba el contenido de las mismas. Esa explicación es hoy también para nosotros y nos hará preguntarnos: ¿Cómo escucho y acojo yo la Palabra, el Evangelio de cada domingo? ¿Cómo es mi tierra?

 

Escuchar y acoger la Palabra

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: ‘Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero, cuando salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador. Si uno escucha la Palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta enseguida con alegría, pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas lo ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno. (Mateo 13, 1-23)

 

Pensar la Palabra

En el texto evangélico de este domingo hay una gran riqueza para poder profundizar en la oración durante esta semana. Jesús advierte a la gente que le escucha sobre la dificultad para acoger la Palabra de Dios, comparándolo con la dificultad de la semilla sembrada para llegar a dar fruto. La Palabra de Dios exige encontrar una tierra buena, fecunda, que sea capaz de acogerla, de entender y dar fruto. Dos pueden ser las causas del fracaso de la siembra: la misma tierra, el terreno pedregoso; o causas externas: los pájaros, el sol excesivo, las zarzas…

Traducimos esta Palabra a nuestra realidad y vemos que nuestra tierra a veces está endurecida por el individualismo, el increencia, la injusticia… o porque ponemos por delante nuestro propio interés, el poseer, el aparentar. ¿Podemos ser nosotros de aquellos que miran sin ver y escuchan sin oír ni entender?

Orar y contemplar la Palabra

En la oración, durante esta semana voy a intentar un gesto que haga significativa la palabra: pongo ante mi la Biblia con una vela encendida. La abro por la página que estoy orando…

Y me digo a mí mismo: Esta es la Palabra de Jesús, explicada a aquellas gentes que le seguían y que hoy me explica a mí.

Ante el evangelio me pregunto:

– ¿Cómo es mi tierra? ¿cómo acojo la Palabra que cada domingo escucho en la Eucaristía?

– ¿Cuáles son las dificultades personales que no posibilitan que la Palabra de fruto? ¿Cuándo la Palabra se me hace fácil, cercana?

– ¿Puedo nombrar las causas externas que me hacen perder el interés por acercarme a Jesús, a su Palabra o me distraen y aunque escucho no entiendo? ¿Cuándo me siento más cerca de Jesús?

Pido a Jesús que transforme mi tierra: Hazme, Señor, tierra fecunda, capaz de acoger y hacer germinar la semilla de la Palabra. Ayúdame a superar las dificultades que intentan distraerme de tu Palabra, para que pueda ver y escuchar y entender.

Actuar desde la Palabra

Quiero comprometerme durante esta semana a leer atentamente la Palabra de Dios, para que me cambie por dentro y me haga verdadero discípulo de Jesús: que escucha la Palabra y la entiende.

 

 

 

DOMINGO 14. TIEMPO ORDINARIO

(Día 9 julio)

Estos versículos recogen una efusión de Jesús en la que expresa lo más íntimo de su experiencia espiritual y suponen un fuerte contraste con los textos que hemos leído el domingo anterior. La clave del texto es cuestión de experiencia. Sin duda Jesús pensaba, al decir esto, en sus oyentes: los galileos, los enfermos y mendigos. Los últimos económica y socialmente.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo tomó la palabra Jesús y dijo: ‘Te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’ (Mateo 11, 25-30)

 

Pensar la Palabra

El texto de este domingo nos muestra la actitud orante de Jesús y la relación profunda con su Padre. Jesús reconoce y agradece al Padre este modo de revelarse a la gente sencilla; esos hombres y mujeres que le siguen y van descubriendo, a través de Jesús, el rostro del Padre. Y a continuación dice esa frase que vale más que todos los programas políticos y pastorales: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. En un mundo donde se da con demasiada frecuencia la indiferencia ante los demás, nos llama la atención comprobar que para Jesús esas personas que padecen el cansancio y la fatiga, no le son indiferentes.

Jesús sabe mirar, sabe sentir y vuelve su rostro hacia los sencillos, hacia los pobres, hacia los que están en los márgenes de la historia, cansados y agobiados por el peso de la vida.

Con esta expresión Jesús está revelando su misión y pone de manifiesto el programa de los que quieran ser sus discípulos. Con Jesús ha llegado ya el tiempo de la paz y del reposo, yo os aliviaré. Y los suyos habrán de mostrar el lado acogedor y sereno de la fe. Tenemos un gran testigo en nuestro Papa Francisco.

 

Orar y contemplar la Palabra

Durante esta semana puedo unirme a esta oración de Jesús. Siento que la digo con Él y siento que Jesús la puede decir por mí. Cada día puedo dirigirme al Padre y mirar a la gente que camina por las calles, gente sencilla que vive el paso de Dios por su historia.

También puedo fijarme en aquellos que sufren, agobiados por una vida sin sentido. Pregúntate si tu puedes acercarles esa Palabra de Jesús llena de compasión: Venid a mí… yo os aliviaré.

Intento profundizar esta Palabra:  El yugo del Evangelio es ligero y su carga es llevadera. Así es para quien escucha a Jesús

 

Actuar desde la Palabra

La Palabra de Jesús me compromete. Me invita a conocer a Jesús, más a fondo, para ser capaz de dirigir al Padre esa misma oración: Te doy gracias, Padre porque veo cómo actúas en favor de los más sencillos y pequeños.

La Palabra de Jesús me compromete. Me invita a dirigirme a todos aquellos que lo están pasando mal, a causa de la injusticia de los poderosos, y ofrecerles una palabra de aliento enraizada en el Evangelio: en Él encontraréis descanso para vuestras almas.

Para ello es necesario que yo viva esa experiencia, que Jesús conforme mi corazón al suyo. Que el Padre me dé a conocer aquello que ha reservado a los pequeños.

 

 

 

DOMINGO 13. TIEMPO ORDINARIO

(Día 2 julio)

 

Continúa el Evangelio de Mateo con palabras fuertes que han de ser entendidas desde el amor a sus discípulos. Quizá la clave de lectura de todo el párrafo esté en ese perder y ganar que puede parecer contradicción a los ojos de este mundo, y que solo puede entenderse desde el amor: el que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. De nuevo, traigamos a nuestra memoria y a nuestro corazón a tantas personas que viven con este sentido evangélico.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado, el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. Al que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’ (Mateo 10, 37-42)

 

Pensar la Palabra

El que me recibe, recibe al que me ha enviado. Podemos centrar en esta afirmación nuestra reflexión. Esta afirmación es capital. Nos viene a decir que por encima de cualquier forma de organización institucional está el que acoge a Jesús. Todo está referido a Él: el padre, la madre, quienes nos dirigen, todo está referido a Él. Y el que acoge a Jesús acoge a Dios. Y con esa consciencia acogemos a todos aquellos que están necesitados de nuestro acompañamiento, de nuestra atención. Sólo así es como podremos reconstruir una sociedad y una convivencia verdaderamente humana. Así también, aquel que da de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca…no perderá su recompensa.

 

Orar y contemplar la Palabra

Durante esta semana intento estar a la escucha de esta Palabra. Si disfruto de un tiempo más amplio, busco el momento y el lugar. Si puedo cada día, intentaré buscar un espacio donde hacer silencio y leer serenamente esta palabra.

Jesús habla a sus apóstoles. Jesús me habla a mí y me cuestiona sobre mi vida: ¿Hacia dónde la oriento? ¿dónde está mi centro, mi referencia?  ¿Cómo es mi compromiso en favor de una sociedad más humana?

 

Actuar desde la Palabra

Este domingo la Palabra me invita a hacer una revisión sobre mi vida:

-¿Quién lleva las riendas de mi vida?

-¿Cómo acojo la realidad que me ha tocado vivir?

-¿Cómo es mi compromiso por una sociedad más humana?

-¿Cómo miro a aquellas personas que solicitan mi ayuda y comprensión?

 

Podemos recordar en este momento las palabras del Papa Francisco en el Año de la Misericordia: abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio… ‘en verdad os digo que no perderá su recompensa’

 

 

 

 

 

DOMINGO 12. TIEMPO ORDINARIO

(Día 25 junio)

Acabamos de entrar en el verano. Un tiempo de mayor serenidad para aquellos que puedan dedicar un tiempo al descanso. Para todos, un ambiente distinto el de estos meses en los que, ojalá, podamos encontrar espacios para acercarnos a la naturaleza, descubrir el valor del silencio, de la armonía, de la serenidad para que todo nuestro ser pueda vivir la experiencia de Dios.

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: ‘No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 10, 26-33)

 

Pensar la Palabra

En el texto de este domingo encontramos frases dignas de ser pensadas, profundizadas. El evangelista pone en boca de Jesús esta llamada: No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse… Nos invita a vivir de cara a la luz, de cara a la verdad y sobre todo comprometidos con el Evangelio. Y les previene: anunciar el Evangelio, si se hace como tiene que hacerse y sin ocultar nada, trae consecuencias. El Evangelio de Jesús no está pensado para tener éxito, sino para decir cosas que a quien las dice lo meten en líos y lo acarrean problemas. Miremos el ejemplo del Papa Francisco

 

Orar y contemplar la Palabra

Durante esta semana, cada día, voy a tener presente estas palabras del evangelio. Voy a intentar hacerme consciente de cómo hablo ante los demás: en el trabajo, en la familia, en mis momentos de ocio, de relación con mis amigos y amigas… ¿Tengo miedo a expresarme desde la verdad del Evangelio? ¿Tengo miedo a ser rechazado o rechazada… a hacer el ridículo si hablo desde la verdad que entiendo y siento, desde mis compromisos…?

Los poderes de este mundo se van a ver amenazados por una predicación que pone en cuestión los intereses de los poderosos y de cuantos atropellan los derechos de los débiles

 

Actuar desde la Palabra

Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados… ¿Cómo siento sobre mí ese amor y cuidado del Padre? Él me ayudará a salir en defensa de los derechos de los demás. A hablar y actuar según el evangelio de Jesús: cuando yo siento que se actúa contra la dignidad de las personas, cuando se ofende al más débil, cuando se maltrata al que no puede defenderse. Puedo traer a mi memoria tantos ejemplos que pueden ayudarme.

 

 

 

 

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

(Día 18 de junio)

Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre, un hambre que no puede ser saciada con el alimento ordinario. Es el hambre de vida hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná –como toda la experiencia del éxodo– contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta hambre profunda que hay en el hombre. Jesús nos dona este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo. Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciamos nuestros cuerpos, como el maná. El Cuerpo de Cristo es el Pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor. (Papa Francisco. Corpus 2014)

 

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo’. Disputaban los judíos entre sí: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Entonces Jesús les dijo: ‘Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. (Jn 6, 51-58)

 

Pensar la Palabra

Para entender el texto del evangelista Juan que la liturgia nos propone en esta fiesta, tenemos que ir al comienzo del capítulo 6 de su evangelio: la multiplicación de los panes. La gente había saciado su hambre y buscaba a Jesús para proclamarlo rey. Del signo, Jesús pasa a la realidad: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Este pan vivo es el Jesús histórico, el hombre en quien reconocemos la presencia total y definitiva de Dios en medio de nosotros.

Jesús invita a comer de ese pan, es decir, a identificarnos con Jesús, a realizar su camino histórico, a tener sus criterios, sus actitudes. En definitiva, a vivir como él vivió. Comulgar el Cuerpo de Cristo está íntimamente unido a compartir el pan y la vida con los demás.

 

Orar y contemplar la Palabra

Petición: Al comenzar la oración pido que este encuentro con el Señor me haga entender y saborear el significado de estas palabras y sentir el deseo que expresaron los discípulos: Señor, danos siempre de ese pan.

* Cristo se nos ofrece en la Eucaristía, con ese mismo realismo, como el alimento que sacia nuestra hambre:

Yo soy el pan de vida: Jesús es el alimento que sacia todas nuestras hambres

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él: Jesús nos invita a una comunión de vida tan profunda que nos hace uno con Él. Nos invita así a ser nosotros también pan, alimento para todas aquellas gentes que pasan hambre. Hambre de cariño, hambre de dignidad, hambre de sentido y hambre de pan.

El que come este pan vivirá para siempre: En Jesús se nos ofrece una vida definitiva que ya empieza aquí y traspasa las fronteras de la muerte.

 

Actuar desde la Palabra

Que en cada comunión tenga presentes a todas aquellas personas que carecen de pan, que carecen de amor, que carecen de lo necesario…

Y al rezar el Padrenuestro saborearé y repetiré, con la fuerza de mi fe, las palabras: el pan nuestro de cada día… y en solidaridad con todos los hombres y mujeres, quiero decir: ¡Señor danos siempre de ese pan! Pan capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor.

 

 

 

 

 

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(11 de junio)

El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”. Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. (Pagola)

 

Escuchar y acoger la Palabra

 “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado: el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. (Juan 3, 16-18)

 

Pensar la Palabra

La Iglesia nos convoca hoy a contemplar el ser de Dios, revelado a partir de la Encarnación. Dios nos ha revelado su verdadero rostro en Jesucristo. Dios es amor, es comunión de personas. Dios es sobre todo una experiencia que se manifiesta a través de la historia de fe. Dios es un Padre.

En Jesús se nos revela quién y cómo es Dios. Esa revelación nos ha llevado a confesar que: Dios es Padre, que nos ha manifestado su amor en su Hijo Jesucristo y nos da su Espíritu para llevar adelante nuestra esperanza. Su verdadero ser es ser comunidad.

La Trinidad es raíz y modelo de la comunidad universal. Creados a su imagen, las personas sólo nos desarrollamos en un ambiente relacional y comunitario.

A nosotros nos toca crear y hacer posible ese pueblo nuevo, donde no haya soledades, ni violencias, ni injusticias, sino luz de amor.

 

Orar y contemplar la Palabra

El misterio de Dios nos habla de amor, de vida, de sanación, de salvación.

– ¿Quién es Dios para mí? ¿Quién es Dios para nosotros, cristianos del siglo XXI? ¿Qué Dios anunciamos con nuestras palabras y con nuestros hechos?

* Me quedo saboreando estas palabras: Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por Él.

– ¿Yo hago posible que, en el ambiente de mi parroquia, de mi vecindario, de mi familia, renazca ese “pueblo nuevo” donde no haya soledades, ni violencias, ni injusticias…?

– Señor, Dios, descúbreme tu verdadero rostro.

Hazme sentir tu presencia de amor y de vida.

Concédeme crear a mi alrededor gestos de comunión y de paz.

 

Actuar desde la Palabra

 

Durante esta semana, cuando me pare para hacer mi oración, pediré a Dios Padre, por medio de Jesucristo, y con la fuerza de su Espíritu, poder conocer y saborear este misterio de Dios.

 

 

* Rezo lentamente el Padrenuestro poniendo especial atención en las palabras: SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

 

 

 

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(4 de junio)

El Espíritu hace presente a Jesús en la comunidad cristiana, recordándonos su mensaje, haciéndonos caminar en su verdad, interiorizando en nosotros su mandato del amor. A ese Espíritu invocamos en esta fiesta de Pentecostés: Ven Espíritu Santo y enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de “Padre” que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas. (Pagola)

 

Escuchar y acoger la Palabra

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. (Juan 20, 19-23)

 

Pensar la Palabra

Han pasado cincuenta días desde la Pascua de resurrección. Hoy la Iglesia celebra el acontecimiento de Pentecostés. Pentecostés representa, y así lo expresa Juan en su evangelio, la transformación, el cambio radical de los discípulos de Jesús: del desconcierto y la primera incredulidad ante el descubrimiento de la tumba vacía, a la alegría de los discípulos al ver al Señor. Ver al Señor es la confirmación de la experiencia pascual.

Jesús resucitado rompe la decepción y el miedo y les envía con la fuerza del Espíritu a mostrar al mundo la salvación de Dios: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Por último, Jesús exhala su aliento sobre ellos, como gesto de una nueva creación y les dice: Recibid el Espíritu Santo.

VidriEspiSanto

Es el punto culminante del relato. Es el momento cumbre del cumplimiento de las promesas.

La presencia de Jesús resucitado abre las puertas cerradas, barre los miedos, fortalece los ánimos y devuelve la esperanza.

 

Orar y contemplar la Palabra

El misterio de Pentecostés y la Palabra que acabamos de leer nos invita a mirar a nuestra iglesia. Nosotros somos los nuevos discípulos.

– Necesitamos experimentar la alegría del encuentro con Jesús resucitado.

– Necesitamos acoger su paz.

– Necesitamos recibir la misión de perdonar y reconciliar.

– Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos devuelva la vida y la alegría, que fortalezca nuestro ánimo y nos devuelva la esperanza y la pasión por el Reino.

¡Ven Espíritu Santo!

Ven, aliento de vida, brisa que hace revivir.

Ven Espíritu, fuego que prende en nuestro interior.

Ven Espíritu de la verdad y de la vida,

de la alegría y de la esperanza.

¡Ven espíritu Santo!

 

Actuar desde la Palabra

También hoy es posible un nuevo Pentecostés que realice en nosotros las mismas maravillas. Me comprometo a abrir mis puertas al Espíritu y vivir “en salida” como nos invita el Papa Francisco. Superar todo miedo porque mi fuerza es el Espíritu, vivir con esperanza porque creo en el Espíritu. Sentirme enviado por el Padre y vivir como discípulo de Jesús.

 

 

 

 

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

(28 de mayo)

 

Está culminando la Pascua, que discurre hacia la celebración de Pentecostés. Jesús dice a sus discípulos que conviene que él se vaya, que su presencia entre ellos será de otra manera, a través de su Espíritu. Y por medio de su Espíritu estará con ellos todos los días, hasta el fin del mundo. Esa presencia la experimentarán en la Iglesia: a través de la Palabra, la Eucaristía, los Sacramentos; en la comunidad reunida; en cada hermano y hermana: lo que hacéis a uno de estos, a mí me lo hacéis.

 

Escuchar y acoger la Palabra

 “En aquel tiempo, los once su fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: ‘Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 16-20)

 

Pensar la Palabra

El mensaje central de la liturgia de esta fiesta de la Ascensión es una vez más la promesa de Jesús: sabed que yo estoy con vosotros todos los días. Permanecerá junto a sus discípulos, pero de una forma nueva, por medio del Espíritu que les dará a conocer toda la verdad: el sentido profundo y pleno del misterio de Cristo.

También Jesús, a lo largo de su relación con ellos, les ha hablado de otro modo de permanecer. El resucitado no se va al cielo, sino que continúa entre los suyos. Incluso nos ha dejado algunas claves bien claras para poder reconocerle: donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,19) o, cada vez que lo hacéis a uno de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hacéis (Mt 25, 40).

Jesús se presenta como Señor a quien se le ha dado todo poder sobre cielo y tierra. Este poder es el fundamento del mandato que se expresa a continuación. La autoridad de Jesús constituye a los discípulos en testigos y les envía a la misión: bautizad y enseñad, con la certeza de que nunca faltará su presencia.

 

Orar y contemplar la Palabra

* Contemplo a Jesús en este momento de despedida. Después de los cuarenta días de encuentro con el resucitado, nosotros también podemos decir que le conocemos mejor.

El que ascendió al cielo ante los ojos atónitos de sus discípulos fue el que descendió y no dudó en hacerse el último de todos, el esclavo de todos. Y así había hablado a los suyos: El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

* Escucho su voz que ahora me dirige a mí: Yo estaré con vosotros, contigo, todos los días.

– ¿Cómo me afecta este misterio de fe?

– ¿Vivo esa presencia del Señor en mí vida, trabajando con Cristo, caminando con Cristo, hablando con Cristo?

– ¿Le descubro en medio de la comunidad que ora, que celebra?

– ¿Cómo me acerco a los que sienten necesidad de compañía, de ayuda, de pan… descubro ahí el sentido de la palabra de Jesús, a mí me lo hacéis?

 

Actuar desde la Palabra

* Reconozco, los sentimientos que se han movido en mi interior y doy gracias por los deseos que pone en mí de vivir como él, de actuar como discípulo de Jesús. Le doy gracias por ser mi Maestro de vida. Quiero comprometerme a revivir esa presencia del Maestro en la Iglesia, en la Palabra, en la comunidad reunida, en cada hermano y hermana que necesita mi ayuda y mi presencia

 

 

 

 

 

DOMINGO 6º DE PASCUA

(Día 21 de mayo)

La liturgia nos ofrece un texto que nos invita a penetrar más hondamente aquellas otras palabras de Jesús: a vosotros os llamo amigos. El amigo conoce, el amigo está siempre referido a aquel que ama y percibe su presencia, aún en la ausencia. Jesús, este domingo nos habla de esa permanencia, entre los suyos, a través del Espíritu, que les iluminará, será su consejero y su consolador. No os dejaré huérfanos, es la promesa del amor.

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os de otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. (Jn 14, 15-21)

Pensar la Palabra

La promesa de Jesús es su Espíritu. Jesús garantiza la presencia de otro Defensor, abogado, protector… animador del proceso de crecimiento en la fe del creyente. Él es también el Espíritu de la Verdad. Él nos conduce a la verdad completa y es signo de su presencia continua en la historia. El mundo no está huérfano porque Él está con nosotros. La promesa del Espíritu en su plenitud sigue aún pendiente en la historia que anhela por su presencia. Estas palabras de Jesús nos llenan de optimismo y esperanza. No todo está perdido. El permanece a nuestro lado y reaviva la esperanza. Cuando dejamos que el Espíritu inunde nuestra vida todo adquiere sentido.

Orar y contemplar la Palabra

-Busco un lugar donde pueda dialogar con Jesús serenamente. Enciendo una vela, signo del Señor resucitado, o algún otro signo que me simbolice su presencia.

-Recorro el texto: ¿Qué dice Jesús a sus discípulos, sus amigos? ¿Puedo yo situarme entre ellos, como amigo de Jesús?

– ¿Cómo acojo su promesa? Vendrá el Espíritu… ya está en medio de nuestra iglesia, de nuestra comunidad. Nos invita a formar parte de esa comunidad que forman el Padre, el Hijo, el Espíritu, comunidad de amor, de comunión, de compromiso.

– Puedes orar con las palabras de San Agustín, suplicando la presencia del Espíritu como cumplimiento de la promesa de Jesús: le pediré al Padre que os de otro Defensor.

Oración de San Agustín:

Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior / para que no me apegue a las cosas materiales, / sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de amor:
haz que mi corazón / siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar /a contemplar el rostro del Padre; en la vida y en la alegría sin fin. Amén.

Actuar desde la Palabra

Durante esta semana quizá te puedas comprometer a orar, cada día, con la oración de San Agustín, para que el Espíritu llegue a cada uno de nosotros, llegue a su iglesia, llegue al mundo entero con su capacidad de renovación y transformación.

DOMINGO 5º DE PASCUA

(Día 14 de mayo)

En este día que se nos presenta Jesús como camino, verdad y vida, profundicemos en las palabras que nos ofrece nuestro obispo en la carta pastoral del Año Lebaniego: La fe cristiana es un acontecimiento, se basa en el encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado. De esta experiencia que es individual y comunitaria, surge un nuevo modo de pensar y de actuar, nace una existencia marcada por el amor. (Manuel S. Monge. Obispo)

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y a donde yo voy ya sabéis el camino. Tomás le dice: ‘Señor, no sabemos a dónde vas ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dice: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Jesús le replica: ‘Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores. Porque yo me voy al Padre. (Jn 14, 1-12)

Pensar la Palabra

El pasado domingo Jesús se presentaba a sus discípulos con esa preciosa imagen de la puerta: yo soy la puerta. Este domingo nos sorprende con otra imagen: yo soy el camino, la verdad y la vida. Jesús es el camino que nos lleva a Dios. Es el sacramento del encuentro del hombre con el Padre. Jesús es la presencia de Dios en medio de nosotros. No podemos ir por otro camino que no sea Jesús para encontrarnos con el Padre. En Él está la humanidad entera recreada, en él está la divinidad entera revelada. A Felipe le llega el mensaje con toda claridad: quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Tenemos que acostumbrarnos a mirar el rostro de Jesús, a contemplar sus actitudes, sus sentimientos, su estilo, porque es la mejor forma de acercarnos a Dios-Padre

Estas palabras de despedida de Jesús, en el contexto de la liturgia de Pascua, que estamos viviendo, son un anuncio de su marcha definitiva al Padre y la promesa de una presencia permanente en el Espíritu.

Orar y contemplar la Palabra

– Puedo releer el texto y pararme en aquella o aquella frases que más me muevan por dentro, que más me afecten.

Puede ser esta que Jesús dirige a Felipe: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. El evangelio de este domingo nos invita a entrar en una experiencia contemplativa. El rostro de Jesús que hemos contemplado tanto en los días de su pasión, como en su manifestación de resucitado, ese es el rostro del Padre: es el Dios que entrega su vida, es el Dios de la misericordia y del perdón, es el Dios que se da como alimento, el Dios que cura y salva.

*Pido la fuerza del Espíritu para que:

– Jesús se para mí el camino de encuentro con el Padre

– Jesús se para mí la verdad frente a tanta mentira y falsedad.

– Jesús se para mí la vida, mi único centro y Señor.

Actuar desde la Palabra

De la experiencia del encuentro con Jesús nace un nuevo modo de pensar y actuar. La Palabra de este domingo nos invita a actuar, como Jesús le dice a Felipe: como quien ha visto al Padre, en el rostro de Jesús. De esa experiencia, han de brotar las obras que darán fe de Jesús que, habiendo vivido en medio de nosotros, ahora lo tenemos junto al Padre.

DOMINGO 4º DE PASCUA

Domingo del Buen Pastor          (Día 7 de mayo)

El corazón del Buen Pastor no es sólo el corazón que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado (Papa Francisco. 3 junio 2016)

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños’.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos, pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. (Jn 10, 1-10)

Pensar la Palabra

El Buen Pastor es una de las imágenes utilizadas por Jesús para hacer entender, a quienes le seguían, el significado profundo del que guía con autoridad, porque conoce a cada uno por el nombre, conoce todo lo que somos y todo lo que vivimos y necesitamos.

Yo soy la puerta, dice Jesús, el camino de salvación, de encuentro con el Padre. Y lo más importante del mensaje: yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. La misión del pastor es cuidar de las ovejas y hacer que vivan y dar su vida por ellas. Ahí resplandece el amor del Padre como nos dice al comienzo el Papa Francisco

Orar y contemplar la Palabra

-Busco un espacio de silencio, de serenidad. Puedo encender una vela, LA LUZ DE LA PASCUA, presencia de Jesús, Buen Pastor.

-Me pongo, junto a aquella multitud que escuchaba esta Palabra del Maestro. Jesús, hoy, me habla a mí y me dice: Yo soy el buen pastor que cuida y da la vida. Yo soy la puerta. Y me pregunto cómo Jesús es Buen Pastor para mí, cómo es la Puerta. Yo ¿escucho su voz? ¿Le reconozco? ¿Me siento reconocido / reconocida?

-Agradezco tanto bien recibido: ser acogido y comprendido, ser perdonado, ser elegido y amado.

-Continúo orando con las palabras del Salmo 22:

El Señor es mi pastor, nada me falta / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas /y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo / tu vara y tu cayado me sosiegan.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término.

Actuar desde la Palabra

El Crucificado es el Resucitado. La Cruz de Cristo es gloriosa. El amor de Cristo vence sobre todos los odios y rencores… es un amor que sana, libera, rescata, pacifica. La cruz es el paso obligado para la meta que es la Resurrección. Por eso el mensaje permanente es:No busquéis entre los muertos al que vive’. (Manuel S. Monge. Obispo)

*Con los ojos puestos en el crucificado-resucitado, descubrimos que Jesús nos ama hasta el extremo y me comprometo a amar con ese mismo amor, por la fuerza de su espíritu. Y, como él a buscar, a acoger, a presentar a Jesús, a todos los que lo necesitan, para que tengan vida y la tengan abundante.

DOMINGO 3º DE PASCUA

(Día 30 de abril)

Todos los discípulos, tanto hombres como mujeres pensaron, a lo largo de todo aquel sábado, que sólo les quedaba un cadáver en su sepulcro. Este es también el estado de ánimo que manifiestan estos dos que se vuelven a Emaús, desesperanzados.

Escuchar y acoger la Palabra

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás le replicó: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?

Él les preguntó: ¿Qué? Ellos le contestaron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muere, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto…

Entonces Jesús les dijo: ¡qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron. Pero Él desapareció. Ellos comentaron: ¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras. Y levantándose al momento se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros que estaban diciendo: era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.  (Lc 24, 13-35)

Pensar la Palabra

San Lucas nos ofrece, en este texto evangélico, una narración sobre el acceso a la fe. Encontramos a estos dos discípulos decepcionados ante el final de aquel que esperaban que fuera el futuro libertador de Israel, y había muerto en la cruz. Habían tenido noticia de algunas mujeres que decían que estaba vivo, pero a él no le vieron. Este es, en pocas palabras el estado de ánimo de los dos de Emaús. Su decepción les hace incapaces de reconocer al que camina con ellos.

Sólo un gesto, el partir el pan, disuelve la dureza que les impedía ver el significado de los datos. Pues la fracción del pan es el resumen de la vida de Jesús, cuerpo entregado y sangre derramada por nosotros, por nuestra salvación. Pero también es la base de la comprensión de la Escritura, en la que el gesto de amor de Jesús abre los ojos para entender el libro de la vida.

Orar y contemplar la Palabra

– Contempla la escena, entra en el diálogo que se establece entre Jesús y los de Emaús y atrévete tú también a decir a Jesús, que camina a tu lado: Quédate con nosotros, quédate conmigo, pídele que, de luz a tus ojos para entender la Escritura, pídele que te dé el alimento que te hace capaz de ser testigo y proclamar: es verdad, ha resucitado el Señor.

Actuar desde la Palabra

El texto de este domingo nos invita a descubrir y reconocer a Jesús en el pan partido y compartido en cada Eucaristía. Es el signo de una presencia que nos da fuerza para proclamar: ha resucitado el Señor

Somos familia en la fracción del pan / Sólo al partir el pan

podrán reconocernos. / Seamos pan hermanos.

Danos, oh Padre, el pan de cada día:

El arroz o el maíz o la tortilla.       (P. Casaldáliga)

DOMINGO 2º DE PASCUA

(Día 23 de abril)

Coincide este Domingo 2º de Pascua con la apertura del Año Santo Lebaniego. “La Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas… (D. Manuel Sanchez Monge. Obispo. Carta apostólica 2017)

►Escuchar y acoger la Palabra

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

Tomás, uno de los doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: hemos visto al Señor. Pero él les contestó: si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre. (Juan 20, 19-31)

►Pensar la Palabra

Todas las apariciones de Jesús resucitado tienen básicamente la estructura de un encuentro. Un encuentro que es, en realidad, reencuentro en lo cotidiano.

Jesús encuentra a los discípulos que están reunidos, llenos de temor, ayudándose en el consuelo recíproco; ahí es donde Jesús se presenta, en medio de la comunidad reunida, apoyándose mutuamente.

Se manifiesta con los dones de su presencia espiritual: paz y alegría. Y les envía a la misión, una misión que se realiza en el Espíritu: exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo.

Continúa narrando el encuentro con los discípulos, estando Tomás presente. Tomás se encuentra con Jesús, cuando se reúne con los suyos. Termina la narración con una bienaventuranza proclamada por Jesús: Dichosos los que creen sin haber visto.

Bienaventurados nosotros si, abriendo los ojos a los signos de la presencia del Resucitado, -tal y como es y no como la soñamos o la quisiéramos-, creemos en el poder de la resurrección de Jesús, presente entre nosotros.

►Orar y contemplar la Palabra

– Vuelvo a leer el texto del evangelio. Puedo buscar un lugar que me ayude a hacer silencio. Enciendo una vela, signo del Resucitado. Y voy siguiendo la escena:

– Los discípulos, se encuentran con Jesús que les dice: Paz a vosotros. Llenos de alegría comunican a Tomás: Hemos visto al Señor.

– Tomas no ha vivido la experiencia y necesita sentir y tocar. Jesús, con un gran amor, le recrimina: No seas incrédulo, sino creyente. Y le abre los caminos a la fe haciéndole tocar la realidad, las señales de su muerte en su cuerpo resucitado. Y nos deja esa impresionante confesión: Señor mío y Dios mío.

– Ante Jesús resucitado confieso mi situación personal y me atrevo a decir como Tomás: Señor mío y Dios mío. Escucho la palabra de Jesús dicha hoy para mí: Feliz tú, que sin ver has creído, en el testimonio de los apóstoles.

►Actuar desde la Palabra

Quiero comprometerme a romper el individualismo que siempre nos acecha. Este deseo es el que hoy te presento y ofrezco, Señor. El Espíritu vendrá en ayuda para vivir la misión de anunciar a Cristo resucitado.

CELEBRACIÓN DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN

(Domingo 16 de abril)

En la mañana de Pascua, una mujer, movida por el amor, acude al sepulcro. Sabe que no puede mover la piedra, pero eso no le detiene. Es consciente de su fragilidad y de la desproporción de la tarea, pero esa lucidez no apaga el incendio de su compasión, ni hace su amor menos obstinado.

 

Escuchar y acoger la Palabra               

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. (Jn 20, 1-9)

Pensar la Palabra

Hay en la mañana del “primer día de la semana” un camino: el de quienes, entonces y ahora, echan a andar “todavía a oscuras” y se acercan a los lugares de muerte para intentar arrebatarle a la muerte algo de su victoria. Saben que no pueden mover la piedra pero eso no les detiene. Quizá no viven todo eso desde la plenitud de la fe, ni le ponen el nombre de esperanza a sus pasos vacilantes en la noche. Pero hacen ese camino abiertos al asombro, apoyados en el recuerdo de palabras que prometen vida, dispuestos a dejarse sorprender por una presencia oscuramente presentida.

Es la primera mañana de la nueva creación y las tinieblas del caos primitivo están a punto de dejar paso al resplandor del lucero de la mañana: se han llevado del sepulcro al Señor…

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“Los evangelios de la resurrección son una respuesta a las preguntas de la comunidad primitiva: ¿Dónde está el Señor resucitado? ¿Cómo ponerse en contacto con él? Las respuestas son diversas: está en medio de la Iglesia; se le encuentra en la fracción del pan y en la misión confiada a los suyos; camina con los discípulos cuando los ve tristes y abatidos; dirige la pesca de la Iglesia en el mundo. Todas ellas son otras tantas señales ofrecidas a sus discípulos para orientarse en las encrucijadas del mundo nuevo, donde ya no se ve al Señor con su cuerpo terreno, sino que se le encuentra en cualquier parte, como lo muestran las narraciones pascuales” (Francesco Rossi de Gasperi, en La roca que nos ha engendrado. ST. 199)

Orar y contemplar la Palabra

Vuelve sobre la lectura del texto evangélico, contempla las reacciones de los distintos personajes y descubre, en cada uno ellos, ese movimiento de fe, y de esperanza aún en medio de la noche:

María Magdalena representa el amor que va en busca del Amado; aún en medio de la oscuridad. Ella es la portadora del mensaje: se han llevado al Señor.

Pedro, es el primero en entrar y constata que el sepulcro está vacío. Y de esa afirmación se nutre nuestra fe.

Juan, el discípulo amado, capaz de intuir la profundidad de los signos, nos deja la prueba de su fe: Vio y creyó.

 

Actuar desde la Palabra

El texto nos ofrece pistas para movilizar nuestra fe.

– Contemplo las distintas reacciones. ¿Y la mía? Quizá no vivo aún desde la plenitud de la fe en el resucitado, ni sé poner el nombre de esperanza a mis pasos vacilantes en la noche. Pero quiero hacer ese camino abierto al asombro, apoyado en el recuerdo de palabras que prometen vida, dispuesto a dejarme sorprender por una presencia oscuramente presentida. Mientras me llega el tiempo de creer, en plenitud, en la Escritura: Que Él ha resucitado de entre los muertos.

DOMINGO DE RAMOS

(9 de abril)

“La procesión de Ramos es representación simbólica de lo que llamamos “seguimiento de Cristo” (…) Se trata de la opción entre vivir sólo para mí mismo o entregarme por lo más grande. Y tengamos muy presente que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en persona. Siguiéndolo a él, entro al servicio de la verdad y del amor. Perdiéndome, me encuentro” (Benedicto XVI)

Escuchar y acoger la Palabra

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciendo: ‘Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, Los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto’. Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: ‘Decid a la hija de Sión: ‘Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila’. Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’ Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: ‘¡Quién es este!’ La multitud contestaba: ‘Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea. (Mt 21, 1-11)

 

Pensar la Palabra

Es la última subida de Jesús a Jerusalén. Los tres evangelistas que describen este pasaje (Mateo, Marcos y Lucas) subrayan la decisión de Jesús de elegir “un borrico atado, que nadie ha montado todavía”. Así lo anunció Zacarías: “Mira a tu rey que viene a ti, humilde y montado en un asno, en un pollino hijo de acémila”. El borrico es signo del mesías humilde, representa la no violencia, la mansedumbre. Jesús con esta entrada lleva a cabo la exaltación de la sencillez, de la humildad, de la bondad, de la cercanía a los pobres. Otros signos de esta fiesta son las palmas con las que el pueblo saluda la entrada en Jerusalén del Maestro. Que también nos hablan de martirio y testimonio. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! proclama la multitud que le ha seguido y ha visto sus milagros. Pero este rey está caracterizado, como leemos en la primera lectura de Isaías, por situarse del lado de los indefensos, de los “abatidos” que necesitan una palabra de aliento.

 

Orar y contemplar la Palabra

Vuelvo sobre la lectura del texto, y me sitúo en este comienzo de la Semana Santa, mi semana santa. Jesús sube a Jerusalén, comienza el ascenso hacia la muerte. No solo recordamos un hecho histórico, sino un hecho de fe; hago solemne profesión de fe en que la cruz y muerte de Cristo son, en definitiva, una victoria.

Jesús el Mesías pacífico. Que los ramos y palmas de victoria no oculten la realidad.

– Del “hosanna” al “crucifige”. A la luz de lo que aconteció a Jesús puedo preguntarme de qué lado estoy yo: ¿con los que vitorean a un Mesías triunfante o con los que siguen a un Mesías sufriente? Con los que se esconden como los discípulos, o se lavan las manos como Pilatos; con los que callan ante las injusticias, o con los que se solidarizan con las víctimas.

Actuar desde la Palabra

Con la procesión de Ramos comienza también mi camino hacia la Pascua. Mi compromiso de discípulo: seguir a Jesús

¿Cómo ha de ser mi compromiso a la luz de estos acontecimientos que celebramos, de los que quiero hacer memoria viva?

¿Cómo actuar desde la mansedumbre, la humildad, la no violencia?

DOMINGO 5º DE CUARESMA

(2 de abril)

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”.

Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús diciendo: ‘Señor, el que tú amas está enfermo’. Jesús al oírlo dijo: ‘Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella’. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: ‘Vamos otra vez a Judea’ (...) Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado (…) Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá’. Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará’. Marta respondió: ‘Sé que resucitará en la resurrección del último día’. Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?’. Ella le contestó: ‘Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’ (…) Jesús viendo, llorar a Marta y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: ‘¿Dónde lo habéis enterrado?’ Le contestaron: ‘Señor, ven a verlo’. Jesús, se echó a llorar. Los judíos comentaban: ‘¡Cómo lo quería!’ (…) Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba (…) Dijo Jesús: ‘Quitad la losa’ (…) Entonces quitaron la losa. Jesús levantando los ojos a lo alto, dijo: ‘Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado’ Y dicho esto, gritó con voz potente: ‘Lázaro, sal fuera’. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: ‘Desatadlo y dejadle andar’. Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. (Jn 11 3-45)

Pensar la Palabra

Estamos en el último domingo de cuaresma. En este camino hacia la Pascua, Jesús nos invita a un nuevo encuentro, esta vez, junto a la tumba de Lázaro. En los domingos anteriores hemos visto a Jesús como agua viva y como la luz del mundo. Hoy se nos presenta Jesús como la vida: Yo soy la resurrección y la vida.

Marta cree que Jesús debería haber evitado la muerte de su hermano. Se mueve enteramente dentro de las coordenadas de la vida física. La promesa de resurrección que le asegura Jesús decepciona a Marta. El último día está lejos. Quiere una actuación inmediata de Jesús.

La función de Jesús no es alargar unos pocos años más la vida física. Viene a darnos una vida plena. El don del Espíritu concedido al que da su adhesión a Jesús es un nuevo nacimiento a una vida plena, que no queda interrumpida por la muerte física.

Jesús proclama que la condición imprescindible para ver la gloria de Dios es creer. Creer que Dios es Vida y quiere comunicar por amor su vida a sus criaturas, los hombres.

Orar y contemplar la Palabra

-Una mirada a Cristo resucitado: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.

-La contemplación de este pasaje del evangelio me lleva a mirar al resucitado. La última palabra no es muerte, es vida.

-Pido a Jesús entrar en la experiencia de la Semana Santa con esta certeza. Creemos en un resucitado que nos promete: El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.

Actuar desde la Palabra

Nuestro compromiso está en vivir y ayudar a vivir una vida digna, una vida en plenitud aquí en esta tierra. Y creer y anunciar que Dios es Vida.

DOMINGO 4º DE CUARESMA

(26 de Marzo)

El evangelio de cada domingo de cuaresma nos va señalando diferentes lugares en los que Jesús nos espera para un encuentro: el desierto, la montaña, un pozo en Samaria, la piscina de Siloé, la tumba de Lázaro. Dichosos nosotros si acudimos a la cita y dejamos que su amor nos transforme y nos arrastre hacia la Pascua.

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (…) (Jesús) escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: ‘Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)’. Él fue y se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: ‘¿No es ese el que se sentaba a pedir?’ Unos decían: ‘el mismo’. Otros decían: ‘no es él, pero se le parece’. Él respondía: ‘Soy yo’. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: ‘Me puso barro en los ojos, me lavé y veo’. Algunos de los fariseos comentaban: Este hombre no viene de Dios porque no guarda el sábado. Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: ‘Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos’. Él contestó: ‘Que es un profeta’. Le replicaron: ‘empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?’ Y le expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ‘¿Crees tú en el hijo del hombre?’. Él contestó: ‘Y ¿quién es, Señor, para que yo crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es’. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él. (Jn 9, 1-41)

►Pensar la Palabra

Este domingo, esta semana, en nuestra oración, nos espera en la piscina de Siloé. Como el ciego de nacimiento, nosotros queremos sentir la fuerza sanadora de Jesús: Me puso barro en los ojos y veo. Al ciego se le iluminan los ojos y puede ver la realidad de su entorno, pero hay una iluminación mayor, la de la fe que le lleva a exclamar: Creo, Señor. El relato nos enseña que la fe en Jesús es la culminación de un proceso de iluminación y de despojo. De iluminación porque a aquel que no podía ver la realidad de su entorno, Jesús le devuelve la vista. De despojo porque por ser fiel a la verdad, por su confesión: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo… le expulsaron. Jesús se hace de nuevo presente y se manifiesta ante él: ¿Crees tú en el hijo del hombre?… Lo estás viendo. Es una nueva luz que llena el corazón del ciego y le da la fuerza de confesar: Creo, Señor.

►Orar y contemplar la Palabra

-Ponte junto a Jesús, pídele que libere tus ojos de todo lo que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios… Deja que él ilumine tus ojos haciéndolos capaces de ver hasta el fondo, y llegar a descubrir la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

– Pídele también que te permita contemplarle a él, como le pudo ver aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: ‘¿Crees tú en el hijo del hombre?’. El contestó: ‘Y ¿quién es, Señor, para que yo crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es’. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él.

– Contempla la reacción de Jesús que Juan nos narra al final del evangelio: Cuando oyó que lo habían expulsado fue a su encuentro.

– Permanece en oración repitiendo una y otra vez: Creo, Señor y adora su presencia.

►Actuar desde la Palabra

-Como el ciego, me sitúo ante Jesús con mis necesidades, sin ocultamientos ni engaños.

-Como Jesús, quiero comprometerme con aquellos hombres y mujeres que son expulsados de la historia, por razones que son incomprensibles, y salir al encuentro y acoger y liberar.

DOMINGO 3º DE CUARESMA

(19 de Marzo)

En este tercer domingo de Cuaresma el texto evangélico nos ofrece una escena cautivadora. El diálogo de Jesús con una mujer de Samaría. Un tema difícil de entender en la mentalidad judía: una mujer desconocida, sin nombre y de un pueblo semipagano. Aquello va contra todo lo imaginable en Israel. Nos presenta a Jesús como un hombre con una gran capacidad de dialogar y que sabía escuchar-

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar (…) Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: ‘Dame de beber’(…) La samaritana le dice: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?’ (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: ‘Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva’. La mujer le dice: ‘Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?, ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’ Jesús le contestó: ‘El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se le convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna’. La mujer le dice: ‘Señor, dame esa agua, así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla’. Él le dice: ‘Anda, llama a tu marido y vuelve’. La mujer le contesta: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad’. La mujer le dice: ‘Señor, veo que tú eres profeta’ (…)

La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: ‘Venid a ver un hombre que ha adivinado todo lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías?’ (Juan 4, 5-26)

►Pensar la Palabra

La mujer llega al pozo sin más expectativas que buscar agua, ajena a lo que allí le esperaba. Al principio no vio en Jesús más que a un hombre judío, con quien le separaban las rencillas propias de los pueblos vecinos; pero Jesús le fue conduciendo al verdadero conocimiento y la samaritana le descubre como Señor, Mesías y Profeta, como Aquel a quien había estado esperando siempre sin saberlo. Y despierta en ella una sed nueva de anunciar sin temor a todos los de su pueblo lo que había acontecido en aquel encuentro.

Nos pone de manifiesto también cómo el encuentro con Jesús puede acontecer en cualquier mediodía de nuestra vida cotidiana. Y transformará las propias expectativas en un deseo irrefrenable de atraer a todos hacia él

►Orar y contemplar la Palabra

> Comienza la oración representando la escena del evangelio: Jesús, sentado junto al pozo… la mujer samaritana que llega con su rutina diaria a buscar agua… el diálogo entre ellos dos….

– Acércate hoy, en este momento de oración, al pozo de tu encuentro personal con Jesús y manifiéstale tu sed: Dónde están tus deseos, tus amores, tus expectativas en este momento de tu vida

– Pídele que te vaya conduciendo, como lo hizo con la samaritana, al verdadero conocimiento. Poder descubrir a Jesús en lo cotidiano.

-Siente cómo te dice hoy a ti: Si conocieras el don de Dios…

– Pide, como la samaritana: Señor, dame de esa agua y no tendré más sed. Despierta en mí una sed nueva. Que brote en mi ese surtidor de agua, ese deseo de manifestar a todos quién es el Señor.

> Haz silencio interior y da vueltas en tu corazón a las palabras de ese diálogo, tu diálogo con Jesús. Escucha… responde… quédate en silencio. Siente su presencia hoy junto a tu pozo.

►Actuar desde la Palabra

Pide la fuerza del Espíritu para anunciar a la gente lo que has visto y oído: Junto a tu pozo se ha hecho hoy presente Jesús, el Mesías, el salvador. ¡Proclama la alegría del evangelio!

  • Si quieres conocer a una persona, no preguntes por lo que piensa, pregunta por lo que ama (San Agustín)

DOMINGO 2º DE CUARESMA

(12 de marzo)

Seguimos profundizando en la carta del papa Francisco: En este camino (de cuaresma), recibimos siempre una llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios “de todo corazón”, a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. La escucha de Jesús, el Hijo amado, nos abrirá esos caminos de amistad.

►Escuchar y acoger la Palabra

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la lu. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Señor ¡qué bien es que estemos aquí! Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés, otra para Elías’. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y dijo una voz desde la nube: ‘Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo’. Al oírlo los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos, les dijo: ‘Levantaos, no temáis’. Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos’. (Mateo 17, 1-9)

►Pensar la Palabra

¿Qué es lo que había ocurrido seis días antes? Jesús había hablado a sus discípulos de la exigencia del seguimiento: el que quiera venirse conmigo que cargue con su cruz y me siga… les había anunciado, por primera vez, su muerte y su resurrección. La cercanía de estas dos escenas nos pone de manifiesto la cercanía de la luz y las tinieblas. El inundado de luz es Aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte.

Es una invitación a salir de las seguridades del valle y subir al monte de la luz. Sin más garantía que su palabra. Escuchadlo. Es la voz que llega a los oídos de Pedro, de Santiago y de Juan. De nuevo la invitación al seguimiento, a la acogida de la Palabra, que hará posible el cambio de nuestro corazón. El nacimiento del hombre nuevo.

►Orar y contemplar la Palabra

– Contemplo la escena y me dejo introducir en la experiencia de iluminación del Tabor.

– Escucho la palabra del Padre que me llega hoy a mí: Este es mi Hijo amado: Escúchalo.

– Me dispongo a despertar de mis sorderas para acoger la llamada de Jesús: el que quiera seguirme, el que esté dispuesto a fiarse de mí, el que quiera vivir una vida nueva y distinta, marcada por el amor… está invitado a subir al monte de la luz y dejar el valle.

– Yo también soy invitado a subir a ese monte, ¿cuáles son las seguridades que me impiden subir?

– Oro al Señor diciendo: Quiero escuchar tu voz y fiarme sólo de tu Palabra.

►Actuar desde la Palabra

Despertar de mis sorderas: Puedes, durante esta semana comprometerte a estar más atento a la palabra de la gente con la que estás más frecuentemente: familia, trabajo, amigos… atender a sus necesidades y a sus gustos. Cada noche pregúntate qué ha supuesto ese ejercicio para ti.

Piensa, si a través de esas palabras, alguna vez has escuchado a Jesús mismo que se hace presente en aquellos que caminan contigo.

Abre tu oído a aquellos que necesitan de ti. Y escucha la Palabra de Jesús: Cuando hacéis algo a uno de estos, me lo hacéis a mí.

DOMINGO 1º DE CUARESMA

(5 de marzo)

Acabamos de comenzar la Cuaresma con la celebración del miércoles de ceniza. Acogemos la invitación que nos hace el Papa Francisco: La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Qué el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios.

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: ‘Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes’. Pero él le contestó diciendo: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de cualquier palabra que sale de la boca de Dios’. Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: ‘Ha dado órdenes a los ángeles acerca de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’. Jesús le dijo: También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró  los reinos del mundo y su gloria, le dijo: ‘Todo esto te daré, si te postras y me adoras’. Entonces le dijo Jesús: ‘Vete Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto’. Entonces lo dejó el diablo; y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían. (Mt 4, 1-11)

►Pensar la Palabra

El desierto es ante todo un lugar privilegiado de encuentro personal y de escucha de la Palabra. María Dolores Aleixandre comentando este texto escribe: “En la escena de las tentaciones vemos a Jesús reaccionando lo mismo que a lo largo de toda su vida, aferrado y adherido afectivamente a lo que va descubriendo como el querer de su Padre: la vida abundante de los que ha venido a buscar y salvar. No ha venido a preocuparse de su propio pan, sino de preparar una mesa en la que todos puedan sentarse a comer. No ha venido a que le lleven en volandas los ángeles, a acaparar fama y “hacerse un nombre”, sino a dar a conocer el nombre del Padre y a llevar sobre sus hombros a los perdidos, como lleva un pastor a la oveja extraviada. No ha venido a poseer, a dominar o a ser el centro, sino a servir y dar la vida”

►Orar y contemplar la Palabra

-Prepara este momento de oración: con la imaginación o, de hecho, vete a un lugar que te pueda evocar el desierto. Haz silencio… entra en la escena y acércate a los sentimientos de Jesús: sintió hambre, y sintió en todo su ser la provocación de la tentación.

-Déjate conducir por el Espíritu a ese lugar del encuentro personal y escucha la Palabra, que hoy te es dirigida a ti.

– Pide que se graben en ti las señales inequívocas del cristiano, del seguidor de Jesús: vivir de la Palabra que sale de la boca de Dios, no buscar los privilegios de grupo… adorar a Dios en espíritu y verdad.

– Presenta tu deseo: Quiero, con Jesús, preparar la mesa para todos, quiero dar a conocer el nombre del Padre, vivir su misericordia.

– Pido seguir a Jesús: Yo tampoco he venido a poseer y dominar, sino a servir y dar la vida.

►Actuar desde la Palabra

Compromete tu vida desde la Palabra. Puedes proponerte, durante este tiempo, ser fiel a la lectura del evangelio de cada domingo. Repasarlo en la semana, hacer de ello tu vida. El Papa Francisco nos invita a pedir en esta Cuaresma: Qué el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios.

DOMINGO OCTAVO. TIEMPO ORDINARIO

(26 de Febrero)

Jesús sigue marcando la diferencia de quienes quieren seguir su programa de vida. La pregunta es esta: dónde tengo yo mis intereses, que priorizo en mi vida. ¿tengo verdadera confianza en Dios? No andéis agobiados.

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Nadie puede estar al servicio de dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?… Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o cómo os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo, buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos’. (Mateo 6, 24-34)

►Pensar la Palabra

Nos enfrenta el texto con nuestra situación existencial: una persona en su vida, puede rendir el corazón a diferentes tesoros que serán su dios, su fe. Y hay algunas grandes pasiones que son incompatibles. Al menos Dios y el dinero lo son. La palabra clave del texto es agobiarse. Significa esta palabra que algo es existencialmente importante y acapara nuestro corazón. Es decir que los afanes no nos absorban hasta el punto de desviarnos de lo fundamental.

Jesús advierte sobre esta tendencia tan dañina para la raza humana: el avaro deseo por las cosas materiales que hacen que el hombre ya no sea dueño de ellas, sino su esclavo. Quienes caen en estas garras han olvidado que Dios es el Creador y por lo tanto el último Dueño de todas las cosas, que para El los más importante son las personas y no las cosas materiales y que la posesión de riquezas no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para el bienestar, pero también para el servicio al prójimo.

Son los paganos los que se afanan… pero vosotros: buscad primero que reine la justicia. Podemos descubrir ahí los ecos del Padrenuestro, donde los hijos piden al Padre lo único realmente esencial: venga tu reino, hágase tu voluntad.

►Orar y contemplar la Palabra

-Continúo en esa actitud de discípulo, a la escucha de las palabras del Maestro que nos desvela el camino del cristiano hoy.

-Nos invita a una mirada contemplativa a la Creación: Mira los pájaros, no tienen graneros, mira los lirios, no hilan… También tú has sido creado, tu vida tiene valor para Dios: ¿No valéis vosotros más…? Hay un amor que te protege. Tienes un Padre que está en los cielos.

– Por eso, no os agobiéis. No viváis como los paganos, faltos de fe.

-Puedo preguntarme: ¿Cuáles son mis prioridades, mis afanes?

– ¿Vivo la vida con un afán desmedido por las cosas, por esos tesoros que esclavizan mi corazón, como lo hacen los paganos?

– Dice Jesús: no podéis servir a Dios y al dinero. Es una expresión tajante. ¿Me esclaviza el afán de tener, el afán de poseer, el afán de dominar?

►Actuar desde la Palabra

Me comprometo a contemplar el mundo como Dios me invita a hacerlo, y desde esa mirada revisar mis prioridades y tomar conciencia de hacia dónde se inclina mi corazón.

DOMINGO SÉPTIMO. TIEMPO ORDINARIO

19 de febrero

El Evangelio de este domingo nos dice con palabras claras y concretas cómo el discípulo de Jesús es sal y luz en medio de las gentes. Son actitudes que iremos aprendiendo de Jesús, a lo largo del año, tal como nos lo irá presentando el evangelio de Mateo. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Sabéis que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pida, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’. (Mateo 5, 38-48)

►Pensar la Palabra

El lenguaje de Jesús es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.  Quien se parezca a Dios, no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

►Orar y contemplar la Palabra

– Haz un espacio de silencio para la lectura reposada de este texto. Contempla a Jesús, imagina su rostro sereno, su palabra cálida. Jesús va a proclamar la desmesura del amor. Esa novedad que no tiene otro fundamento que la contemplación del Padre lleno de compasión y misericordia para con todos.

– Medita este texto del Papa Francisco que nos ayuda a comprender la lectura de este domingo: “El evangelio nos invita    siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia, en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”. (La alegría del Evangelio. Nº 88)

►Actuar desde la Palabra

Jesús presenta a sus discípulos una clave de transformación social: devolver bien por mal. Esta es la novedad provocadora de Jesús, frente al “ojo por ojo…” de la antigua ley del Talión. El discurso llega a la cumbre en la propuesta del amor a los enemigos que se fundamenta en el mismo amor de Dios que hace salir el sol sobre malos y buenos. En el amor consiste la bondad en su plenitud, es decir, la perfección.

– Compromete tu vida en el amor, en la no violencia, en la defensa de los más débiles, en la revolución de la ternura.

-Termina la oración recitando despacio el Padrenuestro, sintiéndote hijo de Dios y hermano de todos los hombres y mujeres. Sintiendo con fuerza esa llamada al amor, al perdón, al servicio, a la entrega. Es lo que nos distingue como discípulos.

Domingo sexto. Tiempo ordinario

(12 de febrero)

Leyendo con atención el evangelio nos vamos dando cuenta de que las tres preocupaciones fundamentales de Jesús fueron: 1) la salud de los enfermos; 2) la alimentación de los pobres; 3) las relaciones humanas entre las personas. Estos son los tres pilares de su espiritualidad y de su religiosidad.

►Escuchar y acoger la Palabra

Escuchar la Palabra en este texto que nos ofrece Mateo este domingo es estar atento a la novedad que Jesús trae y que se expresa en sus palabras: habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo. (El texto es largo. Aunque no podamos reproducirlo íntegramente, te invito a leerlo entero.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas! No he venido a derogar, sino a dar plenitud (…) os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos (…)

Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás… Pero yo os digo: Todo el que esté peleado contra su hermano será procesado, el que lo insulte… el que lo llame renegado.

Por tanto, si cuando vas a poner la ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano; y entonces vuelve a presentar tu ofrenda… (Mt 5, 17-37)

►Pensar la Palabra

Dale vueltas en tu corazón. Descubre a Jesús, el Maestro, que quiere abrir caminos de plenitud y libertad a los que le siguen. En definitiva, el camino de felicidad con el que comienza el Sermón del Monte.

En el evangelio de hoy, Jesús explica la solución a tres problemas frecuentes. Afirma de una manera tajante: 1) la fe es incompatible con el enfrentamiento entre personas; 2) la fe es incompatible con el deseo de lo ajeno; 3) la fe es incompatible con cualquier forma de juramento. Jesús lleva a plenitud la Ley y los Profetas: la religión de Jesús consiste en que lleguemos a ser profundamente humanos. Jesús denuncia el legalismo que se contenta con guardar los preceptos y llama a la actitud interior. Con esa repetición: pero yo os digo pone de manifiesto la novedad que él trae en el modo de vivir la Ley.

►Orar y contemplar la Palabra

Voy haciendo silencio interior. Sólo la Palabra saboreada, que me vaya calando como lluvia sobre el césped. Penetrando suavemente.

Pido al Señor libertad de espíritu y sinceridad de corazón. Reviso mis actitudes: quizá yo también me he perdido en legalismos, fiel a la letra de tantas leyes y empobrecido el espíritu. ¿Cómo resuenan en mis oídos estas palabras?: porque os digo que, si vuestra fidelidad no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de Dios.

►Actuar desde la Palabra

Quiero ser fiel a la Palabra que Jesús nos ha regalado en este domingo y quiero vivir ahondando en el compromiso:

La sinceridad de corazón y la sinceridad en el obrar. Jesús deja muy claro el modo de actuar, si quiero vivir le plenitud de la Ley:

*Deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano…

*Muéstrate conciliador con el que te pone pleito, sin perder tiempo, mientras vais todavía de camino. Mientras dura el día.

*Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no.  Con estas palabras termina esta parte del discurso, que nos ayudan entender lo que significa vivir en verdad. Es la característica del Reino

Termino la oración dirigiéndome al Padre con las mismas palabras con que nos enseñó Jesús: Padrenuestro

Domingo quinto. Tiempo ordinario

(5 de febrero)

A continuación de la proclama de las bienaventuranzas, que escuchamos el domingo pasado, Jesús va a presentar el programa de vida de quienes siguen a Jesús. Mateo nos ofrece metáforas, sencillas y elocuentes, para hacernos entender lo que el propio Jesús pensaba acerca de cómo debemos hacernos presentes los cristianos, en la sociedad.

►Escuchar y acoger la Palabra

Acoger la Palabra, en este contexto, significa llegar a hacer del programa de Jesús, nuestro programa de vida. Jesús habla a los que Mateo llama sus discípulos, a aquellas personas que se han propuesto seguirle y vivir como vive el Maestro.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

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No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo.  No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. (Mateo 5, 13-16)

►Pensar la Palabra

A este pequeño grupo de discípulos que tiene delante, Jesús les dice nada menos, que ellos son sal y luz de la tierra, ellos que son un grupo insignificante en medio de aquel poderoso imperio dominado por Roma. Ser sal y ser luz, dos metáforas que van a ser inolvidables para los discípulos y para cualquier cristiano. En todo caso la sal y la luz se saborean y se sienten, así tiene que ser la condición cristiana, la manera de ser y de vivir, de los creyentes en Jesús: Así como la sal da sabor, se disuelve, se sacrifica, así también el discípulo debe esparcir el buen sabor, la fuerza contagiosa del Evangelio.

►Orar y contemplar la Palabra

Terminada esta primera parte de reflexión, intento hacer silencio interior. Me quedo contemplando la imagen de la sal, puedo también encender una vela: sal y luz; luz y sal.

De nuevo me sitúo en la escena que el evangelista ha descrito. Intento sentirme formando parte de ella. Soy uno más de los discípulos que escuchan a Jesús. La Palabra de Jesús es dura: si la sal se vuelve sosa: No sirve más que para ser tirada fuera.

¿Y cuál es la finalidad que expresa Jesús? Que la gente vea vuestras buenas obras… es decir, me llama a ser testigo; que mi vida sea transparente y que por mi modo de vivir la gente se sienta motivada para creer en Dios.

Pido la fuerza del Espíritu para que yo conozca con toda verdad cómo es mi presencia en el mundo, mi modo de ser y vivir. ¿Soy trasparencia de la vida de Jesús?

►Actuar desde la Palabra

*Puedo volver a leer el texto evangélico, dejando que resuene dentro de mí: ser sal y ser luz… ser sal y ser luz… lo repito hasta que sienta que estas palabras me tocan por dentro, me conmueven…

*Recuerdo también las palabras del papa Francisco. Nos pide a los cristianos que: “afianzados y fortalecidos en la fe, es hora de iluminar y transformar, de salir y transmitir la alegría de creer”.

* Según esto: ¿cuál ha de ser mi compromiso? ¿qué tengo yo que hacer? ¿Cuáles son los lugares a los que tengo que dar sabor y luz?

*¿Cómo puedo yo traducir, en mi vida cotidiana lo que veo que Jesús pide en este evangelio?

*Permanezco en oración pidiendo ser sal y ser luz para llevar a los otros la alegría del Evangelio.

DOMINGO CUARTO. TIEMPO ORDINARIO

(29 de enero)

Celebramos el cuarto domingo del tiempo ordinario. Jesús que, en el lago de Galilea, acaba de invitar a los primeros discípulos a seguirle para compartir su proyecto, en el evangelio de este domingo, el evangelista Mateo lo presenta como maestro: sentado en medio del gentío, rodeado ya por sus discípulos. Jesús presenta un programa, un estilo de vida que ha de marcar a todos aquellos que quieran seguirle.

►Escuchar y acoger la Palabra

Escuchar la Palabra significa tener el oído atento y vigilante. El oído exterior y el oído interno. Escuchar con el corazón al Amigo que sabemos nos trae un mensaje liberador, humanizador.  Acogerla, nos pide dar un paso más, nos pide estar dispuestos a actuar según lo que hemos escuchado, hacerla vida de nuestra vida.

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.  (Mt 5, 1-12)

►Pensar la Palabra

Jesús presenta su programa enmarcado en una promesa de felicidad. Dichosos… dichosos vosotros… Y por felicidad se entiende sentirse bien, disfrutar de la vida y desear que ese sentimiento se mantenga. Y para alcanzar la felicidad Jesús no propone prácticas religiosas, sino formas de comportamiento humano que casi se podrían resumir en esto: las personas son más felices si son compasivas. En esto se condensa y sintetiza todo. Quizá después de este año jubilar que tanto hemos reflexionado, orado y compartido sobre la misericordia, nos sea fácil entender esto.

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor gracia para recibirle como maestro de mi vida. Que su palabra se haga realidad en mí, que sepa buscar la verdadera felicidad.

Me sitúo, en medio del gentío, junto a los discípulos, dispuesto a escuchar de nuevo la enseñanza de Jesús. Puedo volver a leer el texto.

Quizá no entiendo muy bien cómo se puede encontrar la dicha, la felicidad, en la pobreza, en el sufrimiento… quizá me resulte más fácil descubrirlo en la misericordia, en la limpieza de corazón, en la búsqueda de la paz.

-Le pregunto a Jesús: ¿Qué quieres descubrirme hoy a mí con esta enseñanza?

-Intento “saborear”, “gustar”, una a una cada bienaventuranza. ¿Tengo alguna experiencia que me ayude a entenderlo mejor…?

-Me paro un momento en la última frase: Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. No sólo es una promesa de futuro, es ya de presente. Es la alegría del Reino, porque el Reino de Dios no se basa en la fuerza, sino en la verdad. Y el Reino de Dios está ya aquí.

►Actuar desde la Palabra

Contemplo a Jesús. ¿Cómo me habla su vida, cómo me ayuda a entender su mensaje?

¿Dónde reside su felicidad? A lo largo de este tiempo nos iremos encontrando con él en distintas situaciones, modos de actuar, palabras… todo ello nos irá dando luz para entender y abrazar este programa.

Voy terminando este rato de oración. Hago silencio de pensamientos… de palabras… dejo que salga a mí consciencia aquello que ha tocado más fuertemente mis emociones, mis deseos…

– Siento que Jesús me llama por mi nombre y me dice: serás dichoso si…

– ¿Dónde pongo yo mi felicidad… cómo tiene que ser mi vida para comprometerme con el programa que Jesús me propone?

– De nuevo puedo repasar esas actitudes, ese comportamiento que señala cada una de las bienaventuranzas. Me paro en aquella que en este momento tenga más fuerza para mí porque necesite profundizar más en esa actitud, porque vea que tengo que hacer camino en ese sentido, porque desee pedir perdón por mi falta de respuesta…

-Doy gracias a Jesús por este rato vivido en su presencia, a la escucha de la Palabra… le pido fuerzas para caminar según su programa de vida. AMEN.

DOMINGO TERCERO. TIEMPO ORDINARIO

(22 de enero)

En este tercer domingo, comenzamos la lectura continua del evangelio de San Mateo: el relato del proyecto que Jesús llevó adelante en la vida pública. Para poner en práctica su proyecto, Jesús elige Galilea. Galilea era la región de los pobres -campesinos, pescadores, mendigos…- Galilea de los gentiles, gentes con distintas creencias, lejos del puritanismo de los judíos. En el relato del Bautismo, el evangelista nos narraba la experiencia de Jesús: apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu Santo bajaba como una paloma… y una voz del cielo que le decía: Este es mi hijo, el amado, mi predilecto. La fuerza del Espíritu movilizará toda la trayectoria de su vida. Este domingo, el evangelio de San Mateo, nos presenta la elección de los primeros discípulos.

►Escuchar y acoger la Palabra

De nuevo me encuentro esta semana ante la Palabra proclamada el domingo. Mateo toma conciencia de que Jesús ha elegido ir a lo más difícil y complicado: Jesús elige Galilea para comenzar su misión, cumpliéndose así lo anunciado por el profeta Isaías: El pueblo que habitaba en tinieblas, vio una luz grande.

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: ‘País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: ‘Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos’. Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: ‘Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres’. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.  (Mt 4, 12-23)

►Pensar la Palabra

Doy vueltas al texto en mi corazón. Lo leo de nuevo, una y otra vez, a lo largo de la semana, para entender qué quiere comunicarme el Espíritu a través de esta Palabra. Voy cayendo en la cuenta de cuáles son las ideas que van calando en mi corazón.

Jesús se retira a Galilea al enterarse del arresto de Juan. Llega a Cafarnaúm, y Mateo escribe: a los que habitaban en tinieblas y sombras de muerte, una luz les brilló. En Galilea Jesús invita, a los primeros, a participar en su proyecto; proclama el Evangelio del Reino y cura las enfermedades…

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor la gracia de recibir su luz y acoger su llamada: Quiero seguirte, Señor y anunciar contigo el Evangelio del Reino.

El cristianismo es, antes que nada, seguimiento a Jesucristo. Creer en Jesucristo es vivir su estilo de vida, animados por su Espíritu.

– Hago silencio interior y escucho, de labios de Jesús, mi nombre… y oigo que me dice:  ven y sígueme…

– Yo, ¿qué tengo que dejar para seguirle más fielmente y tomar parte en su proyecto?

– ¿Cuáles son mis redes… mi barca…?

– ¿Dónde está mi Galilea…, el lugar donde me siento llamado a llevar la luz de Jesús, a proclamar su evangelio, a sanar y curar enfermedades?

►Actuar desde la Palabra

Con la fuerza de la Palabra en mi interior, me acerco a Jesús y camino con él hacia Galilea. Me adentró en sus opciones… Paseo junto a él por el lago… quizá yo también descubro hombres y mujeres que pueden comprometerse con el proyecto de Jesús… Recorro con él Galilea: ¿puedo yo también proclamar el Evangelio del Reino? ¿puedo curar enfermedades y dolencias de las gentes con las que me encuentro? Lo decisivo es curar, aliviar el sufrimiento, construir una convivencia más humana.

En este último momento de oración hago silencio de pensamientos… de palabras y me quedo, sencillamente, escuchando a Jesús que se dirige a mí… Me descubre en el lugar de mi trabajo, allí donde discurre mi vida y me dice: Ven y sígueme… Ven y sígueme… Dejo que esa palabra toque mi corazón. Puedo repetirla interiormente durante la semana.

DOMINGO SEGUNDO TIEMPO ORDINARIO

(15 de enero)

Después de la Navidad y sus fiestas, que concluyen con el Bautismo de Jesús, comienza la primera semana del tiempo ordinario que llegará hasta el miércoles de ceniza. Se reanuda, de nuevo, el lunes después de Pentecostés, y termina con el Adviento, con el que se inicia un nuevo año litúrgico. Durante este tiempo seguiremos el desarrollo progresivo, episodio tras episodio, de la vida histórica de Jesús. Cada tramo, es un paso para adentrarnos en el misterio de Cristo. Este domingo, con el texto evangélico de San Juan, comienza su vida pública.

Este año 2017, puedes proponerte ir profundizando en el itinerario de la vida de Jesús, por medio de la oración, unos minutos cada día. Esta hoja semanal, quiere ser una invitación y una ayuda.

El esquema-guía para la oración, será siempre el mismo: escuchar y acoger la Palabra; pensar la Palabra; orar y contemplar la Palabra; actuar desde la Palabra.

►Escuchar y acoger la Palabra

Después de haber celebrado la Eucaristía del domingo, se nos invita a vivir, durante la semana, a la luz de la Palabra. Cada día, puedo buscar un momento oportuno para dedicar un espacio y un tiempo a volver sobre el texto del evangelio.

Busco un lugar adecuado, ante el sagrario o en casa, me pongo en la presencia de Dios, creo el ambiente que me ayude y vuelvo sobre la lectura del evangelio:

En aquel tiempo; al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: ‘Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel’. Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. (Jn, 29-34)

►Pensar la Palabra

Es, dar vueltas al texto, leer una y otra vez, para intentar comprender lo que el evangelista nos quiere comunicar. Descubrir la novedad que nos trae Jesús.

Juan Bautista presenta a Jesús utilizando la imagen del “cordero”. Una imagen tan querida por los judíos: el cordero degollado, cuya sangre liberó a los israelitas del exterminio, la noche que huyeron de Egipto y así se hizo posible la liberación de la esclavitud. Pero el Bautista introduce un elemento nuevo: que quita el pecado del mundo. Jesús es el libertador del pecado común de toda la humanidad, inclinada a hacer y querer lo que daña a los demás, aquello que deshumaniza. Jesús de Nazaret es el logro supremo del ideal humano. Y, como añade muy bien Juan, esto es obra del Espíritu que se posó sobre él.

►Orar y contemplar la Palabra

Antes de continuar orando, pido al Señor la gracia de conocerlo y reconocer al Espíritu que lo habita. Que su Palabra se haga vida en mí.

Nos pueden ayudar las palabras del papa Francisco que nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo, no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir, por experiencia personal, junto a Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre -continúa diciendo el Papa-, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

La gran novedad de Jesús, que anuncia Juan Bautista, consiste en que Jesús es el Hijo de Dios, Él puede bautizar con Espíritu Santo.

►Actuar desde la Palabra

Vuelvo sobre el texto, queriendo descubrir, al leerlo de nuevo, cómo me toca a mi interior, cómo me mueve por dentro, qué me dice a mí, en concreto.

A la luz de la Palabra, yo ¿qué debo hacer para conocer a Jesús, caminar con él? ¿cómo puedo yo construir el mundo con su evangelio? ¿cómo dar testimonio de Él?

Los seguidores de Jesús, no podemos vivir una espiritualidad seria, lúcida y responsable si no está inspirada por su Espíritu. Nada más importante podemos hoy ofrecer a las personas que una ayuda a encontrarse interiormente con Jesús, nuestro Maestro y Señor.

Termino pidiendo fuerza para caminar y vivir según su palabra. Conocerle, y dar testimonio. Repito una y otra vez: Hágase en mí según tu Palabra…

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

(8 de enero)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: ‘soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le contestó: ‘Déjalo ahora. Está bien que cumplamos todo lo que Dios quiere’. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu Santo bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: ‘Este es mi hijo, el amado, mi predilecto”. (Mateo 3, 13-17)

♦ Comentario al texto

Con la celebración del Bautismo del Señor, con esta fiesta,  termina el tiempo de Navidad. Juan Bautista será el que le bautizará. Éste Jesús, que hoy se presenta en el Jordán, había sido anunciado por todos los grandes testigos del Antiguo Testamento. En él y por él se va a cumplir la salvación de Dios. Y ¿cuáles son los signos? Dar luz a los ciegos, abrir las prisiones de los que están cautivos, sanar a los que están enfermos. A lo largo del año litúrgico, Mateo en su evangelio, nos irá invitando a descubrir a este Jesús, el  amado del Padre: Este éste es  mi hijo, el  amado, mi predilecto.

♦ Momento de oración

Para entrar en esta experiencia de oración puedes situarte en medio de ese pueblo que, expectante, busca ver y conocer al Mesías. Contempla la escena que describe el evangelista: Juan se dispone a bautizar al pueblo y Jesús se presenta en medio de esta gente. Escucha la voz que viene del cielo: Tú eres mi hijo, el amado, mi predilecto. Ora desde el sentimiento de tu corazón

– Contempla al Hijo, al enviado, el predilecto. En ti me complazco. Mateo nos lleva a la contemplación del misterio del Dios Trinitario: sobre él se posa el Espíritu y se escucha la voz del Padre. Él es el Hijo muy amado de Dios y en quien reposa el Espíritu. Jesús viene a revelar el misterio de Dios, el misterio de amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu. Puedes en este momento repetir sencillamente la oración de alabanza: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

– Escucha  la voz que viene del cielo. Siéntete tocado por ese mismo amor. Junto a Jesús, imitando su vida, siguiéndole a Él, yo también puede escuchar al Padre que me dice: Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco. Haz silencio dentro de ti y escucha…

– Ora desde lo más hondo de tu corazón y agradece el don del bautismo, por el que has sido hecho hijo de Dios y formas parte de esta gran familia, la iglesia. Yo he sido bautizado con Espíritu Santo, gracias, Señor.

– Compromete tu vida con Jesús en su proyecto de salvación. Puedes preguntarte: yo, ¿cómo puedo dar luz a los ciegos, abrir las prisiones de los que están cautivos, sanar a los enfermos, acompañar en su soledad a quienes lo necesitan…?

– Termino la oración recitando despacio el Padrenuestro, sintiéndome hijo de Dios y hermano de todos los hombres y mujeres. Y repito en mi interior: hágase tu voluntad… Amén.

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

(6 de enero)

♦ Texto para la oración

¡Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz!… sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre él y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora… Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor. (Isaías 60, 1-6)

Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ‘¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo…’ De pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mateo 2, 1-12)

♦ Comentario al texto

Los dos textos que nos propone la liturgia de esta fiesta (Isaías y Mateo) nos están hablando, a los hombres y mujeres de todos los tiempos, para decirnos que Jesús es el Salvador de todos los hombres: ¡Llega tu luz! Es la promesa hecha a Jerusalén, según expresa el profeta Isaías. Hemos visto su estrella, dicen los Magos. Jesús, ese niño que acaba de nacer, se nos manifiesta en este día como LUZ de todos los pueblos. Nace en un pueblecito de Jerusalén, pero su salvación se extiende a todas las naciones. Dios habla a todos los hombres por medio de los acontecimientos, y los encuentra allí mismo donde ellos buscan. Llama a los Magos por medio de una estrella. ¿Cómo nos habla hoy a nosotros?

♦ Momento de oración

La actitud orante que nos sugieren los textos de este día es la adoración y la alabanza. También la entrega generosa, como se manifiesta en los dos textos: trayendo incienso y mirra, dice Isaías: abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra, describe Mateo.

– Puedo hacer la oración ante la representación del Belén de la parroquia o de mi casa, y contemplar y revivir en mi interior esta escena de los magos de Oriente.

– Doy gracias y alabo a Dios Padre por la entrega de su Hijo, Luz de las naciones, luz de nuestra vida personal. Puedo escuchar, en mi interior, las palabras de Isaías: ¡Llega tu luz!, como si fuesen dichas para mí.

– ¿Qué me dice esta palabra hoy a mí?

– Los Magos se pusieron en camino para encontrar al Salvador. ¿Cómo me pongo yo en camino?

– Vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas lo adoraron. La adoración es un sentimiento de reconocimiento: Realmente tú eres el Hijo de Dios, Tú eres nuestro Salvador y nuestro Rey y Señor.

– Pido al Espíritu que despierte en mí estos sentimientos, quedo en silencio, en adoración…

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

El único que hace maravillas;

Bendito por siempre su nombre glorioso,

Que su gloria llene la tierra.

Amen. Alleluia.

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

(1 de enero)

♦ Texto para la oración

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.   La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también heredero por voluntad de Dios. (Gal 4, 4-7)

En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que les oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. (Lucas 2, 16-21)

♦ Comentario al texto

Los textos que nos ofrece hoy la liturgia nos ayudan, de nuevo, a centrar la mirada en el misterio de la encarnación. En primer lugar, el dato que nos ofrece Lucas en su evangelio: encontraron al Niño junto a María y a José, y cuando le vieron, reconocieron que aquel Niño, acostado en el pesebre, en medio de esa sencillez y pobreza, era realmente el salvador del mundo. Este encuentro les llenó de gozo y alegría y les motivó a contar aquello que habían vivido y experimentado.

Hoy la iglesia nos invita a contemplar y felicitar a María, la mujer que, con su entrega, hizo posible la encarnación: envió Dios a su Hijo, nacido de mujer. Esta mujer María, que recibe a los pastores, y en esta visita descubre, también ella, la profundidad de este misterio. La mujer contemplativa que va madurando en su corazón los acontecimientos; haciéndose, así, cada vez más receptiva a la voluntad de Dios.

♦ Momento de oración

Los textos de este domingo nos invitan a celebrar y contemplar a María, aclamándola como Madre de Dios. Un título con el que la Iglesia la ha proclamado desde los primeros siglos. ¿Cómo podemos orar ante este misterio?

– Pedimos a María su misma actitud contemplativa como nos muestra Lucas. Guardar y conservar en nuestro corazón esta palabra, meditándola, reflexionando sobre ella para descubrir esa voluntad de Dios, en mi propia vida.

– Lo que Dios habla a mi corazón no es sólo para mí, sino que, como los pastores, he de sentirme llamado o llamada a contarlo a otros, para que también crezca su fe y su alegría.

– María es la madre de Dios y, a su vez, se nos presenta, como la mujer de fe. Ella, que ha acogido la voluntad de Dios con una entrega total, mantiene su fe viva dando vueltas en su corazón los acontecimientos, para crecer, cada día más, en fidelidad y en confianza.

– En este momento de oración personal doy gracias a María por su fe y por su entrega, y al mismo tiempo que le pido una fe creciente, puedo ir repitiendo las palabras del ave maría: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… Ruega por tu iglesia, ruega por nuestras familias, ruega por cada uno de nosotros… enséñanos a orar, enséñanos a contemplar el misterio de Dios, danos fortaleza para vivir nuestra vida según la voluntad de Dios.

Te doy gracias María por tu sí.

NAVIDAD. MISA DE MEDIANOCHE

(25 de diciembre)

♦ Texto para la oración

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos dado… y es su nombre Maravilla de Consejero, Dios Padre, Príncipe de la Paz. (Isaías 9, 1.3)

…Le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: ‘No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre’…  (Lucas 2, 1-14)

♦ Comentario al texto

Las lecturas de los textos de la noche de Navidad nos invitan a abrir nuestro corazón a la esperanza, una esperanza que tiene su apoyo en los signos de un presente que, cada año, se nos anuncian a los cristianos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. El signo de la luz que procede de Dios y que nos viene de Dios, ese Dios que se ha hecho niño en las entrañas de una mujer: Dios en persona viene a salvarnos, dirá en otro lugar.

Un niño nos ha nacido, él será Luz de las naciones, Sabiduría admirable, Príncipe de la paz, Mesías, Salvador. El Señor.

Ese Dios, que ya está en medio de nosotros, trae consigo toda la alegría del Reino, toda la certeza de que Dios viene a darse en persona. Esa es la seguridad de nuestra esperanza. Esa es la razón de la alegría de todo el pueblo.

♦ Momento de oración

Si puedo, me sitúo, para orar, ante alguna representación del misterio de Belén. Allí, en adoración, como los pastores, releo, cuantas veces crea necesario el texto. Esa palabra que nos acaba de regalar el profeta Isaías y el evangelista Lucas.

– Voy descubriendo los signos de esa presencia de Dios: en ese niño del pesebre, luz para todos los pueblos, esperando a cualquiera que busque acercarse a él

– Reconozco en mi interior, Dios en persona viene… Dios en persona entra en la historia, en nuestra historia, en mi historia personal. Se hace cercano, Consejero, Mesías, Salvador. Voy nombrando esos títulos queriendo entender la profundidad de su significado para mí, para este pueblo, Iglesia de Jesús.

– Contemplo, con mis ojos, los personajes que forman parte de esta historia: María que “le envuelve en pañales y le recuesta en un pesebre”. Los pastores, los primeros en recibir el gozo de esta noticia. El ángel, mensajero de Dios. Y en el centro de la escena ese niño, al que puedo mirar con mis ojos, tocar con mis manos. Ese niño que encierra el misterio de Dios.

–  Contemplo también la sencillez que envuelve este gran acontecimiento, comienzo de una historia nueva y distinta.

– Pido al Señor la fe de María, su entrega al proyecto de Dios. La fidelidad de José. La simplicidad de los pastores y su prontitud para ponerse en camino ante el anuncio del ángel. La capacidad del mensajero de Dios para transmitir la buena noticia, portadora de alegría y de luz.

– Puedo terminar orando con el salmista: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor. Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

(18 de diciembre)

♦ Texto para la oración:

-En aquellos días, el Señor habló a Acaz: ‘Pide una señal al Señor, tu Dios… El Señor, por su cuenta, os dará una señal: mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros. (Is 7, 10-14)

-Este Evangelio, prometido ya por sus profetas…se refiere a su Hijo, nacido según la carne, de la estirpe de David; constituido según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.  (Rom 1, 1-7)

-El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. Su esposo José, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas tomó esta resolución, se le apareció en sueños el ángel del Señor, que le dijo:

José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: ‘Mirad la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios-con-nosotros. (Mt 1, 18-24)

♦ Comentario para la oración:

Estamos ya muy cerca de la Navidad y este día la liturgia nos pone a nuestra consideración el misterio de la concepción del Mesías. Es la escena más bella, inmediatamente antes del nacimiento de Jesús. El encuentro de dos fidelidades: María, que habiendo escuchado el mensaje de parte de Dios ha dado su consentimiento para ser madre del Emmanuel y José que, superando todo temor, responde al proyecto de Dios.  Jesús, el Mesías, va a entrar en la historia por la puerta de este doble consentimiento, cumpliéndose así lo que había dicho el Señor por el profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel.

Ya se anuncia el gozo de la Navidad, en la alegría de una mujer que espera un hijo; un gozo que irá creciendo hasta alcanzar en la noche de Belén su máxima intensidad: ¡Gloria a Dios en al cielo y paz en la tierra!

♦ Momento de oración:

– En estos días se concentra la esperanza y el gozo de una venida esperada y ya vivida. Celebramos un acontecimiento histórico, un acontecimiento de salvación. Enciendo ya la cuarta vela del Adviento.

– En silencio me acerco a la escena que nos presenta el evangelista: así nació Jesús… Es el comienzo de la nueva era anunciada por Isaías, es el triunfo de la fidelidad y del amor.

– Cada uno de nosotros estamos también llamados a entrar en este plan de Dios, llevar la salvación a todos los hombres y mujeres.

– Contemplo a María y a José y le pido al Señor envíe su Palabra a mi corazón para que yo descubra su voluntad sobre mí. Que triunfen también en mi vida la fidelidad y el amor por encima de las dudas y temores.

– Quizá sentimos que Dios, que Jesús de Nazaret, el Mesías, rompe muchas veces nuestros esquemas, nuestras rutinas, nuestros modos de pensar y de hacer. María y José también vivieron esa experiencia. También María pregunta ¿cómo va a ser esto?, pero la fidelidad y el amor son más fuertes.

– Termino la oración recitando el salmo 23

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

El orbe, y todos sus habitantes;

Él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto santo?

El hombre de manos inocentes y puro corazón.

Ese recibirá la bendición del Señor,

Le hará justicia el Dios de salvación.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas

va a entrar el rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la Gloria?

El Señor… él es el Rey de la gloria.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

(11 de diciembre)

♦ Texto para la oración:

-El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Sed fuertes, no temáis, vuestro Dios viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará…traerá gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. (Is 35, 1-10)

-Tened paciencia hermanos hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. (Sant 5, 7-10)

-En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: ‘¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio… (Mt 11, 2-11)

♦ Comentario para la oración:

De nuevo este domingo el profeta Isaías nos sorprende con una profecía llena de simbología y belleza. Toda la creación estalla de júbilo ante la venida y la manifestación del Señor. Y en el centro de la creación el ser humano que recibe a este Dios, que viene en persona, hecho carne de nuestra carne, ese Dios que se hace cercano y amigo para dar luz a nuestros ojos, despertar nuestros oídos y llenarnos de gozo y alegría, traerá gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Y Mateo pone en boca de Jesús esta profecía hecha realidad: Id a anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandaliza de mí! Jesús toma los criterios anunciados por los profetas para la identificación del Mesías. Eso que vosotros ahora estáis viendo y oyendo.

♦ Momento de oración:

-Una nueva semana marca nuestra espera. Busco un lugar para orar tranquilamente teniendo entre manos la Palabra de este domingo. Enciendo la tercera vela de Adviento

– En silencio y en presencia de este Dios que se hace cercano y amigo leo una y otra vez los textos que la liturgia nos regala, y me uno al gozo y alegría de toda la creación: el Señor está cerca, yo veré su manifestación.

– Hoy la Iglesia y yo, como parte de ella, estoy llamado a continuar la tarea comenzada por Jesús: llevar la luz a los ciegos, abrir los oídos de los sordos y anunciar el evangelio a los pobres.

– Anunciad lo que estáis viendo y oyendo: La gloria de nuestro Dios, la belleza de nuestro Dios… Dios viene en persona… pena y aflicción se alejarán.

– ¿Cómo me preparó yo en este tiempo de espera para tomar parte, como discípulo, en la misión de Jesús, el Mesías? Como Jesús, estando cercano a las necesidades de la gente que conviven conmigo. Siendo sensible al dolor, a la soledad, a la falta de sentido. Mi presencia y mi palabra pueden así devolver la luz a los ojos ciegos y devolver el sentido de la vida a los que han perdido la esperanza.

– Jesús promete la felicidad a los que no se escandalizan de él. Pues llega despojado de todo triunfalismo y poder.

-Termino la oración recitando el salmo 5

Ven Señor a salvarnos

Yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa,

me postraré ante tu templo santo, con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,

porque tengo enemigos, alláname tu camino.

Porque tú, Señor, bendices al justo,

y como un escudo lo cubre tu favor.

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

(4 de diciembre)

♦ Texto para la oración:

– “Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados”. (Isaías 11, 1-10)

– “Acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios… por otra parte acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia”. (Rom 15, 4-9))

– “Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: ‘Convertíos porque está cerca el reino de los cielos… Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. (Mat 3, 1-12)

♦ Comentario para la oración:

Isaías describe, en este bello poema, los rasgos del Mesías, del que anuncia ya su llegada inminente. Su juicio será justo y recto.  El ser humano necesita escuchar en estos momentos el valor de un juicio hecho desde la verdad y la rectitud, que no se deja llevar de las apariencias ni de los engaños. Sólo así es posible la paz y la felicidad verdadera. Paz entre las gentes, paz entre las personas y los pueblos, paz entre el hombre y la naturaleza, paz que nos llega del reconocimiento de Dios como Dios.

Pablo en su carta describe al Mesías, rostro de Dios, expresando con sus actitudes lo que anunció Isaías. Se hizo todo para todos: servidor de los judíos… acoge a los gentiles; manifestando así el rostrod misericordioso de Dios. Porque para Dios no hay judío ni gentil, ni distinción de color, ni de sexo, ni de clase. Dios en Jesús se ha hecho el hombre-para-los-demás.

En el evangelio leemos la llamada del Bautista a la conversión: el reino de Dios está cerca. Está ya dentro de cada uno, dentro de mí. Tengo que hacerme consciente de ello y quitar, allanar, los obstáculos que me impidan reconocerlo, sentirlo, descubrirlo.

♦ Momento de oración:

– Comienzo, como decíamos la semana pasada, buscando el lugar más apropiado para este momento de oración. Enciendo la segunda vela del Adviento…

– Hago silencio… me hago consciente de cómo estoy en este momento que me preparo para el encuentro… acojo todo lo que traigo, todo lo que soy. Me pongo ante Dios con toda mi verdad. Señor tú me conoces, dame la gracia de conocerte para amarte más tiernamente y seguirte más fielmente.

– Pongo la mirada en el Mesías, como lo anuncia Isaías: Lleno del espíritu del Señor… No juzgará por apariencia… Me dejo interpelar por él: ¿cómo son mis juicios?

– Sigo leyendo el texto de Pablo que me invita: acogeos mutuamente. ¿Con quién me relaciono yo? ¿Estoy dispuesto a acoger sin distinción de clase social, de manera de pensar, de raza, de cultura…?

– Le pido a Jesús que me transforme por dentro, que me vaya configurando con su modo de ser y actuar…

– Renuevo mi deseo de preparar el camino al Señor, de allanar todo aquello que sea dificultad para acoger su venida.

– Termino la oración pidiendo la fuerza del espíritu del Señor: que el mismo espíritu que invadió al Mesías-Jesús, venga a mí y derrame su sabiduría, su prudencia, su valentía… su amor.

– Recojo la experiencia de este encuentro orante: ¿qué sentimiento me aflora después de este momento de oración…? ¿qué deseos me ha suscitado…? ¿qué estoy dispuesto a hacer…?

Termino dando gracias por este tiempo de oración mientras recito serenamente las palabras del salmo 71:

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas.

Bendito por siempre su nombre glorioso,

que su gloria llene la tierra.

Que él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

(27 de noviembre)

♦ Texto para la oración:

– Visión de Isaías, acerca de Judá y de Jerusalén. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor…él nos instruirá en sus caminos… será el árbitro de las naciones, el juez de pueblo numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor (Isaías 2, 1-5)

– Ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.  Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. (Rom 13, 11-14).

– Dijo Jesús a sus discípulos… estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor… Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre. (Mt 24, 37-44)

♦ Comentario para la oración:

Con la celebración de este domingo comenzamos el Adviento. Adviento es tiempo de espera. El Adviento, en el Antiguo Testamento, fue la larga espera del pueblo para la venida del Mesías que anuncia Isaías en el texto que acabamos de leer. También San Pablo nos habla de la cercanía de la salvación, porque el Señor está ya en medio de nosotros. Jesús en el evangelio hace referencia a la venida definitiva del Señor. Esta es nuestra espera, este es nuestro Adviento.

¿Cuáles son las actitudes de la espera, del Adviento? Los distintos textos nos van señalando: Caminemos a la luz del Señor, dice Isaías; pertrechémonos con las armas de la luz, subraya Pablo. Estad en vela, estad preparados.

Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico. Tiempo de puesta a punto, de reorientación, una vez más, de nuestra vida hacia lo que de verdad le da significado: Jesús. Las lecturas nos invitan a esta renovación: un cambio de mentalidad, el paso de las tinieblas a la luz. Las tinieblas representan la ambición, el egoísmo, el poder, la envidia; por su parte la luz representa todo lo que dignifica a la persona: el trabajo honrado, la preocupación por los demás, la comprensión, la búsqueda de la paz y de la felicidad. Esa transformación la expresa Isaías de manera muy gráfica: de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. Es decir, los instrumentos de destrucción se transformarán en herramientas que construyen. De esa manera la persona puede caminar sin esconderse, a pleno día, con dignidad.

♦ Momento de oración:

– El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza. En este tiempo de oración me preparo para recibir al que está siempre entre nosotros. En silencio, espero. Puedo encender una vela, la primera vela del Adviento.

– Miro a mi interior y confieso: Dios está presente, presente en mi corazón, él guía mi vida, él me invita a este momento de encuentro, de amistad con él.

– Pido al Señor que él me acompañe y me enseñe a orar.

– Leo, de nuevo, la Palabra de Dios que me regala la liturgia de este domingo. Intento descubrir y entender que Dios me habla a través de esta lectura. ¿Qué me dice para mi vida personal? ¿En qué dirección ha de ir mi renovación?

– En silencio voy recordando el texto… lo que más haya tocado a mi vida y a mi sensibilidad… Dejo que el silencio se vaya transformando en oración y expreso al Señor mi deseo de crecer en ese camino que él me señala, para vivir una vida más digna cada vez, para poder caminar como en pleno día, para que mis obras manifiesten la luz de una vida cristiana, en espera de la venida del Señor. Que todo se transforme en mí en instrumento que construye, caminando a pleno día, con dignidad.

– Termino la oración dando gracias por este encuentro de amistad, de cercanía, diciendo: Ven, Señor Jesús y enséñame a caminar a la luz del Señor, con dignidad, ven y transforma mi vida. Ven, Señor.

– Recojo la experiencia de este encuentro con el Señor mientras recito serenamente el salmo 121:

Qué alegría cuando me dijeron:

Vamos a la casa del Señor.

Ya están pisando nuestros pies

Tus umbrales, Jerusalén.

(Jerusalén simboliza la meta de nuestra peregrinación hacia la casa del Señor)

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

(20 de noviembre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: ‘A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido’. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: ‘Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo’. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ‘Este es el rey de los judíos’. Uno de los malhechores crucificado le insultaba diciendo: ‘¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro le increpaba: ‘¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha faltado en nada’. Y decía: ‘Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’. Jesús le respondió: ‘Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso’ (Lucas 23, 35-43)

♦ Comentario al texto

Con la celebración de este domingo, festividad de Jesucristo rey del universo, terminamos el tiempo ordinario, se cierra el año litúrgico. Es momento de recapitular a la luz de este texto en el que Lucas nos acerca a la escena de la cruz. Éste es el rey de los judíos queda escrito en el letrero sobre la cruz. Así queda acreditado ante todos: Jesús es el rey de la salvación. En la segunda parte del texto Lucas nos ofrece el diálogo entre Jesús y el llamado buen ladrón: Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Y Jesús le responde: te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso. Así, en este diálogo aparece, con toda claridad, cómo el destino humano trasciende la muerte y culmina en la vida eterna, que el buen ladrón llama “reino” y Jesús define como “paraíso”. Lugar de amor, misericordia y perdón, ese es el sentido que le da Jesús. Hoy estarás, el “hoy” de la promesa de Jesús es un presente con fuerza de futuro. En compañía de Jesús para siempre. Jesús perdona y salva, este ha sido su modo de hacer en vida, y ahora, en este momento final, salva de la muerte definitiva a un “malhechor” que reconoce ante él su pecado y le pide su perdón.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Durante esta semana, con el sentido de la liturgia que cierra el ciclo anual, puedo dedicar mis momentos de oración a recapitular, ante este Jesús crucificado y salvador, lo que ha sido mi vida. Como el buen ladrón yo también suplico: Jesús acuérdate de mí…

Puedo situarme ante la escena que nos dibuja el evangelista:

-Voy recorriendo los personajes:

Los soldados, insensibles ante el crucificado, son incapaces de reconocer al hombre que tienen delante: Este es el rey de los judíos

La figura de Cristo en la cruz, despojado de todo, es la imagen de la descalificación y la burla por parte de algunos. Pero fundamentalmente es la imagen de la misericordia y el perdón: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Los dos malhechores, dos modos de enfrentarse a la muerte, dos diálogos contrapuestos ante Jesús…

Y yo que contemplo la escena, ¿dónde me sitúo?

Dejo pasar mi vida ante el crucificado, ¿cómo actúo yo? ¿Soy insensible a las situaciones de las personas? ¿Cuáles son mis diálogos con Jesús, autosuficiencia o reconocimiento de mi verdad?

Me quedo en silencio… que la Palabra y la imagen vayan entrando en mi corazón. Puedo repetir una y otra vez, despacio: acuérdate de mí

Termino la oración contemplando el misterio de Cristo crucificado: Silencio, contemplación, simple mirada:

Ante la Cruz, mi Señor, ya no me quedan más palabras

Ante la Cruz, sólo el silencio y la mirada.

Ante la Cruz, espero ya la madrugada.

¡Jesús, acuérdate de mí!

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(Clausura del Año de la Misericordia, 13 de noviembre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: ‘Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido’. Ellos le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo va a ser eso?’, y ¿cuál va a ser la señal de que todo eso está para suceder?’. Él contestó: ‘Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’, o bien ‘el momento está cerca’; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida’. Luego les dijo: ‘Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemia y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a la sinagoga y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Así tendréis ocasión da dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’ (Lucas 21, 5-19)

♦ Comentario al texto

Este fragmento del evangelio de Lucas, en su primera parte, hace referencia a dos acontecimientos: la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, anunciados por Jesús que, cuando Lucas lo describe en su evangelio, ya ha acontecido. Y señala que este fue el motivo principal de su condena a muerte. ¿Qué es lo que quiere decir Jesús? Que el lugar del encuentro con Dios ya no va a ser un edificio de piedra, sino la humanidad glorificada del Resucitado. Cuando escuchan este anuncio la gente le pregunta ¿Cuándo va a ocurrir esto? Pero Jesús les quiere hacer entender que lo más importante no es el cuándo, sino el adoptar una actitud adecuada, es la ocasión de dar testimonio y de vivir en una espera activa, es decir el valor de la perseverancia.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Hago un espacio de silencio para acoger la Palabra que se ha proclamado el domingo y yo vuelvo leer en este momento de oración. Pido la luz del Espíritu para entender este lenguaje de Jesús.

¿Qué quiere comunicarme Jesús hoy en esta Palabra?

-Me invita Jesús a enfrentarme con lucidez y responsabilidad a una historia que será larga y difícil. Es el tiempo de dar testimonio con la propia vida, ante quienes viven inconscientes y al margen de los acontecimientos, que hoy, como ha anunciado Jesús entonces, son difíciles para muchos.

-Me invita también a vivir en la certeza de que la fuerza viene del Espíritu que pondrá en cada uno de nosotros palabras adecuadas, palabras y sabiduría.

-Me invita también a la resistencia, a la perseverancia. Siendo consciente de la situación y no siguiendo a falsos profetas: cuidado que nadie os engañe… no vayáis tras ellos.

Termino la oración diciendo:

Señor Jesús: Tu evangelio nos invita hoy

a la perseverancia en la construcción del reino.

El reino de la vida, de la verdad, de la justicia, de la libertad,

de la paz, del amor… siempre llama y hay que realizarlo.

Concédeme la certeza de que tú no nos abandonas

y el regalo de la perseverancia en tu seguimiento. AMEN

En el Año de la Misericordia

En este contexto jubilar (en la clausura de este año), cuánto bien nos hace repasar cómo el Señor, a lo largo de nuestra vida, se acercó y nos trató con misericordia. Y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios. (Y decirnos una y otra vez): Fui tratado con misericordia… En base a este sentir, Dios nos hace misioneros… y nos sigue enviando para que tratemos a nuestros hermanos de la misma forma con la que Él nos trata… La misericordia es una forma concreta de tocar la fragilidad, de vincularnos con los otros, de acercarnos entre nosotros.

(Papa Francisco. Clausura del Año Jubilar en Bogotá. Agosto 2016)

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(6 de noviembre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella’.
Jesús les contestó: ‘En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jaco. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos’.  (Lucas 20, 27-38)

♦ Comentario al texto

El evangelista Lucas sitúa la escena: los saduceos se enfrentan a Jesús con una pregunta que en su trasfondo lleva la negación sobre la resurrección, en la que los saduceos no creían, como dice el texto. Con su pregunta capciosa, no solo buscan desacreditar a Jesús, sino que también intentan justificar una forma de vida distante a la que Jesús anuncia y testimonia. La respuesta que da Jesús pone de manifiesto su certeza: No es Dios de muertos, sino de vivos. Y esta ha sido la fe de Moisés, la misma de Abraham, de Isaac y de Jacob. El Dios por quien Jesús apuesta es el Dios vivo de la vida, que ama la vida y llama a la vida. En este mismo domingo, en la primera lectura del Libro de los Macabeos hemos leído: ¿Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará?. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración: Durante esta semana puedo centrar mi oración en un acto de fe, como proclamamos en el credo: Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Cada día de la semana cuando lea de nuevo esta Palabra, proclamada el domingo, vuelvo a hacer esta confesión pidiendo que mi vida exprese esto que confieso: la fe en la resurrección.

Voy meditando serenamente sobre el texto

-Nos invita el texto a unas relaciones nuevas y del todo diversas que ya deben comenzar aquí si verdaderamente queremos ser testigos de la resurrección, unas relaciones de amor que anticipan la felicidad que Jesús promete: son hijos de Dios… y no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.

En el nuevo modo de vida no habrá leyes de dominio, de dependencia de varón y mujer, porque las relaciones son de acogida total, como es la vida de Dios.

-Jesús está afirmando también que las relaciones entre los creyentes, ya hoy, han de generar vida, respeto e igualdad: felices aquellos que construyen ya, en su realidad humana, la realidad definitiva.

La vida es un movimiento de acceso a la plenitud que no conoce límites, que crece en la forma, que vive del Espíritu y no tiene fin.

Termino la oración con una súplica:

Tu vida, Jesús, es nuestro camino:

no hay miedo al Dios que nos ama siempre;

queremos, como tú, confiar y responder

a ese amor sin medida.

En el Año de la Misericordia

Nosotros, que hemos tenido la gracia de recibir esta Palabra de Vida, estamos llamados a ir, a salir de nuestros recintos y, con ardor en el corazón, llevar a todos la misericordia, la ternura, la amistad de Dios.

(Homilía Papa Francisco. 21 marzo 2015)

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(30 de octubre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: ‘Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: ‘Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’.
Jesús le contestó: ‘Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’.  (Lucas 19, 1-10)

♦ Comentario al texto

Al evangelista Lucas le conocemos como “el cantor de la misericordia divina” como dijo Dante. La escena de la liturgia de este domingo acontece en Jericó, camino de Jerusalén. El grupo de los que seguían a Jesús cada vez se hace más grande y Zaqueo, bajo de estatura, no alcanzaba a ver a Jesús. Es Jesús el que toma la iniciativa: Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Inmediatamente comienzan los recelos ante el gesto de Jesús porque ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Para Zaqueo, en cambio, ese encuentro marcará un cambio de rumbo en su vida: la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres. Algo ha contemplado Zaqueo en el profeta de Nazaret que le ha removido por dentro y expresa claramente ante Jesús su deseo de conversión que se traduce en gestos concretos: si de alguno me he aprovechado le restituiré cuatro veces más. Siguiendo el comportamiento de Zaqueo y acogiendo la salvación de Jesús como él hizo, yo hoy me siento llamado a actuar de manera honrada, a compensar cualquier injusticia cometida, a restituir con largueza, si en algo he pecado contra el hermano.

♦ Oración con el texto

> Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra, disponiendo mi corazón para volver a contemplar la escena, como si yo estuviese presente a ella: Yo soy Zaqueo, a quien Jesús visita en su casa.

> Pongo la mirada y el corazón en ese diálogo entre Jesús y Zaqueo: baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

-Jesús libera en primer lugar de toda soledad interior y busca un encuentro personal.

-Jesús pide después un cambio de vida, una conversión.

-Jesús ofrece la salvación, la liberación de la persona total.

> Contemplo la actitud y los gestos de Zaqueo… voy quedando en silencio, y dejo que la escena se grabe en mi corazón.

> Pido al Señor que hoy se aloje en mi casa, que transforme mi vida, que me ilumine y me haga ver el camino de mi propia conversión.

>Agradezco todas las veces que me he sentido visitado, perdonado, salvado, liberado.

> Termino la oración volviendo a leer el texto evangélico. Dejo después un espacio de silencio contemplativo. Dejo que la escena evangélica me envuelva, que me toque la cercanía de Jesús… y le digo: Señor Jesús, amigo de publicanos y pecadores. Tú eres la manifestación, el rostro visible del Padre misericordioso. Concédeme, Señor, el deseo de encontrarte que mostró Zaqueo. Concédeme el regalo de la conversión.

En el año de la Misericordia

Para ser capaces de misericordia debemos, en primer lugar, colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. El rostro de la misericordia, 13)

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(23 de octubre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
‘¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. ’El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador’. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.  (Lucas 18, 9-14)

♦ Comentario al texto

Continuamos con la enseñanza del evangelista Lucas sobre la oración. De nuevo una parábola en la que, Jesús, presentando dos personajes antitéticos (como el domingo anterior), nos ofrece las claves de discernimiento para distinguir entre la falsa y la auténtica actitud orante. Os digo que éste salió justificado, dice Jesús refiriéndose al publicano. ¿Por qué? Porque se ha puesto delante de Dios tal como es, en toda su verdad, sin falsos fingimientos. Siente su realidad de pecado y suplica la compasión de Dios diciendo: ‘¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador’. Su breve oración, nace de una total confianza en la misericordia de Dios. El Papa Francisco repite tantas veces en sus homilías y en sus catequesis: Dios es misericordioso, Dios nos ama, a pesar de nuestro pecado, Dios nos ama siempre, nos espera siempre, Dios es misericordioso. La confesión de sus pecados y la solicitud de la misericordia divina justifica al publicano: Os digo que éste bajó a su casa justificado. En cambio, la actitud legalista de quien se considera justo es rechazada. Justo, verdaderamente justo ante Dios, no es el que cumple puntualmente las observancias, sino el que, fiándose de la misericordia divina, reconoce su propia limitación y confiesa sinceramente su pecado.

♦ Oración con el texto

> Comienzo la oración, suplicando la actitud orante del publicano y también su gesto de humildad. Busco, para este rato de oración, la postura que más me identifique con él. Repito en mi interior, una y otra vez, ¡Oh Dios, ten compasión de este pecador…!

> Puedo recordar las palabras de María, la madre de Jesús, en el magníficat: “ha mirado la humildad de su sierva” …y me quedo en silencio pidiendo al Espíritu que me enseñe a orar con la oración del pobre, del que se siente necesitado de perdón.

> Tomo las palabras del salmo de este domingo: Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo salva de sus angustias.

> Pido a Jesús, maestro de oración, entender su palabra: Os digo que éste bajó a su casa justificado.

-Desde esta certeza dejo que surja en mí el amor agradecido a la vida, a las cosas, a las personas. Este amor me hace hijo, me” justifica”. Dios es amor, el que permanece en el amor, en Dios permanece y Dios en él.

> Doy gracias al Señor, por este encuentro, por el encuentro con su grandeza y con mi pobreza. Porque tú eres mi Dios que me amas siempre, me esperas siempre, me perdonas siempre.

En el año de la misericordia

El Señor no se cansa nunca de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón -todos tenemos necesidad de Él-, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, purificado por las lágrimas, para compartir su alegría. (Papa Francisco. Homilía, febrero 2015)

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(16 de octubre)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: ‘Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
‘Hazme justicia frente a mi adversario’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ’Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara’ Y el Señor añadió: ‘Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? (Lucas 18, 1-8)

♦ Comentario al texto

Al comienzo del evangelio, Lucas nos da la razón de esta parábola: explicar a sus discípulos cómo tenían que orar… La gente a la que se dirige Lucas proviene del paganismo y no tiene costumbre de relacionarse con los dioses, por eso le interesa al evangelista formarles en el significado y en el modo de esta relación. En la parábola que acabamos de leer Jesús hace un subrayado, la constancia en la oración: orar siempre sin desanimarse. Junto a esto Jesús, en la parábola nos presenta dos personajes antagónicos: el juez, símbolo del poder y la autoridad; y la viuda símbolo de la indefensión. Una contraposición entre la prepotencia pasiva: aunque ni temo a Dios, ni me importan los hombres; y la impotencia activa que suplica justicia. A partir de esa parábola Jesús saca unas conclusiones: Si así actúa el juez injusto, ¿no hará (Dios) justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?… les hará justicia sin tardar. Jesús nos hace dirigir la mirada al Padre, hacia su bondad, y nos invita a relacionarnos con Él con confianza. Y se dirige también a nosotros cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Así nos hace caer en la cuenta de que la fe se alimenta de la oración, de esa oración constante, confiada, sin desanimarse.

♦ Oración con el texto

  • Comienzo la oración, buscando el lugar adecuado para este

encuentro con Jesús que nos lleva a Dios Padre. Hago un momento de silencio y voy dejando que las palabras entren en mi corazón, como entra el aire que respiro. La Palabra que me alimenta y da vida. Considero en primer lugar que Jesús se me acerca para explicarme a mí cómo tengo que orar. Acojo esta palabra como venida del Maestro.

  • Pido: Jesús enséñame a orar, a orar siempre con confianza, con

la certeza de que Dios-Padre me escucha. Fortalece, Señor mi fe… dame constancia y perseverancia…

  • Examino mi oración, en presencia de Jesús, el Maestro:

¿Cómo es mi oración ante el Señor?

  • Contemplo la actitud de la viuda. Si ella, en su indefensión, se

dirige así al juez, cómo yo no voy a ponerme ante ese Dios bueno y misericordioso para suplicarle ayuda.

  • Suplico la gracia de que mi oración sea comprometida, que mi

oración sea como la oración de la viuda Fortalece, Señor mi fe, fortalece mi debilidad, dame constancia y perseverancia en la oración.

En el Año de la Misericordia

Cuando está Dios en nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo. Entonces nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios. (Papa Francisco. 25 de julio de 2013)

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(9 de octubre)

♦ Texto para la oración

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: ‘Jesús, maestro, ten compasión de nosotros’. Al verlos, les dijo: ‘Id a presentaros a los sacerdotes’. Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ‘¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?’. Y le dijo: ‘Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. (Lucas 17, 11-19)

♦ Comentario al texto

El texto de Lucas que hemos leído este domingo lo encontramos solo en este evangelista. Sólo Lucas nos narra este episodio en el que están implicados diez leprosos. Se trata de un milagro comunitario. Y lo que Lucas quiere resaltar es el comportamiento tan diferente de unos y de otros. Los leprosos, en aquella sociedad, vivían aislados de su familia y del pueblo y muchas veces eran considerados como pecadores públicos. Es importante caer en la cuenta de todo el desarrollo de la escena: Jesús, movido a compasión, cura a esos diez leprosos, pero además se preocupa de su inserción en la sociedad, por ello les dice que se presenten a los sacerdotes para que certifiquen esta curación: Id a presentaros a los sacerdotes. ¿Cuál es el comportamiento de los diez que han sido curados? Sólo uno se vuelve agradecido: se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Lucas resalta que se trataba de un hombre extranjero, que recibe de Jesús la salvación plena como se recoge en sus palabras: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. No basta con buscar la ayuda de quien creemos que puede dárnosla, es necesario el reconocimiento y el agradecimiento de algo que se ha recibido gratuitamente.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración, una vez que he leído, pausadamente, la Palabra y su comentario, hago silencio en mi corazón, para que la Palabra que acabo de leer, y que he escuchado, en la proclamación solemne de este domingo, sea acogida en mi corazón y transformada en actitud de vida.

-¿Qué me enseña el evangelio de este domingo? Me enseña una actitud básica humana y cristiana, me enseña a ser agradecido.

– Caigo en la cuenta de la actitud y los gestos del samaritano, el extranjero:

* Se volvió alabando a Dios: reconoce de dónde le ha venido la gracia.

* Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias: Con ese gesto reconoce a Jesús como Dios y agradece el regalo recibido.

-Escucho, de nuevo las palabras de Jesús, como si en este momento me las dijese a mí: ‘Levántate, vete; tu fe te ha salvado’

Cuando Jesús me dirige esta Palabra siento que me ha hecho un hombre, una mujer nueva. Me libera por dentro y por fuera, me limpia de mis lepras, de mis aislamientos. Me habla de compasión y perdón.

-Hago silencio y contemplo: la compasión de Jesús y la fe del samaritano.

-Pido el regalo de escuchar, en mi corazón, esas palabras de Jesús que fortalecen y dan vida: Levántate… tu fe te ha salvado. Doy gracias…

En el Año de la Misericordia

Dejaos curar por Jesús. Cada uno sabe dónde tiene la herida… Pero, para esto, tengo que abrir el corazón, para que él venga. Deja que Jesús te cure.

Ante el amor, ante la misericordia, ante la gracia divina derramada en nuestro corazón, la consecuencia que se impone es solo una, la gratitud.

Homilía Papa Francisco. Febrero 2015

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 de octubre)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: ‘Auméntanos la fe’.  El Señor contestó: ‘Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ‘En seguida, ven y ponte a la mesa’? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú’? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: ‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. (Lucas 17, 5-10)

♦ Comentario al texto

Nos damos cuenta que en este itinerario que narra Lucas de la subida de Jesús a Jerusalén la principal tarea del Maestro es la de enseñar. Jesús lleva a cabo, para los discípulos y para toda la comunidad cristiana, un itinerario de aprendizaje. El texto proclamado este domingo se introduce con una petición de los apóstoles: auméntanos la fe. Cuando los apóstoles han comenzado a ejercer su misión de anunciar el reino han experimentado su impotencia, de ahí esa súplica: auméntanos la fe. Y Jesús les responde: si tuvierais fe como un grano de mostaza… La fe es un don de Dios que lleva al creyente más allá de sus límites y le hace audaz para soñar nuevas metas, para ser entusiasta en la acción y resistente en las dificultades. Y basta, según Jesús, con una fe minúscula, como un grano de mostaza. La fe es semilla insignificante que se va desarrollando lentamente y de la que surgirán grandes frutos de misericordia, esperanza, bondad, gratuidad. Jesús les asegura que con la fuerza de la fe es posible todo, pero también les dice que después de actuar, de haber hecho todo lo mandado, de haber servido al evangelio, entonces debemos decir: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

♦ Oración con el texto

►Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra y su comentario, poniéndome como los discípulos ante Jesús con esa misma súplica: Señor aumenta mi fe. Intento descubrir y poner palabra a mis vacilaciones, a mis dudas, a mi impotencia…

– Me puedo preguntar por mi confianza, ¿dónde pongo mi seguridad en mi actuación, en mi oración, en mi vida? Es decir, ¿en mi misión?

– Me puedo preguntar por mi acogida y mi apertura al regalo que Dios me hace. ¿Mi corazón está abierto a la gratuidad, o peso y mido todo como si de eso dependiese el fruto?

– ¿En quién y en qué pongo yo mi confianza?

– Pido la fuerza para situarme con una nueva actitud y trabajar como si todo dependiera de mí, y confiar, al mismo tiempo, sabiendo que todo depende de Dios.

►Contemplo, en oración, la fe de Jesús:

Fijos los ojos en ti Jesús contemplo tus palabras desde tu infancia: ¿no sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?

Al comenzar la vida pública, acoges la misión que te ha sido encomendada y proclamas: El Espíritu del Señor está sobre mí… y me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres.

En tu oración al Padre, con palabras y obras expresaste la fe que movía tu vida: Pensad que vuestro Padre sabe lo que necesitáis; vosotros orad así: Padre nuestro…

Por fin, en el momento de tu muerte, entregas tu vida por la salvación de todos: En tus manos, Señor, entrego mi espíritu.

En el Año de la Misericordia

Para ser capaces de misericordia, entonces, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. MV 13)

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  • 25 de septiembre)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: ‘Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. Pero Abrahán le contestó: Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros. El rico insistió: Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. El rico contestó: No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’ (Lucas 16, 19-31)

♦ Comentario al texto

Seguimos con la lectura del evangelio de Lucas que continúa en la misma línea: poner en evidencia a dónde conduce el uso egoísta de la riqueza y la ofuscación a la que conduce. El rico no ha sabido escuchar más que a su lujo y a su estómago. Nos presenta a las dos figuras en dos niveles distintos: arriba y abajo. Lo de abajo es invisible para los de arriba. La parábola advierte cómo la riqueza produce ceguera y hace insensible e impide ver a las personas y entender las escrituras. Es esta una imagen de nuestro mundo, con una pequeña parte que nada en la abundancia ajena a todo lo que pasa a su alrededor y una masa de personas hundidas en la miseria e ignoradas de casi todos. Puedo caer en cuenta de la actualidad que tiene esta Palabra que nos regala el evangelista Lucas.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración haciéndome presente a la escena, situado entre estos dos personajes que nos ofrecen dos escenarios distintos y contrapuestos a lo largo de toda la lectura.

Pido la comprensión de la Palabra y saber actuar a la luz de ella. Presento al Señor mis deseos de saber mirar la realidad desde abajo, no estar ciego y sordo a lo que pasa en mi entorno.

-El Evangelio me fuerza a reconocer el problema más serio que tiene planteado nuestro mundo: el abismo entre riqueza y pobreza. La pobreza no es algo indeterminado; el pobre tiene nombre, es visible para quien no quiera cerrar los ojos. ¿Qué situaciones conozco yo? ¿Cuántos hombres y mujeres como Lázaro se cruzan en mi vida? ¿Qué actitud tomo? ¿Soy capaz de abrir los ojos y mirar al pobre concreto, de intentar responder a su llamada?

-La Palabra de Dios, la ley y los profetas nos señalan constantemente el lugar donde se juega la existencia: el otro, el hermano, el pobre.

-¿Mi corazón está abierto a esta revelación o lo tengo embotado por los propios intereses?

-¿Escucho el lamento de tantos hermanos que esperan compasión? ¿Qué parte de lo que tengo (tiempo, cualidades, medios…) dedico a los que me solicitan ayuda?

Termino este encuentro con Jesús sintiendo la fuerza que tiene la oración del Padre nuestro.

Padre nuestro, Padre de todos,

abre nuestros oídos y nuestro corazón

al grito del que sufre la pobreza y la miseria.

Que yo cumpla tu voluntad del amor sin fronteras.

Y danos tu pan, nuestro pan, el pan de todos

para que podamos celebrar juntos el banquete del Reino. AMEN

En el Año de la Misericordia

Caminemos en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor para nuestros hermanos, especialmente para los más débiles y los más pobres, construyamos para Dios un templo en nuestra vida. (Papa Francisco. Ángelus, 8 de marzo de 2015)

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(18 de septiembre)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes. Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ‘ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.”  (Lucas 16, 1-13)

♦ Comentario al texto

La lectura nos presenta una parábola, provocativa, con la que Jesús quiere mostrar a sus discípulos la sagacidad de quienes saben percibir la urgencia del momento y su capacidad de reaccionar mientras se está a tiempo. Se complementa esta narración con una serie de consejos en torno al dinero que culminan en una afirmación: No podéis servir a Dios y al dinero. No se pueden tener dos amos. Sólo la realidad de Dios-Padre como absoluto libera de los ídolos. Si miramos la realidad con ojos evangélicos nos damos cuenta de la fuerza de esta afirmación. Corrupciones, fraudes, sobornos, malversación de fondos… todo ello viene de haber hecho del dinero un dios.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. Y comienzo con esta oración: Día tras día, mi Señor, te voy a pedir tres cosas: Verte más claramente, amarte más tiernamente y seguirte más fielmente. Día tras día, día tras día, mi Señor. Ver, amar y seguir al que es Señor de todas las cosas.

No se puede servir a Dios y al dinero…

-A la luz de la Palabra miro la realidad que me rodea: se puede pensar que somos dueños de nuestro dinero y no reconocer que es el dinero quien nos posee. Tarde o temprano el dinero se erige en dueño y señor absoluto al que hay que servir. Las injusticias y desigualdades, las corrupciones de nuestra época, son el exponente más cruel de esta idolatría.

-A la luz de la Palabra me miro a mí mismo y me pregunto ¿Me siento interpelado por el mensaje de Jesús?

-A la luz de la Palabra me preguntó: ¿Señor, yo qué tengo que hacer?

Termino este encuentro con Jesús orando:

Señor, Jesús, hoy nos dices unas palabras duras de entender:

No podéis servir a Dios y al dinero.

Yo puedo traducirlo así para mi vida:

No puedo servir al amor y al egoísmo,

No puedo servir a la fraternidad y al individualismo

No puedo servir a la justicia y a la acumulación de bienes,

No puedo servir a la libertad y a la esclavitud,

No puedo servir a la verdad y a la hipocresía,

No puedo ponerme al servicio de dos amos.

Dame luz, Señor, para saber a quién verdaderamente sirvo.

En el Año de la Misericordia

Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud. (Papa Francisco. Homilia. 1 enero 2015)

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(11 de septiembre)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: ‘Ése acoge a los pecadores y come con ellos’. Jesús les dijo esta parábola: ‘Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.  (Lucas 15, 1-32)

♦ Comentario al texto

El capítulo 15 del evangelista Lucas está atravesado por una serie de parábolas en las que Jesús quiere hacer evidente la Misericordia del Padre. Tanto estas dos, como la del hijo pródigo ya comentada en otro momento, son una fuerte llamada a la alegría, al gozo cristiano de la salvación. Es una alegría generada por el encuentro, y, muy importante, se trata de una alegría compartida. Jesús nos quiere hacer entender el amor y la misericordia del Padre. Jesús cuenta estas parábolas en un contexto concreto, cuando los escribas y los fariseos murmuraban diciendo: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Podemos recordar aquí las palabras del papa Francisco tantas veces repetidas: Dios es misericordioso: perdona siempre, siempre espera. Así se manifiesta la misericordia del Padre, en el perdón. Por eso “en el cielo, hay más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no sienten necesidad de conversión”.

♦ Oración con el texto

*Comienzo la oración de esta semana poniéndome a los pies de Jesús para escuchar su Palabra. Suplico al Espíritu oír estas parábolas, narradas por Jesús, como si las oyese por primera vez. Que El Espíritu me conceda descubrir la novedad que trae Jesús al pronunciar estas parábolas. Me pongo como discípulo a los pies de su maestro.

*Presento al Señor mis deseos de conversión de sentir el gozo y la alegría del perdón, de la misericordia, del amor de Dios. ¡Señor, tú eres un Dios de misericordia y amor! ¡Eres un Dios de perdón!

-Me pregunto dónde me sitúo yo: ¿Soy como los fariseos que me escandalizo porque Jesús acoge a los pecadores y come con ellos…? ¿me escandalizo cuando un hermano mío, cristiano, se acerca a los que están necesitados de perdón?; ¿juzgo a quienes se preocupan por aquellos a los que yo llamo pecadores, que no piensan como yo?

– Jesús dice: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.

*Termino orando:

Dios nuestro, Padre-Madre de todos:

Tú acoges a los pecadores y comes con ellos y, sin condiciones, amas y perdonas;

de antemano abrazas sin pedir nada a cambio.

Tú, Jesús, no rechazas a nadie;

no has venido para condenar al mundo sino para salvarlo.

Alégranos, hoy, Jesús, con tu perdón desmesurado, infinito.

Ayúdanos a crecer en perdón y generosidad;

abre las puertas y los brazos de la Iglesia

para que sea generosa en perdonar. AMEN

En el Año de la Misericordia

Hoy se necesitan personas que sean testigos da la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude a los resignados, reanima a los desanimados. El enciende el fuego de la esperanza. (Papa Francisco. Ángelus. 7 de diciembre de 2014)

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(4 de septiembre)

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”¿0 qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrán salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lucas 14, 25-33)

♦ Comentario al texto

Entramos en los textos centrales del evangelio de Lucas que narran la subida de Jesús a Jerusalén. Son textos propios de este evangelista y en ellos aborda uno de sus temas preferidos: el seguimiento de Jesús. Son palabras de Jesús que describen con exigencia al discípulo: Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío… el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. El discípulo ha de preferir a su Señor, ha de estar dispuesto a cargar la cruz siguiendo al Maestro y ha de imitarle en su estilo de vida, el desapego de todo. En el centro del relato Lucas nos hace caer en la cuenta de que quien desea emprender algo grande, antes examina cuidadosamente si cuenta con los medios para realizar el proyecto planeado. La gran empresa aquí consiste en seguir a Jesús y esto exige buena disposición y reflexión, seriedad y entrega incondicional. Este es el sentido de las dos parábolas situadas en el centro del texto.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración haciendo silencio y serenando la mente. Puedo centrarme en la respiración y mientras percibo que el aire entra en mis pulmones, pronuncio lentamente con mis labios: Jesús, hazme discípulo tuyo… Jesús, hazme discípulo tuyo…

Leo de nuevo el texto y dejo que en mi interior cale esta pregunta de Jesús: ¿Tú estás dispuesto a seguirme con la cruz? ¿Tú estás dispuesto a imitar mi estilo de vida? ¿Tú estás dispuesto a la renuncia por ser mi discípulo?…  Mido mis fuerzas, siento mi debilidad, mis temores y límites…

Pido la fuerza del Espíritu, que me conceda una fe y una valentía que me hagan fuerte para ir, tantas veces, contracorriente.

-El seguimiento es una experiencia honda de cercanía con Jesús: ¿cómo cuido esta cercanía? ¿cómo busco espacios de encuentro y oración? ¿cómo soy fiel a la escucha de la Palabra?

Me pregunto así por mis actitudes ante el seguimiento de Jesús.

-Hoy, Jesús, me pides que te siga, que te imite.

Que opte por una vida similar a la tuya.

Que viva de tu mismo corazón, de tu mismo espíritu, de tu amor gratuito.

Que asuma los sacrificios que conlleva amar a todos.

Ayúdame, Jesús resucitado, a ser discípulo tuyo;

Tú eres mi Maestro, fuente y principio de vida nueva.

Vives con nosotros, nos das tu Espíritu.

Fortaleces mi corazón, sostienes mis deseos.

Hoy, Señor, nos haces discípulos tuyos.

En el año de la misericordia

Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza.

(Papa Francisco. Angelus, 16 de noviembre de 2014)

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(28 de agosto)

♦ Texto para la oración.

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: ‘Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: ‘Cédele el puesto a éste’. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’. Y dijo al que lo había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.” (Lucas 14, 1. 7-14)

♦ Comentario al texto

El evangelista Lucas, nos introduce este domingo en la escena de un banquete. Jesús dio gran importancia a sus comidas. Tomando esta imagen de los profetas la desarrolló como metáfora del Reino de Dios. La comida es momento de encuentro, de enseñanza; el banquete que sugiere Jesús es un lugar para superar las barreras y las divisiones, donde se sientan juntos los desiguales, los antagónicos. En esta ocasión, Jesús, observando el comportamiento de las personas y sintiéndose espiado por los fariseos, propone un nuevo orden de valores en las relaciones; en primer lugar, se dirige a los comensales: no busquéis los primeros puestos, porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido; el honor no está ahí, en el lugar que se ocupa, es una actitud más profunda basada en la humildad. Por otra parte, se dirige al anfitrión: Cuando des una comida o una cena no invites a aquellos próximos, invita más bien a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Es una llamada a la gratuidad, a cambiar la reciprocidad social por la gratuidad. Estas son, en definitiva, las actitudes del Reino: actuar en humildad y en gratuidad.

♦ Oración con el texto

Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. He leído lentamente la Palabra, me he sentado a esa mesa donde Jesús es un invitado más y he intentado ver mis comportamientos, ¿cómo actúo yo cuando llego como invitado a un banquete o cuando soy yo quien invita?

Pido la fuerza del Espíritu para que me ayude a conocerme más.

– ¿Cómo resuena en mí esta llamada a la humildad? Santa Teresa dice que “la humildad es andar en verdad”. Es decir, conocer a fondo mis posibilidades y limitaciones y actuar de acuerdo con ese conocimiento.

* Jesús me habla a mí, habla a toda la Iglesia para que no entremos en la dinámica del poder y de la búsqueda de prestigio. El que anda en la verdad y es humilde, recibirá la verdadera sabiduría.

– ¿Qué lugar ocupan en mi mesa, en mi vida los excluidos de esta sociedad? ¿Cómo siento esta llamada a la gratuidad que Jesús me hace en esta parábola?

Presento al Señor mis deseos de conversión en estas dos actitudes: humildad y gratuidad, signo de que el Reino de Dios está ya en mí, en nosotros.

En el Año de la Misericordia

Quiero una Iglesia pobre para los pobres… Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos… Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Papa Francisco, Egangelii Gaudium nº 198.

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(21 de agosto)

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: ‘Señor, ¿serán pocos los que se salven?’ Jesús les dijo: ‘Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él os replicará:
‘No sé quiénes sois’. Entonces comenzaréis a decir.
‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él os replicará: ‘No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”.  (Lucas 13, 22-30)

♦ Comentario al texto

El texto de este domingo que recoge la enseñanza de Jesús a sus discípulos termina con esta advertencia: Mirad, hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos. Así termina Jesús su intervención provocada por la pregunta de un desconocido: Señor, ¿serán pocos los que se salven? Para entender la metáfora nos imaginamos una gran casa donde se cierra la gran puerta de entrada y queda una puerta estrecha por donde entrar en caso de urgencia. ¿Qué nos propone Lucas con toda esta comparación? Parece que el amo de la casa no reconoce a estos que se presentan como los que han compartido mesa con él, los que se sienten con derecho para entrar; Jesús en cambio habla de una universalidad –vendrán de oriente y occidente- basada únicamente en el amor, la misericordia y la gratuidad, que son la auténtica puerta estrecha del evangelio. ¿Cómo es esta paradoja? Quizá la pregunta que llevamos en el fondo y quizá la que más a mí me preocupa como al hombre del evangelio es ésta: y yo, ¿estaré entre esos pocos que se salven? El evangelio nos enseña que la puerta estrecha es la puerta del amor, por ella entran aquellos que confían en que su pobreza y pequeñez será superada por el amor y misericordia de Dios.

♦ Oración con el texto

*Comienzo la oración buscando el espacio adecuado, hago silencio en mi interior y sereno mis pensamientos. Caigo en la cuenta de que entro en la presencia del Señor. Escucho su Palabra…

*Pido la fuerza del Espíritu para que me ayude a conocer más a Jesús, amarle mejor y seguirle de cerca. Jesús, rostro de la misericordia de Dios, hazme descubrir al Dios de la misericordia y del amor.

*Vamos a recordar aquella aclamación del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro: ¡Dios es el viviente y misericordioso!

Oro con las palabras del Papa: seguir el camino de Dios lleva a la vida, mientras que seguir a los ídolos lleva a la muerte. Dios es el viviente y misericordioso, Jesús nos trae la vida de Dios, el Espíritu Santo nos mantiene en relación vital de verdaderos hijos de Dios.

Sólo la fe en Dios vivo nos salva. Aquí encuentro la respuesta a la pregunta del evangelio: ¿Quiénes serán los que se salven?

Esos que llama Lucas los últimos… Los que no ponen su mirada en sus propias obras, desnudas las manos y la mirada vuelta hacia el Dios de la misericordia y hacia este mundo de dolor e injusticia. Han amado tal vez sin saberlo, sólo esperan en el amor de Dios. Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre… ¿Cuándo te vimos hambriento?

En el Año de la Misericordia

Que la Iglesia sea espacio de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde cada uno se sienta acogido, amado, perdonado, alentado a vivir según la vida buena del Evangelio. Y para hacer sentir al otro amado, acogido, perdonado y alentado, la Iglesia debe tener las puertas abiertas para que todos puedan entrar. Y nosotros debemos salir por esas puertas a anunciar el evangelio. Papa Francisco, 12 de junio 2013

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(14 de agosto)

♦ Texto para la oración.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

(Lucas 12,49-53)

♦ Comentario al texto

En este camino hacia Jerusalén, que nos describe el evangelista, Jesús se dirige a sus discípulos con mayor exigencia cada vez. Jesús es consciente, cada vez más, de que la proclamación de la buena noticia del reino con todo lo que comporta de apertura gozosa a los pobres, a los enfermos y pecadores, es acogida por algunos, pero sin embargo choca con la incomprensión de otros. A esta situación corresponden estas palabras. Su venida es como un fuego discriminatorio que puede llegar incluso a producir esa división. Pero su fuego es un fuego de amor, por eso, que otro deseo, sino que arda: ojalá estuviera ya ardiendo. La decisión por el reino aquí y ahora, conlleva un compromiso serio que a veces produce separación y desgarro. Confrontamos los intereses de Dios con nuestros intereses. Y los intereses de Dios son el amor desinteresado y la entrega a quienes más lo necesitan. Esto a veces no se entiende y “las fuerzas del mundo” luchan contra el que lo practica. Así sólo se entiende la frase de Jesús ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? Esa paz del todo vale, del querer estar a bien con todos, sin compromiso alguno; que pacta con la mentira. Y como dice el Papa Francisco, hemos pactado con la “cultura del bienestar que nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, es más lleva a la globalización de la indiferencia… (En Lampedusa, 8 de julio de 2013)

♦ Oración con el texto

Vamos a dejarnos guiar en esta oración por algunas palabras del Papa Francisco en aquella visita a Lampedusa, a la que más tarde sucedieron otras. Una visita que podría ser a cualquier lugar de dolor y dificultad. Recordemos los recientes dramas en Niza, en EE.UU., en Alemania…

*Me sitúo, con la imaginación, en alguno de esos lugares, de dificultad, de desamparo de nuestros hermanos, de dolor…  ¿A qué lugar quiero yo acercarme? ¿Desde dónde puedo hacer esta oración?

*Vuelvo sobre las palabras del Evangelio: Dijo Jesús: He venido a traer fuego en el mundo, y, ¡ojalá estuviera ya ardiendo!

*Me pregunto ¿cómo introducir este fuego en el mundo hoy?

En el año de la misericordia

Recordemos estas palabras del Papa Francisco:

– ¿Dónde está tu hermano?, la voz de su sangre grita hasta mí… ¿Quién se responsabiliza de este grito? Hoy hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna. Vemos al hermano medio muerto y seguimos camino, no nos compete, y con eso nos quedamos en paz. La cultura del bienestar que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros.

– ¿Dónde está tu hermano? ¿Quién ha llorado por situaciones de dolor de los hermanos -sea la que sea-? Pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles tantos dramas humanos.

– Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha encerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que, con sus decisiones a nivel mundial, han creado situaciones que llevan a estos dramas. Perdón, Señor.

Señor, que yo sepa también escuchar tus preguntas: ¿Dónde está la sangre de tu hermano? Para que arda el amor en el mundo. AMEN

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(7 de agosto)

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre’. Pedro le preguntó: ‘Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?’ El Señor le respondió:
‘¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: Mi amo tarda en llegar, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá’

(Lucas 12, 32-48)

♦ Comentario al texto

En el texto que acabamos de leer vemos que el evangelista recoge una serie de enseñanzas de Jesús a los suyos a quienes se dirige con ternura llamándoles “pequeño rebaño”. En continuación con el texto del domingo anterior, Jesús hace una catequesis en torno a la correcta relación con las posesiones… porque donde está vuestro tesoro está vuestro corazón. Lo que identifica al grupo de Jesús es el desapego, la vigilancia, la perseverancia en la espera. Leído desde nuestro contexto es una llamada a orientar la vida hacia los otros. La comunidad, si se quiere vigorosa, tendrá que apuntar al futuro, al anhelo, a la utopía. Si se queda anclada en el presente porque no quiere arriesgar nada, se empobrecerá y terminará sin dinamismo”.

♦ Oración con el texto

La Palabra de Dios fue pronunciada hace ya muchos años, pero el Señor nos la dirige hoy a nosotros, a mí, como dicha por primera vez. ¿Qué me dice de importante? ¿A qué me llama?

Mi actitud ante la Palabra será: escucharla, acogerla y hacerla vida, hoy para mí.

*Escucho la Palabra: Leo una y otra vez el texto hasta que se vaya haciendo carne de mi carne, hasta que resuene en el centro de mi corazón y me movilice por dentro.

*Acojo la Palabra: Esta Palabra concreta entiendo que me la dice hoy Jesús para mí. Yo formo parte de ese pequeño rebaño, esa comunidad de Jesús. De todo lo que he ido escuchando, en este momento, ¿cómo siento que me habla a mí, ¿qué es lo que me resuena con más fuerza?

*La hago vida: ¿Qué cambios pide a mi vida esta Palabra? ¿Qué actitudes? ¿Qué comportamiento? Intento concretar lo más posible: ¿cómo actuar para sentirme formando parte de ese pequeño rebaño de Jesús?

*Pido la fuerza del Espíritu y propongo dirigirme a Él cada día para que me guíe por el camino de los discípulos de Cristo, me ayude a profundizar en la oración y testimoniar con valentía el evangelio.

En el año de la Misericordia

Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es sólo el que nos da el Señor. (Papa Francisco. Homilía, 19 de junio 2014)

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(31 de julio)

♦ Texto para la oración.

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: ‘Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia’. Él le contestó: ‘Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?’ Y dijo a la gente: ‘Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes’. Y les propuso una parábola: ‘Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios’. (Lucas 12, 13-21)

♦ Comentario al texto

El texto bíblico de este domingo continúa abundando en las enseñanzas de Jesús a sus discípulos. El tema central es la relación adecuada con la riqueza. Lo que provoca esta serie de reflexiones es la intervención de un desconocido: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. La respuesta de Jesús es tajante: guardaos de toda clase de codicia. Porque no depende nuestra vida de los bienes. O como dice el Papa Francisco: no he visto nunca que vaya un camión de mudanzas detrás de un féretro. Esto mismo nos quiere decir el texto evangélico: lo que has acumulado ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí… Impresiona la actualidad de este mensaje. Cómo la codicia no tiene barreras y por codicia se puede mentir e incluso matar. “La crisis económica que sufrimos es ‘una crisis de ambiciosos’: los grandes bancos y los poderosos soñaron con grandes graneros, acumulando sin límite alguno y olvidando a la gran mayoría de personas y países”.

♦ Oración con el texto

-Comienzo la oración buscando un espacio de sosiego y un tiempo que quiero dedicar al encuentro con Jesús, el Maestro. Acojo su palabra como un regalo. Leo despacio el texto y voy dejando que calen algunas frases: guardaos de toda clase de codicia… la vida no depende de los bienes acumulados… lo que has acumulado, ¿de quién será?… Necio, esta noche te van a exigir la vida; y así voy profundizando en aquellas palabras y frases, en las que me sienta afectado, más afectada.

-Pido a Jesús, el Maestro que me enseñe a mantener una conducta sabia en el uso de la riqueza, propia del que quiere ser discípulo.

*La codicia, el ansia de acumular es señal de pobreza interior de no tener otras miras en la vida más que el comer, el beber y darse la buena vida, como el hombre de la parábola.

*Miramos a nuestro alrededor y tratamos de descubrir vidas así de vacías, sin sentido, faltas de humanidad. ¿A dónde lleva?

*Me miro a mí mismo y pienso… Y yo ¿cómo vivo? ¿Qué busco en la vida? ¿Qué espero? ¿Cuáles son mis afanes? ¿Yo, que quiero para mí? ¿Qué quiero escuchar, de parte de Dios, al final de mi vida?

-Le pido al Señor que anide en mí la actitud que nos muestra el apóstol Pablo en la segunda lectura: buscad los bienes de allá arriba… dad muerte a todo lo terreno. Por eso, dice Pablo: despojaos del hombre viejo y revestíos del hombre nuevo.

-Termino con la oración del salmo 84:

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato…

En el Año de la Misericordia

La verdadera alegría no viene de las cosas, del tener, ¡no! Nace del encuentro, de la relación con los demás, nace de sentirse aceptado, comprendido, amado, y de aceptar, comprender y amar; y esto no por el interés de un momento, sino porque el otro, la otra, es una persona. La alegría nace de la gratuidad de un encuentro. (Papa Francisco. Discurso, 6 de julio de 2013)

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(24 de julio)

♦ Texto para la oración

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación’. Y les dijo: ‘Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle. Y, desde dentro, el otro le responde: No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? (Lucas 11, 1-13)

♦ Comentario al texto

Vamos a tomar palabras del Cardenal Martini para comentar el texto de este domingo: “Esta oración -del Padrenuestro- la recibimos cuando éramos niños. Quien nos enseñó a orar, nos enseñó no solamente palabras, sino que nos transmitió una experiencia vivida. Acogiéndola como signo de comunión con quien ha orado antes de nosotros, nos adentramos en el inmenso rio de la oración que parte de Jesús mismo y, a través de los apóstoles, corre a lo largo de los siglos hasta hoy. El preámbulo del Padrenuestro es un hecho que suscita una pregunta. Jesús ora, y los discípulos le piden: enséñanos a orar… Esta petición es importante como preámbulo para la oración; para aprender a orar hay que querer y hay que pedir.

Oración con el texto

-Me sitúo ante el texto que nos ofrece este domingo el evangelista Lucas, con este deseo y esta petición: Señor, enséñanos a orar…

-Y así me adentro en el inmenso rio de la oración: me siento en comunión con toda la iglesia, con todos los llamados a evangelizar, a llevar la buena noticia de un Dios Padre de todos, que nos hace hermanos.

-El Maestro, en esta lectura de este domingo, es el orante, que muestra a sus discípulos el modo como el evangelizador ha de orar.

*Jesús, enséñanos a decir Padre. Pon estas palabras, tantas veces repetidas por tus labios, en nuestro corazón.

*Jesús, haznos disponibles, confiados: Padre, hágase tu voluntad.

*Jesús que nuestro deseo sea siempre la gloria de Dios: Padre, santificado sea tu nombre.

*Jesús, que seamos verdaderos evangelizadores, que nuestro primer empeño sea la construcción del Reino.

*Por eso oramos: Padre, venga tu Reino, que se realice la justicia, la fraternidad, el triunfo de la vida. Padre, venga tu Reino, la verdadera unidad de los pueblos, tu reino de paz y de verdad. Padre, venga tu Reino de misericordia, de perdón.

  • Puedo terminar esta experiencia orante uniendo mis manos con las manos de todos los que llaman a Dios Padre…pidamos para todos vivir la experiencia de la paternidad de Dios, que Jesús nos concede vivir, y decimos en comunión con todos: PADRENUESTRO…

En el año de la Misericordia

Cuando acogemos el Espíritu Santo en nuestro corazón y lo dejamos obrar… a través de nosotros, será Él, Cristo mismo, quien reza, perdona, infunde esperanza y consuelo, sirve a los hermanos, se hace cercano a los necesitados, a los últimos, crea comunión, siembra paz. (Papa Francisco. Audiencia general, 29 de enero de 2014)

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(17 de julio)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano’. Pero el Señor le contestó:
‘Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán’.

(Lucas 10, 38-42)

♦ Comentario al texto

Quizá para la comprensión de este texto que hoy nos presenta el evangelista Lucas podemos acudir a una reflexión de Santa Teresa que nos servirá de referencia: mirad que Marta y María han de ir siempre juntas. Con esto rompemos cualquier dicotomía que se nos pueda presentar, más aún cuando aún resuena en nuestro interior la parábola del domingo anterior, donde la mirada al desvalido terminaba con el compromiso de ayuda a su desvalimiento. Vamos a situarnos ante el cuadro que nos dibuja San Lucas: Jesús entra en una casa y se encuentra con dos mujeres. Marta es la anfitriona, la que ejerce la hospitalidad hacia Jesús. Recibe a un hombre en su casa rompiendo toda convención. María está a los pies del Señor, escuchando su palabra. Lucas, en esta mujer, está dibujando la imagen de una discípula. Una imagen que rompe también con el esquema judío. Profundizamos ahora en el diálogo que se mantiene entre Marta y Jesús. ¿Es un conflicto entre dos actitudes? No es posible que Lucas recrimine el servicio de Marta. ¿Qué dice Lucas?: Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio y pone en boca de Jesús estas palabras: Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas… sólo una es necesaria. No se trata tanto de elegir entre una cosa u otra, sino de saber priorizar. El servicio no se hace sólo por un voluntarismo, sino que es respuesta a la acción de Dios que antecede a la acción humana. Así María ha sabido priorizar. Ha sabido entender de dónde procede la dimensión evangelizadora, de servicio del discípulo. La acogida comienza primero por abrir el corazón.

Oración con el texto

-La Palabra nos invita esta semana a educar nuestra actitud contemplativa. Por eso será importante buscar el espacio donde sea posible ese encuentro para la escucha y la contemplación.

-Durante estos días busco en mí esta actitud: como María, me pongo a los pies del Señor, a la escucha de su palabra. Y vuelvo una y otra vez sobre su lectura, hasta quedarme, en silencio, ante la escena.

-Jesús se hace el huésped, tantas veces en mi propia casa, llama a mi puerta en forma de hombre o mujer necesitados de compartir su dolor o su gozo… ¿Cómo lo recibo?

-Jesús se hace huésped por medio de su Palabra. ¿La leo con cotidianeidad?  ¿La escucho como discípulo o discípula?

-Jesús se hace huésped en la Eucaristía que convoca a los hermanos, nos alimenta con su pan… ¿Acudo dando el tiempo necesario a este encuentro o ando inquieta/o ó nerviosa/o por otras preocupaciones que no son lo primero?

-Jesús pasa delante de nosotros en miles y miles de personas desarraigados de todos los pueblos y culturas en busca de hogar, de familia, de trabajo… En todas estas ocasiones, ¿expreso mi deseo de ofrecer mi casa como Marta y María, que siempre han de ir juntas, para recibir al Señor que se hace nuestro huésped?

En el Año de la Misericordia

No podemos escapar de las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero. (Papa Francisco. MV 15)

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(10 de julio)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?’ Él contestó: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo’. Él le dijo: ’Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida’ Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ‘¿Y quién es mi prójimo?’ Jesús dijo: ‘Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: ‘Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?’ Él contestó: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Anda, haz tú lo mismo’.

(Lc 10, 25-37)

♦ Comentario al texto

Seguimos con la lectura continuada del evangelista Lucas. Y lo hacemos en la misma clave del domingo anterior, descubrir las características del evangelizador, como Lucas nos las presenta. Vemos cómo Jesús va educando a sus seguidores con hechos de vida. Nos encontramos ante un maestro de la ley que sabe recitar perfectamente los versículos del Antiguo Testamento en relación al amor a Dios y al amor al prójimo; pero Jesús le va a enfrentar con un hecho de vida: este maestro de la ley se acerca a Jesús para ponerlo a prueba, dice el texto. Es osado, y le pregunta de nuevo: ¿Y quién es mi prójimo? El Maestro de la sabiduría, Jesús, le va a responder con una parábola para hacerle entender que, prójimo es todo aquel que tiene necesidad de ayuda, sea vecino o extranjero, amigo o enemigo. Y le hace ver que ni el sacerdote judío preocupado por el culto, ni el levita, obsesionado por la ley, descubren al prójimo.

Oración con el texto

Estamos ya entrado el mes de julio y quizá tengas más tiempo para poderte parar un poco más a profundizar la Palabra evangélica.

-Si puedo, busco un lugar tranquilo, cada día de la semana: en la naturaleza, en la iglesia…

-El texto evangélico me invita a hacerme consciente de cómo me comporto yo con mi prójimo. ¿Reconozco quién es mi prójimo?

-Puedo estos días ir pensando en aquellos que tengo cerca de mí: familia, amigos, compañeros de trabajo… ¿Cómo actúo con ellos?

-Dejo que cale dentro de mí esta frase de Jesús: se hizo próximo aquel que practicó la misericordia con él. Sólo desde el Dios compasivo podemos entendernos y vivir: “Sed misericordiosos como Dios es misericordioso”. Palabras que este Año de la Misericordia cantamos con frecuencia. Sólo desde la capacidad de compadecernos y de poner el corazón cerca de las miserias humanas nos configuraremos como cristianos. Este es el camino del evangelizador que nos traza Jesús en esta parábola.

-Puedo terminar la oración pidiendo al Señor la gracia de responder con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y todo el ser, a lo único irrenunciable: amar a Dios y al prójimo.

En el año de la Misericordia

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo… de entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina… En cada uno de estos ‘más pequeños’ está presente Cristo mismo. (Papa Francisco. MV 15)

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(3 de julio)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: ‘La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; sino, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: ‘Está cerca de vosotros el reino de Dios’… Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’… Él les contestó: ‘No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’.  (Lc 10, 1-12, 17-20)

♦ Comentario al texto

El texto de Lucas nos presenta, en este domingo, lo que es la misión de la Iglesia y las actitudes del evangelizador.  Parece que Jesús envía a un buen número de discípulos y les hace ver la tarea ingente que tienen por delante: la mies es abundante.

Seguidamente Lucas, con la mirada puesta en Jesús, subraya su modo de enseñar a los discípulos el modo de evangelizar. Primero señala la importancia del desasimiento: no llevéis…, el evangelio de la libertad no puede ser anunciado por quienes no se sienten libres.  Jesús propone además la radicalidad con que ha de vivir el discípulo: debe ser desinteresado, no se puede pagar un precio por el anuncio del Reino; También les dice que podrán ser rechazados. El cardenal Martini considera el evangelio de Lucas como el evangelio del evangelizador, el evangelio que contesta a la pregunta ¿cómo se forma el evangelizador? En el texto de hoy encontramos la respuesta: Jesús, el Maestro, enseña a los setenta y dos el modo de evangelizar.

Oración con el texto

-Tengo delante una semana para orar con la palabra proclamada este domingo: Leo el texto, profundizo en su comentario y voy desentrañando, día tras día, su rico contenido:

*Soy yo uno de esos discípulos enviados. Primero me acerco y miro con amor la realidad para la que recibo ese envío de Jesús. Y me pongo en camino.

*Me hago consciente de mis actitudes: ¿qué busco como evangelizador? ¿Estoy desprendido, soy libre? No llevéis talega…

*¿Voy como constructor de paz? Paz a esta casa, a este corazón que necesita consuelo, a esta familia, a esta comunidad, a este pueblo… *¿Soy consciente de que el tesoro más importante que llevo en mis manos es el anuncio del Reino? No es mi palabra, es la Buena Noticia de Jesús: Está cerca de vosotros el Reino de Dios.

*¿Entiendo que la alegría de ser evangelizador está no en lo que yo pueda realizar, sino en haber sido elegido para anunciar el mensaje? Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo

  • Durante la semana profundizo en la Palabra que la liturgia me ha regalado y me dispongo a hacer el camino que Jesús ha soñado para mí. Y si tú lo quieres, Señor, que pueda ayudar también a otros a caminar. AMEN

En el año de la Misericordia

En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!

(Papa Francisco. Misericordiae vultus. 15)

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(26 de junio)

♦ Texto para la oración

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
‘Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?’ Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno: ‘Te seguiré adonde vayas’
Jesús le respondió: ‘Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’.
A otro le dijo: ‘Sígueme’. Él respondió: ‘Déjame primero ir a enterrar a mi padre’.  Le contestó: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios’. Otro le dijo: ’Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia’ Jesús le contestó: ‘El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios’ (Lc 9, 51-62)

♦ Comentario al texto

En el texto que acabas de leer, Lucas hace hincapié en esta decisión de Jesús de ir a Jerusalén, expresión de su coherencia de vida, aunque este camino ha de llevarle a la muerte. No es recibido por los samaritanos, precisamente porque iba camino de Jerusalén. Los discípulos se manifiestan con violencia, pero Jesús no aprueba esa violencia, sigue su camino, con mansedumbre. Ellos no han entendido aún el modo de hacer de Jesús. De ahí la siguiente enseñanza: a continuación, Lucas nos presenta el encuentro de Jesús con tres personas distintas que desean seguirle, de esta manera puede poner en boca de Jesús la clave del seguimiento: la marcha hacia el reino de Dios exige una entrega total, una gran libertad para tener la mirada puesta en los intereses de Jesús. Seguir a Jesús es una aventura, es vivir siempre “en camino”.

Oración con el texto

-Comienzo de nuevo la semana con la lectura detenida del evangelio y su comentario. Adéntrate en la escena: Jesús sube a Jerusalén… por eso mismo no es recibido en Samaría. Santiago y Juan quieren responder con violencia. Jesús, en el encuentro, con los tres personajes que le salen al camino, les enseña cuáles son las actitudes del verdadero discípulo.

Durante la semana puedes ir profundizando en cada una de estas respuestas de Jesús:

*El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza: Jesús no ofrece seguridad, no ofrece dinero ni poder. El Papa Francisco dice que sueña con una iglesia pobre y para los pobres. Esto quiere decir que se presenta más vulnerable, sin ataduras y con la confianza totalmente centrada en Jesús.

*Tú vete a anunciar el reino de Dios esta segunda escena es desconcertante: deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar… Jesús está haciendo referencia aquí a la superación de la ley que es a lo que alude y que ellos, como buenos judíos, entendían muy bien. Vivir para el reino es cambiar el modo básico de valorarlo todo, porque se ha cambiado el sentido global de la existencia. En esto consiste la radicalidad del seguimiento de Jesús: en que nada de nuestra vida se escapa a su dedicación al reino.

* El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios: No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

-Termina la semana recogiendo la experiencia… ¿Qué te ha afectado más? Siente cuál es tu llamada personal… y responde a Jesús.

Como dice Pablo (2ª lectura) no se trata de contar con nuestras fuerzas, sino dejar que nos guíe el Espíritu.

En el año de la misericordia

Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. (Papa Francisco. Homilía 28 de julio 2013)

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(19 de junio)

♦ Texto para la oración

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’.
Ellos contestaron: ‘Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas’.
Él les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’.
Pedro tomó la palabra dijo: ‘El Mesías de Dios’. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’.
Y, dirigiéndose a todos, dijo: ‘El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará’. (Lc 9, 18-24)

♦ Comentario al texto

El evangelista nos presenta a Jesús en oración, cuando sorprende a sus discípulos con la pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo?… ¿Y vosotros? Una pregunta que solo Jesús responde: las señas de identidad de este Mesías, son opuestas a las del esperado por el pueblo de Israel: un Mesías triunfante, que implantaría un reino terreno. Pero su reino no es de este mundo, su mesianismo es el del Siervo de Yahvé, desechado. Un Mesías encarnado en la condición humana, que invita, a quienes quieren seguirlo, a tomar en peso la vida cotidiana, con su experiencia de cruz… pero el que pierda la vida por mi causa, la salvará. Esto implica -y esta es la lección a sus discípulos- la decisión de ir conformando los propios criterios con los de su Evangelio y, por lo tanto, con la idea de lo que es “ganar la vida o perderla”. El que esté dispuesto a ello, dice Jesús, que venga conmigo. Esto es, estar pronto a escuchar y mirar atentamente al Maestro.

♦ Oración con el texto

De nuevo estamos ante Jesús, el Maestro, que nos trae una enseñanza para nuestra vida. Durante esta semana puedo ir descubriendo cuál es mi respuesta a esta pregunta: Y tú, ¿quién dices que soy yo?

-Comienzo la semana leyendo el texto del evangelio y su comentario para poner mi entendimiento al servicio de mi voluntad y deseo de seguir a Jesús.

-A lo largo de los días me puedo ir parando en cada una de las respuestas, desde el hoy: Hoy ¿qué dice la gente de Jesús? ¿Uno de los antiguos profetas? ¿Alguien que no nos afecta para nuestra vida?

– ¿Quizá algunos creyentes buscan en Él a Alguien que les ofrece privilegios espirituales o incluso sociales?

– Toco mi verdad más profunda y dejó que Jesús me pregunte: ¿Quién soy yo para ti? ¿Qué peso tengo en tu vida?

*Lo que está en juego en esta pregunta es la identidad misma de Jesús y la mía propia. Si continuásemos leyendo el texto descubriríamos lo que Dios-Padre dice de él: “Éste es mi Hijo amado”. Yo también, en Jesús, soy el Hijo amado del Padre.

-Aceptar o rechazar a Jesús es la encrucijada de la fe. ¿Cuál es mi respuesta? ¿Acepto a Jesús, ¿su Palabra, con todas las consecuencias, o prefiero quedarme en ilusiones del pasado, de un Mesías imaginado por mí?

-Se trata de liberarnos de todo aquello que nos ata a lo caduco y nos impide alcanzar la plenitud de nuestro ser. Se trata de alcanzar una libertad capaz de poder elegir lo mejor y ofrecernos en favor de nuestros hermanos. Entender evangélicamente qué es: “ganar la vida o perderla”.

En el año de la Misericordia

¿Qué debemos hacer?… Salir de nosotros mismos. Salir de nuestras comunidades para ir allí donde los hombres y las mujeres viven, trabajan y sufren, y anunciarles la misericordia del Padre, que se ha dado a conocer a los hombres en Jesucristo de Nazaret. (Papa Francisco 17 junio 2013)

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(12 de junio)

♦Texto para la oración

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es, una pecadora’. Jesús tomó la palabra y le dijo: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él respondió: ‘Dímelo, maestro’. Jesús le dijo: ‘Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?’ Simón contestó: ‘Supongo que aquel a quien le perdonó más’. Jesús le dijo: ’Has juzgado rectamente’.   Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama’. Y a ella le dijo: ‘Tus pecados están perdonados’. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ‘¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?’ Pero Jesús dijo a la mujer: ’Tu fe te ha salvado, vete en paz’…  lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.”  (Lc 7,36-8,3)

♦ Comentario al texto

El domingo anterior descubríamos a Jesús como el Maestro de la compasión, en este evangelio se nos manifiesta como el Señor de la misericordia, del amor y del perdón: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor. Es una escena rica en palabras y en gestos que debo de leer con atención dejando que toque mi corazón. Los distintos personajes representan situaciones que pueden estar en nuestra vida, en nuestro entorno. El fariseo que juzga a la mujer por su pecado. Los discípulos y algunas mujeres que habían vivido esa misma experiencia de ser perdonadas. Jesús, el Maestro, que con su palabra y su actitud enseña el significado de la verdadera compasión y el verdadero amor. Ese amor que es capaz de perdonar y recibir el perdón: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor… Tu fe te ha salvado, vete en paz. Jesús siente que esta mujer le necesita más que nadie, y se deja tocar por ella. Con ternura especial le ofrece el perdón de Dios y le invita a descubrir en su interior una fe humilde que le está salvando: Tu fe te ha salvado.

♦ Oración con el texto

-El texto me invita a hacerme muchas preguntas. Descubro que bullen muchas cosas dentro de mí, como le ocurría al fariseo, y me dejo enseñar por Jesús.

*Puedo preguntarme si, aquellas personas que lo necesitan, pueden encontrar en mí una acogida como la de Jesús, o siento en mi corazón el juicio, como el fariseo.

*¿Puedo sentir el dolor del olvido de aquellas personas que viven marginadas? ¿Soy capaz de decir una palabra sobre el Dios que es amor para todos, sobre todo para quienes más lo necesitan?

*¿Soy capaz de ayudar a descubrir el amor que anida en las personas, su capacidad de una fe humilde, que les salva?

*Contemplo a esa mujer, a los pies de Jesús, a quien Él reconoce como verdadera creyente, frente a los que solo saben buscar motivos de escándalo.

En el año de la Misericordia

Que la palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente… Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón (Papa Francisco. MV. N 19)

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(5 de junio)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: ‘No llores’. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:’ ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!’ El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: ‘Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo’.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera” (Lc 7, 11-17)

♦ Comentario al texto

Hemos concluido la Pascua y la celebración de las grandes fiestas del Señor. Retomamos de nuevo el camino del llamado Tiempo Ordinario, en la Liturgia: El encuentro cotidiano y sereno con la vida de Jesús. Nos acompaña el evangelista Lucas que nos va a presentar, en estos capítulos, la figura de Jesús en su capacidad de estar presente a las necesidades y sufrimientos de las gentes. Este domingo nos habla del encuentro con el dolor de una madre: sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre viuda. Nos presenta también a los discípulos como espectadores de estos hechos: iban con el los discípulos y mucho gentío y nos pone de manifiesto la reacción de Jesús: al verla el Señor, le dio lástima. Jesús, acompañado de sus discípulos y del gentío, es el maestro de la compasión, de la respuesta bondadosa ante cualquier sufrimiento de la persona. Jesús siente la vulnerabilidad de esa mujer, viuda, que se queda sin su único hijo varón, que, en aquella sociedad, era el único que le podía garantizar seguridad y dignidad. Jesús se conmueve por la suerte de esa mujer, se solidariza, se compadece, la toma en cuenta.

♦ Oración con el texto

-Durante esta semana voy a volver, si puedo cada día, sobre este texto del evangelio del domingo. Busco un lugar propicio donde pueda, serenamente, encontrarme con el Señor. (Bastaría con 15’ diarios)

– El primer día voy a reflexionar sobre el comentario evangélico: Pido al Señor me haga entender esta Palabra, su contenido.

-Los otros días de la semana, después de haber leído el comentario al texto, voy a centrarme sobre el Evangelio proclamado este domingo.

*¿Cómo presenta a Jesús el evangelista? Leo lentamente el texto y me voy dando cuenta de los distintos elementos de la escena: Jesús de camino rodeado de los discípulos y un gentío que le sigue… El encuentro con otra multitud de gente que llevan a enterrar a un muerto. Frente a frente dos comitivas: Jesús portador de vida – los que acompañan a un muerto.  Al verla el Señor, le dio lástima. Devuelve la vida a su hijo único y se lo entregó a su madre.

-Me quedo contemplando esa mirada de Jesús. Capaz de ir más allá de todo el gentío que le rodea, se para ante esa mujer viuda, conmovido.

– Pido esa mirada compasiva de Jesús para mirar a las personas con las que me encuentro cada día y sentir en mi interior su dolor, su sufrimiento, su vulnerabilidad y dejarme afectar por ello.

– Puedo preguntarme por mi disposición personal a la solidaridad y al compromiso en favor de las víctimas, de los que no tienen lugar en la sociedad, de los excluidos. ¿Qué lugar ocupa la compasión en mi vida, en mi compromiso diario, en el sentido de mi vida?

– Hago silencio interior y contemplo de nuevo la escena, sobre todo me pongo ante esa imagen de Jesús y oro, suplico, escucho…

En el año de la misericordia

Puedo terminar la semana recogiendo mi experiencia con este comentario del Papa Francisco: Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios. (Hace el camino con sus discípulos a los que invita) a estar con Él y sumirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios: Un gran profeta ha surgido entre nosotros.

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

(29 de mayo)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: ‘Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado’. Él les contestó: ‘Dadles vosotros de comer’.
Ellos replicaron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío’.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: ‘Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta’.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.”. (Lc 9, 11-17)

♦ Comentario al texto

Este relato, como otros que encontramos en el Antiguo Testamento de este carácter, están escritos para ilustrar la profunda convicción de que Dios nunca abandona a su pueblo. El texto que tenemos delante, además, quiere poner en relación este acontecimiento con el de la última cena por medio de las distintas alusiones: la comida vespertina, la bendición, el partir el pan… y se lo dio a los discípulos para que se los sirvieran. Lucas nos presenta aquí a Jesús como anfitrión, que está en medio de los suyos, para alimentar y socorrer. La bendición de Jesús es la que produce el milagro de la multiplicación, pero sobre todo lo que el evangelista nos quiere poner ante nuestros ojos es la sobreabundancia: Comieron todos y se saciaron.

Este domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi.  La iglesia presenta la eucaristía como culmen y, a la vez, fuente de la vida cristiana. Así, cada domingo nos reunimos para celebrar el sacramento de nuestra fe: La Eucaristía.

♦ Oración con el texto

-Durante la semana puedo buscar, como lugar privilegiado para la oración, el sagrario. La presencia de Jesús-eucaristía.

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de fe. Ese pan entregado de manera sobreabundante, es el pan que me alimenta y me acerca a Jesús: Señor, dame siempre de tu pan.

-Esta palabra, me invita también a descubrir cuál es mi lugar como cristiano. Jesús me dice a mí: Dales tú de comer. Quizá yo, como los discípulos, muchas veces pretendo que cada uno se solucione su vida. Pero oigo esa voz de Jesús: Dales tú de comer. Compromete tu vida. Entiende este signo de Jesús: compartir. Partir con otros lo que tenemos; hay para todos. “Dadles vosotros de comer”, en vuestras manos está. Nos llama a ser sus manos, para hacer llegar, a los que nada tienen, el alimento: Dadles vosotros de comer.

-Celebrar este misterio es esforzarnos en construir una iglesia solidaria, abierta a las necesidades, caminando con Jesús entre los pobres.

Puedo terminar orando:

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos pasar por la vida como Tú, Jesús de Nazaret:

Oyendo las necesidades y ayudando a los empobrecidos.

Queremos compartir con generosidad para que llegue a todos.

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos que tu iglesia sea la mesa compartida

que invita a los más débiles,

que se hace solidaria con todos los que sufren.

En el año de la misericordia

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será el modo de despertar nuestra conciencia… y de entrar, todavía más, en el corazón del evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina… No podemos escapar de las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. (Papa Francisco. MV 15)

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(22 de mayo)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, él os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.  El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”. (Jn 16, 12-15)

♦ Comentario al texto

Los textos litúrgicos de este domingo, con sus imágenes, nos ayudan a entrar en el misterio de la vida trinitaria: la primera lectura, tomada del Libro de los Proverbios, nos presenta la Sabiduría, que prefigura al Hijo, existente desde los comienzos -antes de comenzar la tierra-, allí permanecía, junto a Dios-Padre. El segundo texto, de romanos, expresa ese amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. El Espíritu de la verdad, que os guiará hasta le verdad plena, subraya el evangelio, y nos ayudará a “cargar” con el sentido profundo del mensaje de Jesús: Ese proyecto de Dios Padre sobre el Hijo, ya consumado, y que el Espíritu irá comunicando: os comunicará lo que está por venir. Es el Espíritu de la Verdad quien nos permitirá entender e interpretar y nos conducirá a la verdad plena; es decir, “acompañará el camino histórico de la comunidad que, poco a poco, irá comprendiendo la totalidad y el sentido profundo del amor de Dios revelado en Jesucristo por el Espíritu”. Y también es el que permite ir actualizando este mensaje a los nuevos tiempos y a las nuevas situaciones. El evangelio nos introduce hoy en el corazón de Dios, esa comunión santa, que se hace visible en la iglesia, y que estamos invitados a vivir y participar.

♦ Oración con el texto

-Siento que estoy en presencia de Dios, misterio trinitario, y comienzo esta oración con ese signo-invocación: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. La señal del cristiano, hemos dicho tantas veces. Nuestra seña de identidad

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar este misterio de Dios que se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu. Las palabras de la carta de Pablo que se lee este domingo nos invitan a ello: el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado. Esto ha sido posible por Cristo, en su Pascua: acontecimiento de muerte y resurrección; acontecimiento de salvación.

-Esta palabra, me invita también a agradecer la revelación del misterio de Dios: el amor del Padre, la vida entregada del Hijo, por ese mismo amor, rostro a su vez, de la misericordia y del perdón del Padre.

-Creer en este misterio de Dios-Trinidad es creer que el origen, el modelo y el destino último de toda vida es el amor compartido en comunidad.

-Celebrar este misterio es esforzarnos en construir una iglesia y un mundo en el que las personas vayamos aprendiendo a convivir, compartir y dialogar.

– Celebro también mi bautismo que me consagra al Padre, al Hijo y al Espíritu. En esta comunión santa, que se hace visible en tu iglesia, quiero vivir siempre. Amén

En el año de la misericordia

Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une a Dios y al hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados.            (Papa Francisco. MV 2)

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(15 de mayo)

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 19-23)

♦ Comentario al texto

Estamos cerrando ya el tiempo de pascua con la gran fiesta de Pentecostés: recibid el Espíritu Santo. Ese regalo de Jesús hecho a los discípulos para el bien común, como lo expresa San Pablo en su carta a los Corintios. En el evangelio, lo que Juan quiere destacar es la transformación radical que supuso el encuentro de Jesús con los suyos, y lo expresa fundamentalmente en el contraste, entre el “encierro”, estaban cerradas las puertas de la casa, y el “envío”: os envío yo; y la transformación del “miedo”: miedo a los judíos, a la alegría: se llenaron de alegría. La escena discurre así: Jesús se presenta en medio de ellos, él tiene la iniciativa; se identifica: les muestra las manos y el costado; y es reconocido por los discípulos: cuando vieron al Señor. Destaca también la misión, vinculada a la misión de Jesús, que viene directamente del Padre: como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Íntimamente vinculada a la misión aparece la efusión del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Es éste el momento culminante del relato. En este momento el evangelista está subrayando el nacer de nuevo, la nueva creación: sopló sobre ellos, lo mismo que Dios insufló vida en el primer hombre, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, dándoles así la plenitud de vida, y los discípulos recuperan la alegría para salir y proclamar la buena noticia de la salvación.

♦ Oración con el texto

-Estoy en presencia de Jesús resucitado, leo de nuevo los distintos momentos de la escena, después de ayudarme del comentario, doy vueltas al texto, cayendo en la cuenta de cada momento: el miedo de los discípulos… la alegría del encuentro… la manifestación de Jesús: sus manos y costado señas de identidad… Jesús que envía su aliento de vida: Recibid el Espíritu Santo. La nueva vida en el Espíritu.

-Pido en este momento que Jesús despierte en mí el deseo de recibir ese mismo Espíritu que me transforme, que haga de mí una mujer, un hombre nuevo: capaces de vivir libres y de generar libertad.

-Reconozco su presencia en la iglesia, nacida del Espíritu de Pentecostés. Sin él “los doce” y los que formamos hoy el nuevo pueblo, seguiríamos presos en nuestro barro.

-Por eso deseamos y pedimos con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo!

   *Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.*Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.*Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombresi tú le faltas por dentro;mira el poder del pecadocuando no envías tu aliento
   *Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero

*Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos,

por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito:

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

(Secuencia del Espíritu Santo que se lee en el día de Pentecostés)

En el año de la misericordia: Este año santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús… llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna. (Papa Francisco. MV 16)

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(15 de mayo)

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 19-23)

♦ Comentario al texto

Estamos cerrando ya el tiempo de pascua con la gran fiesta de Pentecostés: recibid el Espíritu Santo. Ese regalo de Jesús hecho a los discípulos para el bien común, como lo expresa San Pablo en su carta a los Corintios. En el evangelio, lo que Juan quiere destacar es la transformación radical que supuso el encuentro de Jesús con los suyos, y lo expresa fundamentalmente en el contraste, entre el “encierro”, estaban cerradas las puertas de la casa, y el “envío”: os envío yo; y la transformación del “miedo”: miedo a los judíos, a la alegría: se llenaron de alegría. La escena discurre así: Jesús se presenta en medio de ellos, él tiene la iniciativa; se identifica: les muestra las manos y el costado; y es reconocido por los discípulos: cuando vieron al Señor. Destaca también la misión, vinculada a la misión de Jesús, que viene directamente del Padre: como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Íntimamente vinculada a la misión aparece la efusión del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Es éste el momento culminante del relato. En este momento el evangelista está subrayando el nacer de nuevo, la nueva creación: sopló sobre ellos, lo mismo que Dios insufló vida en el primer hombre, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, dándoles así la plenitud de vida, y los discípulos recuperan la alegría para salir y proclamar la buena noticia de la salvación.

♦ Oración con el texto

-Estoy en presencia de Jesús resucitado, leo de nuevo los distintos momentos de la escena, después de ayudarme del comentario, doy vueltas al texto, cayendo en la cuenta de cada momento: el miedo de los discípulos… la alegría del encuentro… la manifestación de Jesús: sus manos y costado señas de identidad… Jesús que envía su aliento de vida: Recibid el Espíritu Santo. La nueva vida en el Espíritu.

-Pido en este momento que Jesús despierte en mí el deseo de recibir ese mismo Espíritu que me transforme, que haga de mí una mujer, un hombre nuevo: capaces de vivir libres y de generar libertad.

-Reconozco su presencia en la iglesia, nacida del Espíritu de Pentecostés. Sin él “los doce” y los que formamos hoy el nuevo pueblo, seguiríamos presos en nuestro barro.

-Por eso deseamos y pedimos con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo!

   *Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.*Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.*Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombresi tú le faltas por dentro;mira el poder del pecadocuando no envías tu aliento
   *Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero

*Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos,

por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito:

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

(Secuencia del Espíritu Santo que se lee en el día de Pentecostés)

En el año de la misericordia: Este año santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús… llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna. (Papa Francisco. MV 16)

ASCENSION DEL SEÑOR

(8 de mayo)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo Alto’. Después los sacó hacia Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el Cielo. Ellos se postraron ante Él y volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios” (Lucas 24, 46-53)

♦ Comentario al texto

El relato que nos presenta la liturgia este domingo forma parte de la segunda aparición del resucitado. Jesús se aparece a los once después de haberse encontrado con los de Emaús. Hay dos elementos característicos en este texto: Señala a los discípulos como testigos y continuadores por la fuerza que viene de lo Alto y de ahí la promesa del Espíritu recogida ampliamente en el Libro de los Hechos. Los once dejan de ser discípulos para convertirse en testigos. El texto, termina con el relato de la Ascensión y la vuelta a Jerusalén, al templo, donde comenzó la obra. Finaliza así una época única e irremplazable y comienza otra, la de la comunidad cristiana. En la primera parte, Lucas trata de identificar al crucificado con el resucitado que les abre las mentes para entender el sentido auténtico de su vida, muerte y resurrección; después les confirma las promesas: os enviaré lo que mi Padre ha prometido. El texto recoge también un rápido resumen del contenido del anuncio de salvación: la muerte y resurrección de Cristo, según las escrituras; la conversión para el perdón de los pecados; la predicación a todas las naciones; la venida del Espíritu que les dará la fuerza para ser testigos.

♦ Oración con el texto

-Busco un lugar adecuado para este momento de oración

-Vuelvo a la Palabra: Una vez leído el comentario, vuelvo a la lectura de la Palabra. Jesús hoy me hace a mí sujeto de estas palabras.

-La oración es, sobre todo, un encuentro: Jesús resucitado me habla a mí como testigo de su muerte y resurrección, me invita a proclamar el perdón de los pecados a todos los pueblos. Su misericordia.

-Puedo preguntarme: ¿cómo puedo ser yo testigo? ¿Dónde puedo yo hacer llegar esta buena noticia?

– Y mientras les bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Es la victoria de Cristo y la mayoría de edad de la comunidad cristiana. Los discípulos quedan envueltos en su bendición. Yo también, en la memoria de esta fiesta, siento esa bendición que me reconforta, que me confirma de nuevo como discípulo y testigo, que me invita a quedar en esta tierra como otro Cristo.

-Continúo orando:

Jesús resucitado: Celebramos hoy tu “ascensión a los cielos”.

No estás ya al alcance de nuestros sentidos,

sino que estás presente, sin límites, eternamente.

Nosotros vivimos con la ardiente esperanza

de seguirte en tu Reino.

Esta esperanza, sostenida por tu Espíritu,

nos hace testigos tuyos:

mantiene nuestros ojos abiertos a las llamadas del amor;

compromete nuestra persona en el compromiso

por hacer crecer la fraternidad,

por estar cerca, como tú lo estuviste,

de quienes más lo necesitan. AMEN

En el año de la misericordia

La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer. Que nos acompañen las palabras del apóstol: el que practica misericordia, que lo haga con alegría.

(Papa Francisco. MV 16)

VI DOMINGO DE PASCUA

(1 de mayo)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.  El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”.

(Juan 14, 23-29)

♦ Comentario al texto

La Pascua va orientando sus lecturas hacia la venida del Espíritu Santo que el Padre enviará. Ese Espíritu Santo que los discípulos sentían caminando con ellos, como lo expresan, con sencillez, en la primera lectura de los Hechos: El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido.

El texto, como el del domingo anterior, está tomado del discurso de despedida, pero el evangelista escribe ya desde la perspectiva que le proporcionan la resurrección y la vida de su comunidad. Por eso está claramente descrito que lo que va a acontecer, aparentemente una pérdida, es precisamente lo contrario, porque en la muerte, Jesús, va a manifestar plenamente la verdad más honda de sí: el amor, la entrega total de sí mismo. Así leemos en el texto: el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo. Y así lo han experimentado y así se ha traducido en ellos en experiencia de paz, de valentía, de amor.

♦ Oración con el texto

-Siento que estoy en presencia de Jesús, Jesús resucitado que nos ha prometido una nueva forma de presencia. Jesús ha sido la revelación y presencia definitiva de Dios en el mundo.

-Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de Dios que en esta lectura se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu.

-Esta palabra, hoy, me habla de que ese Dios hará morada en nosotros, hará morada en mí, me habitará. Dios más íntimo a mí que mí mismo, dice San Agustín.

– Adoro esta presencia interior en mí y en cada una de las personas con las que comparto mi vida.

-Vuelvo sobre la palabra, saboreándola, gustándola: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él

-Pido, a este Dios que me habita, que resplandezca en mí la presencia de su Espíritu. Que la iglesia camine al aire de ese Espíritu.

Que el Espíritu, con su presencia nos ilumine la Escritura, nos haga entendible la Palabra de Dios, que fortalezca nuestros corazones en el amor y que nos conceda la paz. Y que cada uno de nosotros seamos testigos de esta presencia.

En el año de la misericordia

Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene. (Papa Francisco. MV 25)

V DOMINGO DE PASCUA

(24 de abril)

♦ Texto para la oración

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros’. (Jn 13, 11-13. 34-35)

♦ Comentario al texto

El texto evangélico está tomado del comienzo del primer discurso de despedida del evangelio de Juan, después de haberles lavado los pies. Nos resuena aún el texto leído el día de jueves santo. La memoria de estas palabras programáticas de Jesús, la liturgia nos las trae ahora a este tiempo de Pascua. Jesús ha resucitado, y de Él se dice en el texto, en primer lugar: que Dios (Padre) y el Hijo son una misma cosa: es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él; a continuación, nos presenta el momento de la despedida -de este Jesús resucitado-, me queda poco de estar con vosotros; por último, el testamento del amor ofrecido a esta comunidad nueva que nace de la Pascua. Será la señal por la que conocerán que sois discípulos míos, que os amáis unos a otros. Además de que sólo el amor fortalecerá la comunidad: amaos unos a otros. “Si se quieren mutuamente con el amor con el que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos” (Pagola)

♦ Oración con el texto

Para este momento de oración busco un espacio de silencio… me sitúo con la imaginación ante el icono de Jesús lavando los pies y leo de nuevo el texto lentamente, rehaciendo la escena.

-Estoy ante la gloria de Jesús resucitado: Dios como el Padre.

-Me anuncia una presencia nueva en medio de mi comunidad, en medio de la iglesia. EL AMOR.

-Me habla de NOVEDAD: un mandamiento nuevo. Les habla desde la experiencia. Los discípulos han experimentado el amor de Jesús: vosotros sois mis amigos. Junto a él han vivido la verdadera amistad.

AMISTAD significa acogida, cercanía, apoyo mutuo, comprensión, servicio.

-Miro mi vida de amistad con Jesús. ¿Cómo es mi experiencia? ¿Me he sentido amada / amado…? Sólo desde la experiencia del amor podré comenzar a amar.

-Pido a Jesús vivir y sentir esa experiencia de amor. Él me ha elegido como amigo. ¿Lo siento en concreto?

– ¿Cómo es mi amor a los demás? ¿Tiene la fuerza de la señal por la que me han de reconocer como discípula o como discípulo?

– Pido en oración: Señor, Jesús, que yo ame como tú quieres que ame.

En el año de la misericordia

La fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada… Por más grandes que sean nuestros límites… estamos invitados a robustecer las manos a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. (Papa Francisco. Angelus 15 XII. 2013)

IV DOMINGO DE PASCUA

(17 de abril)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y yo les doy la vida eterna; no perecerán siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,  27-30)

♦ Comentario al texto

Estamos este domingo ante la imagen de Jesús como Buen Pastor. Para entender bien esta parábola necesitamos acercarnos a la cultura del mundo en donde nace. En aquel mundo la persona se entiende en relación al grupo al que pertenece: familia, pueblo… Y la figura del pastor evoca el cariño, la vinculación, la responsabilidad ante los otros. La Biblia utiliza en distintos pasajes, la metáfora del pastor para nombrar a Dios mismo, para hacer alusión al ejercicio correcto en la actuación pública de los dirigentes de Israel. Incluso se asocia a la utopía en un orden social más justo y armonioso. El evangelista pone el énfasis en esa relación mutua entre las ovejas y el pastor: mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Pone de manifiesto la actitud receptiva con los verbos escuchar y seguir que hace referencia a la actitud del discípulo. Al Buen Pastor, Jesús, le adjudica el verbo conocer con el significado bíblico afectivo de querer, sentirse cercano, vinculado, responsable. Es el camino del amor que nos lleva a la plenitud de vida. Esta alegoría del pastor y las ovejas pone el acento en la dimensión personalizada, en esa relación mutua de Jesús con los suyos. Desde esta alegoría entenderemos hoy mejor el encargo de Jesús a Pedro, que leímos el domingo anterior: Pedro apacienta mis ovejas. Y esto se lo dice cuando ha escuchado de sus labios estas palabras: ‘Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Ahora Pedro sabe que esta misión es un servicio, hasta el punto de dar la vida por las ovejas, como Jesús.

♦ Oración con el texto

– Es importante leer este breve texto sin perder ninguna de sus palabras: situándome en las distintas representaciones de esta escena. Puedo tener delante la imagen del Buen Pastor, ese Jesús que carga sobre sus hombros a la oveja perdida o a la enferma. Voy saboreando las pocas palabras de este texto: la fuerza de los verbos: escuchar… conocer… seguir. Ahondando en el significado que acabamos de descubrir en el comentario al texto. Continúo, profundizando en la lectura de la Palabra: ellas no se perderán… nadie me las arrancará.

– Me dejo interpelar por la Palabra: ¿Cómo escucho yo la voz de Jesús, mi Buen Pastor? ¿Cómo es mi seguimiento? ¿Me he sentido alguna vez llevado en sus hombros? ¿He huido del rebaño? ¿Cuál ha sido la razón?

* El pastor bueno conoce a cada uno por su nombre; conoce mis capacidades y debilidades, mis ilusiones y mis heridas; conoce mi corazón y me ama como a un hijo ¿Estoy convencido del amor de este Jesús que me conoce, que me quiere, que está cercano a mí, siempre?

* El pastor bueno ayuda y defiende, nunca me abandonará. Da su vida por amor a sus ovejas. ¿Cómo actúo yo en relación a los demás? ¿Cómo asumo yo mi responsabilidad de ser pastor de otros? ¿Cómo cuido? ¿Cómo acompaño? ¿Cómo curo?…

En el año de la misericordia

Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana. (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 169)

III DOMINGO DE PASCUA

(10 de abril)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: ‘Me voy a pescar’.
Ellos contestan: ‘Vamos también nosotros contigo’. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: ‘Muchachos, ¿tenéis pescado?’  Ellos contestaron: ‘No’. Él les dice: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: ‘Es el Señor’.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: ‘Traed de los peces que acabáis de coger’. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: ‘Vamos, almorzad’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, le preguntó Jesús a Simón Pedro: ‘¿Simón, hijo de Juan, me amas más que estos?’ Contestó Pedro: ‘Señor, sí, tu sabes que te quiero’ Jesús le dijo: ‘apacienta mis ovejas… Sígueme” (Jn 21, 1-19)

♦ Comentario al texto

El evangelio de Juan nos narra este domingo el tercer encuentro de Jesús con el grupo de los discípulos en su trabajo cotidiano, la pesca. La escena está repleta de elementos simbólicos como es propio de este evangelista: el lago como lugar de la prueba y la dificultad; la noche que señala la ausencia del Señor; el amanecer signo de la nueva luz, presencia del Señor resucitado: estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; el número de peces, símbolo de plenitud. El esquema de la narración es el habitual de los relatos de apariciones: La iniciativa de Jesús que sale al encuentro cuando no se le espera; los signos que ayudan a su reconocimiento: la pesca milagrosa, la comida compartida. Una novedad representa la segunda parte del texto, centrado en la figura de Pedro al que encomienda una misión que no puede ser entendida más que en las mismas claves de Jesús: dar la vida por las ovejas.

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada que me facilite este momento de oración. Puedo encender una vela símbolo de la presencia de Cristo resucitado. Me sitúo en este nuevo escenario: el lago Tiberíades y la presencia de los discípulos, de Pedro que va a recibir, en esta noche una misión especial. Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla. Dice el texto.

– Me dejo interpelar por la respuesta de Juan que reconoce a Jesús y dice: Es el Señor. Hago memoria de la presencia de Jesús en mi vida, en mis noches, en mis amaneceres, y quiero confesar como Juan: es el Señor.

– Me sitúo en el lugar de Pedro. Su fogosidad: cuando oyó a Juan que le decía, es el Señor, se echó al agua. Pídele al Señor que arda en ti ese mismo amor, y esa prontitud en ir a su encuentro.

– Hazte presente a ese diálogo de amor: ¿Simón… me amas más que estos? Y dile a Jesús que crees en su amor incondicional, en su amor gratuito, en su amor capaz de transformar la propia vida. Acoge la misión a la que él te envía: cuida de mi gente, acércate a los que más lo necesitan, acompaña soledades… apacienta mis ovejas.

-Continúo orando:

Señor, concédeme el regalo de encontrarte en la noche,

de descubrir la nueva luz, en tu presencia.

Pon en mi corazón el deseo de darme y entregarme.

De dar mi vida, como Pedro, en servicio a los más débiles.

Enciende mi corazón en el amor. Hazme constructor de paz.

Que camine por caminos de justicia y misericordia.

-Pide, hoy especialmente, al evocar la figura de Pedro, por su sucesor:

El papa Francisco que continuamente pide que oremos por él:

Que el Espíritu le fortalezca en la verdad y en el servicio.

Que le dé el gesto y la palabra oportuna para sembrar el bien.

Que sepa conducir al pueblo por las sendas del amor.

II DOMINGO DE PASCUA

(3 de abril)

♦ Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’.  Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo’.  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: ‘Paz a vosotros’. Luego dijo a Tomás: ‘Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente’.  Contestó Tomás: ‘¡Señor mío y Dios mío!’. Jesús le dijo: ‘¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto’. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre”. (Jn 20, 19-31)

♦ Comentario al texto

Nos encontramos con dos narraciones de las apariciones de Jesús a los discípulos. La primera cierra la jornada del primer día. Se apareció a los discípulos que estaban en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Es el encuentro con el grupo. Después nos narra la aparición a Tomás, que estaba ausente del grupo. Y esto acontece a los ocho días. Se subrayan tres elementos propios de estos relatos: 1) Es Jesús quien irrumpe en la escena, 2) la identidad de Jesús resucitado, entra estando las puertas cerradas, y a la vez es el mismo crucificado: les enseñó las manos y el costado, 3) la misión encomendada a los discípulos, en continuidad con la misión de Jesús: como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. La fuerza para esta misión les vendrá del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo.

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada para entrar en oración. Hago silencio en mi interior, represento la escena con mi imaginación: es la primera reunión de los discípulos en ausencia del maestro… tenían miedo.  Pero hay alguna fuerza que les convoca: ¿el recuerdo de Jesús?

*También nosotros nos reunimos el primer día de la semana. Puedo preguntarme: ¿cómo y por qué acudo a la celebración del domingo? ¿Qué me mueve para acudir a este encuentro con Jesús presente en medio de nuestra comunidad? ¿Cuáles son mis sentimientos?

*Jesús ahuyenta sus miedos y nuestros miedos: Paz a vosotros. Las manos y el costado de Jesús son sus señas y al mismo tiempo son los signos de su amor. La presencia de Jesús es portadora de paz. *Escuchamos de labios de Jesús la bienaventuranza de la fe: Dichosos los que crean sin haber visto. Me siento invitado a decir con Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Es mi expresión de fe, hoy, en Cristo resucitado.

*Jesús se hizo presente en aquella comunidad de los primeros. Jesús se hace presente en nuestra comunidad. Nos envía su Espíritu y nos pide continuar su obra. Nos pide salir de nuestro pequeño círculo, y, por la fuerza del Espíritu, comunicar vida y amor a otros.

En el año de la misericordia

La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. ‘Dios es amor’ (1Jn 4, 8-16), afirma por la primera y única vez en toda la escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús

DOMINGO 5º DE CUARESMA

(13 de marzo)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.  Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?’.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra’. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: ‘Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?’ Ella contestó: ‘Ninguno, Señor’. Jesús dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más’. (Jn, 8, 1-11)

♦ Comentario al texto

Las lecturas que venimos escuchando los últimos domingos nos ayudan a entender la cuestión de fondo que plantea: Jesús ha presentado un rostro de Dios misericordioso, cercano a los pecadores, perdonador, que espera pacientemente siempre y que a los escribas y fariseos les cuesta entender. Alguien, a quien le importa más las personas que sus actos: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Es un Dios que quiere la vida. De nuevo los letrados y fariseos enfrentan a Jesús con la ley: La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?’.  Le obligan a tomar una decisión: la ley condena el adulterio. Está acorralado. Jesús, jugando con la misma ley, que prevé que el denunciante sea el primero en arrojar la piedra, devuelve la ley a su verdadero sentido. Y ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno… La ley no está hecha para condenar sino para ser luz y guía en la vida, para iluminar comportamientos, para defender a los débiles ante el privilegio de los fuertes. La verdadera ley, la verdadera voluntad de Dios es siempre salvífica: Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más. La mujer queda liberada de la ley y del pecado, para caminar, libre, hacia adelante.

♦ Oración con el texto

– Una vez que he leído el comentario para profundizar en el texto…

– Vuelvo sobre su lectura: Hago una lectura reposada, serena, repaso la escena detenidamente: miro a Jesús, escucho de nuevo sus palabras de perdón y de luz, entro en mi interior para descubrir cuál es mi lugar en esta escena:

> ¿Con quién puedo identificarme en este momento personal mío, mirando a los acusadores y mirando a la acusada? Como veíamos el domingo anterior todos necesitan sanación y perdón. Pero también, una vez más, vemos que la conversión de los que se creen buenos es más difícil. Ellos desaparecen de la escena: se fueron escabullendo…

> Pido la actitud de la mujer que atrae la compasión de Jesús y escucho en mi interior su palabra: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

> Acojo la mirada misericordiosa de Jesús. Siento el regalo del perdón y de la libertad

En el año de la misericordia

No juzguéis y no seréis juzgados… si no se quiere incurrir en el juicio de Dios, nadie puede convertirse en el juez del hermano. Los hombres ciertamente con sus juicios se detienen en la superficie, mientras que el Padre mira al interior… No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona… pero Jesús pide más. Jesús pide también perdonar. (Papa Francisco MV 14)

DOMINGO 4º DE CUARESMA

(6 de marzo)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre le repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces, y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba Este le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.  Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado” (Lucas 15, 1-3, 11-32)

♦ Comentario al texto

Este texto forma parte de una trilogía de parábolas dedicadas a la misericordia. En ellas “Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta que no se haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y misericordia… Jesús afirma que la misericordia no solo afecta al obrar del Padre, sino que se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos. Estamos llamados a vivir en misericordia, porque a nosotros, en primer lugar, se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Qué difícil es muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón… La misericordia de Dios es su responsabilidad con nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos” (papa Francisco, MV 9)

♦ Oración con el texto

– Vuelvo sobre el texto, después de haber leído el comentario, reposadamente.

– La parábola es una llamada a la conversión: la vuelta a la casa del padre.

– ¿Cómo volver a la casa del Padre? Reconociendo y contemplando la misericordia del Padre. Esto nos atraerá de nuevo, con el deseo de encontrarme una vez más con su abrazo, de sentir su mirada acogedora y compasiva de volver a celebrar la alegría de la fiesta.

En el año de la misericordia

Sentimos la llamada y pedimos con ardor llegar a ser: misericordiosos como el Padre. Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y criterio de credibilidad de nuestra fe: ‘Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia’ (MV 9)

…..     …..     …..

DOMINGO 3º DE CUARESMA

(28 de febrero)

♦ Texto para la oración

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceareis de la misma manera’.

Y les dijo esta parábola: ‘Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo, encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas. (Lc 13, 1-9)

♦ Comentario al texto

La enseñanza de Jesús en este texto, que nos ofrece la liturgia de este domingo, es de gran importancia. Nos podemos preguntar, en primer lugar, qué buscan al acercarse a Jesús con esta historia de los galileos. Quizá quieren una explicación sobre ‘ese Dios’ que permite esa muerte. Jesús responde con otro hecho de vida, para llamar a un cambio de mentalidad: todos somos pecadores, por eso, todos estamos llamados a la conversión. No se puede dividir a la sociedad entre buenos y malos. Como dice San Pablo en la segunda lectura: “El que se cree seguro, ¡cuidado! No caiga”. Pero a pesar del pecado, es posible la conversión. Por eso a continuación Jesús cuenta esa parábola, jugando con el simbolismo de la higuera que no da fruto. El dueño busca el fruto, pero el viñador pone su esperanza en la higuera, él la cuidará. La preocupación del viñador por la higuera le hace responsable. La cuidará e intentará por todos los medios salvarla. No se sabe cómo responderá la higuera. El final queda abierto. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, “el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

♦ Oración con el texto

Puedo comenzar este momento de oración volviendo a la experiencia vivida en la lectura de este evangelio el domingo. ¿Dejó en mí algún sentimiento? ¿He entendido la intención de Jesús de liberar al pueblo de la imagen de un Dios que les esclaviza? Ahora trato de comprender la intención de la parábola que les propone a los que se han acercado a él.

– Me adentro en el lenguaje de la parábola: la conversión reclama dejarse cavar, ahondar y podar. Dios nos sale al encuentro y nos espera. Pero sin cambio radical no cabe encuentro personal con él. Los cristianos somos tan vulnerables como los demás, pero no debiera ser el miedo el que nos mueva, sino la confianza. Ésta es una virtud que se educa, se cuida y se mima.

– Soy responsable de este cuidado, como se sentía el viñador respecto de la higuera. Y tengo confianza en el Viñador paciente, que es Jesús, Dios-con-nosotros, que sale a mi encuentro, me cuida, y me regala su perdón.

– Me pongo en manos de Dios, padre-madre, lleno de misericordia y amor: el Señor es compasivo y misericordioso (salmo 102)

– Hago memoria del paso de Dios por mi historia personal ¿Cuantas veces en mi vida le he sentido así, como el Viñador paciente, cuidando mi vida para que dé fruto?

En el año de la Misericordia

Cuando nos damos cuenta de ser pecadores encontramos la misericordia de Dios, que siempre nos perdona y nos recibe en su amor de perdón y de misericordia… Sin misericordia nuestra teología, nuestro derecho, nuestra pastoral, corren el riesgo de caer en la mezquindad burocrática o en la ideología, que por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio. (Papa Francisco. 29 mayo 2013 y 3 de marzo 2015)

DOMINGO 2º DE CUARESMA

(21 de febrero)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, y hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: ‘Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle’. Cuando sonó la voz se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie lo que habían visto. (Lucas 9, 28b-36)

♦ Comentario al texto

Esta narración aparece en los tres evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Esto nos hace caer en la cuenta de su importancia: se trata de un texto clave para entender quién es Jesús, y cuál es su misión y destino. Antes de iniciar el camino hacia Jerusalén, Jesús sube el monte a orar con unos discípulos. Comienza por una manifestación ante los que le seguían: el aspecto de su rostro cambió… y vieron su gloria. Más tarde son introducidos en la nube y allí escuchan: Una voz que desde la nube decía: Este es mi Hijo… escuchadle. Ver y escuchar son los dos verbos que utiliza Lucas. Estos dos primeros domingos forman un conjunto: tentaciones y transfiguración, dos cuadros complementarios: la condición humana de Jesús y su condición divina. Más allá de las apariencias, vemos el rostro iluminado de Jesús, Hijo de Dios… Escuchadle. Los momentos de claridad, además de fortalecernos en el presente, prolongan su luz hacia el futuro disipando miedos y dándonos confianza.

♦ Oración con el texto

Después de leer el comentario al texto que nos habrá ayudado a su mejor comprensión. Hago un momento de silencio… intento situarme en la escena, la represento en mi interior. Pido al Señor me deje participar de la experiencia de sus discípulos: ver y escuchar.

-Vuelve de nuevo a la lectura del texto. Es un momento fundamentalmente contemplativo donde es importante el silencio, el sentir, mirar, escuchar…

*Siente la experiencia de que Jesús te toma para subir tú también a la montaña a orar.

*Mira su rostro lleno de luz, su rostro expresión de su gloria

*Abre tu oído a la voz que llega de la nube, es la voz de Dios Padre: Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

*Escuchar a Jesús

Puedo dejar que brote de mis labios la oración del salmista (Sl 26)

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida

¿quién me hará temblar?

Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

En el año de la Misericordia

Este es el significado de la Cuaresma: volver a situarnos decididamente en la senda de Jesús, la senda que conduce a la vida. Mirar a Jesús, lo que hizo Jesús, e ir con Él.

(Papa Francisco. Angelus, 22 de febrero. 2015)

DOMINGO 1º DE CUARESMA

(14 de febrero)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan’ Jesús le contestó: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre’. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: ‘Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo’. Jesús le contestó: ‘Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto’. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras’. Jesús le contestó: ‘Está mandado: No tentarás al Señor, tu Dios’.
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

(Lucas 4, 1-13)

♦ Comentario al texto

Comenzamos la cuaresma y en el primer domingo, como pórtico de la misma, la liturgia nos pone frente a un pasaje de gran interés para nuestra experiencia creyente: Jesús es tentado, Jesús es puesto a prueba: Si eres Hijo de Dios le dice el tentador. Es decir, se pone a prueba la comprensión de Jesús sobre su ser y misión como Hijo de Dios: es la misma palabra que Jesús ha escuchado del Padre en su bautismo en el Jordán: ‘Este es mi Hijo’. Es decir, Jesús es “tentado” acerca de su identidad y cómo utilizará su poder: ¿en favor propio?, ¿cómo dominio?, ¿buscando privilegios?… Y termina el texto diciendo que el demonio se marchó hasta otra ocasión. Parece que no será la única tentación que va a sufrir Jesús. Podemos leer este texto a la luz de las bienaventuranzas: se enfrenta la felicidad que propone Jesús, a la felicidad que propone el mundo, basada en el tener, en el poder, en el aparentar.

♦ Oración con el texto

A la luz de este texto puedo preguntarme sobre mi modo de ser cristiano: cómo vivo yo mi identidad de hijo de Dios.

– ¿La siento como posibilidad de enriquecimiento personal?: nuestra tentación hoy es pensar sólo en nuestro pan (Pagola), en nuestros derechos y olvidamos las necesidades de los hermanos, el drama de quienes carecen de casi todo. La misión de Jesús, nuestra misión, está en función de los necesitados, de los que sufren…

– ¿La siento como poder, como situación de dominio y superioridad sobre los demás? Y el poder lleva consigo a la esclavitud, a arrodillarse delante de alguien, en definitiva, a venderse a otros. Jesús traducirá el poder en compasión y misericordia. Jesús no buscará nunca ser servido, sino servir (Pagola).

– ¿La siento como privilegio como seguridad y provecho personal, como deseo de aparentar ante los demás? Todos tenemos la tentación de figurar y apartarnos del camino de sencillez que nos ha marcado Jesús. ‘¿Quién será el primero en el Reino de los cielos?’.

* Jesús nos invita a la vigilancia y al discernimiento sobre nuestras actitudes. Nos invita a hacer su camino de sencillez, mansedumbre, y compromiso con los hermanos en misericordia y compasión. Y caminar humildemente en obediencia y libertad ante Dios.

En el año de la misericordia

La Cuaresma de este Año Jubilar ha de ser vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! De nuevo ponemos, convencido, en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. (M. vultus, nº 17)

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

(7 de febrero)

♦ Texto para la oración
“En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Rema mar adentro, y echad las redes para pescar’. Simón contestó: ‘Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes’.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: ‘Apártate de mí, Señor, que soy un pecador’. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas; desde ahora serás pescador de hombres’. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron” (Lucas 5, 1-11)

♦ Comentario al texto

La escena de este domingo se desarrolla en el lago de Genesaret. Hace dos domingos el evangelista subrayaba una actitud de los oyentes al escucharle en la Sinagoga: todos tenían fijos los ojos en él. Hoy pone de manifiesto que la gente se agolpaba alrededor de Jesús. En una y en otra escena nos hace caer en la cuenta de la admiración que despertaba el Maestro.

♦ Oración con el texto

Te invito en la oración de hoy a situarte, junto a la gente, en el lago de Genesaret. Quizá has tenido ocasión de visitar aquellos lugares… en todo caso intenta reconstruir la escena y sitúate dentro de ella.

*¿Qué buscaba la gente, según el evangelista? Oír la palabra de Dios. Jesús, desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Lucas le presenta a Jesús como el maestro, sentado para enseñar.

*En un segundo momento Jesús se separa de la multitud y comienza un diálogo con Pedro y los demás que iban en la barca: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.

-Entra en el significado de esta escena, reconoce a Jesús como el Maestro, ahora tu Maestro. Él te invita a remar mar adentro.

*¿Qué significado tiene para mí, hoy, esta palabra?

*El mismo Pedro, después de la pesca, reconoce a Jesús como Señor. Ha comprendido el signo. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él. Le han reconocido en el signo de la abundancia de la pesca, le han reconocido como Maestro y Señor y han quedado fascinados por Él: y dejándolo todo le siguieron.

En el año de la Misericordia

La gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de un modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor.

(Papa Francisco. Homilía, 30 de mayo de 2013)

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

(31 de enero)

♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’ Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’ Y Jesús les dijo: ‘Sin duda me recitaréis aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’. Y añadió: ‘Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra’. ‘Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio’. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. (Lucas 4, 21-30)

♦ Comentario al texto

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en la Sinagoga, en continuidad con el domingo anterior. Pero hay un cambio en la actitud de los oyentes que pasan de la admiración, a hacerlo salir del pueblo con intención de despeñarle. Se cumple lo que él mismo anuncia: el profeta no es bien mirado en su tierra, como sucedió a Elías y a Eliseo. ¿Y de dónde viene el problema? Del mismo anuncio. Jesús está poniendo de manifiesto que su anuncio ha de llegar a los extranjeros, que ha de ir más allá de las fronteras de su pueblo, como sucedió en tiempos de los profetas. También desconfían de su propio origen ¿No es éste el hijo de José? Por todo ello intentan despeñarlo, pero Jesús, con su autoridad, se abrió paso entre ellos.

♦ Oración con el texto

He leído el evangelio y su comentario. Me paro un momento, hago silencio en mi interior y me quedo “dando vueltas”, meditando sólo una frase de Jesús: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra.

-Puedo preguntarme: ¿Señor, que quieres decirme hoy con esta imagen evangélica y sobre todo con estas palabras?

  • ¿Hay profetas en nuestro pueblo? ¿Puedo poner nombre y rostro hoy, detrás de esta palabra profeta?
  • Recuerdo la primera lectura de este domingo: la llamada de Jeremías. Jeremías es un profeta a su pesar, es enviado a los gentiles, es decir fuera de su pueblo.
  • La predicación de Jesús es también para todas las gentes.
  • Jeremías vivirá de una promesa: No temas que yo estoy contigo.
  • Jesús vivirá fuertemente unido al Padre, a su querer, con la certeza de que el Padre no le abandona.

¡SEÑOR, NO NOS PRIVES DE PROFETAS!

En el año de la misericordia

Con la mirada puesta en Jesús y en su rostro misericordioso… podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales… Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Que nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad.

(Papa Francisco. El rostro de la misericordia. 15)

DOMINGO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO

(24 de enero)

♦ Texto para la oración

“Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor’. Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: ‘Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír’. (Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

♦ Comentario al texto

El texto que se proclama este domingo del evangelista Lucas está formado por dos párrafos bien distintos. El comienzo del evangelio, donde el autor explica el modo de proceder para llevar a cabo la recopilación de los hechos de la vida de Jesús, y, por otra parte, lo que el autor señala como la manifestación de la misión de Jesús que ha sido anunciada por Isaías y hoy se ha cumplido. ¿Y cuáles son los signos? El anuncio del Evangelio a los pobres, la libertad de los cautivos, la curación de todas las cegueras, la libertad de aquellos que sufren cualquier tipo de opresión. Será la tarea más importante de Jesús. Resuenan de nuevo aquellas palabras del Éxodo: Dice el Señor: he escuchado el clamor de mi pueblo y voy a liberarlo.

Nos pone de relieve este texto, al igual que la primera lectura, la fuerza que tiene la Palabra de Dios para el creyente. La lectura pública y comunitaria de la Palabra crea la comunidad y renueva nuestra fe. De ahí la respuesta al salmo: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

♦ Oración con el texto

Una vez que he comprendido algo más el texto, por medio del comentario. Vuelvo de nuevo a la lectura silenciosa y contemplativa del mismo, en su segunda parte. Y repito en mi interior: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

-Contemplo a Jesús, en pie, para hacer la lectura de la Palabra. Saboreo el texto, Jesús se hace consciente, acoge y anuncia la misión a la que ha sido enviado: Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres… a anunciar el año de gracia.

-Saboreo estas palabras: qué quiere decir Jesús sobre sí mismo cuando se siente enviado a esta misión. Jesús ha escuchado el clamor de su pueblo, siente sobre sí las pobrezas, las esclavitudes, la falta de sentido y viene a anunciar una novedad: Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír.

*Esto también es verdad hoy, si cada uno de nosotros pone las manos en esta tarea que inicia Jesús en la sinagoga de Nazaret.

En el año de la Misericordia

La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. “Dios es amor” … Ese amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. El rostro de la misericordia. Papa Francisco, nº 8) La misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, ¡es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!… La misericordia de Dios da vida al hombre, le resucita de la muerte. (Papa Francisco. Ángelus, 9 de junio 2013)

DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO

(17 de enero)

♦ Texto para la oración

“En aquel tiempo había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.  Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: ‘No les queda vino’. Jesús le contestó: ‘Mujer déjame, todavía no ha llegado mi hora’. Su madre dijo a los sirvientes: ‘Haced lo que Él os diga’ Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: ‘Llenad las tinajas de agua’. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: ‘Sacad ahora y llevádselo al mayordomo’. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía –los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua-, y entonces llamó al novio y le dijo: ‘Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora’. Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en Él”. ((Juan 2, 1-11)

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♦ Comentario al texto

Con la fiesta del Bautismo de Jesús, el domingo pasado, termina el tiempo de Navidad y damos comienzo al Tiempo Ordinario. La liturgia nos regala, este domingo, un bellísimo pasaje del evangelio de Juan. Se celebraba una boda en Caná de Galilea… Juan nos presenta este acontecimiento de grandes resonancias bíblicas. Así aparece en la primera lectura del profeta Isaías: Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó. También el evangelio es una gran invitación de bodas. El Reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Juan nos propone en este día, el primero de los signos de Jesús, en una boda.  Y la madre de Jesús estaba allí. En el centro de la narración está María. Añade el evangelista que Jesús estaba también invitado. Para Juan la figura de la madre es central y desde ella la atención se proyectará a Jesús. El milagro, la manifestación de la gloria de Cristo, pasa a través de su madre. El texto nos invita a contemplar a María.

♦ Oración con el texto

-María cae en la cuenta de la situación: ‘No les queda vino’. La mirada de María es una mirada contemplativa a la realidad que le hace caer en la cuenta de lo que está sucediendo, percibe la carencia de algo que es importante en la fiesta. Lo hace notar, lo pone de relieve y lo confía a su Hijo.

*Pidamos a María que nos haga atentos a lo que falta, que ponga en nosotros la mirada contemplativa, benévola y sincera con que ella ha mirado el convite de las bodas de Caná. Que sepamos captar la situación de todos los que no tienen vino, pan, alegría…

-María se compenetra con la situación de tal modo que recibe de Jesús un reto: Mujer déjame… Palabras llenas de misterio. Y María recibe estas palabras porque se ha compenetrado con la situación como si fuese suya. María siente que falta algo para que la fiesta no decaiga.

*Pidamos a María que nos ayude a descubrir lo que falta para que nuestra vida sea plena, para que la vida de la iglesia responda a lo que el mundo necesita. Para que el mundo pueda ser un lugar más amable y habitable.

-María es intrépida y dice a los servidores: ‘Haced lo que Él os diga’. Ella está segura de su hijo porque es el Hijo de Dios. María es modelo de intrepidez, porque es modelo de contemplación.

*Pedimos a María que nos haga entender la primacía del contemplar sobre el hacer, del existir sobre el obrar, del ser sobre el tener.

En el año de la Misericordia

Cristo es el centro de la historia de la humanidad, y también el centro de la historia de todo hombre y mujer. A él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. (Homilía del Papa) Que la dulzura de la mirada de María nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

(Papa Francisco. El rostro de la misericordia, nº 24)

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